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Munich
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Los trajes típicos de Baviera, la Lederhose (el típico pantalón de piel, de medidas varias, generalmente corto), y el Dirndl (el vestido tradicional femenino de la región) todavía se visten en Munich, la capital de Baviera, donde las tradiciones populares se dan la mano con los BMW, la haute cuisine y los nobles de alto rango.

Recientemente Munich se ha convertido en el segundo destino más popular de Alemania despuás de Berlín, debido en parte a su práctica proximidad con otras destinaciones antes prohibidas (verboten) como Praga y Budapest. La ciudad es un refugio para la alta cultura, con un asombroso despliegue de museos y un vigoroso panorama para las artes, y la cultura popular no propone nada más típico que el Oktoberfest (Festival de la cerveza que se celebra finales de septiembre y principios de octubre). Baviera es uno de los rincones más turísticos de Alemania; la gótica ciudad de Munich parece extraída de un cuento de hadas y está repleta de Biergarten (autánticos paraísos de la cerveza).

Población: 1,2 millones hab.
Superficie: 310 km2
País: República Federal de Alemania
Idioma: alemán
Horario local: GMT + 1
Prefijo telefónico: 49-089



La máxima afluencia de turistas se produce entre mayo y septiembre, cuando el tiempo es más agradable. Las temporadas medias, como abril-mayo y septiembre-octubre, son geniales para visitarla, con muchos menos visitantes (pero en absoluto durante el Oktoberfest) y con sol suficiente para darse un garbeo. Si se visita entre noviembre y marzo, se podrá disponer mejor del lugar, junto a las temperaturas bajo cero y con el cielo sin sol. Por norma general, uno puede esperar lluvia en cualquier ápoca del año y también tener una oportunidad para experimentar el Föhn, un viento cálido y seco al que se culpa de todo, desde los dolores de cabeza al mal humor y al letargo.

Los festivales anuales de Munich salen a la calle en enero con el Carnaval de antes de Cuaresma, un chillón acontecimiento de seis semanas de duración con fiestas callejeras y bailes varios. La Cuaresma se da por terminada en marzo con la Starkbierzeit, cuando se consumen cervezas fuertes con nombres acabados en "ator" (Triumphator, Salvator, Maximator) en una tradición que se remonta a los días gloriosos de los monjes. Abril da la bienvenida a la primavera con una mini Oktoberfest llamada la Frühlingsfest (mucho menos atiborrada de gente que la auténtica), y un mega mercadillo tipo rastro se planta el último sábado de abril (también en julio y octubre). La Biennale de Munich, con música y teatro, se celebra cada dos años (el último se ha celebrado en 2002) y a finales de junio se puede ver el Tollwood, festival mundial de cultura, en el Olympiapark. El Corpus Christi es un gran acontecimiento en Baviera, con desfiles callejeros con caballos engalanados. Junio finaliza con el Festival de Cine de Munich, una versión a menor escala del célebre festival de Berlín. El Día de la Calle Christopher se esparce durante tres días de diversión gay y lesbiana, con fiestas callejeras y carreras con zapatos de tacón. El Festival de Ópera brinda espectáculos intelectuales en la Casa Estatal de la Ópera, mientras el Sommerfest ofrece dos semanas de actuaciones en directo de grupos musicales y de competiciones deportivas al aire libre en el Olympiapark. Sólo para confundir, el Oktoberfest que se celebra en septiembre, quizás porque es la concentración más grande de bebedores del planeta. En noviembre se convoca una carrera de bicicletas de seis días en el Olimpiahalle, con un montón de entretenimientos, comida y bebida para aquellos que se sientan menos inclinados a practicar algún deporte. El año termina con el Tollwood de Invierno, una versión más pequeña del evento mundial de cultura de junio, y un inmenso Christkindmarkt se monta en la Marienplatz, completado con árbol de Navidad de proporciones descomunales y tenderetes en los que se vende artesanía y una bebida nórdica llamada Glüwein (consistente en vino caliente mezclado con canela, clavo y otros ingredientes, se toma normalmente durante estas fiestas).

Los días oficiales de fiesta en Munich incluyen el Fin de Año (1 de enero), el día de Reyes (6 de enero), Semana Santa, el Día del Trabajo (1 de mayo), Pentecostés (mayo o Junio), el Día de la Asunción (15 de agosto), el Día de la Unificación Alemana (3 de octubre), el Día de Todos los Santos (1 de Noviembre), Navidad y San Esteban (25 y 26 de diciembre). Todas las tiendas y bancos cierran durante estos días.

Moneda


Marienplatz

Si se visita Marienplatz en un cálido día con sol, uno se encontrará a todo el mundo con su perro disfrutando de esta amplia superficie con cafeterías. Es el alma del Altstadt, señalado con la engalanada Virgen con el niño, MariensÄule, se levantó en el año 1638 para celebrar el fin de la ocupación sueca. Las agujas y los torreones, del siglo XIX, de la neogótica Neues Rathaus (nuevo Ayuntamiento), embellecen el extremo norte de la plaza, mientras los nostálgicos restos bombardeados del antiguo palacio municipal, el Altes Rathaus (1474), ocupan el fondo oriental. La oportunidad para hacer la foto obligada la da el Glockenspiel, situado en el centro del Neues Rathaus, las maravillosas figuras salen a actuar a las 11, a las 12, a las 17 y a las 21 h. Se puede subir en ascensor hasta la cúspide de la delgaducha aguja para tomar más fotos. El cercano Fishbrunnen le transporta a uno a los días de mercado medieval, cuando el pescado se mantenía vivo en una fuente antes de venderse. Si el visitante sumerge la cartera un Miércoles de Ceniza, dicen, ésta siempre estará llena; aunque si uno no cree eso, se quedará con una cartera mojada.

La plaza está adornada por dos iglesias. Si sopla el Föhn uno podrá ver los Alpes en todo su esplendor desde la cúspide de la gótica St. Peterskirche, y el techo rococó de la Heiliggeistkirche es sencillamente sorprendente. La otra iglesia que se puede ver es la marca registrada de la ciudad, la Frauenkirche, cuyas cúpulas bulbosas oxidadas por la lluvia están reproducidas en todo desde jarras de cerveza a trapos de cocina. Luis el Bávaro fue enterrado aquí. Al norte está el Alter Hof, hogar de los Wittelsbachs antes de que se trasladaran a la Residenz; sufrió un contundente remozamiento neogótico durante las reformas que se hicieron en el siglo XIX. Siguiendo el estridente follón de aplausos y música chumba-chumba, uno se encontrará en la cercana Hofbräuhaus. Los nacionalsocialistas de Hitler se concentraron por primera vez aquí en 1920, y hoy en día el bonito edificio antiguo está a tope de turistas tomando cerveza.

Residenz

La mole palaciega que albergó a los Wittelsbachs desde 1385 a 1918 domina el lado norte de Max-Joseph Platz. El complejo dispone de un conjunto de alas adicionales, grutas y patios, pero el principal atractivo se lo tiene que llevar el Residenzmuseum (Museo de la Residenz), con una cantidad impresionante de salas repletas de los tesoros de los Wittelsbach. Hay una habitación con antigüedades, salas llenas de retratos italianos y de representaciones románticas de paisajes italianos (Italia era obviamente el lugar de visita obligada en el siglo XVIII), la dorada Galería Ancestral de los gobernantes bávaros, vestíbulos dedicados a batallas ya libradas y habitaciones completas de porcelana proveniente de Berlín, Meissen y Nymphenburg. Los aficionados a las piedras preciosas, - diamantes, rubíes, esmeraldas y zafiros - no quedarán decepcionados con el tesoro y las joyas de la corona bávara. Tambián hay un excelente muestrario de antigüedades en el Museo de Arte Egipcio, posado en la esquina norte de la Residenz en la Odeonplatz. El Hofgarten está enfrente, con un Templo de Diana en el centro y vistas de las torres de la Theatinerkirche St Kajetan, otro de los lugares emblemáticos de la ciudad.

Königsplatz

Esta explanada a la intemperie se utilizaba como terreno pavimentado para los desfiles de los Camisas negras de Hitler, pero ahora la hierba ya ha vuelto a florecer y la puerta dórica Propyläen que se halla en el centro es testigo de conciertos de rock más que de ceremonias pomposas. La plaza está dominada por dos moles del resurgimiento del arte griego encargadas por Luis I para albergar aún más museos. El Glyptothek limita la plaza por el norte; está llena de esculturas griegas y romanas "tomadas prestadas" por Luis I durante una visita a Italia. Uno debe quitarse el sombrero ante la Barbarini Faun, una maravilla de la imponente desnudez masculina representada en mármol. La Colección de Antigüedades del Estado, en el extremo sur de la plaza, es un batiburrillo de jarrones antiguos, joyería, ornamentos, esculturas y objetos de los días de la gloriosa Roma (es un poco como si uno se tropezara con el ya olvidado atrezzo de la película Ben-Hur). La villa de imitación etrusca contigua a la Glyptothek es la Casa Lenbach, la antigua casa del retratista de Bismarck, Franz von Lenbach, que actualmente muestra una asombrosa colección de pinturas del siglo XIX; la parte de arriba dedicada a los pintores del Blaue Reiter gustará a los amantes de Franz Marc o de Kandinsky. Y para los que quieran ver más museos, deben dirigirse más al norte, donde hay numerosas: en la lte Pinakotehk se pueden ver obras de Botticelli, Durero, van del Weyden y Rubens; en la Neue Pinakothek piezas de Van Gogh, Manet y Goya; y en la Pinakothek der Moderne, para artes aplicadas, gráficos y arquitectura.

Viktualienmarkt

Se necesitan recargar las pilas después de haber visitado el sinfín de museos de Munich, y dónde mejor que pelear por un plato de comida que en el Viktualienmarkt, uno de los mercados de víveres más grande de Europa. Abarca una inmensa superficie, llena de mesas y puestos crujiendo por el peso de los alimentos frescos, pero sobre todo no se debe tocar la mercancía o las famosamente malhumoradas Marktfrauen se pondrán histéricas. El mercado se convierte en un gran jardín de la cerveza (Biergarten) en verano, cuando hay un Maypole (un estandarte bávaro muy popular y pintado a rayas de color azul y blanco, que simboliza el despertar de la primavera) digno de fotografiar en el centro. Una vez ya saciados, los visitantes deben aliviarse volviendo a los museos y visitando el cercano Centro de los museos poco corrientes, donde encontrarán de todo desde orinales a conejitos de Pascua (un típico pastelito alemán de azúcar y masa que se come por estas fechas). Uno debe cambiar lo ridículo por lo sublime bajando por el río hasta el Museo Alemán, el museo de la ciencia y tecnología más grande del mundo. Se puede visitar durante semanas y sólo ver una ínfima parte del total de las exposiciones. Las muestras abarcan temas como la minería, los ferrocarriles, la química, las telecomunicaciones y los automóviles (dé un vistazo a los primeros modelos de BMW, sobre todo si no lo ha hecho en el Museo BMW del Olympiapark). La parte del Forum der Technik alberga un planetario y un cine IMAX.

Jardín Inglás (Englischer Garten)

Después de tanto museo, lo mejor es quitarse la ropa y tomar un poco de aire fresco. El parque urbano más grande del mundo (5 x 1,5 km) es el lugar ideal para tomar el sol sin ropa así como el sitio idóneo para el paseo diario, ir en barca y empaparse con Pilsners en un jardín de la cerveza. Uno de ellos posee una Torre China plantada en el medio, que data de antes de la construcción del parque en 1789. El parque fue donado al populacho por el menos popular de los gobernantes de Munich, el Elector Carlos Teodoro, en un esfuerzo por evitar cualquier intento por emular el comportamiento de los revolucionarios franceses. Un brazo del río Isar fluye a través del parque, cuya atracción añadida en uno de sus fríos rápidos es la práctica del surf, deporte instaurado en el momento en el que un soldado de las tropas de ocupación estadounidenses enceró una improvisada tabla y salió en busca de olas en un estado que no daba ni al mar. El antiguamente bohemio barrio de Schwabing se prolonga paralelamente al Jardín Inglés. El visitante puede dirigirse allí por su elegante arquitectura Jugendstill, sus animados restaurantes y su movida de bares a lo largo de la marchosa Leopoldstrasse.

Schloss Nymphenburg

Este palacio barroco de película fue construido de 1664 a 1758 como residencia de verano de la familia real. Hay un comedor de dos pisos decorado con unos fabulosos frescos, una habitación llena de tapices gobelinos, una sala heráldica, una sala china esmaltada, y la Galería de las Bellezas, revestida con los retratos de 38 bellezas locales a quienes Luis I les habría puesto el ojo (incluyendo una provocativa representación de Lola Montez). Los Establos Reales muestran el coche nupcial sin estrenar de Luis II (ya que no hubo compromiso) y el Museo de la Porcelana se halla en la antigua fábrica de porcelana Nymphenburg. Un parque de estilo inglés rodea el palacio, culminado por un canal central, diversas construcciones ostentosas por fuera pero sin nada dentro, un pabellón de caza con cristal y oro por doquier, una casa china, unos baños, la casita de la bruja, invernaderos tropicales y un museo de historia natural.

Schleissheim

¿Alguien quiere palacios? Schleissheim está plagado de ellos. El impresionante Neues Schloss Schleissheim sigue el modelo versallesco de excesos palaciegos, que se completa con techos abovedados llenos de frescos y jardines idóneos para el picnic. El antes espléndido renacentista Altes Schloss Schleissheim es sólo sombra reconstruida de lo que fue durante su ápoca de esplendor; alberga una colección de belenes de Navidad y huevos de Pascua. Schloss Lustheim posee un despampanante interior barroco y una inmensa colección de porcelana Meissen. Para quienes busquen algo completamente diferente, deben saltar al Flugwerft Schleissheim, la sección dedicada a la aviación del Museo Alemán, con aviones de todo el mundo. Para llegar a Schleissheim, se debe tomar la S-Bahn dirección Oberschleissheim y seguir los postes indicadores durante 15 minutos.

Starnberg

Este antiguo refugio de la realeza se asienta en el extremo norte del Lago Starnberg, en el corazón del distrito de los Cinco Lagos. El pobre y viejo Luis II murió ahogado en este lago, en un charco de un metro de profundidad (o sea que ¡mucho ojo!), de aquí los rumores que se tratara de una mala jugada. Una X marca el lugar donde se ahogó junto con su médico, el único que podía responder de su cordura. Hoy en día ir en barca y practicar windsurf es todo lo que se puede hacer, y los tours en barca se deslizan pasando por los cinco castillos que se hallan a orillas del lago. Starnberg está a sólo 30 minutos desde el centro de Munich con la S-Bahn (línea de metro).

Andechs

El monasterio benedictino que se halla en lo alto de la montaña fue reconstruido en estilo rococó en 1675, despuás de haber quedado en estado ruinoso debido a la Guerra de los Treinta Años. El monasterio ha sido lugar de peregrinación durante siglos, pero en nuestros días los peregrinos son más amantes de la cerveza que de eminencias religiosas; en este lugar los monjes de Andechs han estado destilando durante 500 años o más esta preciada bebida. Es tan turístico que empalaga, y el restaurante del monasterio se parece a la estación de tren, pero las vistas desde el mirador valen la pena, y la subida desde la estación hará que ese litro de Weissbier sepa más dulce. Hay que tomar el tren hasta la estación de Herrsching, y si alguien no se ve capaz de afrontar una cuesta de 3 km hasta la montaña, hay un autobús.

Hay un montón de diversiones al aire libre para pasárselo bien en Munich. Primero de todo, se puede ir en barca en el Jardín Inglés (Englisher Garten), practicar rafting en el río Isar, hacer nudismo a orillas del río, y surfing en el Jardín Inglés (se aprovecha una entrada del río en dichos jardines para la práctica de este deporte acuático) y un mogollón de oportunidades para darse un baño, que se completan con torres para el salto de trampolín y saunas (zambullirse en el río no es recomendable, pero mucha gente lo hace en verano). Ir en bicicleta se hace más fácil si uno se provee con un mapa de rutas para ir en bici; y para quienes prefieran ir en un pelotón hay varios tours del pedal, que se amenizan con comentarios en plena marcha y un final apoteósico en una Biergarten. Tambián hay un buen puñado de tours a pie, en autobús o en tranvía. Se puede patinar sobre hielo durante todo el año en el Olympiapark, y en invierno en el Nymphenburg y en el Jardín Inglés. El tenis es muy popular aquí desde que en los ochenta Boris Becker llegara a las canchas de tenis. Para quienes quieran desempolvar su alemán, el Instituto Goethe es el lugar idóneo al que dirigirse para unos cursos de idiomas.

La colonización de Munich se remonta a la época romana, pero en el siglo VIII los monjes benedictinos se cuelgan la medalla al poner la ciudad en el mapa; de ahí el nombre Munichen o "poblado de monjes". La fecha del nacimiento oficial de la ciudad se sitúa en 1158, año en el que el régimen imperial de los Habsburgo autorizó el efímero gobierno de Enrique el León. En 1240 Munich pasó a manos de la Casa de los Wittelsbach, y la ilustre familia Wittelsbach dominó la ciudad (y toda Baviera) hasta el siglo XX.

En 1255 Munich se convirtió en una residencia ducal, y durante el siglo siguiente se ensanchó, se fortificó y se le concedió el monopolio del comercio de la sal a Luis el Bávaro, constructor del Alter Hof. Los cimientos para una ciudad rica y comerciante ya estaban en su sitio, y consiguientemente, durante más de 200 años la ciudad prosperó debidamente hasta convertirse en la capital del Ducado de Baviera en 1503. La única mancha negra se produjo por la devastación causada por la peste, que visitó varias veces la urbe durante un período de más de 150 años desde 1349. Más tarde, se mejoró gradualmente el alcantarillado y la higiene, y ya por el año 1505 la población se estabilizó en 13.500 habitantes.

La Reforma fue mal recibida por el Duque de Baviera, Guillermo IV, y Munich permaneció firmemente católica. La urbe era la capital de la Contrarreforma en Alemania; su importancia se subrayó con la construcción de los arruinadores esplendores del Renacimiento como la Residenz, la Biblioteca del Estado de Baviera y la Michaelskirsche (la Iglesia de San Miguel). Munich se rindió temporalmente a los suecos en la Guerra de los Treinta Años, y estuvo bajo el gobierno de los Habsburgo desde 1705 a 1714. Los arreglos de Napoleón de la jerarquía real de Alemania ascendieron a Baviera a una categoría de reino y doblaron sus dimensiones, y en 1818 se convirtió en el primer estado alemán que disponía de una constitución escrita. El Elector Maximiliano José fue coronado como primer rey de Baviera, y gracias a él, el Oktoberfest es hoy en día un gran acontecimiento: en 1810 montó esta fiesta para celebrar la boda de su hijo, el Príncipe de la Corona Bávara Luis I, que se ha mantenido desde entonces.

Las cosas empezaron a funcionar de verdad en el siglo XIX, con el traslado de la universidad a Munich y con la llegada del primer ferrocarril de Alemania. Luis I empezó un grandioso programa de construcción que transformó la capital convirtiéndola en un centro cultural y artístico: la Königsplatz, la Alte Pinakothek, la Ludwigstrasse, el Ruhmeshalle en Theresienwiese y partes de la Residenz datan de este período. Luis consiguió su ruina por su absolutismo, la censura de la prensa y por el encaprichamiento público por esa legendaria seductora de monarcas llamada Lola Montez, y en 1848 cedió la corona a su hijo Maximiliano II, quien supervisó la industrialización de la ciudad. El último rey de Baviera fue el inolvidable Luis II (1845-1886), apodado "el rey loco" por sus tendencias solitarias y sus extravagancias a la hora de construir castillos que arruinaron al reino. Baviera perdió su independencia cuando Luis II apoyó al bando perdedor en la Guerra Franco-Prusiana, y el estado fue finalmente absorbido por el nuevo Reich Alemán en 1871. El rey fue declarado mentalmente incapaz en un examen psicológico sospechoso que se le practicó en 1886. Fue arrestado y poco después fue encontrado ahogado, aparentemente en misteriosas circunstancias.

En el cambio de siglo, Munich tenía más de medio millón de habitantes y casualmente el mejor entramado de luz eléctrica de cualquier ciudad de Europa. Artistas como Kandinsky, Marc, Klee, Strauss, Ibsen y Mann hicieron de la ciudad su hogar, agrupándose en el barrio bohemio de Schwabing. Munich pasó muchas penurias en la Primera Guerra Mundial, y como semillero de alborotos políticos de posguerra y también a causa de la ruina económica, era un terreno fértil para que arraigara el movimiento Nacional Socialista de Adolf Hitler. En 1920, el partido organizó su primera concentración en el Hofbräuhaus de Munich y la ciudad fue tachada por generaciones venideras como la sala de máquinas de las operaciones de Hitler después de 1933, año en el que se adueñó de Alemania. Justo pocas semanas después de su ascensión al poder, el primer campo de concentración se instaló al norte de la ciudad de Dachau, y el destino de los judíos de Munich se decidió en la terrorífica noche Noche de los cristales rotos en 1938. Munich fue seriamente dañada por los bombardeos de los aliados de la Segunda Guerra Mundial, cuyos resultados redujeron a cenizas casi la mitad de la urbe, que fue ocupada por las tropas de EE UU el 30 de abril de 1945.

En los años de la posguerra, el núcleo histórico de la ciudad se fue reconstruyendo poco a poco, su población se consolidó y se convirtió cada vez más en un eje para la industria editorial, la moda, el cine y las grandes empresas como Siemens, BMW y MAN, fabricante de camiones. El impresionante programa de reconstrucción condujo a Munich a ser la anfitriona de los Juegos Olímpicos de 1972, un evento que pasó de celebración a tragedia cuando 11 atletas israelíes fueron asesinados por terroristas palestinos. Hoy en día, la mayoría de alemanes dicen que les gustaría vivir en Munich si tuvieran la oportunidad, atraídos por su mezcla de conservadurismo y de vitalidad artística, por la sofisticación de una gran urbe y por sus sencillas diversiones.

El aeropuerto multi-nivel Franz-Josef-Strauss de Munich es sólo ligeramente menos ajetreado que el mastodonte Flughafen de Frankfurt, pero su forma es menos intimidante. Los vuelos con salida hacia Europa, Nueva York y Sydney van y vienen a todas horas, tanto si son directos como si pasan vía Frankfurt, y la mayoría de ciudades alemanas están abastecidas por al menos seis vuelos diarios. Hay conexiones de trenes rápidos, cada dos horas o así, con todas las ciudades más importantes de Alemania, y trayectos frecuentes a ciudades europeas como Viena, Praga, Zúrich, Roma y París. Para quienes dispongan de más tiempo que dinero, pueden tomar un autobús de línea que va directo a Munich desde Viena, París, Bruselas y Londres; tambián los hay con destino Praga, Ámsterdam y Roma, pero se tendrá que cambiar de autobús durante el viaje. Ir en coche a Munich a travás de las excelentes carreteras alemanas puede ser divertido, pero ya en la ciudad, el vehículo es casi un estorbo.

Ir del museo A a la cervecería Z es sencillo: tanto si se pasea con los residentes a lo largo de la zona peatonal del centro desde el Hauptbahnhof a Marienplatz como si se sube a la excelente red de transporte público (MVV). El sistema está establecido por zonas, y la mayoría de los lugares de interés están dentro de la zona azul del centro de la ciudad. Los billetes vienen en formato de viaje corto, diario o en variantes semanales, además son válidos para la S-Bahn, la U-Bahn, los tranvías y los autobuses; sólo se tiene que marcar para saber la hora del sellado, en el momento de entrar en la estación o saltar a bordo. Los billetes se pueden comprar a los conductores de tranvía o autobús, en las máquinas automáticas que hay en las estaciones, en las paradas de autobús y en los quioscos. El metro le lleva a uno a la mayoría de los lugares de interés turístico, con autobuses que cubren los vacíos que pueda haber. El visitante probablemente lamentará haber traído su coche a una ciudad tan peatonal e infestada de guardias de tráfico. Los taxis sólo pueden competir con la MVV por la comodidad ya que son tremendamente caros.


· Castro Castro, Antonio: Munich en fiestas, Autor-editor, Zaragoza, 1982
· Bacheschi, Edi: Alte Pinakothek de Munich, Noguer y Caralt, Barcelona, 1974
· Gallego Margalef, Fernando Josá: De Munich a Auschwitz, Plaza y Janás, Barcelona, 2001
· VV AA: Cuentos románticos alemanes, Ediciones Siruela, Madrid, 1992
· Bentley, James; Catling, Christopher; Locke, Tim: Munich y Baviera, Ediciones Granica, Barcelona, 1995
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