Tailandia Historia

Historia

Ascenso de los reinos thai

Al parecer, los primeros thais emigraron del suroeste desde las actuales Yunnan y Guangxi (China) hasta lo que hoy se conoce como Tailandia. Se asentaron en los valles fluviales y formaron pequeñas comunidades agrícolas que acabaron por caer en manos del expansionista Imperio jemer de la actual Camboya. Lo que hoy es el sur de Tailandia, junto a la península de Malaca, estaban dominados por el imperio de Srivijaya, cuyo trono estaba en Sumatra.

En los ss. xiii y xiv nació el primer reino thai: Sukhotai (que significa “felicidad creciente”), que empezó a minar el frágil Imperio jemer. Sukhotai es la simiente cultural y artística del moderno Estado tailandés.

Sukhotai pronto quedó eclipsado por otra potencia local, Ayutthaya, fundada por el príncipe U Thong en 1350. Este nuevo centro se convirtió en un puerto cosmopolita en la ruta comercial asiática, cortejado por varios países europeos. El pequeño país se las arregló para zafarse de cualquier intento de dominio extranjero, entre ellos el orquestado por un oficial de la corte tailandesa, un griego llamado Constantine Phaulkon, quien pretendía favorecer a los franceses. La invasión birmana de 1765 terminó con 400 años de dominio de Ayutthaya y sus 34 reinados consecutivos, derrocó al monarca y arrasó la capital.

Al final los tailandeses reconstruyeron la capital en la actual Bangkok, fundada por la dinastía Chakri, aún en el trono. Mientras el imperialismo occidental barría la región, el rey Mongkut o Rama IV [1851-1868] y su hijo y sucesor el rey Chulalongkorn o Rama V [1868-1910] lograron guiar al país por la modernidad evitando convertir al país en un vasallo colonial. A cambio de seguir con su independencia, el rey Chulalongkorn cedió enormes extensiones de Laos y Camboya a la Indochina francesa, una pérdida territorial sin precedentes en la historia de Tailandia.

Una democracia en apuros

En 1932, un pacífico golpe de estado convirtió el país en una monarquía constitucional, vagamente inspirada en el modelo británico. Desde entonces se han sucedido las luchas por el poder entre las tres facciones: el Gobierno electo, los líderes militares y la monarquía respaldada por los aristócratas. De vez en cuando estos grupos forman efímeras alianzas basadas en desacuerdos comunes con la oposición que dan como resultado una pacífica toma militar del poder, a veces apodada golpe de Estado “suave como la seda”.

A mediados del s. xx, los militares dominaron la esfera política con mano anticomunista y mucha ineficacia, suprimiendo la representación democrática y los derechos civiles. En 1973, los estudiantes se manifestaron para conseguir una Constitución de verdad y la liberación de los disidentes políticos. Se impuso una breve tregua en la que se restablecieron el derecho al voto y la censura se relajó. Pero en octubre de 1976, se sofocó brutalmente una manifestación en el campus de la Universidad Thammasat de Bangkok, con centenares de heridos y el restablecimiento del poder autoritario. Muchos activistas pasaron a la clandestinidad y se alistaron a los grupos armados de insurgentes comunistas que se escondían en el noreste.

En la década de 1980, al debilitarse la amenaza comunista en la región, el primer ministro Prem Tinsulanonda, amparado por los militares, estabilizó el país y lo orientó hacia una democracia representativa. Pero en 1991 los militares reaparecieron para derrocar el Gobierno elegido democráticamente; este fue el 10º golpe de Estado victorioso desde 1932. En mayo de 1992, masivas manifestaciones encabezadas por el carismático gobernador de Bangkok, Chamlong Srimuang, tomaron las calles de Bangkok y de las capitales de provincia más grandes. El mayor derramamiento de sangre se produjo en el monumento a la Democracia de Bangkok, con casi medio centenar de muertos y la restauración de un gobierno civil.

Más de lo mismo pero diferente

Con el cambio de milenio, el frenesí golpista parecía tocar a su fin. Los gobiernos elegidos en las urnas han supervisado la promulgación de la 16ª constitución de Tailandia, o “Constitución del Pueblo” porque fue la primera carta magna en la historia del país que no había sido promulgada por un Gobierno militar. El país se recuperó de la crisis financiera asiática de 1997 y entró en una etapa estable de prosperidad a principios de la década del 2000. En el 2001, se eligió presidente del país al magnate de las telecomunicaciones Thaksin Shinawatra y a su partido populista Thai Rak Thai, quienes gobernaron como partido único y funcionó bien durante los primeros cinco años. Con poca oposición política, Thaksin se consolidó en el poder en todos los flancos del Gobierno, impidiendo las críticas de la prensa y el escrutinio de su Administración.

En el 2006 se acusó a Thaksin de abuso de poder y de favorecer sus intereses personales, sobre todo por la venta de su empresa familiar, la Shin Corporation, a Singapur por 73000 millones de bahts (1880 millones de US$), lo que supuso unas plusvalías libres de impuestos gracias a las leyes dictadas por él mismo. Mientras tanto el proletario y el campesinado se pusieron de su lado, subrayando la histórica división de clases dentro de la sociedad tailandesa.

Entre bastidores, los militares y los aristócratas sellaron un compromiso de lealtad que desembocó en el golpe de Estado del 2006 que mandó al exilio al carismático primer ministro. Al principio, el golpe se anunció como un paso necesario para que el país se librara de un dictador electo y de una cleptocracia. Los militares se pasaron el siguiente año intentando “limpiar la casa” del partido político de Thaksin (Thai Rak Thai), pero lo único que consiguieron fue que el partido regenerado (y rebautizado) fuera reincorporado a las elecciones democráticas del 2007. Como respuesta, los aristócratas, organizados bajo un grupo autoproclamado el Alianza Popular por la Democracia (PAD, en sus siglas en inglés) pero a menudo apodado “camisas amarillas”, estaban descontentos con el regreso de los representantes políticos de Thaksin y orquestaron masivas protestas en Bangkok que tomaron el Parlamento y cerraron dos aeropuertos de la ciudad durante una semana en noviembre del 2008. Esto asestó un golpe a la economía del país precisamente cuando la crisis financiera estadounidense mutaba en una recesión mundial.

El Tribunal Constitucional se puso del lado de las exigencias del PAD e inhabilitó al partido gobernante (y elegido por sufragio universal) por un tecnicismo. En diciembre del 2008 se formó una nueva coalición, encabezada por Abhisit Vejjajiva, formado en Oxford y líder del partido demócrata, y así se nombró al cuarto primer ministro del año. Los partidarios de Thaksin lo consideraron un golpe de Estado silencioso.

La facción partidaria de Thaksin (conocidos como “camisas rojas”) contraatacó con una desafiante manifestación después que el Tribunal Supremo de Tailandia ordenara la confiscación de 46000 millones de US$ de la fortuna de Thaksin por abuso de poder. En marzo del 2010 miles de camisas rojas ocuparon la zona comercial del centro de Bangkok durante dos meses. Los líderes de la protesta pidieron la disolución del Gobierno y la convocatoria de nuevas elecciones. En mayo del 2010, el Ejército usó la fuerza para disolver a los manifestantes, con el resultado de 91 muertos y cuantiosos destrozos en el centro urbano (estimados en 1500 millones de US$). Para evitar futuros enfrentamientos entre el Ejército y los civiles, se convocaron elecciones en el 2011 y el partido políticamente aliado a Thaksin ganó con una clara mayoría.

La monarquía

Más complicado resulta la enfermiza salud del venerado rey Bhumibol Adulyadej (Rama IX, n 1946), quien definió el nuevo papel político de la monarquía como figura paternal que actuaba con sabiduría intuitiva en momentos de crisis política. A la edad de 83 años, el rey es el monarca más longevo en funciones del mundo, pero como su salud empeora cada día, su papel en la sociedad también pierde fuerza. Durante los últimos enfrentamientos políticos, la monarquía y el Ejército estaban claramente alineados contra el fruto de la democracia y el ahora depuesto Gobierno de Thaksin se consideraba una amenaza para el traspaso tranquilo de la corona de padre a hijo, el príncipe heredero Vajiralongkorn.

 

Fuente: Sureste asiático 3 (julio del 2012)