Combinada con los espectaculares espacios naturales que la rodean, esta encantadora ciudad con un extraordinario patrimonio perfectamente conservado presume orgullosa de reflejar lo mejor de Nicaragua. Tras siglos de esplendor y adversidad, Granada se ha consolidado como el destino más codiciado del país.
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✩ Una ciudad colonial para descubrir con todos los sentidos.
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Entre farolillos, música y pólvora
Los bailarines se mecían y giraban en la plaza Mayor mientras sus vestidos carmesíes ondeaban al compás en una perfecta sincronía. Los hombres, tocados con sombreros cordobeses, se movían con elegancia alrededor de sus parejas, y el cálido aire vibraba al ritmo de las canciones populares amplificadas por los altavoces. El ambiente habría resultado cautivador en cualquier lugar, pero las circunstancias lo hacían aún más especial: el público acompañaba con palmas, las luces navideñas cruzaban la plaza de un lado a otro y la luminosa fachada amarilla de la catedral de Granada se alzaba majestuosa sobre todo el conjunto.
No había planeado visitar Granada durante la Purísima, la festividad que se celebra en diciembre en honor a la Virgen. La casualidad quiso que coincidiera con varios días de verbenas, puestos de comida callejera y espectáculos de fuegos artificiales que iluminaban la inconfundible cúpula roja de la catedral. Sin embargo, también sabía que Granada no necesita ninguna celebración especial para cautivar a quien la visita. La ciudad, que celebró su quinto centenario en el 2024, parece detenida en el esplendor del s. XIX. Sus calles están flanqueadas por edificios coloniales de la época del virreinato español, pintados con los alegres colores de otro tiempo. Tras las puertas de madera se esconden elegantes zaguanes embaldosados y exuberantes patios interiores, mientras que las fachadas lucen balcones de forja y faroles de aire pretérito. En el horizonte, difuminada por la bruma, se perfila la inconfundible silueta del legendario volcán Mombacho.
Fachadas en el centro histórico de Granada, Nicaragua.© Fotos593 / Shutterstock
El encanto de una ciudad renacida
Cuesta creer que el aventurero y mercenario estadounidense William Walker incendiara Granada hasta reducirla a cenizas en 1856, lo que obligó a reconstruirla prácticamente en su totalidad desde cero. Hoy, los coches de caballos y las placas cerámicas hechas a mano que identifican las calles hacen pensar erróneamente que la ciudad ha conservado este aspecto desde sus orígenes. Muchas de las antiguas casonas albergan ahora hoteles de lujo y restaurantes de alta cocina, mientras que las numerosas iglesias exhiben una notable variedad de estilos arquitectónicos. Incluso las ruinas poseen una belleza especial: los desgastados muros de ladrillo del Antiguo Hospital son uno de los rincones favoritos de los fotógrafos.
Navegar entre las isletas del lago Cocibolca
Si desde el centro se camina hacia el este, se llegará al lago Cocibolca (también conocido como Gran Lago de Nicaragua), el mayor lago de agua dulce de Centroamérica. Uno de mis recuerdos preferidos es el recorrido que hicimos en kayak junto a mi amigo Bill a las Isletas, un laberinto formado por 365 diminutas islas separadas por estrechos canales. Tanto la tradición indígena nicaragüense como la ciencia moderna coinciden en explicar su origen: hace miles de años, durante una violenta erupción, el volcán Mombacho lanzó al aire enormes bloques de roca. Con el paso del tiempo, aquellas moles volcánicas se enfriaron y fueron cubriéndose de tierra y vegetación hasta convertirse en las pequeñas islas actuales. Mientras nos deslizábamos por los oscuros canales, abriéndonos paso entre nenúfares y plantas acuáticas, descubríamos cabañas semi escondidas, pescadores lanzando sus redes y monos inquietos saltando entre los árboles.
Vista del Lago Nicaragua desde la isla Ometepe. © Lorena Samponi / Shutterstock
El alma de Granada está en su gente
Algunos de mis mejores recuerdos de Granada nacieron de las conversaciones compartidas con los granadinos. Hablé hasta bien entrada la noche con Yexira, la propietaria del hotel donde me alojaba; brindé con incontables botellas de cerveza Toña junto a Amós Abdias, propietario y chef del reconocido restaurante Tostometro; y conversé sobre puros con los artesanos de la emblemática fábrica de cigarros Doña Elba. Los granadinos se sienten profundamente orgullosos de su ciudad, que ha sabido sobreponerse a innumerables adversidades. ¡Viva Granada!, pensé. Ojalá siga en pie dentro de varios siglos.
No te vayas sin...
Pasar una velada en la plaza Mayor, el corazón de Granada; al caer la noche se llena de vecinos y visitantes que le dan vida, mientras los restaurantes que la rodean animan el ambiente.
Descubrir a los maestros chocolateros de la ciudad. Dos instituciones vecinas, el ChocoMuseo y la fábrica Argencove Chocolate, compiten por conquistar a los amantes del cacao; ambas ofrecen excelentes visitas guiadas y una tentadora selección de productos.
Pasear por el malecón del lago Cocibolca, disfrutando de las vistas sobre el agua y de un cóctel en los bares situados junto a la orilla, al sureste de la ciudad.