Población: 1,2 millones hab. Superficie: 310 km2 País: República Federal de Alemania Idioma: alemán Horario local: GMT + 1 Prefijo telefónico: 49-089
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Marienplatz Si se visita Marienplatz en un cálido día con sol, uno se encontrará a todo el mundo con su perro disfrutando de esta amplia superficie con cafeterías. Es el alma del Altstadt, señalado con la engalanada Virgen con el niño, MariensÄule, se levantó en el año 1638 para celebrar el fin de la ocupación sueca. Las agujas y los torreones, del siglo XIX, de la neogótica Neues Rathaus (nuevo Ayuntamiento), embellecen el extremo norte de la plaza, mientras los nostálgicos restos bombardeados del antiguo palacio municipal, el Altes Rathaus (1474), ocupan el fondo oriental. La oportunidad para hacer la foto obligada la da el Glockenspiel, situado en el centro del Neues Rathaus, las maravillosas figuras salen a actuar a las 11, a las 12, a las 17 y a las 21 h. Se puede subir en ascensor hasta la cúspide de la delgaducha aguja para tomar más fotos. El cercano Fishbrunnen le transporta a uno a los días de mercado medieval, cuando el pescado se mantenía vivo en una fuente antes de venderse. Si el visitante sumerge la cartera un Miércoles de Ceniza, dicen, ésta siempre estará llena; aunque si uno no cree eso, se quedará con una cartera mojada. La plaza está adornada por dos iglesias. Si sopla el Föhn uno podrá ver los Alpes en todo su esplendor desde la cúspide de la gótica St. Peterskirche, y el techo rococó de la Heiliggeistkirche es sencillamente sorprendente. La otra iglesia que se puede ver es la marca registrada de la ciudad, la Frauenkirche, cuyas cúpulas bulbosas oxidadas por la lluvia están reproducidas en todo desde jarras de cerveza a trapos de cocina. Luis el Bávaro fue enterrado aquí. Al norte está el Alter Hof, hogar de los Wittelsbachs antes de que se trasladaran a la Residenz; sufrió un contundente remozamiento neogótico durante las reformas que se hicieron en el siglo XIX. Siguiendo el estridente follón de aplausos y música chumba-chumba, uno se encontrará en la cercana Hofbräuhaus. Los nacionalsocialistas de Hitler se concentraron por primera vez aquí en 1920, y hoy en día el bonito edificio antiguo está a tope de turistas tomando cerveza. Residenz La mole palaciega que albergó a los Wittelsbachs desde 1385 a 1918 domina el lado norte de Max-Joseph Platz. El complejo dispone de un conjunto de alas adicionales, grutas y patios, pero el principal atractivo se lo tiene que llevar el Residenzmuseum (Museo de la Residenz), con una cantidad impresionante de salas repletas de los tesoros de los Wittelsbach. Hay una habitación con antigüedades, salas llenas de retratos italianos y de representaciones románticas de paisajes italianos (Italia era obviamente el lugar de visita obligada en el siglo XVIII), la dorada Galería Ancestral de los gobernantes bávaros, vestíbulos dedicados a batallas ya libradas y habitaciones completas de porcelana proveniente de Berlín, Meissen y Nymphenburg. Los aficionados a las piedras preciosas, - diamantes, rubíes, esmeraldas y zafiros - no quedarán decepcionados con el tesoro y las joyas de la corona bávara. Tambián hay un excelente muestrario de antigüedades en el Museo de Arte Egipcio, posado en la esquina norte de la Residenz en la Odeonplatz. El Hofgarten está enfrente, con un Templo de Diana en el centro y vistas de las torres de la Theatinerkirche St Kajetan, otro de los lugares emblemáticos de la ciudad. Königsplatz Esta explanada a la intemperie se utilizaba como terreno pavimentado para los desfiles de los Camisas negras de Hitler, pero ahora la hierba ya ha vuelto a florecer y la puerta dórica Propyläen que se halla en el centro es testigo de conciertos de rock más que de ceremonias pomposas. La plaza está dominada por dos moles del resurgimiento del arte griego encargadas por Luis I para albergar aún más museos. El Glyptothek limita la plaza por el norte; está llena de esculturas griegas y romanas "tomadas prestadas" por Luis I durante una visita a Italia. Uno debe quitarse el sombrero ante la Barbarini Faun, una maravilla de la imponente desnudez masculina representada en mármol. La Colección de Antigüedades del Estado, en el extremo sur de la plaza, es un batiburrillo de jarrones antiguos, joyería, ornamentos, esculturas y objetos de los días de la gloriosa Roma (es un poco como si uno se tropezara con el ya olvidado atrezzo de la película Ben-Hur). La villa de imitación etrusca contigua a la Glyptothek es la Casa Lenbach, la antigua casa del retratista de Bismarck, Franz von Lenbach, que actualmente muestra una asombrosa colección de pinturas del siglo XIX; la parte de arriba dedicada a los pintores del Blaue Reiter gustará a los amantes de Franz Marc o de Kandinsky. Y para los que quieran ver más museos, deben dirigirse más al norte, donde hay numerosas: en la lte Pinakotehk se pueden ver obras de Botticelli, Durero, van del Weyden y Rubens; en la Neue Pinakothek piezas de Van Gogh, Manet y Goya; y en la Pinakothek der Moderne, para artes aplicadas, gráficos y arquitectura. Viktualienmarkt Se necesitan recargar las pilas después de haber visitado el sinfín de museos de Munich, y dónde mejor que pelear por un plato de comida que en el Viktualienmarkt, uno de los mercados de víveres más grande de Europa. Abarca una inmensa superficie, llena de mesas y puestos crujiendo por el peso de los alimentos frescos, pero sobre todo no se debe tocar la mercancía o las famosamente malhumoradas Marktfrauen se pondrán histéricas. El mercado se convierte en un gran jardín de la cerveza (Biergarten) en verano, cuando hay un Maypole (un estandarte bávaro muy popular y pintado a rayas de color azul y blanco, que simboliza el despertar de la primavera) digno de fotografiar en el centro. Una vez ya saciados, los visitantes deben aliviarse volviendo a los museos y visitando el cercano Centro de los museos poco corrientes, donde encontrarán de todo desde orinales a conejitos de Pascua (un típico pastelito alemán de azúcar y masa que se come por estas fechas). Uno debe cambiar lo ridículo por lo sublime bajando por el río hasta el Museo Alemán, el museo de la ciencia y tecnología más grande del mundo. Se puede visitar durante semanas y sólo ver una ínfima parte del total de las exposiciones. Las muestras abarcan temas como la minería, los ferrocarriles, la química, las telecomunicaciones y los automóviles (dé un vistazo a los primeros modelos de BMW, sobre todo si no lo ha hecho en el Museo BMW del Olympiapark). La parte del Forum der Technik alberga un planetario y un cine IMAX. Jardín Inglás (Englischer Garten) Después de tanto museo, lo mejor es quitarse la ropa y tomar un poco de aire fresco. El parque urbano más grande del mundo (5 x 1,5 km) es el lugar ideal para tomar el sol sin ropa así como el sitio idóneo para el paseo diario, ir en barca y empaparse con Pilsners en un jardín de la cerveza. Uno de ellos posee una Torre China plantada en el medio, que data de antes de la construcción del parque en 1789. El parque fue donado al populacho por el menos popular de los gobernantes de Munich, el Elector Carlos Teodoro, en un esfuerzo por evitar cualquier intento por emular el comportamiento de los revolucionarios franceses. Un brazo del río Isar fluye a través del parque, cuya atracción añadida en uno de sus fríos rápidos es la práctica del surf, deporte instaurado en el momento en el que un soldado de las tropas de ocupación estadounidenses enceró una improvisada tabla y salió en busca de olas en un estado que no daba ni al mar. El antiguamente bohemio barrio de Schwabing se prolonga paralelamente al Jardín Inglés. El visitante puede dirigirse allí por su elegante arquitectura Jugendstill, sus animados restaurantes y su movida de bares a lo largo de la marchosa Leopoldstrasse. Schloss Nymphenburg Este palacio barroco de película fue construido de 1664 a 1758 como residencia de verano de la familia real. Hay un comedor de dos pisos decorado con unos fabulosos frescos, una habitación llena de tapices gobelinos, una sala heráldica, una sala china esmaltada, y la Galería de las Bellezas, revestida con los retratos de 38 bellezas locales a quienes Luis I les habría puesto el ojo (incluyendo una provocativa representación de Lola Montez). Los Establos Reales muestran el coche nupcial sin estrenar de Luis II (ya que no hubo compromiso) y el Museo de la Porcelana se halla en la antigua fábrica de porcelana Nymphenburg. Un parque de estilo inglés rodea el palacio, culminado por un canal central, diversas construcciones ostentosas por fuera pero sin nada dentro, un pabellón de caza con cristal y oro por doquier, una casa china, unos baños, la casita de la bruja, invernaderos tropicales y un museo de historia natural. La colonización de Munich se remonta a la época romana, pero en el siglo VIII los monjes benedictinos se cuelgan la medalla al poner la ciudad en el mapa; de ahí el nombre Munichen o "poblado de monjes". La fecha del nacimiento oficial de la ciudad se sitúa en 1158, año en el que el régimen imperial de los Habsburgo autorizó el efímero gobierno de Enrique el León. En 1240 Munich pasó a manos de la Casa de los Wittelsbach, y la ilustre familia Wittelsbach dominó la ciudad (y toda Baviera) hasta el siglo XX. En 1255 Munich se convirtió en una residencia ducal, y durante el siglo siguiente se ensanchó, se fortificó y se le concedió el monopolio del comercio de la sal a Luis el Bávaro, constructor del Alter Hof. Los cimientos para una ciudad rica y comerciante ya estaban en su sitio, y consiguientemente, durante más de 200 años la ciudad prosperó debidamente hasta convertirse en la capital del Ducado de Baviera en 1503. La única mancha negra se produjo por la devastación causada por la peste, que visitó varias veces la urbe durante un período de más de 150 años desde 1349. Más tarde, se mejoró gradualmente el alcantarillado y la higiene, y ya por el año 1505 la población se estabilizó en 13.500 habitantes. La Reforma fue mal recibida por el Duque de Baviera, Guillermo IV, y Munich permaneció firmemente católica. La urbe era la capital de la Contrarreforma en Alemania; su importancia se subrayó con la construcción de los arruinadores esplendores del Renacimiento como la Residenz, la Biblioteca del Estado de Baviera y la Michaelskirsche (la Iglesia de San Miguel). Munich se rindió temporalmente a los suecos en la Guerra de los Treinta Años, y estuvo bajo el gobierno de los Habsburgo desde 1705 a 1714. Los arreglos de Napoleón de la jerarquía real de Alemania ascendieron a Baviera a una categoría de reino y doblaron sus dimensiones, y en 1818 se convirtió en el primer estado alemán que disponía de una constitución escrita. El Elector Maximiliano José fue coronado como primer rey de Baviera, y gracias a él, el Oktoberfest es hoy en día un gran acontecimiento: en 1810 montó esta fiesta para celebrar la boda de su hijo, el Príncipe de la Corona Bávara Luis I, que se ha mantenido desde entonces. Las cosas empezaron a funcionar de verdad en el siglo XIX, con el traslado de la universidad a Munich y con la llegada del primer ferrocarril de Alemania. Luis I empezó un grandioso programa de construcción que transformó la capital convirtiéndola en un centro cultural y artístico: la Königsplatz, la Alte Pinakothek, la Ludwigstrasse, el Ruhmeshalle en Theresienwiese y partes de la Residenz datan de este período. Luis consiguió su ruina por su absolutismo, la censura de la prensa y por el encaprichamiento público por esa legendaria seductora de monarcas llamada Lola Montez, y en 1848 cedió la corona a su hijo Maximiliano II, quien supervisó la industrialización de la ciudad. El último rey de Baviera fue el inolvidable Luis II (1845-1886), apodado "el rey loco" por sus tendencias solitarias y sus extravagancias a la hora de construir castillos que arruinaron al reino. Baviera perdió su independencia cuando Luis II apoyó al bando perdedor en la Guerra Franco-Prusiana, y el estado fue finalmente absorbido por el nuevo Reich Alemán en 1871. El rey fue declarado mentalmente incapaz en un examen psicológico sospechoso que se le practicó en 1886. Fue arrestado y poco después fue encontrado ahogado, aparentemente en misteriosas circunstancias. En el cambio de siglo, Munich tenía más de medio millón de habitantes y casualmente el mejor entramado de luz eléctrica de cualquier ciudad de Europa. Artistas como Kandinsky, Marc, Klee, Strauss, Ibsen y Mann hicieron de la ciudad su hogar, agrupándose en el barrio bohemio de Schwabing. Munich pasó muchas penurias en la Primera Guerra Mundial, y como semillero de alborotos políticos de posguerra y también a causa de la ruina económica, era un terreno fértil para que arraigara el movimiento Nacional Socialista de Adolf Hitler. En 1920, el partido organizó su primera concentración en el Hofbräuhaus de Munich y la ciudad fue tachada por generaciones venideras como la sala de máquinas de las operaciones de Hitler después de 1933, año en el que se adueñó de Alemania. Justo pocas semanas después de su ascensión al poder, el primer campo de concentración se instaló al norte de la ciudad de Dachau, y el destino de los judíos de Munich se decidió en la terrorífica noche Noche de los cristales rotos en 1938. Munich fue seriamente dañada por los bombardeos de los aliados de la Segunda Guerra Mundial, cuyos resultados redujeron a cenizas casi la mitad de la urbe, que fue ocupada por las tropas de EE UU el 30 de abril de 1945. En los años de la posguerra, el núcleo histórico de la ciudad se fue reconstruyendo poco a poco, su población se consolidó y se convirtió cada vez más en un eje para la industria editorial, la moda, el cine y las grandes empresas como Siemens, BMW y MAN, fabricante de camiones. El impresionante programa de reconstrucción condujo a Munich a ser la anfitriona de los Juegos Olímpicos de 1972, un evento que pasó de celebración a tragedia cuando 11 atletas israelíes fueron asesinados por terroristas palestinos. Hoy en día, la mayoría de alemanes dicen que les gustaría vivir en Munich si tuvieran la oportunidad, atraídos por su mezcla de conservadurismo y de vitalidad artística, por la sofisticación de una gran urbe y por sus sencillas diversiones. · Castro Castro, Antonio: Munich en fiestas, Autor-editor, Zaragoza, 1982 · Bacheschi, Edi: Alte Pinakothek de Munich, Noguer y Caralt, Barcelona, 1974 · Gallego Margalef, Fernando Josá: De Munich a Auschwitz, Plaza y Janás, Barcelona, 2001 · VV AA: Cuentos románticos alemanes, Ediciones Siruela, Madrid, 1992 · Bentley, James; Catling, Christopher; Locke, Tim: Munich y Baviera, Ediciones Granica, Barcelona, 1995
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