Tranquilo pero con buenos servicios, este remoto archipiélago panameño lleva décadas siendo una parada habitual para los mochileros que recorren Centroamérica. Sin duda, es un destino ideal para relajarse y broncearse, pero más allá de sus playas y hamacas, hay mucho por descubrir: deportes acuáticos, observación de fauna y una estimulante escena gastronómica.
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✩ Aventura en el Caribe panameño.
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Un archipiélago para descubrir sin prisas
A través de mis gafas de buceo, vi cómo el ferri parecía emerger de las profundidades azul turquesa. Su enorme estructura descansaba sobre el fondo marino, completamente cubierta por una espesa capa de vida submarina. Mi instructor de buceo nadó a mi lado y me hizo una señal para que lo siguiera. A pesar de las tormentas recientes, las aguas del Caribe estaban sorprendentemente cristalinas y vi a otros buceadores deambular a nuestro alrededor, rodeando el casco corroído y llenando la escena de burbujas.
La embarcación se encuentra a apenas 12 m de profundidad, por lo que es ideal para un buceador principiante como yo. Este viejo ferri fue hundido de forma deliberada en una bahía muy frecuentada, es fácil llegar hasta él en lancha motora y no tiene en su haber ninguna historia trágica. Aun así, para mí bien podría haber sido un galeón español: era la primera vez que exploraba un pecio submarino y no pude evitar suspirar de admiración al acercarme a él.
Colorida casa caribeña en el distrito capital de Bocas del Toro. © Rainer Lesniewski / Shutterstock
Todo esto ocurrió, por supuesto, en Bocas del Toro, un archipiélago situado en el extremo noreste de Panamá y que constituye un destino muy popular entre los mochileros, que llegan atraídos por sus relajados albergues y sus playas apartadas donde pasar el día al sol. Mucho se podría hablar de las hamacas repartidas por todo el archipiélago y de las botellas bien frías de cerveza Balboa; yo mismo he pasado aquí incontables horas descansando a la sombra de las palmeras. La localidad de Bocas del Toro, conocida popularmente simplemente como Bocas, es colorida y está salpicada de restaurantes junto al puerto. Algunos ocupan antiguos muelles de madera, con lo que, mientras come, el comensal puedes escuchar el rumor de las olas bajo el suelo.
Pero para mí, Bocas también ha sido el escenario de muchos “primeros”. En uno de mis viajes, subí a una lancha ya entrada la noche y me adentré en los manglares junto a un variopinto grupo de mochileros. Nunca antes había visto unos humedales tropicales de noche: al sumergir las manos en el agua oscura, el fitoplancton bioluminiscente empezó a brillar a nuestro alrededor, y poco después el guía nos animó a lanzarnos al agua templada para nadar entre aquellas galaxias diminutas. Fue sencillamente mágico. Antes de llegar a Bocas del Toro tampoco había visto nunca una estrella de mar en libertad, y mucho menos una tan enorme como las que descansan sobre las aguas poco profundas de color crema de la playa Estrella.
Un grupo de estrellas de mar en las aguas caribeñas de Bocas del Toro. © Damsea / Shutterstock
Nunca había visto una señal de “Paso de monos”, pero allí estaba, junto a una carretera de la isla Bastimentos. Tampoco había escuchado el criollo de base inglesa que hablan los habitantes afro-panameños del archipiélago. Fue aquí donde probé por primera vez un filete de atún de aleta amarilla a la plancha, que desde entonces se convirtió en uno de mis platos de pescado favoritos. Y sí, también fue aquí donde obtuve mi certificación Open Water, practicando las señales manuales y las técnicas de aleteo en las tranquilas aguas de la bahía de Bocas.
El paraíso al que siempre apetece volver
Bocas del Toro transmite la sensación de ser un lugar remoto, casi un secreto geográfico. Situadas a unos 322 km al oeste de Ciudad de Panamá, las islas solo son accesibles por barco o en avión. Al finalizar mi última visita, despegué desde el pequeño aeropuerto internacional José Ezequiel Hall, cuya rústica pista se abre paso entre la selva tropical, y mientras las hélices zumbaban y la avioneta Cessna ascendía sobre las aguas resplandecientes, el archipiélago fue desapareciendo bajo las nubes, como si se tratara de un sueño… un sueño que ya estaba deseando volver a revivir.
No te vayas sin...
Disfrutar de una cena informal en un restaurante de la calle Primera, en la localidad de Bocas; la variedad de sus cartas y la excelente calidad de la cocina hacen que merezca la pena probar un lugar diferente cada noche.
Ir en lancha hasta la playa Estrella, un paraíso ideal para familias, con arena blanca, aguas cristalinas y grandes estrellas de mar descansando en las zonas poco profundas.
Adentrarte en los manglares en una pequeña embarcación. Estos ecosistemas laberínticos son fascinantes de día, y muchas excursiones incluyen también una sesión de esnórquel. Además, durante la luna nueva es posible contemplar el espectáculo de la bioluminiscencia.