Ámsterdam

Viajar a Ámsterdam

Edificios del s. XVII, esculturas de alienígenas fumando porros… Pocas ciudades combinan la historia y el atractivo urbano moderno del modo en que lo hace Amsterdam.

Admirar arte

En Amsterdam abundan los lugares vinculados al arte. El Museo Van Gogh alberga la mayor colección del mundo del artista, nacido en la ciudad. A unas manzanas, en el Rijksmuseum están expuestas La lechera de Vermeer, La ronda de noche de Rembrandt y otras obras de la Edad de Oro. El Museum het Rembrandthuis acoge más obras de Rembrandt, y el Stedelijk Museum rescata a Mondrian de entre su colección de arte moderno. Y cuando urge la necesidad de ver algo descomunal, el Hermitage Amsterdam (hermano pequeño del de San Petersburgo) expone maravillosos tesoros de la colección original de Rusia.

En bicicleta y en barco

Desplazarse en bicicleta es un modo de vida en Amsterdam. Así se va al trabajo, de compras o a una cita. Hay tantas tiendas de alquiler de bicicletas que el viajero no tendrá problemas para dar una vuelta. Cuando los lugareños no viajan sobre dos ruedas, a menudo lo hacen en barco. Con tantos canales y un puerto enorme, esta ciudad ganada al mar ofrece un sinfín de oportunidades para navegar; basta con subirse a una barcaza (mejor con el techo abierto) o a uno de los ferries gratuitos que zarpan desde detrás de la Centraal Station.

Experimentar el ‘gezellig’

Amsterdam es conocida por su gezellig, una cualidad holandesa que se traduce como “cordialidad” o “calidez”, y que, en realidad, es más fácil de sentir que de definir. Parece como si el tiempo se detuviera, una intimidad del aquí y el ahora, como si se dejaran los problemas a un lado. Esta sensación se puede experimentar en varios contextos, pero si hay un lugar donde poder experimentarlo fácilmente es en un bruin cafe, llamados así por sus revestimientos de madera y paredes impregnadas del humo de tabaco de siglos, y donde se sirve magnífica cerveza. En los restaurantes también se experimenta el gezellig, donde las sobremesas se alargan a la luz de las velas.

Descubrir el pasado

El compacto centro de Amsterdam está repleto de callejuelas y barrios con mucho ambiente, ideales para perderse y topar con sorpresas como un jardín escondido, una tienda de lazos de terciopelo, una destilería de jenever (ginebra holandesa) o un viejo monasterio convertido en auditorio. Allá donde el viajero termine posiblemente habrá un canal. Y un café. Y un edificio con un tejado de dos aguas como sacado de un cuadro de la Edad de Oro.

Fuente: Amsterdam 4 (febrero del 2012)