Lanzarote, Best in Travel 2018

Texto por
Lucy Corne, autora de Lonely Planet
Lanzarote, Canarias, España
Fernando Tatay_Shutterstock

Manrique y más allá: el arte natural de Lanzarote

Con su adusto paisaje volcánico salpicado de casas encaladas y un montón de esculturas y singulares proyectos arquitectónicos, la isla de Lanzarote es como una enorme obra de arte. El malogrado artista César Manrique, nativo de la isla, dejó en esta tierra agreste una impresión ineludible que la perfila como un destino fascinante.

Su belleza abstracta natural, que se extiende por paisajes ennegrecidos y sinuosos, no es el típico contenido de un catálogo de viajes, pero es gratificante esforzarse un poco para apreciar esta estética tan inusual. Cuando uno lo logra, además de ver la isla como algo precioso, la descubre como una enorme galería de arte al aire libre.

El paisaje de Lanzarote es un surtido de colores y texturas, Canarias, España © Oleg Znamenskiy / Shutterstock El paisaje de Lanzarote es un surtido de colores y texturas, Canarias, España © Oleg Znamenskiy / Shutterstock

El lienzo natural

Es como si aquí todo el mundo se hubiera inspirado para hacer la vida un poco más bonita. Tómese como ejemplo la región vinícola de la isla, La Geria; con vides plantadas en el suelo volcánico, cuyas hojas contrastan sobre un fondo monocromo. En lugar de ordenarse en filas perfectas, cada vid se hunde en una hondonada, tras un muro bajo semicircular de piedra volcánica. Es buena idea visitar la zona en un circuito de un día en compañía de un guía local, con un recorrido por una parte de la topografía más bella de las islas y antes de relajarse en un idílico viñedo. Otra opción es dedicar el día entero a las uvas con un circuito a pie por La Geria (¡que nadie olvide la cámara de fotos, por si al día siguiente los recuerdos son un poco borrosos!). Los viñedos están muy bien situados, resultan de lo más fotogénico y permiten imaginar qué aspecto tendría una finca vinícola en la luna…

Sugerentes pinceladas de color motean la sinuosa tierra volcánica en el valle de La Geria, Lanzarote, Canarias, España © alexilena / Shutterstock Sugerentes pinceladas de color motean la sinuosa tierra volcánica en el valle de La Geria, Lanzarote, Canarias, España © alexilena / Shutterstock

Las comparaciones lunares son habituales en Lanzarote, sobre todo en el Parque Nacional de Timanfaya. Creado por una erupción volcánica en 1730, el parque, de 51 km2, es un caleidoscopio de cráteres y picos yermos en tonos ocres, rojizos y grises. Como casi todas las atracciones de la isla, el restaurante del parque se construyó para integrarse todo lo posible en un entorno tan etéreo. Fue diseñado, como tantas otras cosas en este lugar, por César Manrique, el ‘hijo predilecto’ de la isla y un talentoso y visionario arquitecto.

César: protector de una isla

Nacido en Arrecife en 1919, Manrique era el fan no 1 de la isla y, a cambio, sus habitantes le siguen admirando a día de hoy. Tras una temporada estudiando en EE UU, regresó a Lanzarote en los años sesenta y, tras haber visto la proliferación de resorts en otros puntos de España, empezó a preocuparse por si la arquitectura de la isla iba a seguir el mismo patrón. Trabajando junto con el gobierno local, creó una impronta duradera en la estética artificial de la isla. A su influencia le debemos la total ausencia de hoteles-rascacielos y las clásicas casas encaladas con carpintería verde o azul.

Casas encaladas contrastan sobre la tierra oscura de la isla, Lanzarote, Canarias, España © alexilena / Shutterstock Casas encaladas contrastan sobre la tierra oscura de la isla, Lanzarote, Canarias, España © alexilena / Shutterstock

Manrique era un artista muy apreciado, además de arquitecto, y colaborar con las autoridades locales en la normativa arquitectónica de la isla fue solo una parte de su gran plan para Lanzarote. “Para mí era el lugar más bello de la Tierra. Y me di cuenta de que, si ellos podían verlo a través de mis ojos, entonces pensarían igual que yo.”, dijo una vez. Y así comenzó a crear una impresionante colección de esculturas y proyectos arquitectónicos que no solo no alteraban el paisaje, sino que lo aprovechaban, lo integraban, y se convirtieron en una parte del encanto de la isla y en unas de sus grandes atracciones.

 

Qué ver de Manrique

Para comprender a Manrique y su obra, un buen punto de partida es la Fundación César Manrique. Creada alrededor de un conjunto de antiguas burbujas y túneles volcánicos, fue el hogar del artista hasta su muerte en 1992. Allí es posible contemplar su propia perspectiva; las suaves paredes encaladas y los suelos contrastan de forma clara con el rocoso lienzo volcánico, pero nada se ha alterado para construir la casa subterránea. El espacio combina con acierto obras de Picasso, Sempere y, por supuesto, lienzos y dibujos del propio Manrique, con grandes ventanales que muestran el impresionante paisaje natural que inspiró su obra.

En la laguna de los Jameos del Agua viven unos cangrejos albinos ciegos conocidos como ‘jameítos’, Lanzarote, Canarias, España © Jacobo Losada / Shutterstock En la laguna de los Jameos del Agua viven unos cangrejos albinos ciegos conocidos como ‘jameítos’, Lanzarote, Canarias, España © Jacobo Losada / Shutterstock

Los Jameos del Agua están considerados la obra maestra de Manrique. Es una red de cuevas subterráneas que él transformó en auditorio, y cuya pieza central es la laguna azul cobalto, formada hace millones de años cuando el Atlántico inundó la cueva. No hay que confundirla con la piscina exterior, incorporada al conjunto por Manrique.

Un legado que perdura

En el arbolado pueblo tradicional de Haría se halla la Casa Museo César Manrique, donde el artista vivió sus últimos años. Museo y santuario, se conserva tal y como la dejó Manrique antes de morir en un accidente de tráfico; incluso su estudio alberga un cuadro sin terminar.

Para ver algunas de sus obras se puede ir al Museo Internacional de Arte Contemporáneo, en Arrecife. Insuflando nueva vida al Castillo de San José, del s. XVIII, la colección de arte moderno incluye las obras de Manrique, que adornan las paredes junto a las de sus coetáneos, entre los que destacan Joan Miró y Manolo Millares. En un último guiño al amor de Manrique por los paisajes de la isla, el restaurante que hay bajo la galería sirve ricos almuerzos con maravillosas vistas al Atlántico.

No todas las atracciones creativas de Lanzarote llevan la firma de Manrique, pero sí que todas ellas suelen rendirle tributo. Lanzarote está tan bañada por el arte que no todo está en la superficie: más al sur, bajo el océano, se halla el proyecto artístico más reciente de la isla, el Museo Atlántico, a 12 metros de profundidad, que reúne una colección de esculturas. Para visitarlo hay que contar con una licencia de submarinismo y un guía local. El artista de origen británico Jason deCaires Taylor inauguró dicha instalación subacuática en el 2016 y, como sus otras obras, estas esculturas tienen otra función aparte de ser contempladas. Su cemento, de pH neutro, las convierte en arrecifes artificiales que ayudan a proteger el lecho marino de Lanzarote; lo cual traza un paralelismo con el empeño de Manrique por proteger sus montañas, cerros y costa.

Una vista del increíble paisaje de la playa El Golfo, Lanzarote, Canarias, ESpaña © lkpro / Shutterstock Una vista del increíble paisaje de la playa El Golfo, Lanzarote, Canarias, ESpaña © lkpro / Shutterstock

Puede que la mayor devoción por la influencia de Manrique se halle en la opinión y veneración de los propios lanzaroteños, que le tienen en gran estima; algunos le consideran casi un santo. Su visión y su profundo amor por la isla le han convertido, a los ojos de los lugareños, en el salvador de Lanzarote que evitó los daños del turismo de masas. Ellos mismos consideran la isla como su obra de arte más importante, y le muestran su gratitud protegiéndola y ensalzando su belleza de otro mundo.

 

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