Myanmar

Viajar a Myanmar

“Esto es Birmania”, escribió Rudyard Kipling. “Un lugar como ningún otro conocido”. Y acertó de pleno: más de un siglo después, Myanmar sigue siendo un mundo aparte.

Surrealista y tradicional

Hombres con faldas longyi, mujeres cubiertas de thanakha (maquillaje tradicional) y abuelitas mascando betel, con la boca llena de jugo color sangre... Lo más fascinante de viajar a Myanmar es disfrutar de un rincón de Asia que en ciertos aspectos ha cambiado poco desde la época colonial británica. Además es un país lleno de lugares increíbles y, a veces, surrealistas: basta contemplar las 4000 stupas sagradas en las llanuras de Bagan; observar incrédulos la Roca Dorada que oscila de un modo imposible sobre el abismo; pasear en coche de caballos entre mansiones coloniales; conocer a monjes de talentos múltiples que enseñan a saltar a sus gatos, o a las habladoras ancianas chin, con elaborados tatuajes en los rostros.

Pequeños placeres

Un viaje por Myanmar es como retroceder en el tiempo; por ejemplo, no hay cajeros automáticos y la gente aún usa caballos y carros para desplazarse. Lo mejor es olvidar el móvil –no funcionan– e Internet –hay conexiones, pero lentísimas– y descubrir su cultura. Hay muchas opciones: dejarse arrastrar por la corriente del Ayeyarwady en un viejo barco de vapor, contemplar la playa en la bahía de Bengala o recorrer pinares hasta los pueblos de las minorías tribales de las colinas Shan; o bien explorar la variada cocina nacional: desde un suculento cuenco de fideos mohinga para desayunar hasta una mezcla fermentada de hojas de té, típico final de las comidas birmanas; o charlar con los vecinos paladeando tentempiés y té con leche condensada en algún salón de té.

La cuestión ética

Nadie ignora que Myanmar es un país con problemas. En 2011, tras las elecciones del año anterior, se formó un Gobierno cuasi civil y, cuando se redactaba esta guía, habían liberado a Aung San Suu Kyi de su largo arresto domiciliario y el boicot al turismo –que disuadió a muchos durante una década– había amainado. Queda en manos del viajero decidir si es el momento de ir. Desde luego, la sufrida población es afable, divertida, encantadora, considerada, curiosa, apasionada; deseosa de formar parte del mundo y de saber qué piensa de su país el viajero. Sí, esto es Birmania: quien llegue con la mente abierta, se irá con el corazón lleno.

Fuente: Sureste asiático 3 (julio del 2012)