8 razones para visitar la capital de Lituania

Texto por
Gemma Graham, autora de Lonely Planet
Vilna, la capital de Lituania
Go Vilnius

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Vilna, la capital de Lituania, ha cautivado al turismo durante años, atrayendo visitantes gracias a su casco antiguo barroco, el más grande de Europa oriental, y maravillándoles con una elegancia diferente, una historia compleja y un panorama cultural singularmente lituano. Vilna ofrece mucho más de lo que uno espera.

Lituania

 

Hay un montón de razones para visitar esta ciudad curiosa, creativa y compacta, y a continuación resumimos ocho de ellas:

 

1. El encanto del casco antiguo de Vilna

Con orígenes en el s. XIV, Vilna cuenta con un buen pedigrí histórico. Si bien su casco antiguo, catalogado por la Unesco, es conocido por sus edificios barrocos (uno de los cuales es el Palacio de los Grandes Duques de Lituania, meticulosamente restaurado), su planta medieval alberga una variedad de estilos, apiñados, desde la gótica iglesia de Santa Ana hasta la clásica fachada de la colosal Catedral de Vilna.

 

El campanario de la catedral de Vilna visto entre sus columnas clásicas, Lituania © Ekaterina Pokrovsky / Shutterstock El campanario de la catedral de Vilna visto entre sus columnas clásicas, Lituania © Ekaterina Pokrovsky / Shutterstock

Aparte de por su músculo arquitectónico, el casco antiguo destaca por sus revueltas calles adoquinadas, que son una delicia para pasear; ideales para ‘perderse’ y ‘encontrarse’ después en uno de los múltiples cafés medio escondidos en sus pasajes y patios.

 

2. Descubrir siglos de historia judía

Conocida antaño como ‘la Jerusalén del norte’, la ciudad tiene una historia estrechamente relacionada con la de su comunidad judía desde que los primeros mercaderes, comerciantes y artesanos judíos llegaron a Vilna invitados por los Grandes Duques justo después de la fundación de la ciudad.

Próspera, la población litvak (judía lituana) contaba con 100 000 miembros antes de la II Guerra Mundial, pero trágicamente el 90% fue asesinado durante el Holocausto, tras ser apresados y encerrados en dos guetos de la ciudad por los nazis. El Museo del Holocausto ofrece un estremecedor recuerdo de aquellos sucesos, mientras que el Centro de la Tolerancia presenta una visión más amplia de la historia de los litvak y sus múltiples contribuciones a la cultura de Vilna y a Lituania en general. Hoy, la Sinagoga Coral de Pylimo gatve es el único espacio de culto judío que se conserva en la ciudad.

 

3. Visitar Užupis, un ‘país’ dentro de la ciudad de Vilna

La constitución de Užupis se expone en placas relucientes, cada una de ellas en un idioma distinto, Vilna, Lituania © Anastasia Petrova / Shutterstock La constitución de Užupis se expone en placas relucientes, cada una de ellas en un idioma distinto, Vilna, Lituania © Anastasia Petrova /

No hay muchas ciudades en el mundo donde un colectivo de artistas se una para declarar su distrito como república independiente; y eso es exactamente lo que pasó en el creativo barrio de Užupis en 1997.

Si la cosa iba en serio o si solo era una performance es algo que todavía no está claro, pero fuera cual fuera su motivación, se mantuvieron firmes: si se cruza el río Vilnia, además de un montón de galerías y talleres de artistas, se encuentra una constitution de 41 artículos, expuesta con orgullo en más de 20 idiomas. El viajero incluso puede llevarse el pasaporte sellado en el Centro de Información de Užupis.


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4. Revelar el pasado soviético de la ciudad

La historia de Lituania es compleja, fascinante y, a veces, desgarradora. Tras la II Guerra Mundial el país quedó bajo dominio soviético y, aunque la resistencia entre los lituanos era sincera, fue reprimida con brutalidad. El Museo de Ocupaciones y Luchas por la Libertad (antiguo Museo de las Víctimas del Genocidio) ofrece una estremecedora visión de la vida cotidiana durante el período soviético.

 

Torre de la TV, Vilna, Lituania © Giedrius Akelis / Shutterstock Torre de la TV, Vilna, Lituania © Giedrius Akelis / Shutterstock

Finalmente, la URSS reconoció la independencia del país en 1991, pero a un precio muy alto: 14 civiles murieron cuando las tropas soviéticas cargaron contra la Torre de la TV de Vilna. Esta estructura de 326 m de altura es hoy un símbolo de la lucha por la libertad de Lituania, y hay un monumento en recuerdo a las víctimas.

 

 

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5. Dar con un nuevo punto de vista

La mejor forma de ver una ciudad es desde las alturas, y en Vilna abundan las opciones para hacerlo. El cerro más accesible es el de Gediminas, al cual se sube por un empinado sendero de adoquines, o a bordo del funicular. En lo alto del cerro se alza el Castillo de Gediminas. La torre es todo lo que queda de la fortaleza del s. XV, y las vistas son gloriosas.

 

Una vista de Vilna con globos aeroestáticos en el cielo, sobre el cerro Gediminas, Lituania © A. Aleksandravicius / Shutterstock Una vista de Vilna con globos aeroestáticos en el cielo, sobre el cerro Gediminas, Lituania © A. Aleksandravicius / Shutterstock

Si el viajero se atreve con un monte más alto (y sin funicular), la Colina de las Cruces –un monumento a un grupo de monjes mártires– ofrece una panorámica mucho más espectacular. Las tardes de verano, paseadores de perros y turistas se mezclan con adolescentes enamorados para ver ponerse el sol tras la ciudad.

 

6. Comprar artesanía

La artesanía tradicional se halla en plena forma en Lituania, y la capital está llena de lugares donde comprar suvenires. Las joyas con ámbar del Báltico y la bisutería son lo que más se vende. Abundan las imitaciones, por lo que espacios como el Museo del Ámbar son la mejor opción para comprar piezas auténticas. Para compras más voluminosas se puede ir al Museo-Galería Blacksmith Užupis, donde venden piezas de hierro forjado a mano, incluidas cruces solares lituanas, que son una fusión del símbolo pagano del sol y una cruz cristiana.

Otras piezas destacadas son los tejidos bordados con diseños étnicos geométricos, cerámica negra (la técnica para ennegrecerla data del Neolítico) y máscaras de carnaval talladas a mano en madera que recuerdan a las gárgolas.


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7. Disfrutar de los sabores de Lituania

'Cepelinai', gastronomía de Lituania © AS Food studio / Shutterstock 'Cepelinai', gastronomía de Lituania © AS Food studio / Shutterstock

Lejos quedan los días en los que la cocina báltica era sinónimo de comida indigesta, aunque viajar hasta allí y no probar las cepelinai, las madres de todas las empanadillas, con forma de torpedo, es para arrepentirse. Rellenas de carne picada, setas o requesón, estas empanadillas de patata son la exacta definición de la ‘comida de la abuela’, y es probable que, después de comerlas, uno quiera echarse una siesta. El acogedor Senoji trobelė es un local muy auténtico donde probarlas.

Mientras, las estrellas culinarias de Vilna trabajan duro para cambiar la percepción de la comida lituana. Los chefs de Ertlio Names combinan con maestría ingredientes históricamente populares, como el faisán y el lucio, para crear sorprendentes platos modernos. Tanto Dziaugsmas como Sweetroot llevan el localismo a la mesa con platos exquisitos y cartas que cambian de un día para otro para así aprovechar mejor los productos de temporada disponibles.

 

8. Cervezas y salir de noche por Vilna

Noche en el centro histórico de Vilna, Lituania © Roman Babakin / Shutterstock Noche en el centro histórico de Vilna, Lituania © Roman Babakin / Shutterstock

Con una población estudiantil de más de 20 000 personas uno ya prevé que las noches sean muy animadas. Los expertos en cerveza (alus) están bien cuidados: la cervecería Craft & Draft siempre tiene cinco de sus cervezas en los tiradores, además de docenas de marcas nacionales e internacionales, mientras que la carta de cerveza y sidra artesanal de Vejai's satisfará a los clientes más sedientos, que seguirán el ritmo a la música en directo.

Los aficionados a los licores también estarán bien cuidados, con los cócteles impecables que preparan en Alchemikas y Sweet and Sour, y el vino más que bueno de Notre Vie. Y aunque la marcha nocturna no sea como la de Berlín, hay un puñado de locales nocturnos como Exit, de dos plantas, y Opium, de estilo techno, que mantienen a la ciudad despierta hasta el alba… al menos, los fines de semana.

 


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Una vez descubierta Vilna, se puede hacer una excursión de un día a Trakai

Vista aérea del castillo-isla de Trakai, Lituania © Audrius Merfeldas / Shutterstock Vista aérea del castillo-isla de Trakai, Lituania © Audrius Merfeldas / Shutterstock

A un poco más de media hora en tren desde Vilna se halla el Castillo-isla de Trakai, una vista arrebatadora propia de un cuento de hadas. Si se visita la capital lituana, bien merece una excursión. El castillo, del s. XV, es más espectacular contemplado desde el agua, por lo que es buena idea disfrutar de un circuito en barco por el lago Galvé o, si el viajero prefiere algo más activo, una ruta en kayak con North North East. El bosque que lo rodea también forma parte del pequeño parque nacional e invita a un apacible paseo panorámico.

Trakai también es la cuna de la minoría lituana caraíta. Con menos de 300 miembros en el país, la comunidad intenta preservar su lengua, su cultura y su cocina. Así, disfrutar de una kibinai (la empanada tradicional caraíta) en Senoji Kibininė es un sabroso punto de partida para quien quiera saber más sobre esta comunidad, aunque seguro que el Museo Etnográfico Caraíta ahonda más en los detalles.

 

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