Namibia

Viajar a Namibia

Con un prometedor futuro y un gran potencial, Namibia es uno de los países más jóvenes de África, una joya escondida entre el Kalahari y el Atlántico sur. Sigue siendo una última frontera para viajeros intrépidos, que aquí hallarán el rojizo desierto más antiguo del mundo, arquetípicos paisajes africanos rebosantes de animales, hermosos cielos azules sobre amplios horizontes y silenciosos parajes cuyo vacío y desolación abruman. Namibia es también un regalo para los fotógrafos, con salvajes paisajes costeros, escarpadas montañas, solitarios desiertos, impresionante fauna y flora, ciudades coloniales y abundancia de espacio.

El país, predominantemente árido, se divide en cuatro regiones topográficas principales: el desierto de Namib y las llanuras costeras del oeste; la meseta central que desciende hacia el este; el Kalahari a lo largo de las fronteras con Sudáfrica y Botswana, y el denso bushveld (bosque mixto, seco y húmedo) de las regiones de Kavango y Caprivi. En esta peculiar geografía coincide uno de los mayores conjuntos de fauna del planeta y una de las menores densidades de población humana, combinación inmejorable para la observación de animales. En el Parque Nacional de Etosha, de los mejores del mundo para el safari, se ven decenas de especies en un mismo abrevadero.

Namibia debe su identidad, y hasta su nombre, al Namib, uno de los desiertos más antiguos y secos del mundo. El Kalahari es distinto, de paisaje semidesértico, arbolado y atravesado por ríos estacionales y cauces de agua fósiles. El Kalahari, uno de los elementos geográficos más destacados del continente, abarca parte de Congo, Angola, Zambia, Botsuana, Zimbabue y Sudáfrica.

Fuente: Sur de África 2 (marzo del 2010)