Nombre oficial: Canadá Superficie: 9.970.610 km² Población: 33.573.000 hab. Capital: Ottawa (900.000 hab.) Nacionalidades y etnias: 28% de origen británico, 23% de origen francés, 3% de origen italiano, 2% aborígenes y minorías de otras procedencias Idioma: inglés, francés y 53 lenguas nativas Religión: 43% católicos, 27% protestantes, 28% otros Régimen político: democracia parlamentaria Gobernador General: Michaëlle Jean Primer Ministro: Stephen Harper
PIB: 1.303.230 millones de dólares PIB per cápita: 39.183 dólares Crecimiento anual: 3,3% Inflación: 2,4% Principales recursos económicos: minerales procesados y sin procesar, productos alimentarios, madereros, de papel y químicos, equipamientos de transporte, pesca, petróleo y gas natural Principales socios comerciales: Estados Unidos, Japón, Unión Europea (Reino Unido, Alemania, Países Bajos), China y Corea del Sur.
Visados: los viajeros procedentes de la UE no necesitan visado si su estancia no supera los tres meses. Sí lo necesitan aquéllos procedentes de Portugal, República de Sudáfrica, Hong Kong (excepto los que tengan un pasaporte SAR), Corea del Norte, Taiwán, algunos países de Europa del Este y países en vías de desarrollo. El sello de entrada para una estancia inferior a seis meses es gratuito. Condiciones sanitarias: óptimas Hora local: existen seis zonas horarias distintas, entre GMT-5 y GMT-9 Electricidad: 125V, 60Hz Pesos y medidas: sistema métrico Turismo: 50 millones de visitantes al año; el 90% procede de Estados Unidos OtawaLa capital de Canadá se extiende a la orilla sur del río Ottawa, en el extremo este de Ontario. Es la ciudad sede del gobierno, y se caracteriza por los edificios del Parlamento, de estilo neo-gótico. Se oye mucho hablar francés, puesto que los funcionarios deben ser bilingües. No hay demasiadas cosas excitantes para hacer en Ottawa, aparte de estar en una capital, pero el aire está limpio, las calles son anchas, abundan los parques públicos y los ciudadanos parecen gente feliz y saludable pues corren o van al trabajo andando. En la ciudad hay numerosos edificios impresionantes, como suele ocurrir en la mayoría de capitales: el Museo de la Guerra (con una réplica a tamaño real de una trinchera de la Primera Guerra Mundial), el Royal Mint, varias casas habitadas por ministros y museos que hacen justicia de los iconos del país: naturaleza, aviación, ciencia y tecnología, esquí y agricultura. Ottawa alberga también la colección de arte más importante del país en la National Gallery, que muestra una selección de obras norteamericanas y europeas. En verano la ciudad se llena de color con los uniformes rojos de la Royal Canadian Mounties, la policía montada. El Rideau Canal divide el centro de Ottawa en la orilla este y la oeste. En la parte este se encuentran numerosas casas de huéspedes, muchas de ellas con un importante patrimonio. Los moteles se agrupan en Rideau Street al este, y en Carling Ave en la orilla oeste de la ciudad. Byward Market, al este del canal, concentra lugares baratos para comer, y la en la parte oeste hay restaurantes más caros. TorontoLa ciudad más grande de Canadá se caracteriza por su multiculturalismo. En sus calles se pueden escuchar más de 100 idiomas y se estima que el 40% de la población nació fuera del país. El símbolo que identifica a la ciudad es la CN Tower, la estructura independiente más alta del mundo. Harbourfront es un buen lugar para dar un paseo o comer en un almacén restaurado. La ciudad tiene un montón de buenos museos, desde el Bata Shoe Museum (museo del calzado) hasta el Jockey may of Fame, que se encuentra en un hermoso edificio. Algunos de los edificios mejor conservados pueden verse en York Old Town, con una colección de arquitectura doméstica incomparable en Cabbagetown. Y a tan sólo dos horas en automóvil se encuentra una de las atracciones más famosas, especialmente para los norteamericanos, las Cataratas del Niágara. MontrealLa pasión y el orgullo están tan arraigados en esta elegante isla bilingüe como profundas son las aguas que la circundan. Fundada en el celo religioso y como centro para el comercio de pieles, Montreal vivió las luchas entre británicos y franceses pero, afortunadamente, hoy tan sólo se libran en las urnas. El Mont Royal, con 232 m, es la montaña más alta de la zona y de ella proviene la denominación de la ciudad. La parte antigua de Montreal presenta algunas joyas arquitectónicas del siglo XVIII, como el museo de arqueología e historia de Pointe-à-Callière. Cuando el tiempo empeora (el invierno en esta ciudad es famosa por sus inclemencias climáticas), el refugio adecuado es su acogedor laberinto subterráneo de restaurantes, tiendas y bares. La mayoría de los hoteles se encuentran en la parte oeste del centro de la urbe, pero conseguir una habitación durante el verano o Navidad es casi una batalla. La vida nocturna en Montreal es bastante agitada y se define por dos estilos diferentes, el inglés y el francés. Además, ésta es la ciudad donde los locales nocturnos cierran más tarde. En los últimos años, los mejores clubes se han ido estableciendo alrededor del Plateau, al extremo sur del núcleo urbano. VancouverEsta ciudad, una de las más bellas del país americano, conquista el corazón del viajero sin mayores esfuerzos. Desde la colina sobre la que está construida, o desde los muchos puentes que la cruzan, se disfruta de impresionantes vistas del océano Pacífico, la bahía y la propia urbe. El clima es suave, según los parámetros canadienses, y se respira un ambiente despreocupado y alegre al estilo californiano que hace que incluso sus vecinos estadounidenses se deshagan en alabanzas. El centro de la ciudad ofrece un vivo mosaico de interesantes atractivos para los turistas, y que abarca desde el renovado encanto victoriano de la zona antigua de Gastown hasta los frondosos espacios del parque Stanley, uno de los más grandes del mundo dentro de una metrópoli. Vancouver dispone también, a muy corta distancia, de famosas playas de arena donde practicar el surf, como la Wreck Beach, y de numerosas posibilidades para realizar excursiones, descender en aguas bravas o ir de picnic en la misma ciudad. En los alrededores se halla la isla de Vancouver, donde puede procederse a la observación de ballenas y disfrutar de innumerables maravillas naturales. Huelga añadir que, en verano, Vancouver rebosa de visitantes. Montañas RocosasSituadas a lo largo de la frontera entre Alberta y la Columbia Británica, las Montañas Rocosas están situadas dentro de dos parques nacionales gigantes: el Banff, al sur, y el Jasper, al norte. El Parque Nacional Banff fue el primer santuario oficial de la vida salvaje en Canadá, y hoy en día la ciudad que le dio nombre se ha convertido en el primer centro turístico del país, tanto en verano como en invierno, aunque el Parque Nacional Jasper sea más extenso e inexplorado. El magnífico lago Moraine, de aguas azul turquesa, se encuentra en Banff; a pesar del peligro de convertirse en una de las imágenes más explotadas del país, no deja de ser una de las más bellas atracciones naturales de Canadá. Los parques Banff y Jasper están unidos por el Columbia Icefield, un gran bloque de hielo del período glaciar, formado por unos treinta glaciares. Esta zona ofrece otras opciones, como pasear a través del parque natural, bañarse, visitar cuevas, ir de acampada, hacer excursiones, descender en canoa, bañarse en fuentes de agua caliente o escalar montañas. Las Montañas Rocosas, quintaesencia de Canadá, ofrecen también multitud de lugares para alojarse a precios que, generalmente, son más bajos en los lindes del parque Jasper. Las Grandes LlanurasDesde la base de las Montañas Rocosas y en dirección a Alberta, Saskatchewan y Manitoba, se extienden las amplias mesetas canadienses en el corazón del territorio, cubiertas de dorados trigales y girasoles. No es extraño oír a los lugareños quejarse de que, a pesar de la belleza de las Montañas Rocosas, éstas les impiden contemplar el paisaje. Entre las zonas de interés más populares de Alberta se encuentra el curiosamente denominado patrimonio de los indios Pies Negros, formado por el Head-Smashed-In Buffalo Jump, cerca del fuerte Macleod. El Parque Nacional Riding Mountain, con 3.000 km2 de superficie, es un oasis arbolado entre las praderas de Manitoba, donde pasean tanto bisontes como ciclistas. En la región de Saskatchewan, las praderas se alternan con parques nacionales de nombres evocadores, y existen más rutas en canoa que carreteras. Yorkton, población situada al norte del parque provincial del lago Crooked, es una de las sorpresas que depara esta zona. Aquí las iglesias con cúpulas de cebolla reflejan la herencia de la cultura ucraniana. Al sur de este pueblo se emplaza el diminuto Rocanville, uno de los municipios especializados en el cultivo en círculo más modernos de Canadá. Mucho antes de que Colón descubriera América en 1492, hace aproximadamente veinte mil años algunas tribus prehistóricas procedentes de Asia ya habían cruzado el estrecho de Bering que separa los dos continentes. Y hacia el año 1000 d.C. los vikingos, los primeros visitantes europeos en llegar, ya habían tratado de asentarse en Terranova, al norte del país. Cuando los europeos llegaron encontraron las tribus indias canadienses, con multitud de lenguas, costumbres, creencias religiosas, modelos comerciales, arte y artesanía, leyes y gobierno. Las luchas entre ingleses y franceses por conseguir el territorio finalizaron cuando, en 1534, el explorador francés Jacques Cartier remontó el río San Lorenzo hasta las actuales Montreal y Quebec; pero no fue hasta el siglo XVII cuando se fundaron las primeras colonias. A principios del siglo XVII el explorador francés Samuel de Champlain fundó la ciudad de Quebec y en 1663 Canadá, que por entonces era hogar de unos tres mil colonos franceses, se convirtió en una provincia de Francia. Cuando los galos iniciaron el comercio de pieles, los británicos entraron en escena y crearon, en 1670, la Compañía de la Bahía de Hudson, con la intención de repartirse este negocio. Durante cierto tiempo, ambas culturas europeas convivieron en paz hasta el estallido de la Guerra de los Siete Años, que se saldó con la derrota de los franceses y con la definitiva cesión de Nueva Francia a los británicos por el tratado de París (1763). Al término de la rebelión de las colonias británicas de América (1775-1783), unos cincuenta mil colonos norteamericanos fieles a Gran Bretaña emigraron de Estados Unidos a Canadá, lo que equilibró bastante la población francesa y británica en el país. En la guerra de 1812 entre Estados Unidos y Gran Bretaña, los norteamericanos trataron de invadir Canadá en diversas ocasiones; temerosos de perder el control sobre la colonia americana, los británicos proclamaron la ley de 1867, mediante la cual se creaba un nuevo estado, la Confederación de Canadá. En 1885, finalizaba la construcción del ferrocarril canadiense del Pacífico, uno de los grandes capítulos de la historia del país, que unía las costas oriental y occidental. En 1912, todas las provincias formaban parte del gobierno central, a excepción de Terranova, que se sumaría en 1949. Después de la I Guerra Mundial Canadá se había convertido en una potencia internacional. Durante la segunda gran contienda, luchó una vez más junto al bando británico contra Alemania, aunque esta vez también participó en acuerdos de defensa con Estados Unidos, declarando la guerra a Japón tras el ataque a Pearl Harbor. En los años posteriores a la II Guerra Mundial se produjo una gran oleada inmigratoria, que se volvería a repetir durante los años sesenta; ciudadanos procedentes de países asiáticos, árabes, indios, italianos, hispanos y caribeños se instalaron en el país. El período de posguerra fue una época de expansión económica y prosperidad. Los festejos del centésimo aniversario en 1967 tuvieron como punto álgido la Exposición Internacional de Montreal. A partir de 1975, el gobierno firmó una serie de acuerdos con los pueblos nativos sobre el derecho a la tierra, concediéndoles el control de vastas extensiones territoriales en la parte norte. Los levantamientos sociales en la década de los años sesenta pusieron de manifiesto el resentimiento que Quebec aún conservaba hacia la zona anglófona de Canadá. En 1976, el Partido quebequés, defensor de la independencia, venció en las elecciones provinciales. En 1980 se celebró un referéndum sobre la soberanía en el que los separatistas fueron derrotados por un 60 % de votos. En las elecciones de octubre de 1995, los resultados fueron mucho más ajustados, y la unidad del país se mantuvo por unos escasos miles de votos. El Primer Ministro, Jean Chrétien, ha tratado de apaciguar los ánimos de los habitantes de Quebec mediante el reconocimiento de una _sociedad diferencial_ en la provincia. En el año 2000, Chrétien convocó elecciones anticipadas y se aseguró su continuidad en el cargo durante el que será su tercer mandato. Mientras tanto, se continúa lamentando la muerte del antiguo primer ministro Pierre Trudeau, y la decepción por no haber conseguido ser la sede de los Juegos Olímpicos de 2008 está desvaneciendo poco a poco. Otros asuntos de interés a tener en cuenta por el gobierno canadiense durante los primeros años del nuevo milenio son los impuestos, el mantenimiento de los programas sociales y la seguridad nacional a raíz de los atentados terroristas del 11 de septiembre 2001 en Estados Unidos. Los últimos años de la historia de Canadá se caracterizan por las tensas relaciones entre el poder ejecutivo y el legislativo y una vuelta a la austeridad económica, si bien es cierto que en conjunto el país no ha sufrido la recesión económica. Los bancos y las instituciones financieras canadienses no están demasiado endeudadas y sus niveles de desempleo (8,1% en mayo de 2010) son bastante aceptables. Las tradiciones indígenas son una de las manifestaciones culturales que más han influido en la propia identidad del país. El arte de los inuit del norte es quizá una de las muestras más distintivas, en especial sus esculturas y tallas en piedra y hueso. Los estampados, la cestería y la escultura son otros campos en los que sobresalen los artistas nativos. Durante años, el pueblo canadiense ha luchado por conservar y afianzar su identidad cultural, debido a la gran influencia que Estados Unidos ha ejercido sobre él. En las tres últimas décadas ese sentimiento de desasosiego ha dado lugar a un gran flujo de grandes escritores como Margaret Atwood, Alice Munro, Robertson Davies, Michael Ondaatje, Mordecai Richler y Réjean Ducharme, así como de músicos de renombre internacional, como Leonard Cohen, Joni Mitchell, Neil Young, K.D. Lang, Alanis Morrisette y los Cowboy Junkies. Los idiomas oficiales del país son el inglés y el francés; ambos aparecen en mapas, folletos turísticos o etiquetas de productos, aunque en realidad la única provincia oficialmente bilingüe es New Brunswick. Sin embargo, el francés canadiense difiere del hablado en Francia; una muestra es el dialecto propio de Quebec, que por sus particularidades se denomina quebecois. Las diferencias entre Quebec y el territorio anglohablante de Canadá no se reducen al idioma. La influencia francesa en la provincia también se refleja en la arquitectura, la música, la gastronomía o la religión. Con tantas diferencias culturales, se intuye que las relaciones entre ambas partes del país puedan ser, en el mejor de los casos, problemáticas. En Quebec existe una sensación generalizada de que el resto del país no entiende ni valora sus diferencias y deseos, razón por la que muchos de sus habitantes están a favor de una relación de soberanía con el resto del territorio. La gastronomía en el Canadá anglófono basa su ideal, siguiendo la tradición británica, en una dieta ligera; aunque no existe ninguna exquisitez culinaria representativa de esta zona, abunda la buena mesa. En la mayoría de las ciudades es corriente encontrar restaurantes griegos, italianos, indios y chinos. En Quebec, sin embargo, existen algunos platos característicos dignos de mención, como la sopa francesa de guisantes, las tourtières (pastel de carne) y el poutine (patatas fritas con salsa y requesón). En las provincias de la costa atlántica, los franceses de Acadia cocinan una especie de pastel de carne de cerdo, pollo o almejas cubierto con puré de patatas gratinado (paté à la rapure). Quebec es también el mayor productor del mundo de jarabe de arce, elaborado a partir de la savia hervida de estos árboles. En Canadá se elaboran quesos de gran calidad, especialmente los cheddar. En ambas costas del país puede saborearse abundante y delicioso marisco a muy buen precio. Existe un gran número de leyes y normas que regulan la venta de bebidas alcohólicas; por lo general, éstas deben comprarse en tiendas estatales, que en muchos casos cierran por la noche y los domingos (excepto en Ontario) y, por norma, también durante las vacaciones. La única excepción la constituye Quebec, donde puede comprarse vino y cerveza en cualquiera de los establecimientos locales denominados Deppaneurs. Canadá limita al sur con Estados Unidos, con el océano Atlántico al este, con el Pacífico al oeste y al norte linda con el estado de Alaska y con el océano Ártico. Con una extensión de aproximadamente 7.700 km de este a oeste y 4.600 km de norte a sur, es el segundo país más grande del mundo, por detrás de Rusia. Cerca del 90 % de la población canadiense se concentra en los 6.379 km de la frontera sur con el país vecino. Aunque la mayor parte está ocupada por ríos y lagos, y sus bosques cubren el 30 % su territorio; también destacan zonas montañosas, mesetas e incluso un pequeño desierto. Las Grandes Llanuras, también conocidas como La Pradera, cubren las regiones de Manitoba, Saskatchewan y parte de Alberta, antiguas tierras de pasto donde en la actualidad se produce la abundante cosecha de trigo del país. En el oeste se hallan las famosas Montañas Rocosas, mientras que en la zona este de Canadá se encuentran las ciudades más relevantes y los espacios geográficos más visitados, entre ellos las míticas cataratas del Niágara. El Escudo canadiense ocupa la mayor parte del norte y es una antigua región rocosa y de arena glaciar que se formó hace más de 2.500 millones de años. En la zona ártica del extremo septentrional son comunes las formaciones de tundras heladas, que se funden con islas rodeadas de hielo durante todo el año. Canadá es un bello mosaico de flora y fauna autóctona; sus ocho zonas de vegetación están dominadas en su mayoría por frondosos bosques. Entre las variedades arbóreas más comunes destacan la picea blanca y negra, el abeto de bálsamo, el cedro rojo occidental, el pino blanco y el arce, uno de los símbolos más famosos del país, cuya hoja forma parte de su bandera. Canadá cuenta con diversas especies de animales endémicos, entre los que se incluyen osos pardos, negros, marrones y polares, castores, búfalos, lobos, coyotes, linces, pumas, ciervos, caribúes, wapitíes y alces; asimismo existen 500 especies distintas de aves, como la gran garza azul, el ganso canadiense y múltiples variedades de patos. Su riqueza natural engloba 39 parques nacionales, más de 140 parques históricos nacionales; su importancia natural también ha sido reconocida por la Unesco al declarar 11 zonas naturales Patrimonio de la Humanidad. Las cuatro estaciones están bien diferenciadas en Canadá, aunque su comienzo varía en las distintas latitudes; por regla general, cuanto más al norte, más bajas serán las temperaturas y, de hecho, no es una coincidencia que las zonas más templadas del sur sean también las más pobladas. El clima en las costas es muy húmedo durante todo el año, aunque la época con mayores precipitaciones coincide con el invierno. Las mesetas de las regiones de Saskatchewan, Manitoba y el este de Alberta presentan un ambiente muy seco a lo largo del año. Los inviernos canadienses son largos, con una temperatura media en enero de -18°C en más de las dos terceras partes del país. Los meses más templados son julio y agosto, cuando se suelen alcanzar valores próximos a los 20ºC. · Curtis, Edward S.: En los bosques y llanuras del Canadá: chipewas, cris, sarsis, José J. De Olañeta Editor, Palma de Mallorca, 1995. · Macmillan, Cyrus: Niño del cielo rojo del atardecer y otros cuentos indios de Canadá, José J. De Olañeta Editor, Palma de Mallorca, 1994. · Atwood, Margaret: Resurgir, Muchnik Editores, Barcelona, 1994. · Munro, Alice: Las lunas de Júpiter, Ediciones Versal, Barcelona, 1990. · Davies, Robertson: Asesinato y ánimas en pena, Editorial Destino, Barcelona, 1996. · Ondaatje, Michael: En la piel de un león, Ediciones Destino, Barcelona, 1999
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