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Zimbabue

Viajar a Zimbabue

Zimbabue aparece día sí, día también en la prensa internacional, dejando entre los posibles visitantes una impresión difusa y desalentadora. En el 2008, la economía terminó por hundirse y surgió un brote de cólera que segó la vida de unas 4000 personas. No obstante, muchos zimbabuenses se atrevieron a soñar de nuevo en febrero del 2009, cuando el régimen de Robert Mugabe, 29 años después, formó un gobierno de unidad con la oposición. Hoy día el cólera se ha debilitado, la economía se ha dolarizado y, al menos en las áreas urbanas, la vida es más fácil.

Aún hay razones para que los medios de todo el mundo centren su atención en Zimbabue, pero la experiencia de los turistas será por completo distinta a las percepciones exteriores: desde la naturaleza más absoluta del Parque Nacional de Mana Pools hasta la tranquilidad de su capital, Zimbabue, encabeza la lista de los países más bonitos y –de momento– menos turísticos del África meridional.

Los zimbabuenses, obligados a sacrificar demasiadas cosas, son un pueblo fuerte y realista. Su espíritu de comunidad serviría de ejemplo a todo el mundo, al igual que su increíble habilidad para hacer surgir maravillas de la nada: música, arte, artesanía y campamentos con tiendas de lujo en plena naturaleza. Como reciben pocos visitantes, tratarán al viajero como a un rey. Al fin y al cabo, necesitan el turismo.

Zimbabue ya no es tan barato como antes, pero tampoco resulta caro. Lo que espera al llegar es un país encantador, precioso e intrigante. Además, Zimbabue disfruta de uno de los mejores climas del mundo: ni el peor politiqueo podría echar eso a perder.

Fuente: Sur de África 2 (marzo del 2010)