Nombre oficial: Portugal Superficie: 92.391 km² Población: 10,4 millones hab. Capital: Lisboa (535.740 hab.) Nacionalidades y etnias: 99% portugueses, 1% africanos Idioma: portugués Religión: 97% católicos, 2% protestantes, 1% otras religiones Régimen político: república parlamentaria Presidente: Jorge Fernando Branco de Sampaio Primer Ministro:José Sócrates
PIB: 195,200 billones de dólares PIB per cápita: 19.400 dólares Crecimiento anual: 3,3% Inflación: 4% Principales recursos económicos: industria textil, calzado, industria maderera, metal, refinería, química, conservas de pescado, vino, turismo y agricultura Principales socios comerciales: UE (especialmente España, Alemania, Francia, Italia, Holanda y Gran Bretaña), Estados Unidos Miembro de la UE: Sí Zona euro: Sí
Visados: Los miembros de la Unión Europea y ciudadanos de Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda no necesitan visado. Entre los ciudadanos de los países latinoamericanos, tan sólo los de Colombia y Perú necesitan visado para viajar a Portugal. Condiciones sanitarias: quemaduras solares en verano Hora local: GMT Electricidad: 220V, 50Hz Pesos y medidas: sistema métrico Monedaeuro, antes escudo Comidas · Presupuesto bajo: entre 2 y 6 euros · Presupuesto medio: entre 6 y 12 euros · Presupuesto alto: a partir de 12 euros Alojamiento · Presupuesto bajo: entre 10 y 12 euros · Presupuesto medio: entre 20 y 40 euros · Presupuesto alto: a partir de 40 euros A pesar de que los costes empiezan a ser más elevados a medida que Portugal está alcanzando el nivel fiscal de la UE, aún sigue siendo uno de los lugares más módicos para viajar en Europa. Con un presupuesto mínimo, alojándose en hostales o en campings y con una dieta basada en autoservicios, es posible viajar por unos quince euros por persona en temporada alta. Si se opta por un alojamiento de precio reducido y por comer ocasionalmente en restaurantes económicos, el coste diario rondará los 25 euros. Cuando se planifica con antelación un viaje para dos, es posible obtener descuentos en temporada baja; comer y dormir de manera aceptable puede suponerles unos sesenta y cinco euros. En las zonas apartadas del circuito turístico, los precios descienden considerablemente. Aunque es sencillo canjear los cheques de viaje y la tasa de un 1 por ciento es mejor que la correspondiente al dinero en efectivo, éstos tienen muy poco valor en Portugal, debido a las tarifas adicionales tan elevadas con las que cuenta el país, que pueden ascender a más del 13 por ciento por un cheque de 100 dólares. La excepción la constituyen los cheques de viaje de American Express, que se pueden cambiar sin comisiones mediante agentes de Amex. Las tarjetas son una alternativa más eficaz; hay cajeros automáticos en todos los centros turísticos, donde es posible extraer dinero de cuentas de ahorro o corrientes. Aunque se disponga de otros medios, es recomendable llevar siempre dinero en efectivo, en dólares o libras. Si uno ha quedado satisfecho con el servicio, es razonable dejar una propina del 10 por ciento y si se trata de un aperitivo, basta con alguna moneda suelta. Los taxistas esperan también un 10 por ciento del precio del viaje. En los mercados, se puede regatear con un tono amistoso, pero hay que tener en cuenta que los portugueses suelen ser buenos negociantes. En temporada baja, el regateo puede ser útil para obtener descuentos en el alojamiento. Lisboa Lisboa, la capital, se alza a orillas del río Tajo. El bajo horizonte de la ciudad, su ambiente sencillo y su agradable mezcla de estilos arquitectónicos se combinan de tal forma que la convierten en la urbe preferida por muchos visitantes. A pesar del esfuerzo requerido para franquear sus colinas, es bastante sencillo orientarse en la ciudad, ya que la mayoría de las actividades cotidianas se concentran en la parte baja de la misma. Uno de los atractivos más notables de Lisboa es el Mosteiro dos Jerónimos, cuya construcción se inició aproximadamente en 1502 y culminó hacia finales de siglo. Este edificio resistió el gran terremoto de 1755 y, actualmente, sigue siendo el ejemplo más claro de la arquitectura manuelina lisbonesa. Cerca de allí se alza la Torre de Belém, monumento de estilo manuelino situado sobre el río Tajo, probablemente el más fotografiado de Portugal. Lisboa cuenta con numerosos museos de interés, entre los que destacan el Museu Nacional do Azulejo, que contiene una magnífica exposición de azulejos decorativos; el Museu Nacional de Arte Antiga, que alberga la colección nacional de obras de pintores portugueses; y el inmenso Museu Calouste Gulbenkian, considerado el mejor de Portugal, con exposiciones de pintura, escultura, alfombras, monedas y cerámicas de todo el mundo. Otros puntos de interés son los barrios de Baixa y Alfama. Aquí se pueden encontrar algunos de los lugares más antiguos y maravillosos de la ciudad: una anarquía de calles empedradas, plazas y callejuelas que alberga mercados y artesanos, edificios pintorescos y castillos. Lisboa dispone de una amplia variedad de alojamientos y restaurantes a buen precio, casi todos ellos en el centro de la ciudad. Ofrece al visitante una animada vida nocturna, con bares de copas, discotecas, locales donde bailar al ritmo del jazz y de la música africana o turbarse con un fado. Los partidos de fútbol locales y las corridas de toros son las mayores emociones para disfrutar durante el día. Sintra El pueblo de Sintra se extiende inmediatamente al noroeste de Lisboa; durante mucho tiempo, fue el lugar de veraneo preferido de la realeza portuguesa y de la nobleza inglesa (a Lord Byron le enloquecía). Aún hoy conserva su atractivo, con su entorno densamente arbolado, sus románticos jardines y su encantadora simplicidad. Unos cuantos palacios y ruinas dominan la población; entre ellos, el Palácio Nacional de Sintra, una interesante mezcla de arquitectura manuelina y gótica, y el Palácio Nacional da Pena. Nada más salir de la ciudad, se encuentran los laberínticos jardines Monserrate Gardens ; un poco más lejos, se halla el Convento dos Capuchos, una diminuta ermita del siglo XVI escondida en el bosque, con celdas excavadas en la roca y forradas de corcho. Évora El pueblo amurallado de Évora es una de las joyas arquitectónicas de Portugal. Situado en un entorno de olivares, viñedos, trigales y flores primaverales, es un lugar con mucho encanto, con callejuelas de sentido único, tan estrechas que los espejos retrovisores de los coches corren un gran peligro. Su mayor punto de interés es la Praça do Giraldo, donde se encuentran la catedral Sé, que cuenta con un museo de tesoros eclesiásticos, el Templo Romano, y la Igreja de São Francisco, que alberga una macabra capilla de osarios construida con los huesos y calaveras de miles de personas. Lagos Situado en la costa sur del Algarve, Lagos es uno de los complejos turísticos más populares del país. Casi todos los viajeros se sienten fascinados por sus soberbias playas; entre ellas, Meia Praia, una enorme franja de arena hacia el este, y Praia do Pinhão, situada más al sur, en una zona más aislada. Entre los servicios que facilita a los turistas destaca el alquiler de bicicletas, ciclomotores y caballos, así como las excursiones en barco desde el puerto. Además del sol y la arena, Lagos cuenta con un interesante museo municipal, que presenta exposiciones de tesoros eclesiásticos y artesanía. Parque Nacional de Peneda Gerês El parque natural situado en la zona más al norte de Portugal, cerca de la frontera con España, ofrece un espectacular paisaje y una amplia variedad de flora y fauna. Es extremadamente popular entre los excursionistas portugueses ocasionales y los veraneantes, pero todos ellos suelen permanecer en las principales zonas de acampada, dejando el resto del territorio a los viajeros más experimentados. Peneda-Gerês está repleto de pequeños caminos y de lugares donde nadar, practicar equitación y alquilar una piragua. Valle del Duero Uno de los puntos más interesantes del paisaje portugués es el valle del Duero; posee cerca de 200 km de llamativos y vastos panoramas que se extienden desde la ciudad de Oporto hasta la frontera con España. En las zonas más elevadas, los viñedos del famoso caldo luso, el oporto, se despliegan a lo largo de las áridas laderas, interrumpidos únicamente por la fortuita presencia de casas solariegas, de un blanco deslumbrante. Las carreteras que avanzan con dificultad por los márgenes del río Duero pueden estar abarrotadas de excursionistas ocasionales procedentes de Oporto. Se han construido cinco presas y, actualmente, es navegable en toda su longitud, permitiendo así los cruceros en barco, una manera atractiva de empaparse de la atmósfera en el más absoluto de los silencios. Monchique El tranquilo pueblo de montaña de Monchique, que dormita sobre las laderas boscosas de la Serra de Monchique, ofrece una buena alternativa al barullo de la costa. Aparte de la belleza y quietud de este emplazamiento, otros de sus atractivos son la Igreja Matriz, que posee un sorprendente pórtico en el que, si uno se acerca bien, puede observar que las piedras están unidas entre sí. Nada más salir de la población se encuentra el balneario de Caldas de Monchique ; también merece la pena recorrer, en coche o a pie, el espeso bosque que conduce hasta Foia, el techo del Algarve. Las vistas panorámicas desde la cima son realmente increíbles. Sagres Este diminuto puerto de pesca ocupa la cumbre de unos espectaculares acantilados azotados por el viento en el extremo suroeste de Portugal. Su proximidad con Lagos hace que no esté totalmente desprovisto de veraneantes, a pesar de que el puerto es aún un centro de astilleros y pescadores de langosta. Según cuenta la leyenda, Enrique el Navegante reunió un grupo de expertos para preparar a los exploradores que, posteriormente, fundarían el inmenso imperio portugués. Cerca de allí aparecen unas cautivantes playas y el árido cabo de São Vicente, semejante a un trono y situado en el punto más al suroeste de Europa continental. Los alojamientos económicos consisten, principalmente, en habitaciones privadas o en campings bien equipados. Sagres está a unos 30 km al oeste de Lagos y un servicio frecuente de autobuses comunica ambas poblaciones. Las comunicaciones directas con Évora y Lisboa con autocar son más irregulares. La historia de Portugal se forja a partir de la época de los celtas, que se asentaron en la península Ibérica hacia el año 700 a.C. La región atrajo enseguida a toda una serie de pueblos; por ella pasaron fenicios, griegos, romanos y visigodos. En el siglo VIII, los árabes cruzaron el Estrecho de Gibraltar y en su larga ocupación introdujeron su cultura, arquitectura y técnicas agrícolas. Pero la resistencia a los árabes se acentuó y, finalmente, fueron expulsados a lo largo del siglo XII. En el siglo XV, Portugal entró en una fase de expansión, gracias a los esfuerzos del príncipe Enrique el Navegante. Los marineros se hicieron a la mar en busca de nuevas rutas comerciales y ayudaron a crear un inmenso imperio que, en su época de esplendor, llegó a extenderse por África, Brasil, la India, y el Lejano Oriente. Este período marcó el apogeo de la riqueza y el poder portugueses, pero se desvaneció a finales del siglo XVI, cuando Felipe II anexionó Portugal a España. Aunque el reinado español duró solamente unas décadas, la gloria del imperio declinó a lo largo de los siglos siguientes. En noviembre de 1807, el ejército francés penetró en Lisboa y, gracias al apoyo de Gran Bretaña a los portugueses, se retiraron nueve meses más tarde. Durante el siglo XIX la economía se debilitó; el caos generalizado condujo a la abolición de la monarquía en 1910 y a la instauración de una república democrática. La fase democrática de Portugal se mantuvo hasta 1926, fecha en que un golpe militar marcó el comienzo de un largo período dictatorial bajo el yugo de António de Oliveira Salazar. Su poder finalizó en 1968 tras sufrir una lesión cerebral. Los intentos vanos por mantener las colonias frente a los movimientos independentistas provocaron costosas guerras en África y condujeron a la Revolución de los Claveles, un golpe militar incruento que tuvo lugar el 25 de abril de 1974. Durante los años setenta y principios de los ochenta, Portugal experimentó algunos cambios dolorosos: el clima político vacilaba entre la propiedad privada y la propiedad pública. La concesión de independencia a las colonias portuguesas en África, entre 1974 y 1975, tuvo como resultado un flujo de más de quinientos mil refugiados en el país. La entrada en la Comunidad Europea (CE), en 1986, estabilizó en cierta manera a la nación, posición que se consolidaría en 1999 gracias a su admisión como miembro de la Unión Monetaria Europea. El último territorio de ultramar de Portugal, Macau, pasó a manos de China en 1999. En octubre de ese mismo año, el Partido Socialista recuperó el poder, a pesar de que su campaña se había visto afectada por los sucesos acaecidos en Timor Oriental, donde el acceso a la independencia se vio empañado con la muerte de centenares de personas. Jorge Fernando Branco de Sampaio se mantuvo en la presidencia tras las elecciones parlamentarias de enero de 2001. José Manuel Durão Barroso, del Partido Socialdemócrata (PSD) ganó las elecciones en 2002 proclamándose primer ministro, después de mantenerse seis años en la oposición. Fue incapaz de hacer resurgir la economía del país, una de las más desfavorecidas del continente y presentó su dimisión en diciembre de 2004. En marzo 2005, el Partido Socialista (PS), liderado por José Sócrates, logró la primera mayoría absoluta socialista desde la implantación de la democracia en 1974. · Camões, Luís de: Los Lusíadas, Editorial Planeta-De Agostini, Barcelona, 1997. · Pessoa, Fernando: Poemas escogidos, Plaza & Janés Editores, Barcelona, 1991. · Namora, Fernando: Escenas de la vida de un médico, Noguer y Caralt Editores, Barcelona, 1976. · Eça de Queirós, José Maria: Los maia, Editorial Pre-Textos, Valencia, 2000. · Pires, José Cardoso: Balada de la playa de los perros, Editorial Seix Barral, Barcelona, 1984. · Saramago, José: Viaje a Portugal, Bibliotex, Barcelona, 1999. · Munzer, Jerónimo: Viaje por España y Portugal, Ediciones Polifemo, Madrid, 1991.
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