Luxemburgo

Viajar a Luxemburgo

Con una extensión de apenas 84 km y su imagen rural, este país rompe moldes. Se sitúa entre los tres países más ricos del mundo y es todo un símbolo de recuperación tras los estragos de la Segunda Guerra Mundial. La historia se recuerda en los museos de la guerra de todo el país, sobre todo en Diekirch. El milagro económico luxemburgués se inició con el acero, pero actualmente se centra en el sector financiero. Los belgas bromean con que solo se va a Luxemburgo a sacar dinero. En realidad, ellos y los neerlandeses escogen los pueblos del Gran Ducado como destino de fin de semana para hacer excursiones, cenar en sus auberges o recorrer los serpenteantes caminos del interior en motocicleta.

La capital no es solo territorio de banqueros y eurócratas. Su centro histórico, colgado en lo alto de un risco y nombrado Patrimonio Mundial por la Unesco, es de cuento de hadas. Desde este promontorio se ven valles y desfiladeros que durante siglos fueron la clave de su defensa. Por debajo quedan el antiguo barrio de Grund y la nueva zona de ocio de Clausen. En la ciudad los palacios clásicos se combinan con museos de vanguardia; los cafés clásicos con las torres de cristal de Kirchberg; las callejuelas del barrio de la estación con elegantes boutiques y los hoteles de los años setenta conviven con fulgurantes restaurantes con estrellas Michelin. En sus Ardenas, los pueblecitos más seductores del país se apiñan a los pies de castillos medievales.

Fuente: Bélgica y Luxemburgo 1 (junio del 2010)