Bélgica

Viajar a Bélgica

Histórica, rebosante de arte de vanguardia, políglota... Bélgica, un pequeño país situado en el noroeste de Europa.

Los estereotipos en cuanto a los cómics, las patatas fritas y el chocolate no son más que el preámbulo a un país que ha producido durante siglos algunas de las obras cumbre del arte y la arquitectura europeas.

La bilingüe Bruselas no solo destaca por ser la capital de la UE, sino también por albergar la que quizá sea la plaza más bella del mundo. La llana Flandes, de habla neerlandesa, alberga muchas otras ciudades medievales seductoras. En la ondulada región francófona de Valonia, los atractivos ponen el contrapunto rural: pueblos con castillos, actividades al aire libre y redes de cuevas.

Los belgas son maestros en la producción de bocados típicos, incluidos algunos de los chocolates más tentadores del mundo o los mejillones al vino, que se sirven con crujientes frites (patatas fritas). No hay que olvidarse de la cerveza, cuya elaboración es casi un arte místico, como atestiguan los monasterios donde aún se producen extraordinarias variedades.

RIQUEZAS CULTURALES

Más de 60 lugares protegidos por la Unesco destacan en su arquitectura urbana medieval. Además, museos interactivos, castillos y cuevas, la práctica del kayak, experiencias en instalaciones industriales y playas. La región fue un temprano crisol de la pintura europea y su creatividad no ha menguado desde entonces. Su patrimonio artístico abarca desde los primitivos flamencos, la voluptuosidad de Rubens y las curvas del art nouveau hasta el surrealismo del s. XX, más algunas figuras que han traspasado las fronteras en el s. XXI. La cultura popular presenta también rasgos surrealistas; el carnaval de Bélgica es de los más insólitos del mundo.

CIUDAD Y CAMPO

Bélgica es un país con dos mitades bien diferenciadas. Las históricas ciudades “arte” de Flandes (norte de Bélgica), donde se habla neerlandés, seducen con sus campanarios medievales, plazas, casas de tejados escalonados y canales, todo ello intercalado con soberbios museos y pinacotecas. Están muy próximas entre ellas y muy bien comunicadas en transporte público. Por el contrario, muchos atractivos de la francófona Valonia (sur de Bélgica) son rurales: cuevas, castillos y valles bucólicos. Alojarse en posadas campestres y visitar los lugares de interés contribuyen a vivir una experiencia deliciosa si se viaja en automóvil o se tienen piernas fuertes para pedalear. Sin embargo, si se está limitado al transporte público, con servicios irregulares y poco frecuentes, costará apreciar el encanto de la zona.

PATATAS FRITAS Y CHOCOLATE

Los belgas producen una gran variedad de exquisiteces, entre ellas algunos de los chocolates más deliciosos del planeta. Los mejillones al vino se sirven con crujientes frites (patatas fritas en dos tiempos). A esto, por supuesto, se añade la cerveza. La fabricación de esta bebida en monasterios que elaboran todavía algunas de las mejores variedades, siguiendo recetas antiquísimas, es pura mística. ¡Hay que beberla lentamente!

Fuente: El mundo (octubre del 2015) y Bélgica y Luxemburgo 2 (julio del 2013)