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Canadá

Viajar a Canadá

Los silencios atónitos alternan con las expresiones de asombro ante las montañas cubiertas de blanco, los paisajes marinos envueltos en niebla y las épicas carreteras del norte. Y con tanta variedad de festivales, incluso uno se olvida del frío.

 

Naturaleza sublime

El segundo país más grande del planeta posee una interminable variedad de paisajes. Montañas puntiagudas, glaciares centelleantes, espectrales bosques lluviosos, cimbreantes campos de trigo: están todos aquí, repartidos a lo largo de seis husos horarios. También hay playas de poderoso oleaje. Con los océanos Pacífico, Ártico y Atlántico bañándola por tres lados, los kilómetros de costa que posee Canadá cubrirían la mitad de la distancia hasta la Luna, puestos en línea recta.

Es un entorno natural en el que, a menudo, el visitante se quedará sin palabras, y el campo de juegos de grandes animales en estado salvaje: osos polares, osos grizzly, ballenas y el más popular de todos, el alce de patas de bailarina. El viajero puede tener por seguro que verá alguna de estas gigantescas criaturas cuando deje atrás la ciudad.

 

Actividades

En invierno o verano, grandes aventuras aguardan al visitante por todo el país. Ya sea para practicar snowboard en las montañas de Whistler, hacer surf sobre las olas de Nueva Escocia, excursionismo por el Appalachian Trail de Newfoundland o kayak en la espumosa corriente del río South Nahanni, en los Territorios del Noroeste, el viajero siempre encontrará quien le proporcione un equipo adecuado. También abundan las aventuras más amables, como pasear por el dique Stanley Park de Vancouver, bañarse frente a las playas de arenas rosadas de la isla del Príncipe Eduardo (IPE), o patinar sobre hielo en el Canal Rideau de Ottawa. Antes de que uno se dé cuenta, sentirá la llamada a la acción (y tal vez se dedique a dar un paseo en trineo tirado por perros, a la pesca del sander vitreus, snowkiting…).

 

Gastronomía (y ‘poutine’)

No es muy frecuente oír elogios sobre la cocina canadiense igual que sucede, por ejemplo, con la comida italiana o francesa. De modo que solo diremos que el típico marisco, los quesos picantes y las frutas y verduras frescas son un secreto a descubrir. Al igual que los notables tintos y los frescos blancos que se cultivan en los valles cubiertos de viñas que hay en el país.

Canadá ofrece gran variedad de especialidades locales. De este a oeste del país, el visitante puede llenar su plato con las siguientes opciones: langosta con un toque de mantequilla en las provincias del Atlántico, poutine (doradas frituras empapadas en salsa y requesón) en Quebec, una hermosa ración de pastel de bayas en las praderas y salmón salvaje y suaves vieiras en la Columbia Británica (CB).

Es mejor no sufrir por la línea.

 

Sabor cultural

El Festival del Vino Helado de Okanagan en enero, el Carnaval de invierno de Quebec en febrero, el powwow de Regina en marzo, la fiesta del esquí y el snowboard de Whistler en abril, la Fiesta del Tulipán de Ottawa en mayo, el Festival de Jazz de Montreal en junio, la Estampida de Calgary en julio, la fiesta acadia de New Brunwick en agosto, el festival cinematográfico de Toronto en septiembre, la Oktoberfest de Kitchner en octubre, la fiesta aborigen de Hamilton en noviembre, el Festival de Invierno del Niágara en diciembre: sí, Canadá tiene algo que celebrar durante todo el año. Incluso sitios en los que tal vez uno no pensaría, por ejemplo Edmonton, Winnipeg y St John’s, vibran con festivales, clubes de música en directo y modernos y flamantes museos de arte. 

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Fuente: Canadá 3 (marzo del 2011)