Nueva Zelanda

Viajar a Nueva Zelanda

Probablemente este país no sea, al menos físicamente, un completo desconocido para el lector, pues ahí están las imágenes de la Nueva Zelanda de los anuncios turísticos o los impresionantes paisajes de la película El señor de los anillos y de los documentales de naturaleza. Puede que el futuro visitante también esté al tanto de su fama como destino de aventura y acción, no en vano se trata del lugar donde se inventaron el salto con cuerda elástica, el rafting en aguas subterráneas y el zorbing. Incluso quizás alguno hasta esté al tanto de la postura antinuclear, pasión por el rugbi o afición a las ovejas de esta tierra de las antípodas, y hasta haya degustado su cordero, rica mantequilla o una copa de sauvignon blanc de la zona de Marlborough.

Pero, a pesar del perfil cada vez más presente de Nueva Zelanda en la escena internacional, la visita a este país tan lejano adquiere una dimensión que suele pasar desapercibida a los interesados en conocerlo: el neozelandés medio desea que el visitante se lo pase realmente bien. En palabras de un imperecedero proverbio maorí: “He aha te mea nui o te ao? He tangata! He tangata! He tangata!” (“¿Qué es lo más importante del mundo? ¡Es la gente! ¡Es la gente! ¡Es la gente!”).

Por supuesto, esto no significa que todo el mundo ande por la calle exhibiendo sonrisas forzadas y abrazando árboles. Un corto trayecto en automóvil por las carreteras de Auckland enseguida disipará esta idea. Además, los neozelandeses, como el resto del mundo, también se hallan inmersos en su propia lucha para desprenderse del pesimismo generado por la crisis económica que ha llevado a su economía a la recesión y propiciado el aumento del paro.

Es increíble lo que puede pasar en un par de años. En la última edición de esta guía, se resaltaba la fortaleza económica, la baja tasa de desempleo, los altos ingresos por exportaciones agrícolas y el cuantioso superávit del presupuesto nacional. Entonces, la dura pero respetada Helen Clark era su primera ministra. En el 2008, justo cuando en EE UU Barack Obama sustituía a George Bush en la presidencia, Nueva Zelanda exponía de nuevo su actitud típicamente contraria a las tendencias mundiales al pasar de un gobierno de centro izquierda a otro de centro derecha.

El sucesor de la Sra. Clark es John Key, un primer ministro que surfea sobre una ola de popularidad debido en gran parte a su imagen de ciudadano amable. Key es ese tipo fotografiado, cerveza en mano, ofreciendo una barbacoa al futuro rey de Nueva Zelanda, el príncipe Guillermo, o el hombre corriente que tropieza en las escaleras o que se rompe el brazo durante la celebración del Año Nuevo chino. Su carácter tranquilo dice tanto de la forma de vida neozelandesa como la inclinación de su predecesora por la naturaleza y la montaña.

Pero al margen de la política, lo que realmente preocupa a la mayoría de los kiwis, como popularmente se conoce a los neozelandeses, es el rugbi. En el 2011, el país albergará la Copa del Mundo de Rugbi (RWC), por lo que, tanto si se viaja a Nueva Zelanda antes, durante o después del torneo, muy probablemente se acabará harto de tanto oír hablar de este deporte.

El rugbi juega un papel especial en la conciencia nacional neozelandesa. Los All Blacks son su mejor representante (con un récord de 74% de victorias), aunque solo hayan alzado la copa del mundo en una ocasión. Después de otra deslumbrante derrota en Francia en el 2007, de nuevo los All Blacks están determinados a redimirse a sí mismos en tierra patria. En aquel momento, el orgullo patrio acusó un duro golpe, y, consternados, los propios kiwis no cesaban de repetirse: “Somos malos hasta en la única cosa en que somos buenos”.

Hoy, esta situación ha cambiado un poco, pues Nueva Zelanda es la campeona actual del mundo de la liga de rugbi (sí, es otro campeonato) y también de su versión femenina, además de subcampeona en netball. Además, mientras se preparaba la edición española de la presente guía, la selección nacional fútbol ya había disputado –aunque sin demasiado éxito– su segundo Campeonato del Mundo de Fútbol.

Pero todos esos logros palidecerán si el país alcanza las rondas finales de la Copa del Mundo de Rugbi por quinta vez consecutiva. Así, si se visita Nueva Zelanda en la primavera del 2011, habrá que ir equipado con suficientes pañuelos para consolar a todo un país, o, en caso de victoria, esperar una histeria colectiva.

Pero frente a la imagen ruda del rugbi, el otro icono nacional es todo lo contrario: suave, esponjoso… y está para relamerse. Si Nueva Zelanda ha construido su orgullo nacional sobre el susodicho deporte, puede asegurarse que su economía se ha cimentado en las ovejas. En 1982, el país acogía a 70,3 millones de ovejas, es decir, 22 por persona. Desde entonces, la desaparición de las ayudas oficiales y la lucrativa industria de los productos lácteos (ganado vacuno) ha propiciado una reducción dramática de este animal, lo que ha dejado a cada neozelandés en compañía de menos de ocho ovinos.

Lo malo es que las vacas, además de no ser tan cándidas como las ovejas, dejan una huella de carbono mucho mayor. Su cría requiere métodos más intensivos, lo que incluye más fertilizante, alimento y agua. Además, el metano generado por los siete millones de vacas que pastan en la nación representan una gran proporción de las emisiones de efecto invernadero del país, algo que llevó al anterior Gobierno a considerar un “impuesto sobre los pedos”.

De momento, estos gases salen gratis, y, sea cual sea la prognosis de la economía o del rugbi, el visitante tiene garantizado un recibimiento cálido por parte de la mayoría de neozelandeses, que sin duda se mostrarán encantados compartir su espectacular país con los viajeros, y de paso contemplarlo de nuevo a través de los ojos foráneos, pues nunca se cansan de que les recuerden la belleza salvaje de sus playas, montañas, fiordos, glaciares, bosques y regiones termales. Aunque también es cierto que el viajero, una vez que haya experimentado estos monumentos naturales, tampoco se cansará de repetírselo.

Fuente: Nueva Zelanda 2 (septiembre del 2010)