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Soñando con la aurora boreal

© María Jesús Tomé
© María Jesús Tomé

El sueño de muchos viajeros es ver (y fotografiar) una aurora boreal. Y digo boreal porque contemplar una aurora austral, la que se produce en el hemisferio sur, es muy difícil ya que hay pocos lugares en los que se pueda contemplar. Pero… ¿qué es una aurora boreal (o polar)? Es un curioso, increíble y sorprendente fenómeno atmosférico provocado por el choque de partículas eléctricas procedentes del Sol con el campo magnético de la Tierra, produciendo haces bailarines de colores variados en los que predomina el verde, el azul o el rosa.

Por su ubicación geográfica, la Laponia Noruega es un buen lugar para verlas y la mejor época para contemplarlas es de finales de septiembre hasta finales de marzo. En la localidad de Tromsø, a unos 350 kilómetros al norte del Círculo Polar Ártico, hay algunas empresas como Arctic Guide Service que organizan excursiones para ver auroras boreales. Yo tuve la oportunidad de embarcarme en dos de sus expediciones, que cuestan aproximadamente unos 100 euros, en las que no solo vi caprichosas y, a veces, huidizas auroras boreales sino que pude comprobar qué bien trabajan los noruegos ya que las salidas están preparadas hasta el más mínimo detalle.

Cada día, estas empresas obtienen las previsiones de actividad de aurora boreal aunque muchos de los expertos saben si se dejarán ver tan solo mirando hacia al cielo. Así, los participantes de estas excursiones son trasladados en un autobús (o en varios autobuses) a lugares alejados de la ciudad, evitando así la contaminación lumínica. Es básico para verlas que la noche esté despejada por lo que los guías siempre van a buscar los sitios donde el cielo está sin nubes.

Pero no solo eso. Los cicerones que acompañan a los nobeles caza auroras son expertos fotógrafos que dan consejos sobre cómo captarlas o incluso configuran las cámaras de los presentes para poder tomar una instantánea para llevarse ufanos a casa. Durante estas excursiones, que duran aproximadamente siete horas, se visitan de tres a cuatro emplazamientos en los que es posible divisar auroras boreales. El autobús está equipado con un baño y durante la excursión se hace un descanso en el que se ofrece chocolate caliente y unas galletas que son muy bien recibidas por los asistentes. Y es que las noches de marzo en Tromsø son frías (yo estuve a -10º) y eso que es una localidad costera que está amparada por la Corriente del Golfo que templa sus temperaturas, ya que en el interior de la Laponia Noruega pueden llegar a -25º sobre estas fechas. Por lo que ir bien abrigado y por capas es vital para no acabar aterido por el frío.

El colofón de la excursión es, obviamente, ver una aurora boreal. Y yo tuve la suerte de contemplarlas dos noches seguidas. La primera vez que ves este fenómeno te quedas embobado mirando al cielo y eso que las que se dejaron ver al comienzo de la noche no eran muy intensas. Con deciros que casi me olvido de fijar la cámara en el trípode. Me daban ganas de tirarme en la nieve y verlas en silencio como si de un espectáculo pirotécnico se tratara. La segunda noche, no obstante, las auroras bailaron con más intensidad y pude retratarlas con mi cámara. Esas fotos las guardo como si de un tesoro se tratara pero debo reconocer que las mejores instantáneas las tengo en mi memoria. Por eso hay que ir a verlas.

Texto: Maria Jesús Tomé

Fotos: Maria Jesús Tomé

Categoría: GRANDES VIAJES

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