Emiratos Árabes Unidos

Viajar a Emiratos Árabes Unidos

El silencio mágico queda solo interrumpido por el susurro de las dunas movedizas o el chillido de un halcón surcando esas dunas color canela que se deslizan hacia Arabia Saudí. Una caravana de camellos viaja lentamente al son de antiguos ritmos hacia el sol poniente. Esto es el desierto, la verdadera alma de los Emiratos Árabes Unidos, que coexiste junto con muchas otras realidades.

Primero apareció el petróleo y un gobierno prudente. Luego vino la unificación bajo el jeque Zayed, con quien florecieron las ciudades, las infraestructuras, la cultura y la educación que ha hecho que los EAU pasasen a la escena mundial como centro energético. Sus ciudades estado se convirtieron en seductores destinos. Sharjah se aferró a su profunda fe musulmana y a su vínculo con la historia. Con las séptimas reservas de crudo más importantes, Abu Dhabi se convirtió en el centro político del país, mientras Dubái florecía en el desierto como gran ciudad fruto de la visión y la voluntad del jeque Mohammed, su carismático gobernante.

El adjetivo “futurista” no capta bien el carácter de las ciudades de los Emiratos Árabes Unidos. “Hedonista” se queda corto si se piensa en los placeres que ofrecen los enormes resorts y las bellas playas. ¿”Internacional”? En las fronteras de los EAU viven más de ciento ochenta nacionalidades. Los altísimos minaretes, los viejos zocos, las mezquitas y los beduinos con sus solitarias vidas siguen allí, pero el reclamo para las gentes y las fortunas del mundo son el presente y el futuro. Y todos esperan fervientemente que ese futuro tienda algún tipo de “puente” entre las culturas árabes y occidentales, un futuro en el que todas se hallen inextricablemente unidas por el bien común.

Fuente: Arabia Saudí, Bahréin, los EUA, Kuwait, Omán, Qatar y Yemen 1 (septiembre del 2010)