El mundo secreto de los cenotes de la península de Yucatán

Texto por
Philipp Tang, autor de Lonely Planet
Cenote Samulá, península de Yucatán, México
lunamarina_Shutterstock

Los pozos sagrados de los mayas

La península de Yucatán, en Mexico, cuenta con playas de una belleza indiscutible alrededor de Cancún, Playa Del Carmen y Tulum, pero quien quiera refrescarse del sol y del postureo playero, puede escaparse a un mundo secreto de pozas turquesas donde los mayas se comunicaban con los dioses.

Cenote Dos Ojos, cerca de Tulum, península Yucatán, México

© Simon Dannhauer / Shutterstock

 

En estos rincones escondidos se puede nadar en aguas cristalinas ricas en minerales dentro de cuevas mágicas o bajo un cielo cubierto de jungla, y sentirse perdido en otra época. 

Los cenotes son pozas naturales que se forman por el colapso del lecho de roca caliza porosa, que revela un mundo secreto subterráneo de pozas de aguas freáticas. Los mayas veneraban los cenotes porque eran una fuente de agua en épocas de sequía; de hecho cenote significa “pozo sagrado” en maya. Los mayas levantaron aldeas alrededor de estos pozos espirituales, a los que consideraban portales para comunicarse con los dioses.

 

Cenote Samulá, cerca de Valladolid y Chichén Itzá, península de Yucatán, México

© Simon Dannhauer / Shutterstock

 

Hoy todavía se puede ver por qué los cenotes tenían tan maravillados a los mayas. Nadar en sus aguas prístinas es como viajar a la prehistoria, donde gigantescos árboles tropicales y enredaderas forman agrestes muros verdes que parecen catedrales y a través de los cuales se filtran los rayos de sol.

Casi todos los cenotes de cueva tienen agua potable filtrada meticulosamente por la tierra, lo cual hace que sean aguas tan cristalinas y puras que permiten verlo todo, incluso a diminutos peces retozando entre la vegetación acuática. Los fotógrafos submarinos se maravillarán con estas aguas tan transparentes, ideales para captar instantáneas con una claridad de alta definición. Por otro lado, los cenotes a cielo abierto también disponen de aguas cristalinas, pero a menudo albergan algas ricas en vitaminas y minerales que nutren y protegen la piel de los bañistas.

 

1. Cenote Yokdzonot, cerca de Chichén Itzá

Cenote Yokdzonot, cerca de Chichén Itzá, península de Yucatán, México

© Thomas B Lilly / Shutterstock

 

Uno apenas se da cuenta de que el cenote Yokdzonot está ahí. Hay otro cenote, más famoso, a 10 minutos en coche de las pirámides mayas de Chichén Itzá, pero el cenote Yokdzonot solo está 10 minutos más lejos, lo suficiente para que las multitudes y los autobuses turísticos se esfumen. 

Quizá el viajero sea la única persona bañándose en Yokdzonot, o quizá encuentre un puñado de bañistas con los que compartir la maravilla de zambullirse entre pequeñísimos peces bajo la vegetación de la jungla mientras un colibrí revolotea por allí.

Conviene dedicar un buen rato a admirar el cariño con el que la Zaaz Koolen Haa, o la cooperativa aguas cristalinas, un colectivo de mujeres mayas locales, cuidan del cenote Yokdzonot, manteniendo el espíritu cooperativo que ayudó a crear el ecoparque en el cual se halla. Al descender hacia el agua se puede comprobar cómo los senderos que rodean el cenote y cada piedra del camino se trabajaron a mano.

 

2. Cenote Dos Ojos, cerca de Tulum

Cenote Dos Ojos, cerca de Tulum, península Yucatán, México

© Seshat /Shutterstock

 

Este cenote se llama así porque tiene dos pozas de agua: una de ellas azul y clara, y la otra, oscura y cavernosa. Ambas están bien cuidadas, pero la que más llama la atención es la del ‘ojo negro’, porque permite practicar esnórquel sin apenas luz. 

El material de buceo que se puede alquilar en el cenote incluye una linterna que brilla lo justo para ver las estalactitas cuando se sale a respirar un poco de aire. Es un sitio estrecho y claustrofóbico, y la espeleología y la exploración de cuevas no son para todo el mundo, pero resulta emocionante ver como los rayos de luz penetran bajo las aguas, es el complemento perfecto de las pirámides cósmicas del vecino Tulum.

También se puede practicar esnórquel en el otro cenote, pero ¡qué contraste! Allí, al mirar hacia arribar desde las aguas azules y cristalinas, se ve como la luz del sol inunda aquel mundo subterráneo mientras el cuerpo se relaja y el tiempo transcurre despacio. En el Cenote Dos Ojos también se pueden visitar cuevas secas y ver murciélagos acurrucados entre las estalactitas. Para llegar hay que ir en coche o tomar un taxi.

 

3. Cenote Azul, cerca de Tulum y de Playa Del Carmen

Cenote Azul, cerca de Tulum y de Playa Del Carmen, península de Yucatán, México

© Iren Key / Shutterstock

 

Sin atrezos elaborados ni multitudes, el Cenote Azul, a cielo abierto, ofrece un ambiente muy local. Tiene el encanto de un parque temático antiguo: los hay más grandes y flamantes, pero este queda casi a la plena disposición del viajero, porque estará prácticamente solo.

Contemplar de cerca las limpísimas aguas turquesas permite ver a los peces tropicales que nadan a toda velocidad: bajo la superficie se revela un misterioso mundo azul que pide ser explorado por los submarinistas. Es un lugar apto para todas las edades, donde los chavales pueden lanzarse al agua desde un mini acantilado, y donde los que están en menor forma física pueden bañarse en pozas más pequeñas, pasear por los senderos o comentar la jugada desde la banda mientras saborean un tentempié.

Hay pequeñas camionetas locales, llamadas camiones, que por poco dinero transportan a la gente hasta este cenote desde Playa Del Carmen o Tulum.

 

4. Cenote Samulá, cerca de Valladolid y Chichén Itzá

Cenote Samulá, cerca de Valladolid y Chichén Itzá, península de Yucatán, México

© Simon Dannhauer / Shutterstock

 

El Cenote Samulá, en la localidad de Dzitnup, es toda una celebridad muy fotogénica, con sus luces artificiales de colores que palpitan suavemente a través de la cueva, creando un bonito escenario para los bañistas que se zambullen en sus aguas frescas y cristalinas. El momento estelar llega cuando uno mira al cielo y contempla las larguísimas raíces de los árboles que se cuelan por un amplio agujero del techo, a lo lejos. 

La luz del sol penetra desde el portal como un foco de luz que ilumina la cueva y las aguas azules. Mientras, los peces gato mordisquean los pies de los bañistas y los murciélagos revolotean por el aire. Contemplando esta improbable reunión de la naturaleza uno se siente pequeño y poca cosa. Hay un sendero rocoso que desciende hasta el cenote y el agua es tan transparente que, una vez dentro, es posible ver hasta el último rincón de las profundidades de la poza.

 

5. Cenote Ponderosa, cerca de Playa Del Carmen

Cenote Ponderosa, cerca de Playa Del Carmen, península de Yucatán, Mëxico

© Joana Villar / Shutterstock

 

El cenote Ponderosa está rodeado de misterio. También conocido como el Jardín del Edén, era un lugar donde los mayas sacrificaban humanos en honor de su dios y arrojaban ofrendas de jade y oro a las aguas del cenote. ¿Qué es eso que brilla allí al fondo? Probablemente solo sean peces que entran y salen de las cuevas subterráneas, aunque ¿quién sabe? El cenote tiene 15 m de profundidad. Se puede alquilar material de buceo y probar suerte en la búsqueda de tesoros antiguos, quizá se encuentre algún fósil.

Este extenso cenote queda semi cubierto por un techo de roca, como si estuviera esculpido en el lateral del bosque pluvial. Es posible saltar al agua desde el saliente rocoso (pero cuidado, no hay que saltar en la zona que no cubre) y nadar hasta el soleado estanque donde practicar esnórquel. El cenote se encuentra en el fondo de un valle arbolado que preserva la humedad. Resulta abrumador pensar que es una zona que apenas ha cambiado desde la época en la que los antiguos mayas se comunicaban con su dios, con el cielo reflejado en la superficie del agua. 

 

6. Grutas de Loltún, cerca de Chichén Itzá y Tulum

Grutas de Loltún, cerca de Chichén Itzá y Tulum, península de Yucatán, México

© Pe3k / Shutterstock

 

Nadie debería quedarse sin ver el maravilloso mundo subterráneo maya porque no soporte los espacios cerrados o porque no le guste nadar. Las grutas permiten contemplar las vistas de los cenotes sin tener que mojarse. Un buen ejemplo son las Grutas de Loltún, las cuevas más grandes de la península de Yucatán, con un sendero espectacular a través del mundo interior de techos monumentales de México.

Los guías conducen a los visitantes a través de una red de cavernas cubiertas con pinturas rupestres de hace miles y miles de años, raíces de árboles que penetran por el techo en un estallido de luz y estalactitas y estalagmitas que se han unido formando columnas; estas columnas suenan como ‘Lol’ y ‘Tun’ cuando se les dan golpecitos, y ese es, precisamente, el origen del nombre de las cuevas.

 

Y, ¿qué se necesita para visitar un cenote en Yucatán?

Hay que llevar traje de baño, protector solar, agua, sandalias y una toalla; y dejar los objetos de valor en casa. La entrada suele costar unos 100 pesos (sobre unos 5 €; solo efectivo) por persona. Todos estos cenotes tienen vestuario y ofrecen linternas, chalecos salvavidas y material de esnórquel para alquilar. Algunos incluso alquilan bicicletas para explorar los alrededores del cenote. Y como esto es México, siempre hay taxis y puestos de tentempiés cerca.

 

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