Historia de Bosnia y Herzegovina

Parte de la historia sigue generando controversia y es vista de forma diferente según el enfoque etnorreligioso de quien mire.

En el año 9 d.C., la Bosnia iliria fue conquistada por los romanos. Los eslavos empezaron a llegar a finales del s. VI y dominaron hasta 1180, cuando Bosnia se erige como entidad independiente bajo el antiguo gobernador bizantino Ban Kulina. Bosnia vivió una irregular época dorada entre 1180 y 1463, con un punto álgido a finales de la década de 1370, cuando el rey Tvrtko se hizo con el control de Hum (futura Herzegovina) y gran parte de Dalmacia.

La Bosnia medieval tenía su propia Iglesia, difuminando la línea que separaba el oeste europeo, católico, del este ortodoxo. Esta parte de la historia es fuente de muchas leyendas; una de las más populares, que la Iglesia bosnia estaba ‘infectada’ por la corriente herética de los bogomilos, ha sido ampliamente rebatida.

Ascendencia turca

Durante el s. XV los turcos fueron atacando y conquistando el país, casi todo bajo control otomano en la década de 1460. En el espacio de unas pocas generaciones, un islam inspirado en el sufismo, más relajado, se hizo dominante; muchos bosnios se convirtieron tanto por razones espirituales como para conseguir privilegios ciudadanos. Un porcentaje considerable de siervos (rayah) siguió siendo cristiano. Los bosnios también se convirtieron en soldados muy apreciados dentro del ejército otomano, y muchos terminarían siendo altos rangos en la corte imperial. La época otomana temprana también trajo importantes avances en infraestructuras; se construyeron grandes mezquitas y puentes.

Más adelante, los otomanos no seguirían el tren la Revolución industrial de Occidente. En el s. XIX, la economía del imperio se había quedado arcaica, y todo intento de modernizar el sistema feudal se topaba con la firme oposición de las élites bosnio-musulmanas. En 1873, el sistema bancario de Estambul se vino abajo por las deudas del sultán y su vida de lujo. Para pagarlas, el sultán exigió más impuestos. Pero en 1874 las cosechas no fueron buenas en Bosnia y Herzegovina, por lo que pagar esos impuestos hubiera supuesto hambre y penurias. Al no tener ya nada que perder, los campesinos, en su mayoría bosnios cristianos, se rebelaron, inaugurando una complicada serie de conflictos bélicos en los Balcanes.

Dominio austrohúngaro

Los conflictos terminaron con el Congreso de Berlín de 1878, que solo sirvió para que las potencias occidentales se repartieran las tierras otomanas occidentales. Austria-Hungría fue ‘invitada’ a ocupar Bosnia y Herzegovina, tratada como una colonia pese a seguir oficialmente bajo soberanía otomana. A continuación se vivió un período de desarrollo sin precedentes. Se construyeron caminos, vías ferroviarias y puentes. La explotación de los bosques y del carbón ganaron fuerza. La educación animó a una nueva generación de jóvenes a mirar hacia Viena. Y al mismo tiempo, nuevas pulsiones nacionalistas empezaban a bullir: los católicos bosnios cada vez se identificaban más con la vecina Croacia (también parte de Austria-Hungría), mientras que los ortodoxos bosnios simpatizaban con la Serbia recién independizada y con su sueño de una gran patria serbia. Entre ambos grupos se hallaban los musulmanes de Bosnia (un 40% aprox.), que terminarían desarrollando un fuerte sentido de pertenencia a su propio grupo, los bosniacos.

En 1908, mientras Turquía estaba ocupada con las consecuencias de la Revolución de los Jóvenes Turcos, Austria-Hungría anexionó Bosnia y Herzegovina, socavando las aspiraciones de todos los que habían soñado con un futuro paneslavo o una gran Serbia. Las trifulcas resultantes por lo que quedaba de la Europa otomana desembocaron en las Guerras Balcánicas de 1912 y 1913. Muy poco tiempo después de su (insatisfactoria) resolución, el heredero al trono austríaco, el archiduque Francisco Fernando, murió a manos de un nacionalista serbio, que le disparó en Sarajevo. Un mes más tarde, Austria le declaró la guerra a Serbia, y muy poco después dio comienzo la I Guerra Mundial.

Período yugoslavo

La I Guerra Mundial acabó con la vida de un 15% de la población bosnia. También significó el fin de los imperios austrohúngaro y turco, lo que convirtió a Bosnia en una parte invisible del Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos, que en 1929 pasaría a llamarse Yugoslavia. Durante la II Guerra Mundial, Yugoslavia cayó en manos de la Alemania nazi y Bosnia pasó a formar parte de un nuevo estado fascista, el Estado Independiente de Croacia. La Ustacha de Croacia diezmó la población judía de Bosnia y asesinó a cientos de miles de serbios. Mientras tanto, un grupo profascista de musulmanes bosnios se dedicó también a cometer atrocidades contra los serbobosnios y los chetniks serbios, promonárquicos, hicieron lo propio en sentido inverso, contra los bosniacos.

Tanto los chetniks como los partisanos comunistas liderados por Josip Broz Tito, futuro presidente de Yugoslavia) formaron un movimiento de resistencia contra los alemanes(aparte de batallar entre ellos). Las montañas bosnias demostraron ser territorio ideal para las fuerzas guerrilleras de Tito. El Consejo Antifascista de Tito se reunió en Bihać (1942) y después en Jajce (1943)de allí saldría la constitución de la Yugoslavia de posguerra, socialista e inclusiva.

Dentro de esa Yugoslavia, Bosnia y Herzegovina recibió el estatus de República, pero hasta 1971, tras la definición de los musulmanes como grupo étnico yugoslavo, los bosniacos no fueron reconocidos como comunidad diferenciada; hasta entonces, en los censos se debían registrar como croatas, serbios u “otros yugoslavos”. Pese a la minería, bastante potente en el noreste, y al empuje de los JJ. OO. de invierno de 1984, a la economía bosnia le seguía faltando desarrollo.

Conflicto en la década de 1990

En la era posterior a Tito, las tensiones religioso-lingüísticas (a menudo consideradas “étnicas”) fueron exacerbadas por el presidente de Serbia Slobodan Milošević, que para afianzar su posición apeló a los ultranacionalistas. En junio de 1991, Eslovenia y Croacia se declararon independientes de Yugoslavia, dando lugar a que estallara la guerra en Croacia.

A principios de 1992, Bosnia y Herzegovina celebró su propio referéndum de independencia, boicoteado por los serbobosnios. La participación fue del 63,4%, con un 99,7% a favor de la independencia, declarada el 3 de marzo de 1992.

Para entonces, los parlamentarios serbobosnios habían establecido un gobierno alternativo en Pale, 20 km al este de Sarajevo. Bosnia y Herzegovina fue reconocida internacionalmente el 6 de abril de 1992, pero Sarajevo ya estaba sitiada tanto por paramilitares serbios como por el ejército yugoslavo (JNA).

Durante los siguientes tres años hubo una guerra civil de extrema brutalidad y complejidad. Entre los episodios más conocidos está la campaña de “limpieza étnica” al norte y este de Bosnia, que buscaba crear una república serbia. A principios de 1993, los musulmanes y los croatas de Herzegovina empezaron a enfrentarse, creando otro frente. Los croatas atacaron a los musulmanes en Stolac y en Mostar; bombardearon sus monumentos históricos y destrozaron el famoso puente medieval de Mostar. Las tropas musulmanas, con un pequeño contingente extranjero de muyahidines, profanaron iglesias y arrasaron pueblos croatas, obre todo en la zona de Travnik.

La ONU se involucra

Con atrocidades cometidas en todos los bandos, la respuesta de Occidente fue errática. En agosto de 1992, imágenes de víctimas en campos de concentración y de violaciones(la mayoría bosniacas) en el norte de Bosnia empujaron a la ONU a crear la UNPROFOR, una fuerza de paz con 7500 unidades que consiguió controlar la neutralidad del aeropuerto de Sarajevo, al menos para permirtir la llegada de ayuda humanitaria, pero en términos generales, se mostró bastante impotente.

La “limpieza étnica” de bosniacos (a manos de serbobosnios) en Foča y Višegrad llevó a la ONU a declarar “zonas seguras” ciudades de mayoría musulmana: Srebrenica, Župa, Goražde. Pocas veces ha sido el término “seguro” tan mal empleado. Cuando la OTAN autorizó ataques aéreos para proteger dichas zonas, los serbobosnios respondieron capturando a 300 cascos azules de la UNPROFOR y encadenándolos a posibles objetivos.

En julio de 1995, los cascos azules holandeses con base en Srebrenica, supuestamente segura, fueron incapaces de impedir que las fuerzas serbobosnias comandadas por el sanguinario Ratko Mladić asesinaran a unos 8000 hombres bosniacos, el mayor genocidio en Europa desde la II Guerra Mundial. Milagrosamente, una muy maltrecha Goražde consiguió resistir gracias a los alimentos que llegaban de la ONU. En Croacia, mientras tanto, se intensificaron los ataques en la región de Krajina (de mayoría serbia) en agosto de 1995; al menos 150 000 serbocroatas huyeron a las zonas del norte de Bosnia bajo control serbio. Cuando los serbios, con cinco impactos de mortero, atacaron por segunda vez el principal mercado de Sarajevo (Markale), causando numerosas víctimas, la actitud de la ONU y la OTAN dio un giro definitivo. Se dio un ultimátum a los serbobosnios para que levantaran el sitio de Sarajevo; y para enfatizar la seriedad del propósito, la OTAN llevó a cabo ataques aéreos durante dos semanas, en septiembre de 1995. Poco después, las partes implicadas aceptaron participar en una conferencia de paz, en Dayton (Ohio), a propuesta del presidente estadounidense Bill Clinton.

Acuerdos de Dayton

Dayton no alteró las fronteras externas de Bosnia y Herzegovina anteriores a la guerra, pero sí dividió el país en las dos entidades actuales, de tamaño similar y cada una con cierta autonomía. Terminar de configurar la frontera necesitó de bastante creatividad política y cartográfica; se consiguió en 1999, cuando la última zona por definir, Brčko, recibió un estatus especial. También se diseñó el sistema de presidencia tripartita y rotatoria, que sería supervisado por el Alto Representante de la UE.

Para los refugiados (1 200 000 en el extranjero, y 1 000 000 de desplazados dentro de Bosnia), los acuerdos establecían su derecho a regresar a (o vender) sus casas de antes de la guerra. Instituciones internaciones donaron fondos para la reconstrucción de infraestructuras, viviendas y monumentos. Las históricas ciudades de Mostar y Sarajevo fueron restauradas siguiendo métodos de construcción tradicionales.

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