Para un periplo épico, basta con aterrizar en Nuevo México –la nave espacial es opcional– e iniciar una ruta por carretera por el suroeste de EE UU que combinará un viaje en el tiempo con una aventura cósmica. En el recorrido esperan culturas nativas americanas que siguen muy vivas, ecos de los legendarios tiroteos del Lejano Oeste, una gastronomía de sabores explosivos y paisajes dignos de Marte, tanto en la superficie como bajo tierra. ¿Lo único que le falta a Nuevo México? Las multitudes.
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✩ Uno de los estados menos explorados de Estados Unidos
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Hacer un viaje al pasado
Nuevo México siempre ha ejercido una misteriosa atracción sobre los viajeros más curiosos. Hace 100 millones de años los dinosaurios caminaron por estas tierras, y todavía hoy es posible seguir sus huellas en el Clayton Lake State Park. También algunos de los primeros habitantes de Norteamérica recorrieron este territorio: en el White Sands National Park, un insólito paisaje desértico formado por enormes dunas de cristales de yeso blanco de hasta 18 m de altura, se descubrieron huellas humanas fosilizadas de hace 23 000 años. Nuevo México también ha cautivado a artistas como Georgia O'Keeffe y D. H. Lawrence, al célebre forajido Billy el Niño, a esquiadores empedernidos, a Robert Oppenheimer y al equipo de científicos que desarrolló el proyecto de la bomba nuclear durante la II Guerra Mundial, y –si uno da crédito a la leyenda de Roswell– a pequeños marcianos verdes.
¿Qué tiene este tranquilo estado del suroeste de EE UU para resultar tan magnético? ¿Serán sus atardeceres teñidos de rosa y sus cielos infinitos? ¿O quizá la convivencia entre las culturas indígenas, latina y angloestadounidense, entrelazadas con la misma armonía que los intrincados motivos geométricos de los tejidos tradicionales del suroeste?
Paisaje del White Sands National Monument, Nuevo México. © Galyna Andrushko / Shutterstock
Recorrer carreteras històricas
Mi historia de amor con Nuevo México comenzó mientras atravesaba EE UU al volante de una autocaravana Chevrolet de 1987. Sin saber muy bien qué esperar, me topé con un destino que me ofrecía un sinfín de experiencias inolvidables, y para suerte mía, sorprendentemente libre de visitantes. ¿Había descubierto uno de los estados más extraordinarios –y más infravalorados– del país, o eran demasiados los margaritas de Tuna que me había tomado? La mejor manera de dar respuesta a esta duda será visitarlo en el 2027.
Es hora de subir al platillo volante –aunque un coche convencional también servirá– y emprender un viaje por carretera a través de paisajes casi encantados. Se puede empezar recorriendo un tramo de la Ruta 66, la carretera más legendaria de EE UU, que acaba de celebrar su centenario y luce un aire renovado gracias a la restauración de sus icónicos neones, nuevos murales y mejores servicios para los visitantes a lo largo de los ocho estados que atraviesa. O seguir el Turquoise Trail, entre Albuquerque y Santa Fe, para descubrir pueblos fantasma como Madrid y Los Cerrillos, además del singular Tinkertown Museum, que alberga miles de miniaturas de arte popular creadas durante más de cuatro décadas por el desaparecido Ross Ward, “mientras la gente estaba viendo la televisión”.
Cartel del Turquoise Trail en Cerrillos, Nuevo México. © Jacob Boomsma / Shutterstock
Pasear por ciudades vibrantes
Santa Fe puede presumir de ser la ciudad más bonita de Nuevo México, y quizá de todo el país. Pasear entre sus encantadoras casas de adobe de estilo Pueblo Revival es como recorrer una inmensa galería de arte al aire libre. No hay que perderse el Georgia O'Keeffe Museum ni Meow Wolf, un espacio que es al mismo tiempo galería, misterio y odisea psicodélica. Llegar a la capital del estado es aún más sencillo en el 2027 gracias a nuevas rutas –o a la ampliación de las ya existentes– desde Los Ángeles, Chicago y Las Vegas, así como a las mejoras previstas en el aeropuerto regional de Santa Fe.
Albuquerque, la ciudad más grande de Nuevo México, alberga también el aeropuerto con mejores conexiones del estado, el Albuquerque Sunport. En esta urbe es casi obligado asistir a un espectáculo en el histórico KiMo Theatre, que celebra su centenario en el 2027, o contemplar las montañas Sandia desde el cielo durante la 55ª Balloon Fiesta, el mayor festival de globos aerostáticos del mundo, que se celebra cada mes de octubre.
Y se vaya donde se vaya, siempre debe reservarse tiempo para desviarse del camino y dejarse llevar por la improvisación: nunca se sabe qué nueva curiosidad invitará al viajero a descubrir otro rincón fascinante de Nuevo México.
Evento de globos aerostáticos en Albuquerque. © Wirestock Creators / Shutterstock
No te vayas sin...
Conocer a miembros de las numerosas comunidades indígenas de Nuevo México, desde el pueblo de Acoma, encaramado sobre una impresionante mesa, hasta el milenario pueblo de Taos o el Centro Cultural del Pueblo Indígena de Albuquerque.
Probar un 'frito pie', burritos bañados en la emblemática salsa de chile verde o rojo de Nuevo México, y un margarita de Tuna (aunque conviene no excederse, a diferencia de lo que hizo quien escribe estas líneas).
Explorar las maravillas naturales del estado, desde el Carlsbad Caverns National Park hasta las gigantescas chimeneas de hadas (hoodoos) del Bisti/De-Na-Zin Wilderness Area.