San Petersburgo

Viajar a San Petersburgo

Bella, compleja y soberbia, San Petersburgo es, con su temperamento hedonista y creativo, la gran diva de Rusia. Desde sus orígenes como ciénaga, esta ciudad de 300 años de antigüedad ha visto pasar muchos gobernantes y ha soportado infinidad de castigos. En constante necesidad de restauración, pero con una despreocupada actitud festiva, “Piter”, como la llaman cariñosamente sus ciudadanos, es una seductora nata.

La cuarta ciudad más grande de Europa ofrece magníficas arias visuales. El río Neva y los canales reflejan fachadas intactas de palacios, mansiones e iglesias de los ss. xviii y xix, además de una fascinante colección de centros culturales, con el Ermitage a la cabeza. Un marco que ha inspirado a muchos artistas rusos, como los escritores Pushkin, Gógol y Dostoievski, o los compositores Rajmáninov, Chaikovski y Shostakóvich.

“San Petersburgo está en Rusia, pero no es rusa”. Estas palabras del zar Nicolás II aun resuenan. La ciudad sigue siendo una “ventana a Occidente”, un híbrido fascinante donde un día se puede asistir a un espectáculo de música tradicional rusa o visitar una impresionante iglesia ortodoxa, y al siguiente bailar en una discoteca alternativa o admirar obras de arte contemporáneo en una panadería rehabilitada.

Los largos días de verano de las Noches Blancas son particularmente especiales: el agua mana de las fuentes; los parques y jardines se llenan de color; y los lugareños salen a las calles a divertirse. Por otra parte, con un poco de preparación, el duro invierno también tienen su encanto, una estación perfecta para que cuerpo y mente entren en calor al abrigo de todos sus museos y palacios.

Fuente: Rusia 2 (marzo del 2009)