Isla de Santa Helena, océano Atlántico

Texto por
Patrick Kinsella, autor de Lonely Planet
Excursionistas explorando Santa Helena, océano Atlántico
canadastock / Shutterstock

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Uno de los destinos más remotos lo será menos a partir del 2016. La isla de Santa Helena, en el océano Atlántico, accesible solo por mar, contará con un aeropuerto muy esperado. No se prevé que el turismo invada esta mota de tierra del océano Atlántico Sur, pero, por si acaso, los isleños construyen un hotel de 32 habitaciones. Nada cambiará el relajado ritmo de la isla, ni menguará el encanto de un lugar tan curioso hoy como cuando Charles Darwin lo visitó en 1836.

“Un pequeño mundo que estimula nuestra curiosidad.” Así describió Charles Darwin Santa Helena en 1836, pero esta isla tan remota (el último y más tenue punto paradisíaco del océano Atlántico Sur) se integrará en la parte menos solitaria del planeta cuando su aeropuerto abra sus puertas en el 2016. Antes la única forma de visitarla era navegar 3100 km desde Ciudad del Cabo a bordo del RMS Saint Helena (un viaje de ida y vuelta de 10 días), pero pronto será posible llegar a la isla en poco más de 5 h desde Johannesburgo. En Santa Helena se construye un hotel de 32 habitaciones en Jamestown Main St para acomodar a los turistas.

Para algunos, la inaccesibilidad de Santa Helena es una gran parte de su atractivo, pero su aislamiento es a la vez un don y una maldición. Los isleños han visto evaporarse poco a poco la viabilidad económica de su comunidad desde que se popularizaron los trayectos en avión y muchos de ellos contemplan el nuevo desarrollo con emoción e inquietud. 

Sin duda el aeropuerto cambiará Santa Helena, pero no la hará menos interesante como destino a corto plazo. La cobertura de telefonía móvil sigue siendo un rumor, los automóviles llevan décadas desfasados, los conductores saludan al pasar y la vida de la isla, incluidas la fauna y flora que fascinaron a Darwin, sigue su ritmo soñoliento. 

Circular en un coche alquilado de los años setenta, saludar a la gente al pasar, aparcar y seguir a pie. Los senderos Postbox Walks de la isla rodean las escarpadas cimas de los acantilados y atraviesan bosques nubosos y valles ocultos hasta picos volcánicos, pero cuidado: el terreno es duro y los ascensos, vertiginosos. Hay mucho que ver, eso sí. Conocida como las Galápagos del Atlántico Sur, Santa Helena ha pasado 14 millones de años aislada del mundo y tiene casi 500 especies endémicas, incluido el curioso chorlitejo de Santa Helena. Jonathan, la famosa tortuga gigante de Santa Helena, empezó a corretear por la isla poco después de la muerte de Napoleón.

En el mar se puede practicar submarinismo, buceo o nadar junto a una asombrosa variedad de exótica vida marina, desde delfines hasta tiburones ballena, que suelen visitar esas aguas en enero, y ballenas jorobadas, de junio a octubre. 

La isla forma parte de los territorios británicos de Ultramar Santa Helena, Ascensión y Tristán de Acuña, una dispersa colección de islas y atolones repartidos a lo largo y ancho de 3642 km del océano Atlántico. 

Aunque en la isla se habla inglés, el acento de los lugareños, la estructura gramatical de las frases y el dialecto son distintos. Parecen una mezcla del inglés de los piratas del s. XVIII y de la forma de hablar del maestro Yoda. Los isleños preguntan “¿Quién tú eres?” en lugar de “¿Quién eres tú?” y la frase Eierce, I’m gorn home for my bita dinner se traduce como “Sí, me voy a casa a cenar”.

“Lo único bueno que tiene Santa Helena es el café”, dicen que dijo Napoleón, en tono amargo, cuando fue enviado al exilio tras su derrota en Waterloo. Santa Helena tiene un montón de cosas buenas, como los pasteles de atún, que son el plato típico, y que maridan muy bien con una copita de tungi, un licor local destilado de cactus y pera, pero Napoleón reconocía un buen café nada más probarlo y lo cierto es que los granos de café de Santa Helena (de plantas que llegaron a la isla en 1733 con la Compañía de las Indias Orientales) figuran entre los mejores (y los más caros) del mundo. El café se puede probar en la tienda de café de la isla o comprando una botella de licor de café Midnight Mist. 

¿Cómo soportará la isla un aumento del turismo que cuadruplicará la cifra actual? 

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