Cómo ser un viajero responsable con la fauna salvaje

Texto por
Sarah Reid, autora de Lonely Planet
Cebras en el Parque Nacional Serengeti, Tanzania. Viaje sostenible Lonely Planet
Delbars_Shutterstock

Consejos para respetar la fauna salvaje en un viaje

La llamada de la selva –y de los animales salvajes que la habitan– es un reclamo poderoso. Pero a medida que sale a la luz la oscura verdad que hay detrás de muchas actividades turísticas dedicadas a la fauna, la urgencia de apostar por un turismo responsable nunca había sido tan evidente. Sin embargo, reconocer que deberíamos ser más responsables es solo una parte de la solución: la clave es aprender qué significa esto exactamente y ponerlo en práctica. 

Elefantes en Sri Lanka. Viaje sostenible Lonely Planet

Elefantes cruzando la carretera en Sri Lanka © Olivier SCHRAM / Getty Images

 

“Lo más importante que hay que tener en cuenta es que los animales no son una diversión”, sostiene Bean Pearson, Senior Campaign Manager de la sucursal australiana de la organización internacional de protección animal sin ánimo de lucro World Animal Protection.

“Si un viajero quiere ver animales salvajes mientras está de vacaciones, lo mejor que puede hacer es buscar un lugar donde poder observarlos en su hábitat natural. La segunda mejor opción es ir a visitarlos a un santuario faunístico certificado que solo permita contemplarlos, de modo que los animales sean libres de manifestar su comportamiento natural.”

Esto puede sonar restrictivo, pero nada enriquece tanto una experiencia con animales como saber que esas criaturas no están incómodas ante la presencia de los turistas, los cuales, a su vez, están encantados de contemplarlas. Para no contribuir al desequilibrio, conviene tener en cuenta los siguientes consejos:

 

Perezoso en Costa Rica. Viaje sostenible Lonely Planet

Perezoso, Costa Rica  © Enrico Pescantini / Shutterstock

 

1. Mantener la distancia con los animales

No es fácil resistirse al instinto de acercarse a los animales. Los científicos incluso tienen un término para esto: la biofilia, un sentido que sugiere que los humanos tenemos una tendencia innata a buscar vínculos con la naturaleza. Sin embargo, cuando se ruega no tocar a los animales siempre es por el bien de estos.

“Si un lugar turístico ofrece la oportunidad de montar, tocar o hacerse una selfi con un animal salvaje, lo más probable es que ese animal haya sido tratado con crueldad”, afirma Pearson. Los espectáculos de animales, los paseos en elefante, los delfines cautivos y las interacciones con grandes felinos son ejemplos ampliamente publicitados de actividades turísticas que, según los expertos en animales, perjudican su bienestar; pero existen otras actividades aparentemente inocuas que pueden tener impactos igual de desvastadores.

“Incluso los animales más pequeños no llevan bien que los manoseen los humanos”, asegura Pearson, añadiendo que los perezosos que utiliza la industria turística suelen morir a los seis meses de ser capturados. 

¿Cuál es, pues, la alternativa? Los safaris fotográficos a pie y en jeep liderados por guías expertos no solo permiten disfrutar de lo emocionante que es ver a los animales salvajes en su hábitat natural, sino que también ayudan a que ellos –y los turistas– se sientan seguros.

 

Delfines nariz de botella en Mozambique. Viaje sostenible Lonely Planet

Delfines nariz de botella en Mozambique © cormacmccreesh / Getty Images

 

2. Visitar santuarios genuinos

Los santuarios de fauna salvaje ofrecen valiosas oportunidades para observar especies difíciles de avistar en plena naturaleza y aprender sobre ellas. Sin embargo, en estos tiempos de ‘maquillaje ecológico’ merece la pena investigar a conciencia y asegurarse que los santuarios que se visiten sean realmente santuarios donde los animales están bien protegidos.

“Hay que fijarse en el lugar donde viven los animales”, apunta Pearson. “¿Tienen espacio para moverse y desplegar su comportamiento habitual? ¿Están protegidos de las inclemencias del tiempo y tienen algún lugar donde refugiarse del escrutinio de los turistas?”. Decidir viajar con un operador responsable también ayuda a evitar visitas a centros faunísticos que no trabajan por el bien de sus animales. Quien quiera colaborar como voluntario en un centro de fauna también debería tener en cuenta que los santuarios auténticos no suelen permitir el contacto directo con los animales salvajes. 

 

3. Resistir la tentación de dar de comer a los animales

“Por muy buenas intenciones que se tengan, alimentar a los animales salvajes les hace más mal que bien”, sostiene Pearson. “Si se les alimenta de forma continuada, se vuelven dependientes de los humanos para conseguir comida, y pueden resultar agresivos”. En Estados Unidos y Canadá, por ejemplo, los guardabosques a menudo se ven obligados a sacrificar osos salvajes que se han convertido en un riesgo para los humanos porque la gente les ha acostumbrado a recibir comida. Numerosos estudios concluyen que dar de comer a los animales salvajes puede perjudicar seriamente sus patrones migratorios y de cría.

 

Parque Nacional Ranthambore, Rajastán, India. Viaje sostenible Lonely Planet

El Parque Nacional Ranthambore es el mejor lugar para observar tigres Rajastán © wanphen chawarung / Shutterstock

 

4. Cuidado con anuncios dudosos

Conviene ser consciente de que las experiencias turísticas creadas como alternativas sostenibles a actividades problemáticas a menudo conllevan otra serie de problemas. 

“Lavar elefantes es una actividad muy problemática”, afirma Pearson. “Mucha gente cree que es una alternativa mejor a los paseos en elefante, pero para que los turistas puedan lavar a un animal hay que tener un alto nivel de control sobre dicho animal. Además, como a los elefantes el barro les sirve de protección solar y para mantenerse frescos cuando hace calor, estos lavados constantes también pueden tener un impacto negativo en su bienestar.” 

Otro ejemplo a tener en cuenta es nadar junto a animales marinos que se acercan a los humanos atraídos por cebos o por comida. El negocio de nadar junto a tiburones ballena en Oslob, Filipinas, por ejemplo, ha ayudado a sacar de la pobreza a la población local, pero el hecho de que los tiburones ballena solo visiten este lugar porque se han acostumbrado a que les alimenten hace que los conservacionistas pongan en duda la sostenibilidad de esta experiencia.

La buena noticia es que hay cientos de lugares en todo el mundo, incluidos en la web y en las guías de viaje Lonely Planet, donde se pueden observar elefantes, tiburones ballena y otras criaturas sorprendentes de forma más responsable. Puede que haya que viajar un poco más lejos o pagar un poco más, pero al menos se contará con la seguridad de que no se está haciendo sufrir a los animales.

 

5. Tener cuidado con lo que se come mientras se viaja

Es posible ayudar a proteger a la fauna salvaje vigilando lo que se come mientras se viaja. “Animamos a los viajeros a evitar alimentos como la carne de animales salvajes, que a menudo se cazan y sacrifican de forma muy cruel”, dice Pearson. Tampoco hay que olvidarse de las bebidas. Un brebaje muy popular en el sureste asiático es el vino de serpiente, que se elabora ahogando a una serpiente viva en un recipiente lleno de alcohol, mientras que el kopi luwak es un café que se produce capturando y enjaulando civetas y alimentándolas a la fuerza.

 

Tiburón ballena en Filipinas. Viaje sostenible Lonely Planet

Dando de comer a un tiburón ballena en Filipinas © Fata Morgana by Andrew Marriott / Shutterstock

 

6. Comprar suvenires con la cabeza

Evitar comprar suvenires fabricados con animales salvajes, como las medicinas tradicionales y la bisutería realizada con coral, también forma parte del manual del turista responsable con la fauna salvaje.

“En lugar de eso”, apunta Pearson, “conviene comprar suvenires locales que sean sostenibles desde el punto de vista del medioambiente. De esta manera se apoya a las comunidades y las culturas locales, además de proteger a los animales”, concluye.

 

7. Decirlo alto y claro si se considera que hay maltrato animal

Concienciar a la gente del maltrato animal es una de las mejores cosas que podemos hacer para terminar con él”, afirma Pearson, quien sugiere tratar el tema respetuosamente con el operador en cuestión, compartir la experiencia con familiares y amigos, y también en las redes sociales. 

“Sabemos que la mayoría de la gente visita los centros faunísticos o participa en actividades con animales salvajes porque ama a los animales. Si más gente es más consciente, antes de reservar esas actividades, del impacto que tienen sobre el bienestar animal, probablemente dejarán de contratar, visitar y favorecer a los operadores que tratan a los animales con crueldad, así como de participar en actividades problemáticas.”  

 

 

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