Segundo día

Hay que alejarse del centro turístico y dar un paseo por el barrio de Santa Ana, visitando la Jeruzalemkerk, la tienda de encajes ’t Apostelientje, el Museum voor Volkskunde y los cuatro molinos. Luego, se toma un almuerzo de pub y una gueuze (cerveza lámbica) en De Windmolen.

Hay que volver al centro para disfrutar del plato fuerte artístico de la ciudad: los cuadros de Hans Memling ubicados en la capilla de un hospital medieval; con la misma entrada se visita la característica farmacia embaldosada del museo. Para refugiarse de las masas, hay que ir al parque Minnewater, antes de tomar algo en De Stoepa, bar predilecto de los lugareños.

Se puede cenar en el bistró L’Estaminet y luego escuchar un concierto de música clásica en el moderno Concertgebouw, o ver una película de autor en el Cinema Lumière. Luego se bebe algo en el contiguo De Republiek, un establecimiento que siempre está lleno de jóvenes de Brujas.

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