Gales

Viajar a Gales

La frase “lo bueno viene en envase pequeño” quizá suene a tópico, pero en el caso de Gales es una verdad innegable.

Con un territorio apretado pero de gran diversidad geológica, Gales ofrece un sinfín de oportunidades para escaparse a la naturaleza.

Quizá no sea salvaje en el sentido clásico –el hombre lleva milenios moldeando esta tierra–, pero hay muchos rincones preciosos que explorar detrás de las montañas, en los valles fluviales y a lo largo de los arrecifes batidos por el oleaje. Una extensa red de senderos convierte a Gales en un paraíso para los excursionistas. Más indómitas son las islas diseminadas frente a la costa, algunas son importantes reservas naturales.

Los castillos forman sin duda una parte ineludible del paisaje característico de Gales; se podría visitar uno distinto cada día y no verlos todos.

También hay piedras más inescrutables y mucho más antiguas que descubrir: círculos de piedras, dólmenes y monolitos erigidos mucho antes de que se soñara con los castillos, antes incluso de que se escribiera la historia.

Aparte del paisaje y los castillos, es el trato con los galeses lo que más perdurará en el recuerdo del viajero.

Fuente: El mundo (octubre del 2015)