Turquía

Viajar a Turquía

Una tierra rica en historia, de sabrosa cocina, con una de las más grandes ciudades del mundo, y escenario de playas de arena blanca y vertiginosas montañas.

 

Una historia épica

El viajero que llega a Türkiye (Turquía) lo hace tras los pasos de grandes personajes históricos. Los sultanes otomanos se deleitaban en el palacio Topkapı, en Estambul, rodeados de cortesanos aduladores, mujeres del harén, eunucos y riquezas de un imperio que se extendía desde Budapest hasta Bagdad.

Siglos antes, los cristianos bizantinos habían excavado iglesias-cueva en las chimeneas de hadas de Capadocia, y se ocultaban de los ejércitos islámicos en ciudades subterráneas.

Durante el transcurso de los milenios, los hititas levantaron las murallas de Hattuşa, en la estepa anatolia; los romanos trazaron la Vía de los Curetes en Éfeso; los derviches danzaron al ritmo del misticismo sufí; y los misteriosos licios dejaron ruinas en las playas del Mediterráneo. Por Turquía han pasado las principales figuras de la historia antigua, incluido Julio César, quien ‘vino, vio y venció’ cerca de Amasya; y san Pablo, que recorrió el país para evangelizarlo.

 

Riqueza cultural

Los habitantes de Turquía son tan memorables como su país. Extrovertidos, de todos sus países vecinos –desde Azerbaiyán hasta Bulgaria– son los que más tienen en común con sus apasionados vecinos del sur de Europa. También se sienten muy orgullosos de su legado, lógicamente, y saben mucho de muchas cosas (aunque no respondemos de su exactitud), desde kílims (alfombras decoradas) hasta la cúpula flotante de Santa Sofía. La larga historia del país le ha valido una riqueza cultural notable y sumergirse en ella es tan fácil como entregarse al vapor de un hammam selyúcida u otomano, comer un kebab y saborear las influencias de la Ruta de la Seda, o visitar antiguas ruinas esparcidas por campos, bahías y montañas.

 

Paisajes y actividades

Detrás de los estereotipos de kebabs, alfombras y hábiles comerciantes bigotudos de bazar, la mayor sorpresa para los que visitan el país por primera vez es su gran diversidad, desde las playas egeas a las montañas orientales. En Estambul se puede navegar –además de por el Bósforo y por sus mercados y locales nocturnos– por una metrópolis occidental que ofrece romanticismo y locura de multitudes a partes iguales. En los destinos vacacionales, como Capadocia y las costas del suroeste, el excursionismo y los deportes acuáticos se combinan con degustaciones de mezes (entrantes) en terrazas con vistas panorámicas. También hay zonas poco frecuentadas, donde puestos fronterizos de color miel vigilan las llanuras de la antigua Mesopotamia, y donde el viento esculpe formas que dotan de lirismo a los paisajes montañosos.

No es sorprendente que Turquía haya atraído a tantos viajeros siglo tras siglo. ¡Afortunado el viajero que va a descubrirla por primera vez!

Fuente: Turquía 6 (marzo del 2011)