Eslovaquia

Viajar a Eslovaquia

Tierra de espíritu genuino, en Eslovaquia las tradiciones populares han sobrevivido a la dominación extranjera y numerosos castillos y ‘chateaux’ dan fe de incontables guerras y conflictos civiles.

Fortalecida tras dos décadas como estado independiente tras el fin de Checoslovaquia, supera a la República Checa en número de castillos antiguos y posee una naturaleza mucho más agreste. Aquí prefieren el vino a la cerveza y su retraído núcleo central, entre bosques y montañas, alberga una fascinante cultura popular hoy perdida en la mayoría de las naciones europeas.

Su reducido tamaño es quizá su mejor baza. El viajero puede recorrer boscosos cañones llenos de cascadas un día y al siguiente escalar cimas de más de 2500 m.

Bratislava, su coqueta capital, está llena de peculiares museos y rodeada de espesos bosques. Su laberíntico casco antiguo podría alzarse con el premio mundial al mayor número de cafés por habitante.

Se aconseja no perderse el este, con fortalezas que dominan ciudades medievales ricas en tradiciones, como Levoča o Bardejov, y senderos que unen sus colinas.

En Eslovaquia, al entablar conversación en un bar, el viajero hallará gente inteligente, atractiva y cordial. Al tomar un slivovica (brandy de ciruela parecido al aguardiente) hay que brindar diciendo ¡nazdravie!

Fuente: El mundo (octubre del 2015)