Auvernia, Francia

Texto por
Anita Isalska, autora de Lonely Planet
Los volcanes de Auvernia se asoman entre las nubes bajas, Francia
Pommeyrol Vincent / Shutterstock

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Contemplando el espectacular paisaje volcánico de Auvernia, uno podría pensar que está en Islandia y no en el corazón de Francia; aun así esta región suele pasar desapercibida para los viajeros. Pero eso va a cambiar, Auvernia se reinventa con una serie de ambiciosos proyectos artísticos y una oferta creciente de aventuras al aire libre. Mientras el arte conceptual invade sus espacios naturales, el panorama culinario redefine su reputación cambiando los platos hipercalóricos de montaña por cocina innovadora.

Auvernia produce un vértigo delicioso. Sus valles labrados por glaciares y sus picos volcánicos parecen más propios de Islandia que del corazón de Francia, a pesar de ello ha pasado desapercibida por ser demasiado apacible y rural. Pero todo esto está cambiando a medida que los turistas franceses, cansados de las riberas repletas de gente, huyen a este remanso de paz. Auvernia les responde reinventándose a sí misma con ambiciosos proyectos artísticos y una buena oferta de aventuras al aire libre sin perder su carisma de pueblo pequeño. 

El arte conceptual se adentra en algunos de los espacios naturales más bellos de Auvernia, gracias a las series Horizons: esculturas que cuelgan entre los árboles, nenúfares descomunales y lobos fluorescentes. Mientras un nuevo público amante del arte peregrina hacia Auvernia, las antiguas joyas de la región se restauran y se redescubren. Son buenas noticias para las cautivadoras iglesias románicas y ruinas medievales. 

Allí donde hay arte de vanguardia, hay cocina creativa. La reputación culinaria de Auvernia, basada en platos de montaña hipercalóricos, se ve desafiada por una cocina más innovadora. Y con tantas calles medievales para pasear y tantas rutas en bicicleta de montaña para ver aves rapaces, hay mil y una formas de abrir el apetito. 

La Chaîne des Puys, una cadena de 40 km de cráteres y cúpulas de lava, ha dormitado durante milenos, pero erupciones recientes han conferido a Auvernia un paisaje excepcional. En Roches Tuilière y Sandoire, escarpados pedazos de piedra fonolita horadan un tapiz verde. Desde el mirador panorámico más popular de la región, el Puy de Dôme (1465 m), se contemplan los conos volcánicos, perfilados en el horizonte neblinoso. Los senderos excursionistas rodean la zona, pero los más atrevidos prefieren contemplarla en parapente. 

La región de Clermont-Ferrand no solo tiene orígenes volcánicos, su catedral de Notre-Dame, repleta de gárgolas, está toda construida con roca volcánica. La basílica de Notre-Dame du Port también cuenta con cantería ígnea, con rocas volcánicas entre diseños florales. Para seguir disfrutando del esplendor arquitectónico de la región, se puede visitar la iglesia románica de St Jean, en Glaine-Montaigut, o pasear por las murallas de Montpeyroux. 

A la Reserva Natural de Chastreix-Sancy hay que ir con los ojos bien abiertos y una cámara fotográfica. En sus picos y praderas viven muchas cabras montesas y ovejas silvestres, además de marmotas y aves rapaces. 

Los avistamientos de lobos en el Massif Central tienen entusiasmados a los amantes de la fauna, que sacan brillo a sus prismáticos. Antaño, lobos y osos eran habituales de la región, así lo prueban los nombres de algunas localidades (como Orcival, que proviene de ‘valle del oso’). Para los excursionistas, avistar algún lobo será como volver al pasado primigenio de Auvernia. Lógicamente, a los ganaderos de la zona no les gusta tanto. 

La antigua espiritualidad ha dejado su huella en Auvernia. El templo galo-romano que hay en la cima de Puy de Dôme, datado hacia el año 140 d.C., pudo haber sido uno de los grandes centros de culto del Imperio romano occidental. 

Las camisetas y las postales dicen: “Ici commence l’Auvergne, ici finit la France” (‘Aquí empieza Auvernia, aquí termina Francia’). El humor hosco y la simpatía (aunque ruda) de la región son legendarios. Que el viajero diga Adieu a los camareros impacientes y a los atascos de tráfico, aquí encontrará simpatía… y atascos de rebaños. 

Los peregrinos gastronómicos siguen recorriendo la Ruta de los Quesos de Auvernia para catar sus cinco denominaciones de origen. Platos contundentes como la truffade, una mezcla de patatas cubiertas de grasa de pato y queso, siguen llenando los menús. Pero hay chefs que están reinventando la cocina con versiones más ligeras de los platos tradicionales, como el pichón a la miel con sorbete de pera. La carnívora Francia no es una candidata muy firme para la cocina vegetariana, pero está surgiendo un movimiento de comida silvestre con alternativas veganas y vegetarianas. El operador natural Aluna Voyages ofrece excursiones para recoger plantas, bayas y flores comestibles: una razón fresca para decir bon appétit. 

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