Descubriendo Estella-Lizarra, Navarra

Texto por
Lola Escudero
Estella y el río Ega, Navarra, España
www.estellaturismo.com

Una de las paradas más emblemáticas del Camino de Santiago

Las calles de Estella-Lizarra están llenas de peregrinos; en esta ciudad navarra, una de las paradas más emblemáticas del Camino de Santiago, algunos paran solo a dormir, pero otros se animan a pasar más tiempo y descubrir los encantos de la llamada “Toledo del Norte”. Y bien se merece este nombre cuando se descubre su sorprendente patrimonio medieval en plena Ruta Jacobea.

Iglesia del Santo Sepulcro, Estella, Navarra © www.estellaturismo.com

Iglesia del Santo Sepulcro, Estella, Navarra © www.estellaturismo.com

 

Numerosos conventos e iglesias románicas, palacios, puertas monumentales, plazas y rincones y el eco vivo de su antigua y rica judería la convierten, sin duda, en una de las grandes ciudades monumentales del norte de España.

Estella-Lizarra puede presumir de ser el broche final de una de las etapas clave del Camino de Santiago, la que trae desde Puente La Reina, y el inicio de la etapa que lleva hasta Los Arcos. A diferencia de otras ciudades del camino que pueden visitarse en una sola noche, Estella tiene historia, patrimonio, gastronomía y recursos como para pasar unos días y dejarse mimar por su gran patrimonio cultural y artístico.

 

Siete experiencias imprescindibles para descubrir Estella-Lizarra y sus alrededores

1. Disfrutar de una pausa en el camino

Muchos de los viajeros que llegan a Estella-Lizarra son peregrinos o viajeros curiosos a la búsqueda de los rastros que el Camino Jacobeo dejó en sus calles. Algunos han realizado el viaje cómodamente en coche pero son también muchos los que llegan a pie o en bicicleta por el Camino Francés y se quedan a descansar aquí. Y es que esta ciudad es el final de la quinta etapa, de 22 kilómetros, que tiene su punto de partida en Puente la Reina.

 

Peregrinos del Camino de Santiago ante la escalinata de San Pedro de la Rúa, Estella, Navarra © www.estellaturismo.com

Peregrinos del Camino de Santiago ante la escalinata de San Pedro de la Rúa, Estella, Navarra © www.estellaturismo.com

 

Estella-Lizarra le debe mucho al Camino de Santiago, y especialmente al rey Sancho Ramírez, quien en la Edad Media, cuando se estaba configurando la Ruta Jacobea desde Francia por Roncesvalles, desvió ligeramente el trazado primitivo del Camino para establecer allí una población. A esta población, a orillas del río Ega, le otorgó un fuero, a imagen y semejanza del Fuero de Jaca, para promover el asentamiento de comerciantes exentos del pago de impuestos.

En los siglos siguientes se fueron instalando cada vez más personas procedentes de diversos lugares, sobre todo francos y judíos, y con ellas surgieron comercios y hospederías, palacios, iglesias, conventos y hospitales. En los ss. XI y XII todo estaba en torno a San Pedro de la Rúa, al sur del río Ega, pero pronto se originaron nuevos barrios al otro lado del río: San Miguel y San Juan, barrios históricos que conservarían sus límites y privilegios históricos hasta el s. XX. Todavía hoy Estella conserva estos magníficos hitos del Camino Jacobeo, señalados con su correspondiente concha amarilla.

 

Capiteles del claustro de San Pedro de la Rúa, Estella, Navarra © www.estellaturismo.com

 Capiteles del claustro de San Pedro de la Rúa, Estella, Navarra © www.estellaturismo.com

 

2. Sumergirse en su pasado medieval

Para hacerse una idea de la Estella medieval, se puede consultar la guía más antigua del Camino: el famoso Codex Calixtinus, donde Aymeric Picaud elogia especialmente la ciudad: "Fértil en buen pan y excelente vino, así como en carne y pescado, y abastecida de todo tipo de bienes". Y también alaba las cualidades del agua del Ega: "un río de agua dulce, sana y extraordinaria".

Pocas ciudades de su tamaño pueden presumir de contar con tres castillos y un palacio, como tuvo Estella en época medieval: el castillo de Belmecher, el de Zalatambor y, sobre todo, el Castillo Mayor, que fue residencia real hasta el s. XV. Además, la ciudad cuenta con el Palacio de los Reyes de Navarra o Palacio de los Duques de Granada de Ega, el único edificio románico civil de Navarra, de mediados del s. XII, junto a la antigua entrada de los peregrinos, y que hoy aloja el museo de Gustavo de Maeztu, un pintor representativo de la llamada “Escuela Vasca” del s. XIX.

 

Fachada del Palacio de los Reyes de Navarra en la Plaza de San Martín, Estella, Navarra © www.estellaturismo.com

Fachada del Palacio de los Reyes de Navarra en la Plaza de San Martín, Estella, Navarra © www.estellaturismo.com

 

Junto a estos edificios residenciales, a partir del s. XII se construyeron muchos edificios religiosos que convirtieron a Estella en la capital del románico navarro. En el s. XIII la ciudad era uno de los puntos de encuentro de mercaderes más activos de la península, y en el s. XIV existían allí seis hospitales de peregrinos, muestra de su importancia como etapa clave del Camino.

 

3. Conocer la judería de Estella-Lizarra

La que en su día fue la tercera judería más importante del Reino de Navarra consta de un primer barrio donde vivieron los muchos judíos que se asentaron en Estella y que se situaba bajo los castillos de Zalatambor y Belmecher, en medio de las curvas del río Ega y protegido por las alturas de Montejurra, Peñaguda, Santa Bárbara, Belástegui y la Cruz de los Castillos. Hoy solo queda la calle de Elgacena para recordarnos este primitivo barrio judío que a mediados del s. XII ya estaba abandonado y ocupado por cristianos. El obispo de Pamplona decidió en 1145 convertir la antigua sinagoga en una iglesia dedicada a Santa María y a Todos los Santos, que hoy es la iglesia de Santa María Jus del Castillo, una joya del románico y uno de los símbolos de Estella, restaurada hace poco y convertida en centro de interpretación.

 

Iglesia de Santamaría Jus del Castillo, antigua sinagoga, Estella, Navarra © www.estellaturismo.com

Iglesia de Santamaría Jus del Castillo, antigua sinagoga, Estella, Navarra © www.estellaturismo.com 

 

Pero los judíos no abandonaron la ciudad: se instalaron bajo la colina donde un siglo después se construiría el castillo de Belmecher. La nueva judería incluía además de las viviendas, todas las instalaciones habituales: los baños, el molino, la carnicería, el horno… y por supuesto, la sinagoga. La arqueología va excavando restos de las diferentes juderías, y en la actualidad se pueden seguir sus trazas en lugares emblemáticos como la citada iglesia de Santa María Jus del Castillo, el convento de Santo Domingo, la iglesia del Santo Sepulcro, algunos restos de casas judías o los de la muralla.

Desde el año 2008, Estella-Lizarra forma parte de la Red de Juderías. En 2018 ostenta además la presidencia de la Red y el Ayuntamiento ha impulsado un proceso de recuperación y dinamización de la judería, poniendo en valor el pasado sefardí de la ciudad.

 

4. Descubrir sus iglesias

Las iglesias, conventos y basílicas son otro de los puntos clave del recorrido monumental por Estella. La más simbólica de todas es la de San Pedro de la Rúa, iglesia mayor de la ciudad desde el s. XIII, situada en alto. En ella se encuentra el románico en todo su esplendor junto a claras influencias árabes en su decoración; destaca un magnífico claustro románico en que se puede “leer” retazos de la vida cotidiana del medievo a través de sus capiteles, casi como si se tratara de un cómic: la vida de los santos, las hazañas de los guerreros y domadores, etc.

 

Iglesia románico-gótica del Santo Sepulcro, Estella, Navarra © www.estellaturismo.com

Iglesia románico-gótica del Santo Sepulcro, Estella, Navarra © www.estellaturismo.com

 

Pero hay muchas más: la iglesia del Santo Sepulcro, con su elegante mezcla románico-gótica; la románica iglesia de San Miguel, la neoclásica iglesia de San Juan, los conventos de Santa Clara o de las concepcionistas recoletas y, para despedirse si se prosigue el camino hacia Santiago, la Basílica de Nuestra Señora de Rocamador, junto a la puerta de Castilla, paso obligatorio para los peregrinos.

 

5. Una escapada gastronómica por tierras de buen comer y de buen beber

La merindad de Estella es tierra de buen comer y de buen beber porque sobra materia prima de calidad y la ciudad y los pueblos de los alrededores son razones poderosas para una impresionante escapada gastronómica.

 

Día de mercado con productos autóctonos, Estella, Navarra © www.estellaturismo.com

Día de mercado con productos autóctonos, Estella, Navarra © www.estellaturismo.com

 

Por una parte están sus mercados: todos los jueves del año se celebra uno con productos locales en las plazas de San Juan y Santiago, que son el lugar perfecto para familiarizarse con productos autóctonos como los famosos pimientos del piquillo de Lodosa, los espárragos de Dicastillo, las trufas de la zona (en Metauten hay un museo de la trufa), cardos, borrajas, alcachofas, pochas (alubias blancas) y calbotes (alubias rojas), los quesos de Urbasa y la sal de las cercanas Salinas de Oro. El apartado de los vinos y licores está presidido por el pacharán.

Y si se prefiere algo dulce, siempre se pueden comprar unos dulces típicos como las “alpargatas”, las rocas del Puy o la tarta de San Andrés.

 

"Alpargatas", dulces tradicionales navarros, Estella, Navarra © www.estellaturismo.com

"Alpargatas", dulces tradicionales navarros, Estella, Navarra © www.estellaturismo.com

 

Los restaurantes son un capítulo aparte: templos gastronómicos donde probar, por ejemplo, las sublimes menestras navarras, compuestas por verduras de temporada como la alcachofa, la borraja y el cardo, y primer plato obligado en esta tierra. También pueden degustarse los exquisitos espárragos de Navarra, con su correspondiente denominación de origen, ideales como entrantes o acompañamiento. O esas legumbres cuya fama traspasa fronteras, sobre todo las pochas y los calbotes, una especialidad de la zona. Los “no amigos” de lo vegetal, siempre podrán decantarse por platos más tradicionales: el gorrín, un lechón al horno de leña, o el cordero al chilindrón o al ajoarriero, la segunda alternativa de los platos más típicos. Y como complemento, el magnífico queso con denominación de origen Idiazábal, elaborados con la leche de las ovejas lachas que pastan en la zona.

La oferta de restaurantes en una ciudad de paso, donde los peregrinos y viajeros hacen un alto para tomar fuerzas, es amplia y variada, tanto en especialidades como en precio, basada especialmente en el producto de temporada. 

 

Pimientos del piquillo de Lodosa, gastronomía tradicional navarra, Estella, Navarra © www.estellaturismo.com

Pimientos del piquillo de Lodosa, gastronomía tradicional navarra, Estella, Navarra © www.estellaturismo.com

 

Esta es también tierra de buenos vinos y el enoturismo se ha convertido en uno de los grandes atractivos de la región. Tiene tres denominaciones de origen, Navarra, Rioja y Cava, y entre las bodegas más famosas está la mítica junto al monasterio de Iratxe, del mismo nombre, con una popular fuente de vino que encanta a los peregrinos del Camino de Santiago y a los que quieran acercarse a beber gratis. Muchas de las bodegas de la región ofrecen visitas guiadas, catas y propuestas de alojamiento.

 

Vendimiadores en los viñedos de Bodegas Irache, Estella, Navarra © www.irache.com

Vendimiadores en los viñedos de Bodegas Irache, Estella, Navarra © www.irache.com

 

6. Estella-Lizarra, ciudad comercial

Estella-Lizarra es desde su origen una ciudad comercial. Es la razón principal de su fundación y ha conservado desde el s. XI su función de mercado para una amplia región. Su famoso mercado de los jueves al aire libre, se viene celebrando desde la Edad Media de forma ininterrumpida y durante siglos ha atraído a numerosos mercaderes que se fueron asentando en el primer burgo de la ciudad, el Burgo de San Pedro. Así podían ofrecer sus productos a todos los peregrinos que cruzaban la Calle La Rua en su camino a Santiago de Compostela. El mercado y el comercio en general ha ido creciendo y hoy sigue siendo clave para la comarca, con pequeños comercios que dan vida a la ciudad.

A lo largo de los años, este comercio se ha mantenido y asentado convirtiéndose en un comercio de calidad y de cercanía. Sin duda, merece la pena pasear entre las callejuelas de Estella-Lizarra disfrutando de los pequeños comercios que animan y dan vida a la ciudad. El mercado de los jueves hoy sigue tan activo como en otros tiempos: el de alimentación se celebra en la Plaza de los Fueros, mientras que el de ropa está en la Plaza de Santiago. La asociación de comerciantes de Estella-Lizarra ofrece además a los visitantes una mirada muy especial a la ciudad desde el tren turístico.

 

7. Una escapada a la naturaleza

La naturaleza está a un paso de la ciudad, formando parte de su paisaje urbano. Como muestra, el Parque de los Llanos o la nueva Ruta del Zumaque que pone en valor el pasado curtidor de Estella-Lizarra a través de un paseo natural de 12 km que circunvala la ciudad y permite conocer lugares como el parque de los desvelados, San Millán, Santa Bárbara, la Cruz de los Castillos, Peñaguda, y disfrutar de las mejores panorámicas de la ciudad.

Otro de los proyectos que permite disfrutar de la naturaleza sin salir de la ciudad, es la vía verde del ferrocarril vasco navarro, que nace precisamente en Estella-Lizarra. Se trata de un tramo recuperado de la antigua vía del tren que enlazaba Estella-Lizarra con Vitoria-Gasteiz y que dejó de funcionar en 1967. Se han recuperado unos 3 km hasta Zubielqui, y también el tramo comprendido entre Murieta y Antoñana (Álava), unos 24 km aproximadamente. Es un camino llano, con firme de tierra, perfecto para ciclistas y para caminar en familia.

 

Parque Natural de Urbasa-Andía, Estella, Navarra © Irantzu Arbaizagoitia / Shutterstock

Parque Natural de Urbasa-Andía, Estella, Navarra © Irantzu Arbaizagoitia / Shutterstock

 

Entre la montaña y la ribera, Estella-Lizarra tiene el privilegio de estar a un paso del espectacular Parque Natural de Urbasa-Andía, un espacio protegido en el que se suceden los prados, los hayedos y las formaciones de calizas. Este auténtico espectáculo de la naturaleza cuenta con espacios como el nacimiento de Urederra, una impresionante caída de agua de más de 100 m de un sorprendente color azul turquesa que contrasta con los tonos verdosos y ocres de los alrededores. Es muy popular el sendero señalizado que recorre el curso del río en sentido contrario: 5,3 km sin dificultades que se convierten en un paseo ideal para toda la familia. El aforo diario es limitado por lo que es muy aconsejable reservar. La sierra de Urbasa es un paraíso de hayas, lleno de senderos, cuevas kársticas (cueva de los Cristinos), dólmenes o vistas como las que se contemplan desde el balcón de Pilatos.

Los alrededores de Estella invitan a descubrir pueblos y rincones como el monasterio de Irache (primera universidad de Navarra), el de Iranzu, Artajona y el cerco de Artajona (la impresionante muralla medieval que rodea el pueblo), la villa romana de las Musas en Arellano o incluso los restos de una ciudad romana: la de Andelos, en Mendigorría.

 

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