Letonia

Viajar a Letonia

Quienes busquen un destino europeo no demasiado conocido encontrarán en Letonia –adorada por sus coros y arquitectura art nouveau– el estímulo perfecto para los sentidos.

Encajada entre Estonia al norte y Lituania al sur, Letonia es el sabroso relleno del sándwich báltico. A esto hay que añadir los pinos del valle del Gauja, salpicado de castillos en ruinas; las bulbiformes cúpulas catedralicias que surgen por todo el país; el meloso pop ruso retumbando en las playas; y la sal de Riga, el chispeante nexo cosmopolita de Letonia y capital no oficial de todo el Báltico.

Los letones suelen ponerse poéticos al hablar de su país, al que llaman la “tierra que canta”. Muchos tienen voces sorprendentemente agradables, algo que parecieran llevar en los genes; y su repertorio de canciones tradicionales es la fuente que alimenta su espíritu indomable. Los letones llevan cantando por la libertad desde las protestas conocidas como la “Revolución Cantada”, durante la época soviética, y actualmente celebran cada cinco años el espectacular Festival de la Canción y la Danza, que reúne a miles de intérpretes de toda la región.

Fuente: El mundo (octubre del 2015)

El que en su día fue un país ex soviético de nuevo cuño se ha convertido rápidamente en una sociedad librepensadora con muchas ganas de hacerse un sitio en el mercado global. Mientras Estonia busca similitudes con Escandinavia y Lituania parece apuntar a la modernidad de Polonia, Letonia mira en todas direcciones porque reúne un magníficocaleidoscopio de ideas. 

Las turbulencias económicas han sacudido el país, pero de los escombros ha brotado una subcultura de artistas. Tras perder sus empleos, muchos lugareños buscaron el bienestar en sus aficiones y transformaron sus pasatiempos en carreras a jornada completa. La repentina explosión de arte local ha dado lugar a una época floreciente de vanguardismo, especialmente en Riga.

De toda la paleta de artes plásticas de Letonia, los viajeros se quedarán patidifusos ante la enorme cantidad de edificios art nouveau de Riga, hay más que en cualquier otra ciudad europea: 750 y van sumando.

El pueblo letón adora la naturaleza y sigue incorporando sus ancestrales tradiciones y costumbres paganas a la vida cotidiana. Las supersticiones son bastante comunes y suelen estar vinculadas a la fauna y flora que comparten la tierra. En muchos pueblos de Letonia, las familias colocan altos maderos en su jardín para atraer a las cigüeñas, de las que se cree que traen los niños. A los letones les encantan las flores; si se va a alguna fiesta de cumpleaños o se va como invitado a casa de alguien, siempre hay que llevar un ramo (siempre con flores impares ya que las pares se reservan para los funerales).

Los letones, aunque no suelen saludar a desconocidos en la calle, son gente simpática y hospitalaria. Las generaciones más jóvenes son casi siempre trilingües y hablan letón, ruso e inglés.

Fuente: Estonia, Letonia y Lituania 2 (octubre del 2012)

POR QUÉ IR A LETONIA en el 2016, según Lonely Planet