Primer día

Hay que dar un paseo por los pórticos del mercado de pescado y los famosos canales, o ver la ciudad en una travesía fluvial de 30 min. Para observarla a vista de pájaro, se puede subir a lo alto del Belfort, para luego visitar la reliquia más sagrada de Brujas en la Heilig-Bloedbasiliek y, finalmente, unirse a los lugareños almorzando en De Belegde Boterham.

Hay que disfrutar del arte belga desde los primitivos flamencos hasta los surrealistas en el Groeningemuseum y pasar un rato en el tranquilo ‘begijnhof’, sin olvidar la pequeña casa museo. Se puede visitar Brouwerij De Halve Maan, donde se fabrica la Brugse Zot; se incluye una cata de cerveza.

Siguiendo con la temática cervecera, se puede comer en Den Dyjver, donde maridan los platos con el jugo de malta, además de usarlo como ingrediente clave. Para saborear otras cervezas belgas, hay que entrar en el subterráneo ’t Poatersgat, o caminar por las callejas hasta el pub más antiguo de la ciudad, Herberg Vlissinghe.

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