Escocia

Viajar a Escocia

Como un buen whisky de malta, Escocia encandila al viajero con una sugestiva mezcla de espectacular paisaje y sofisticadas ciudades, de penetrante brisa marina y oscuras aguas de turba, de aventura al aire libre y apasionante historia.

 

Aventura al aire libre

Escocia alberga uno de los mayores páramos naturales que quedan en Europa occidental, un refugio para la fauna y la flora donde se puede contemplar a las águilas planear sobre los lochs y las montañas del norte de las Highlands, a las nutrias voltearse entre las algas en las costas de las Hébridas Exteriores y a los rorcuales aliblancos irrumpir entre bancos de caballa cerca de la costa de Mull. También es un territorio que invita a la aventura, donde se puede caminar por las mesetas de tundra de los Cairngorms, hacer equilibrios por las estrechísimas crestas suspendidas entre las rocosas cimas de los Cuillin, navegar en kayak entre las islas de las Hébridas Exteriores habitadas por focas, y dar un rápido paseo en lancha entre las aguas blancas del remolino de Corryvreckan. Además, se trata de un lugar que cambia según las estaciones, por lo que siempre que se visita ofrece algo nuevo. La primavera viene cargada de campanillas liliáceas en los bosques que rodean el Loch Lomond, mientras que, en verano, las playas de las Hébridas presumen de su arena dorada y sus aguas turquesa como si se tratase del Caribe. Octubre aporta un derroche de colores otoñales en los bosques de Perthshire y el invierno, una fina capa de crujiente nieve que cubre majestuosa los montes del Glen Coe.

 

Una larga historia

Escocia es una tierra con una rica y variada historia; un lugar en el que cada rincón del paisaje está anclado en el pasado: una granja desierta a las orillas de una isla, una llanura que fue campo de batalla, una playa donde los vikingos desembarcaban, una cueva que sirvió de refugio a Bonnie Prince Charlie. Cientos de castillos, desde las sencillas pero imponentes torres de Smailholm y Hermitage hasta las elaboradas fortalezas amatacanadas de Caerlaverock y Craigmillar, atestiguan el pasado turbulento del país. Son batallas que jugaron un papel vital en la formación de una nación, que se recuerdan y reviven en lugares como Bannockburn y Culloden. Museos y galerías como Kelvingrove en Glasgow, Discovery Point en Dundee y el Museo Marítimo de Aberdeen rememoran la influencia de ingenieros, artistas, exploradores, escritores e inventores escoceses en el mundo moderno.

 

El sabor de Escocia

Pero no solo viajan a las brumosas costas escocesas los amantes de la historia y la adrenalina. Cada vez son más los viajeros que han descubierto que los restaurantes han superado su mala reputación de comida frita y servicio antipático, y ya compiten con los mejores de Europa. Se profesa cada vez mayor respeto a los productos locales de alta calidad, lo que significa que se puede disfrutar de marisco fresco a las pocas horas de su captura, y de ternera y venado que se han criado a solo unos kilómetros del restaurante, así como de hortalizas cultivadas en el huerto macrobiótico del propio hotel. Todo ello maridado con un buen whisky de malta, rico, evocador y complejo, el verdadero sabor de Escocia. 

Fuente: Escocia 5 (marzo del 2011)