Malta

Viajar a Malta

Prehistórica y futurista

Malta y Gozo atesoran algunos de los yacimientos prehistóricos más impresionantes del mundo, como templos gigantescos sobre acantilados y el hipogeo de Hal Saflieni: una necrópolis subterránea de 5000 años de antigüedad excavada en roca viva.

La posición geoestratégica de Malta ha hecho que su historia quede marcada por las guerras. Aún hoy se percibe en las islas sensación de asedio: ciudades amuralladas, poderosos bastiones, fortificaciones que surcan remotas montañas, y una maraña de túneles que se convirtieron en segundas viviendas durante la II Guerra Mundial.

Aunque el construir sobre un paisaje ya congestionado es una actividad muy del gusto de los malteses, muchas partes de la isla conservan un aire de intemporalidad. Esta atmósfera de tiempos pretéritos se acentúa más si cabe en Gozo, donde a veces se ven caballos y carretas en carreteras rurales, y en pueblos tranquilos donde la arquitectura italiana se combina con incongruentes buzones rojos y comisarías con faroles azules, de raigambre tan inglesa. Últimamente, sin embargo, la bella capital del s. XVII, La Valeta, se ha remozado a fondo para darle un lustre del s. XXI, y hoy exhibe una nueva entrada proyectada por Renzo Piano, un edificio del Parlamento y un auditorio al aire libre sobre las ruinas del teatro de la ópera.

El mar

Aquí el Mediterráneo nunca queda lejos; en Gozo se ve el mar casi desde todas partes. Las playas de la isla son pequeñas y de forma perfecta, también hay bellísimas calas donde nadar. Este es, además, uno de los mejores sitios del mundo para el buceo, con zonas de inmersión que van desde pecios de bombarderos de la II Guerra Mundial hasta espectaculares cuevas. Por último, buena parte de lo que se come procede del mar.

Cóctel mediterráneo

La gente es cálida y acogedora, pero también algo reservada; es de esos sitios donde si el viajero pregunta una dirección, le responderán con amabilidad y quizá incluso le guíen durante parte del camino.

El país es católico a ultranza, con iglesias presidiendo pueblos diminutos, aunque se aprecia la cautivadora mezcla de culturas fraguada durante generaciones. El maltés suena a árabe, pero está trufado de palabras italianas, francesas e inglesas, y la comida amalgama sabores sicilianos y de Oriente Próximo empleando ingredientes del país como conejo y miel. La historia revive incluso en las barcas de los pescadores, cuyas proas están pintadas con ojos, como las de sus antecesores fenicios varios milenios atrás.

Fuente: Malta y Gozo (febrero del 2013)