La espectacular costa del norte de California no se define solo por sus playas y acantilados. Aquí también crecen las secuoyas costeras, los árboles más altos del planeta, cuya majestuosidad deja sin palabras. Junto a helechos de un tamaño propio del Jurásico, musgos que cuelgan como guirnaldas, temblorosos rododendros, misteriosas setas y las llamativas babosas banana de un intenso color amarillo, pasear entre estos gigantes es como viajar atrás en el tiempo.
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✩ Un paseo entre árboles monumentales y paisajes de cuento.
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Bajo la sombra de los gigantes
Las secuoyas salpican el área de la bahía de San Francisco, donde mi pareja y yo vivimos con nuestro hijo de 6 años, pero los magníficos ejemplares del norte, en los parques estatales de Humboldt Redwoods y Jedediah Smith Redwoods, hacen que las de nuestra zona parezcan casi enanas.
En un viaje reciente, fuera de temporada y en pleno mes de febrero, dudamos sobre si desviarnos para recorrer la Avenida de los Gigantes, una carretera de ensueño que sirve de puerta de entrada a los parques naturales. Al final mereció totalmente la pena, aunque nos obligara a salir un poco de nuestra ruta. Después nos adentramos en el Humboldt Redwoos State Park para contemplar las secuoyas centenarias, árboles monumentales que pueden superar los 90 m de altura y albergar sus propios ecosistemas, hábitats e incluso fauna. En estos bosques, tan ricos en oxígeno, hay que respirar hondo y prepararse para el constante goteo que cae desde las copas de los árboles, incluso en verano. Y es importante llevar algo de comida y abundante agua, pues a buen seguro se querrá recorrer los senderos durante mucho más tiempo del que uno pueda suponer al principio.
Mirando hacia arriba en el Avenida de los Gigantes del Redwood National Park.© Tristan Brynildsen / Shutterstock
Recorrimos los senderos para descubrir algunos de los gigantes más famosos y empaparnos de la exuberancia del bosque, pero llegó un momento en que las vértebras del cuello no daban para más de tanto mirar hacia arriba, así que también dedicamos tiempo a explorar de cerca los árboles caídos, mucho más accesibles. Sus raíces al descubierto parecen fuegos artificiales congelados en plena explosión, y es habitual ver en sus troncos una gran variedad de setas y otras plantas. Incluso viajando con un niño pequeño, en un día y medio pudimos disfrutar de muchas de las cosas que conserva el Humboldt.
Desfiladeros, ríos y faros
Para hacer una pausa entre tantas secuoyas, visitamos el Fern Canyon. A poca distancia a pie del aparcamiento se abre este pequeño desfiladero, que parece sacado de un cuento, con paredes cubiertas de helechos y por las que el agua resbala, formando una especie de muro vegetal. Según la época del año, hay que caminar por un territorio completamente encharcado, pero la experiencia fue tan divertida como mágica para toda la familia. Incluso con más agua corriendo por el suelo y bajo una lluvia torrencial, repetiría la excursión (aunque esta vez llevaría unas buenas botas de agua).
El faro de Battery Point en Crescent City, California. © Wirestock Creators / Shutterstock
Después continuamos hasta Crescent City, una localidad discreta con bonitas playas desde las que pueden verse ballenas emergiendo del agua y un pintoresco faro, todo ello a solo unos minutos de los parques naturales.
Tras contemplar el cercano río Smith, cuyas aguas son excepcionalmente cristalinas, seguimos por la red de estrechas y sinuosas carreteras del Jedediah Smith Redwoods State Park hasta llegar al Boy Scout Trail. El parque cuenta con numerosos accesos y lugares emblemáticos, como Stout Grove, Mill Creek, el Bosque de los Titanes o Hiouchi.
Quien tenga ocasión, vale la pena que recorra los 9 km del Boy Scout Trail. Nosotros nos limitamos simplemente a avanzar por esta ruta emblemática y regresar cuando nuestro hijo ya estaba cansado, sin perseguir ningún árbol famoso en particular. Había dejado de llover y los rayos de sol se filtraban entre las altísimas secuoyas. Para rematar la jornada, hicimos una parada en el faro de Battery Point, un cambio de paisaje perfecto para descubrir un poco de historia local y disfrutar de una espectacular puesta de sol.
Con las limitaciones propias de viajar con un niño, la mayoría de las veces nos conformamos con recorridos circulares de 1,5 km para visitar los árboles más conocidos. Pero, aun así, la magia del bosque se iba desvelando a cada paso.
No te vayas sin...
Ir al Fern Canyon o a otros rincones cercanos para descubrir una flora y una fauna diferentes, e incluso un clima distinto; no hay por qué limitarse a las secuoyas.
Reservar un momento para detenerse, respirar hondo y disfrutar del entorno: los bosques de secuoyas transmiten una paz difícil de igualar.
Visitar una playa rodeada de bosque, aunque el día sea frío y gris –en estas ocasiones, el contraste entre el bosque y el océano parece acentuarse–, y estar atento a las ballenas, que pueden avistarse en cualquier época del año.