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Bahamas
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Aprovechando su cercanía con Estados Unidos, Bahamas ha conseguido promocionarse como un destino popular entre los miembros de la jet set y otras aves de paso que huyen del invierno norteamericano. Nassau, su bulliciosa capital con su crecimiento descontrolado, es ya prácticamente indistinguible de las metrópolis estadounidenses. Y sin embargo, permanecen muchos lugares entre las 700 islas y los 2.500 cayos del país donde desaparecer en un manglar, explorar un arrecife de coral y escapar de los complejos hoteleros y el turismo de masas.

La que fuera república pirata en el siglo XVIII se convirtió en el paraíso de los banqueros del siglo XX, como mínimo en Nueva Providencia y Gran Bahama. En el resto, conocidas antaño como las islas Exteriores, pero denominadas en la actualidad con el eufemístico nombre de islas Familiares, el ambiente se dirige hacia los ritmos de la vida antillana en detrimento del turismo norteamericano. Sin lugar a dudas, el visitante se sentirá más integrado en el entorno local escuchando un grupo de rake 'n' scrape en un bar de un cayo apartado que bronceándose en la piscina de un hotel de Paradise Island.

Nombre oficial: Commonwealth de las Bahamas
Superficie: 13.880 km²
Población: 342.000 hab.
Capital: Nassau (190.000 hab.)
Nacionalidades y etnias: 85% de origen africano, 12% de origen europeo, 3% asiáticos e hispanos
Idioma: inglés
Religión: 32% baptistas, 20% anglicanos, 19% católicos romanos, 6% metodistas, 6% iglesia de Dios, 12% otros protestantes, 3% sin respuesta o posicionamiento, 2% otros
Régimen político: parlamentario
Gobernador General: reina Isabel II, representada por el gobernador general sir Arthur A. Foulkes
Primer Ministro: Hubert Alexander Ingraham

PIB: 9.228 millones de dólares
PIB per cápita: 27.394 dólares
Crecimiento anual: 1,9%
Prefijo telefónico: desde Norteamérica, hay que marcar 1+242+ el número local de siete dígitos. Desde cualquier otro país, se debe marcar el prefijo de llamadas internacionales local +1+242+ el número local de siete dígitos

Visados: los ciudadanos estadounidenses no necesitan pasaporte ni visado para una estancia de menos de ocho meses, pero deben demostrar su ciudadanía. Los visitantes de la Unión Europea, Chile y México precisan pasaporte, pero no visado, para estancias de hasta tres meses. Argentinos, bolivianos, colombianos (con el visado Green Card estadounidense), costarricenses, ecuatorianos, salvadoreños, guatemaltecos, hondureños, nicaragüenses, panameños, paraguayos, peruanos, uruguayos y venezolanos tampoco necesitarán visado si su estancia no supera los 14 días. Los pasajeros que llegan en avión deben tener un billete de regreso o de salida hacia otros destinos.
Condiciones sanitarias:quemaduras solares e insolación, fiebre miliar, deshidratación, infecciones micóticas, diarrea, giardiasis, HIV-SIDA, tétanos, medusas.
Hora local: GMT-5
Electricidad:110 V, 60 Hz
Pesos y medidas: antiguo sistema británico

Durante todo el año Bahamas puede considerarse un destino apropiado para visitar. Los vientos alisios incesantes aseguran un ambiente agradable, de manera que, a excepción de las islas más meridionales, donde el calor estival resulta infernal (de junio a agosto), el clima no se convierte en un factor decisivo a la hora de decidir la fecha del viaje. El mejor momento coincide con el cálido y ventoso verano, cuando la cálida temperatura del agua del mar permite permanecer durante horas en ella. Las temperaturas invernales en las islas septentrionales y occidentales pueden ser sorprendentemente frías. En verano, la época pluvial se extiende de mayo a noviembre, momento en que existen escasas probabilidades de que se produzca algún huracán. La temporada alta abarca de mediados de diciembre a mediados de abril, y es entonces cuando los precios de los hoteles alcanzan su cota máxima.

Junkanoo, el festival más famoso del país, ha sido calificado de "eje central de la cultura bahamesa". Consiste en diversos acontecimientos organizados en distintos enclaves, alrededor de Navidad y Año Nuevo, cuando calles y poblaciones enteras retumban con el sonido de los cencerros, silbatos y los tambores de piel de cabra goombay, atrayendo a miles de visitantes extranjeros, aunque se trata fundamentalmente de una gran fiesta para la población local. El principal evento se inicia antes del amanecer del 26 de diciembre en la calle Bay Street, en Nassau, y unas veinte mil personas, entre autóctonos y foráneos, prolongan la juerga durante toda la noche.

El Caribbean Muzik Fest es una jam session de una semana a finales de mayo o principios de junio con una repartida representación de reggae, soca, junkanoo y bailes de salón y la actuación de los talentos más destacados de la música caribeña. Cada trimestre se organiza con alborozo la Apertura del Tribunal Supremo en la plaza de Rawson Square, en el centro de la capital, con la actuación de la Banda Real de la Policía de Bahamas.

Fiestas nacionales

1 de enero - Año Nuevo

Semana Santa - Viernes santo, Domingo de Resurrección

7 semanas después de Pascua - Pentecostés

Primer viernes de junio - Día del Trabajo

10 de julio - Día de la Independencia

Primer lunes de agosto - Día de la Emancipación

12 de octubre - Día del Descubrimiento

25 de diciembre - Navidad

26 de diciembre - Boxing Day (día festivo en Gran Bretaña)

Moneda
dólar bahameño

Comidas

· Presupuesto bajo: entre 5 y 15 dólares
· Presupuesto medio: entre 15 y 25 dólares
· Presupuesto alto: a partir de 25 dólares

Alojamiento

· Presupuesto bajo: entre 30 y 75 dólares
· Presupuesto medio: entre 75 y 140 dólares
· Presupuesto alto: a partir de 140 dólares

Bahamas destaca como destino de lujo. Con un desembolso de un mínimo de 200 dólares diarios se cubrirán todas las necesidades y aficiones que se deseen satisfacer, ya se trate de puros habanos o piedras preciosas libres de impuestos. Los visitantes con un presupuesto moderado deberán calcular entre 75 y 150 dólares al día, según la cantidad de islas que pretendan visitar. Bahamas se convierte en un reto para los espíritus ahorradores: incluso los más austeros necesitarán por lo menos 70 dólares por jornada. En invierno el alojamiento resulta un 30% más caro.

El dólar estadounidense se acepta por doquier, a diferencia de las divisas europeas, que no suelen recibirse con agrado. Si bien los cheques de viaje en dólares estadounidenses son admitidos, excepto en las islas más remotas, los expedidos en otras monedas sólo pueden canjearse en los bancos. Algunos hoteles, restaurantes y oficinas de cambio exigen una elevada comisión por cambiar cheques de viaje. Las principales tarjetas de crédito pueden utilizarse en todas las islas, y pueden encontrarse cajeros automáticos en los centros turísticos más importantes.

Las propinas son de rigor; en los restaurantes suele gratificarse con un 10 o un 15%. Muchos establecimientos hoteleros y restaurantes añaden a la cuenta un 15% en concepto de servicio. En este caso, no es necesario dar propina, a menos que el trato recibido se considere realmente excepcional. Los hoteles de Nassau y Gran Bahama cobran una tasa especial del 10%, mientras que los situados en las islas más alejadas perciben el 8% por este concepto.

Nassau

La capital está imbuida del moderno estilo de vida estadounidense pero matizado con un inconfundible sabor casi antillano. Nassau desprende un encanto especial, procedente de su mezcla de arquitectura antigua y vitalidad contemporánea, muy lejano a su carácter rústico y bullicioso cuando antaño la población estaba concurrida de piratas. El centro turístico se focaliza en la zona portuaria, una colmena donde la actividad se torna frenética cuando atracan los cruceros rebosantes de visitantes. En el centro histórico permanece un número considerable de construcciones de los siglos XVIII y XIX, muy bien conservados. La plaza del Parlamento está bordeada de los principales edificios gubernamentales del país.

Paradise Island, la isla del Paraíso, está unida a Nassau con un puente. En sus magníficas playas se han construido complejos hoteleros de gran lujo. Los aficionados a las plantas tropicales pueden contemplar más de trescientas especies en el exuberante Royal Victoria Garden. El corazón del barrio comercial se ubica en Bay Street, donde se puede ir de compras en el mercado de objetos de rafia y paja más grande del globo. La escalera de la reina, Queen's Staircase, de finales del siglo XVIII, fue construida por más de quinientos esclavos que trabajaron durante 16 años para excavar un camino parecido a un desfiladero en la cresta de piedra caliza al sur del centro de la urbe, hasta abandonar la obra inacabada, con la abolición del esclavismo en 1834.

Gran Bahama

Gran Bahama se ha convertido en el segundo destino más popular en las islas; está atestado de norteamericanos y cuenta con una consolidada infraestructura lúdica. Aparte de sus atractivos naturales, su interés se centra en los juegos de azar, las compras libres de impuestos y las prolongadas jornadas playeras. Pero los escasos valores naturales de la isla justifican, a pesar de todo, la visita: playas blancas como el azúcar, densos bosques de pino cubano y gran abundancia de vida salvaje.

La zona más afamada de la isla, Freeport/Lucaya, consta de una moderna extensión urbanizada con escaso encanto y aún menos elementos auténticamente bahameses. Situada en el extremo más al oeste de la costa meridional, Freeport alberga el Rand Memorial Nature Centre, con interesantes muestras de horticultura y senderos naturales, y el Garden of the Groves, un exuberante edén habitado por unas cinco mil especies de plantas y matorrales exóticos procedentes de todos los rincones del planeta. Estos jardines poseen además el Museo de Gran Bahama, dedicado a la historia de la isla desde los tiempos de los lucayas. Últimamente, Lucaya, distrito situado al sur de Freeport, está adquiriendo mayor prestigio. El Parque Nacional de Lucaya, un tesoro de 16 hectáreas, cuenta con el sistema de cavernas submarinas más grande conocido a nivel mundial, con sus murciélagos y agujeros azules; un manglar; estuarios navegables en kayak y bellas playas. Se puede acceder en coche, o alquilar una embarcación en cualquier establecimiento del puerto deportivo de Freeport/Lucaya

Eleuthera

Con su figura estilizada, esta isla ha supuesto desde siempre el destino preferido por los más afamados y adinerados, atraídos por los complejos hoteleros más selectos y la arena de un delicado matiz de color cristal rosado, aunque en estos últimos años el territorio principal de la isla ha perdido parte de su prestigio. El cayo cercano de Harbour Island, uno de los enclaves más exclusivos de Bahamas, se ha convertido en el espacio de moda: aquí se encuentra Dunmore Town, un antiguo pueblo de colonos británicos con edificios de doscientos años de antigüedad; la playa de arena rosada Pink Sands Beach ; y fantásticas oportunidades para el buceo y el submarinismo. Eleuthera también ofrece característicos paisajes terrestres y marinos e interesantes poblaciones a lo largo de sus casi 160 km de longitud. Harbour Island se halla a pocos kilómetros al este del extremo noroccidental de la isla, y a unos 95 km al noreste de Nassau.

Abaco

El rosario de islas de Abaco, adoptando la silueta de un bumerán, conforma la segunda masa de tierra más grande del país y comprende la isla principal de Abaco junto a los cayos de Abaco, un collar formado por docenas de pequeños islotes. El mar de Abaco, con sus aguas protegidas al abrigo del cayo, es un centro de atracción para los yates, y la cadena de islas se ha ganado el apodo de capital mundial del yachting. Técnicamente, Abaco incluye Gran Abaco, la parte inferior de la isla, y Pequeño Abaco, su extensión noroccidental. Gran parte de la población local habita en Marsh Harbour (la población más extensa de las Abaco) o en uno de los cuatro Loyalist Cays (el nombre proviene de los primeros habitantes de estos cayos, que arribaron tras huir de la persecución durante y después de la revolución americana). El turismo de Abaco se aloja en confortables casas y hostales en las playas arenosas, o a lo largo de los numerosos puertos deportivos. Walker's Cay, al borde de la corriente del Golfo, es uno de los principales enclaves de Bahamas para practicar la pesca deportiva. Verdaderos jardines de corales en aguas atlánticas seducen a buceadores y submarinistas. En tierra, la práctica totalidad de Abaco está cubierta por matorrales y pinares, propicios para la observación de aves y las excursiones en plena naturaleza.

Elbow Cay, a 10 km al este de Marsh Harbour, es un islote cubierto de maleza y pinos donde abundan los lagartos y los gatos asilvestrados, con una solitaria aldea denominada Hope Town, un pintoresco lugar que parece estar prendido a la tierra por un faro de 37 m de altura. Aunque se presente como una de las zonas más visitadas de Bahamas, sus habitantes se han esforzado en minimizar los efectos del turismo, y pueden enorgullecerse de casi un centenar de antiguas viviendas pintadas de alegres colores y bien conservadas, y de sus dos angostas calles peatonales de circunvalación alrededor de la aldea. Está especialmente indicada para pasear disfrutando de la tranquilidad, pero también se pueden escalar los 100 peldaños del faro para admirar la vista que se divisa desde lo más alto. La población cuenta con diversos museos, como el Wyannie Malone Museum, que alberga exposiciones sobre los indios lucayos y los colonos británicos; y el pequeño Cetacean Museum, dedicado a las ballenas.

Biminis

Las "islas en la corriente", según Ernest Hemingway, se extienden al borde de la corriente del Golfo, a tan sólo 80 km al este de Miami. En su conjunto, sólo cuentan con 26 km² de extensión y todas sus islas carecen de promontorios. Bimini del Norte (conocida como Bimini por la población local) cuenta con un perfil similar a una pinza de cangrejo invertida, 11 km de longitud y únicamente 366 m de costa a costa en su punto más ancho. Más abajo, y separada por 137 m de agua, se halla Bimini del Sur, un pedazo de tierra más voluminoso y prácticamente desierto. El grueso de las actividades se desarrollan en Alice Town, en Bimini, especialmente en los meses estivales, cuando los visitantes llegan en masa; es el lugar adecuado para pescar, relajarse, tomar cerveza en los bares y narrar historias acerca de grandes pescados. El ambiente se intensifica durante las vacaciones de Semana Santa, cuando los estudiantes organizan concursos de camisetas mojadas y consumen grandes cantidades de alcohol.

Las Biminis son reconocidas por sus oportunidades de pesca. El aficionado cuenta con una amplia variedad de especies a elegir: petos, atunes, peces espada, tiburones mako, barracudas, y en especial, peces aguja azules y otras variedades de esta familia, que se defenderán aguerridamente. Los buceadores y submarinistas se dejan seducir por las cristalinas aguas de las islas. Cerca de la costa de Bimini aparece Bimini Road, que muchos afirman formaba parte de la ciudad perdida de Atlántida. Y también se halla el famoso farallón de Bimini, que desciende en picado hasta una profundidad de más de 1.219 m. Las Biminis también son famosas por sus delfines salvajes, que no se asustan con la presencia de los submarinistas. En ocasiones, puede avistarse algún ejemplar del delfín manchado tropical, retozando y nadando gustoso junto a los seres humanos.

Long Island

Prácticamente intacta por el turismo, Long Island es la más espectacular de las islas Bahamas, con las grandes olas del Atlántico estrellándose contra los acantilados de la costa a barlovento, y las bahías de aguas poco profundas en la costa occidental. En su extremo norte se halla el cabo de Santa María, donde la costa occidental está formada por una larga playa de arena blanca que desciende hacia los remansos de color turquesa. Los arrecifes del extremo sur del cabo resultan excelentes para la inmersión. La base principal de la isla, Stella Maris, conforma un prestigioso centro de submarinismo y pesca deportiva. Esta localidad situada en la costa noreste puede considerarse un complejo residencial de lujo, con playas agradables y estanques creados por la marea. En la costa occidental se ubica McKann's Bay, una espectacular playa donde altas dunas protegen una amplia extensión de arena en forma de media luna, recortada por numerosas lagunas atestadas de aves marinas.

En el centro de la isla se halla el centro comercial Salt Pond, donde la llegada del barco del correo supone el acontecimiento más excitante. Aparte de la hermosa iglesia anglicana St Joseph, acoge pocos monumentos o vestigios relevantes, aunque se pueden efectuarse agradables excursiones por las dunas, donde se divisa el mar a ambos lados de las islas. A 24 km al sur de Salt Pond se halla el cayo del Muerto, donde los apasionados por la historia podrán rebuscar en los restos de una antigua plantación. En el sur de la población se encuentran las cuevas de Cartwright, utilizadas antaño por los indios lucayos y que en la actualidad albergan una colonia de murciélagos. Al sur del cayo del Muerto aparece la diminuta aldea Petty's, conocida por el famoso Wild Tamarind Pottery Studio, donde se puede curiosear o adquirir excelentes piezas de cerámica.

La isla del Gato

La isla del Gato, de forma alargada, es una de las menos afectadas por el turismo, y donde los isleños, que siguen practicando el obeah y el curanderismo, sobreviven con la cestería. Kilómetros de playa de arena rosada se extienden a lo largo de la costa atlántica; la accidentada orilla occidental presenta multitud de calas repletas de macabíes. Marismas, manglares, matorrales y bosques de caoba recubren el interior. New Bight, cerca del extremo meridional de la isla, actuó en sus orígenes como un asentamiento de esclavos liberados a principios del siglo XIX. Entre sus atractivos destaca la iglesia católica Holy Redeemer, una de las creaciones arquitectónicas del sacerdote anglicano apóstata padre Jerome; también diseñó la ermita del monte Alvernia, una construcción en la que se fusionan los estilos celta y mediterráneo, encaramada en lo alto de una colina al final de una escalinata de piedra. Desde la ermita se divisa un impresionante panorama de 360º, especialmente hermoso durante el alba o el ocaso del sol. Al norte de la población se ubica Armbrister Creek, en realidad un estuario recubierto de manglares y con numerosas calitas, indicado para explorar en canoa (que se puede alquilar en el cercano complejo hotelero de Fernandez Bay Village). Hacia el interior, se accede al lago cristalino Boiling Hole (agujero hirviente), que burbujea y rebulle con ciertos movimientos de la marea, alimentando el temor de los lugareños que creen en la presencia de un monstruo en sus aguas. Contra el fondo arenoso pueden distinguirse crías de tiburón y rayas nadando a sus anchas.

Andros

Andros es un lugar salvaje y de costas accidentadas, cubierto de grandes extensiones de sabanas con palmeras, bosques de caoba, pinos y palmitos y enormes manglares. La selva primigenia resulta impresionante; los isleños aseguran que está habitada por chickcharneys, pequeños duendes de ojos rojos que se alimentan de los desventurados que osan molestarles. En la costa oriental se percibe algún reducto de civilización: destartaladas chabolas rodeadas de vehículos oxidados y neveras desechadas.

Andros no está habilitada para acoger turismo; aparte de quienes practican la inmersión en el tercer arrecife más largo del planeta, los ornitólogos aficionados y los vagabundos playeros son los visitantes más frecuentes. Las islas cuentan con algunas poblaciones típicas de la zona, como una aldea que tiene por mascota un delfín que regresa cada año, un faro en ruinas, y la playa de Somerset Beach, una joya durante la bajamar. Red Bay, en el extremo noroccidental de Andros del Norte, está habitada por descendientes de los indios seminole, famosos por la belleza de sus trabajos de cestería.

Las islas resaltan como uno de los enclaves más propicios en el planeta para la práctica del buceo y el submarinismo, con 4.023 km de simas marinas, cavernas submarinas y agujeros azules, insondables oquedades repletas de agua que dan paso a las cavernas. Cada isla está rodeada de arrecifes de coral, y sus aguas ofrecen una visibilidad excepcional y unas temperaturas tan templadas durante todo el año que no se precisa traje de neopreno. Bajo la superficie puede contemplarse un extraordinario despliegue de vida marina, de un colorido y exotismo que rozan lo mágico: morenas, peces gruñones, barracudas, rayas, tortugas, peces ballesta, tiburones tigre, escaros y angelotes, destellando con todos sus colores fluorescentes, y una impresionante variedad de formaciones coralinas duras y blandas que, se calcula, suman un 5% de los arrecifes de coral del mundo. Permanecen numerosos restos de naufragios para explorar, incluso los de un tren en la costa de Eleuthera. Algunos isleños creen que parte de la ciudad perdida de Atlántida se halla bajo el agua, muy cerca de las Biminis. Pero sobre todo, Bahamas es famosa por las posibilidades que ofrece para disfrutar del submarinismo bajando por las paredes de las simas marinas situadas a lo largo de los bancos de Bahamas.

Cerca de la costa de Nueva Providencia también se suceden magníficos lugares para practicar este deporte, como el famoso Clifton Wall, en aguas de su costa suroccidental; así como la isla de Balmoral, cercana a la costa septentrional, y Razorback, que ha recibido su nombre por la afilada cresta de piedra caliza recubierta de coral que se eleva desde el arenoso fondo marino antes de desplomarse en la lengua del océano al Suroeste. Elbow Cay, en las inmediaciones de la costa de Abaco, cuenta con excelentes arrecifes en la cara atlántica. Las aguas más tranquilas cerca de Hope Town y la extremidad septentrional del cayo presentan formaciones de corales lobulados y en abanico, fácilmente accesibles a nado desde la orilla.

Las islas desbordan las posibilidades para efectuar innumerables actividades acuáticas, que incluyen el parapente, el esquí acuático y el windsurf. La mayoría de complejos hoteleros ofrecen la práctica de deportes acuáticos en sus precios, o como suplemento. La mayoría de estas actividades pueden desarrollarse en Nueva Providencia, Gran Bahama y Harbour Island. Cada enero se celebra el campeonato nacional de windsurf en Freeport (Gran Bahama). La naturaleza de Bahamas también alenta la navegación a vela, en especial las aguas protegidas del mar de Abaco (entre Gran Abaco y los cayos de Abaco) y el paso de Exuma. Ambas zonas se adecúan a las necesidades de los principiantes, ya que sus aguas son poco profundas y abrigadas, y nunca se pierde la tierra de vista.

Las aguas transparentes de los bancos de arena que rodean el perímetro de la mayor parte de las islas parecen haberse creado expresamente para la pesca de los macabíes. Esta especie de grandes ojos y cola partida es muy escurridiza, con lo que gran parte de la diversión -o frustración- consiste en encontrarles de entrada. Se pueden pescar durante todo el año, aunque abril y mayo, durante su época de desove, se convierten en los meses más productivos. Las aguas oceánicas del archipiélago también suponen un magnífico terreno de juego para bancos de peces aguja blancos y azules, delfines, petos y atunes como gran aliciente para la práctica de la pesca deportiva.

Bahamas también permite disfrutar con la observación de las aves. Más de dos docenas de reservas protegen a más de 230 especies. La isla indicada para esta práctica es la Gran Inagua, y el Parque Nacional de Inagua acoge la bandada más grande de flamencos antillanos del hemisferio occidental. Otros centros de interés ornitológico incluyen el Parque Nacional de Abaco; Man-O-War Cay (en las islas Abaco); la zona en las inmediaciones de Love Hill en la costa noreste de Andros del Norte; y Armbrister Creek, justo al norte de New Bight, en la isla del Gato.

Los habitantes originarios de Bahamas eran los lucayos, una tribu del grupo de los indios arahuacos, que llegaron a principios del siglo IX. Este pacífico pueblo subsistía principalmente de los recursos marinos, pescando y recolectando marisco, conchas, langostas y moluscos. Los escasos vestigios de su cultura se limitan a fragmentos de cerámica, petroglifos y palabras como canoa, caníbal, hamaca, huracán y tabaco. Cristóbal Colón plantó la bandera española en San Salvador (seguramente la actual Watling), cuando avistó por primera vez tierra americana en 1492. Tres años más tarde, los colonizadores españoles fundaron el primer asentamiento en el archipiélago, que sirvió como punto de concentración de los indios lucayos esclavizados por los españoles, y posteriormente embarcados hacia La Española. Al cabo de 25 años los cincuenta mil indios lucayos habían desaparecido y, finalmente, los conquistadores abandonaron el asentamiento.

En 1513, el español Juan Ponce de León navegó por el archipiélago en busca de la legendaria Fuente de la Juventud. En su lugar, encontró la rápida corriente del Golfo, que le empujó hacia Florida y su descubrimiento de América del Norte. Pronto los galeones españoles surcarían las coralinas aguas de Bahamas cargados de tesoros, desde los imperios de América Central y América del Sur, rumbo a España. Muchos naufragaron, sembrando las aguas del archipiélago con numerosos restos de estos galeones. Las historias de tesoros perdidos atrajeron a los piratas, que utilizaron Bahamas como guarida y base de operaciones. En su mayoría, las islas permanecieron inhabitadas y sin dueño, hasta que un siglo más tarde el rey Carlos I de Inglaterra se las concediera a su procurador general.

La guerra civil inglesa infestó las colonias con la persecución religiosa, y los puritanos de Bermudas se vieron obligados a abandonar sus asentamientos. En 1648, algunos de ellos zarparon en busca de una colonia más tolerante, y fue así como la Compañía de Aventureros para la Plantación de las Islas de Eleuthera arribó a la actual Abaco. Las rivalidades políticas sembraron la división entre ellos, y la mayoría siguieron hacia el Sur hasta la isla conocida entonces como Cigatoo (la actual Eleuthera), donde el barco embarrancó y se hundió. Unos pocos supervivientes salieron con botes de remos en busca de socorro, y llegaron hasta Jamestown (Virginia) cuyos residentes facilitaron provisiones a los náufragos abandonados en la isla desierta. Así nació la primera república independiente en la América colonial.

Durante el siglo XVII, la corona británica patrocinó a varios corsarios para que patrullaran las aguas internas de Bahamas y el mar circundante, promocionando la carrera de numerosos piratas y convirtiendo el asentamiento principal de Charles Town en una central de bucaneros. Tras la destrucción de la urbe a manos de una flota hispano-francesa en 1703, los corsarios proclamaron una República Pirata, sin leyes ni gobierno, y Edward Teach _más conocido con el apodo de Barbanegra- se auto proclamó su magistrado supremo. Esta situación perduró hasta 1714, cuando Gran Bretaña firmó el tratado de Utrecht, por el que suprimía el patrocinio y convertía a los piratas en forajidos. Durante el siglo siguiente, los bucaneros focalizaron su actividad en saquear navíos de todas las nacionalidades y asaltar poblaciones y plantaciones tanto en el Caribe como en las Carolinas. El gobernador de la corona británica (él mismo ex pirata) venció a los corsarios, proclamando, en palabras que se convertirían en el lema de la nación: " Expulsis Piratis, Restituta Commercia " ("Piratas expulsados, comercio restablecido"). Con los corsarios desapareció la principal fuente de ingresos de las islas, y los que permanecieron se dedicaron para sobrevivir a la caza de tortugas, al trabajo en las salinas y, lo más importante, provocando el naufragio de los navíos de paso.

Tras la guerra de independencia americana, miles de colonos leales a la corona británica emigraron a Bahamas, triplicando su población en tan sólo tres años, e introdujeron dos elementos que afectarían profundamente el futuro de las islas: el algodón y los esclavos. Establecieron plantaciones semejantes a las de Estados Unidos, pero la tierra no se prestaba a este cultivo, y la mayoría de haciendas fracasaron al cabo de pocos años. Cuando Gran Bretaña prohibió la trata de esclavos en 1807, la armada británica interceptó navíos y trasladó a los esclavos liberados a Bahamas. Muchos colonos británicos abandonaron las islas tras la emancipación, legando a menudo sus tierras a sus antiguos esclavos, quienes debieron, al igual que los negros libres de su alrededor, dedicarse a la pesca y a la agricultura de subsistencia. Los derechos políticos y la plena igualdad resultarían más elusivos, ya que la era posesclavista siguió caracterizada por el predominio de una elite blanca sobre una mayoría de raza negra apenas representada.

Durante la mayor parte del siglo XIX, la economía de la nación siguió fundamentada en la agricultura de subsistencia, la pesca, los naufragios provocados y el contrabando, pero el pasaporte de las islas para salir de la pobreza empezó a materializarse en Estados Unidos bajo la forma de una nueva clase social con los medios económicos necesarios para costearse vacaciones en climas agradables y templados. A principios del siglo XX, Florida se posicionaba como destino turístico, y el archipiélago resultó indirectamente beneficiado. En 1920 se inició un aluvión de visitantes, cuando se promulgó la Ley Seca en Estados Unidos, con el inmediato desarrollo del contrabando en Nassau. La ubicación de las islas se convertía en la adecuada para transportar bebidas alcohólicas ilegales hasta la nación norteamericana a bordo de lanchas motoras, y los muelles de Nassau pronto se convirtieron en un vasto almacén de ron. La ciudad invirtió sus beneficios en la construcción, y los hoteles se multiplicaron. El primer casino de las islas atrajo a jugadores, gángsteres y una mezcla de ricos y famosos, junto con ociosos menos ilustres, atraídos por la perspectiva del alcohol asequible. La revocación de las medidas prohibicionistas, en 1933, sumió a Nassau en otra crisis económica, agravada esta vez por la Gran Depresión.

Al igual que en Estados Unidos, la guerra marcó el final de la depresión económica. La II Guerra Mundial reanimó la industria turística con la llegada a las islas de millares de soldados estadounidenses para descansar y recuperarse. Norteamericanos adinerados en busca de un soleado refugio invernal acudieron de nuevo a Bahamas, estimulados por la presencia del nuevo gobernador de las islas y su esposa, los duques de Windsor. El duque, Eduardo VIII de Inglaterra antes de abdicar del trono, prestigió a las islas, asegurando el regreso a Nassau de los personajes ilustres de antaño. Los duques, junto con sus adineradas amistades, promovieron el turismo en el archipiélago para devolverles la prosperidad, un esfuerzo que coincidió con la aviación a reacción y la revolución cubana de 1959, que empujó a los viajeros occidentales hacia una nueva meca para su descanso y ocio. Concentrando sus esfuerzos en Nassau, los líderes locales ampliaron la base estadounidense para acomodar los vuelos internacionales, dragaron el puerto para atraer a los cruceros y lanzaron una campaña publicitaria a gran escala. También convirtieron el país en un paraíso fiscal para las empresas, con lo que el turismo y el sector financiero prosperaron a la par.

Este giro positivo en la economía coincidió con (o quizá contribuyó a disparar) la evolución de partidos políticos y las tensiones étnicas latentes, ya que mientras la elite blanca cosechaba cuantiosos beneficios del desarrollo y auge turísticos, la mayoría de raza negra permanecía en la pobreza. El Partido Progresista Liberal (PLP), liderado por dirigentes negros, tomó el poder en 1967, clausurando la era de supremacía blanca y preparando el terreno para la independencia. El 10 de julio de 1973, las islas de Bahamas se convirtieron oficialmente en una nueva nación, la Commonwealth de las Bahamas, finalizando así con 325 años de dominio británico. El empeño reformista del PLP tuvo como consecuencia un descenso en el mercado inmobiliario, que imposibilitó la construcción de nuevas viviendas por parte de los extranjeros y estancó la economía del país. Simultáneamente, los dirigentes del partido se mancillaban por la corrupción, en gran parte debido a un incipiente narcotráfico internacional. Tras una ofensiva contra el narcotráfico apoyada por Estados Unidos en la década de 1980 y la elección de un nuevo gobierno propicio para el desarrollo empresarial (reelegido por una aplastante victoria en las elecciones de 1997), la economía de Bahamas empezó a recuperarse.

Aunque el próspero sector turístico a veces se vea agitado por los huracanes _ como los de Dennis y Floyd en 1999, y el huracán Frances en 2004, se trata de un país relativamente rico. Tiene una de las mayores flotas de buques del mundo y es un proveedor muy importante de servicios financieros en paraíso fiscal. En noviembre de 2001, Ivy Dumont se convirtió en la primera mujer que ocupaba el puesto de gobernadora general de las Bahamas, y, al año siguiente, el Partido Liberal Progresista del antiguo político Perry Christie terminaba con los 10 años de dominio del Movimiento Nacional por la Libertad.

Desde 2010 Bahamas no aparece en la "lista gris" de paraísos fiscales que publica la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y ha firmado más de 12 acuerdos bilaterales que permiten el intercambio de información fiscal.

La cultura tradicional de Bahamas se aleja de los americanizados centros urbanos de Nassau y Freeport; se fundamenta en las leyendas, el curanderismo, la música y la religión importadas por los esclavos africanos. El obeah, de raíces populares, es un sistema de creencias que gobierna las interacciones entre el mundo de los vivos y el de los espíritus. Si bien resulta menos siniestra, se relaciona con el vudú haitiano y la santería cubana. Una gran mayoría de bahameses, sin embargo, pertenecen a las principales confesiones cristianas (aunque muchos clérigos anglicanos incluyen en su práctica referentes bienintencionados del obeah). Los isleños acostumbran a mantenerse fieles a sus creencias religiosas: muchos taxistas y oficinistas guardan una Biblia a mano. Los asuntos eclesiásticos suelen considerarse más relevantes que otros acontecimientos internacionales de interés general, que quedan relegados a un segundo plano. El país afirma contar con el mayor número de iglesias per cápita del planeta.

A excepción de una minoría de inmigrantes haitianos, que se comunican con su propio criollo, en Bahamas se habla inglés, idioma oficial y utilizado tanto en los negocios como en la vida cotidiana. La mayoría de bahameses de raza negra utilizan tanto un inglés estándar como su dialecto particular. A pesar de no contar con un escritor de fama mundial y de que sus artes plásticas se han desarrollado con lentitud, las islas poseen una efervescente cultura musical. El país ha producido diversos sones tradicionales, incluyendo el goombay, una síntesis de calipso, soca y canciones populares inglesas; y el rake'n'scrape, más extendido entre la clase obrera, que normalmente se ejecuta con guitarra, acordeón y maracas elaboradas con semillas de poinciana.

Los jóvenes bahameses practican el baloncesto con verdadera pasión. Viven en la cancha, y en casi todas las poblaciones se ha habilitado un campo, con tribunas improvisadas. Los lugareños siguen con intenso fervor las ligas de baloncesto (y béisbol) estadounidenses.

Bahamas no forma parte del Caribe, como muchos creen. En realidad, se incluye en la placa norteamericana y está bañada al Este por el océano Atlántico y al Oeste por la corriente del Golfo. Pero a grosso modo puede indicarse que el archipiélago se ubica en las Antillas, agrupándolo indiscriminadamente con el resto de las islas situadas entre América del Norte y América del Sur. Políticamente, Bahamas se considera parte del Caribe, incluso y sobre todo por parte de su propio gobierno.

El archipiélago de las Bahamas está formado por unas 700 islas y casi 2.500 islotes o cayos, esparcidos a lo largo y ancho de unos 259.000 km² de océano. Las islas se extienden 1.200 km al sur de Walker's Cay, unos 120 km al este de Palm Beach, Florida, hasta las islas Inaguas, que se encuentran a 85 km al noreste de Cuba. En toda esta inmensidad, el conjunto de las islas no supera los 13.940 km² de tierra. La práctica totalidad de las islas están rodeadas por arrecifes de coral y bancos de arena; la mayoría cuenta con escasa altitud: o bien planas como la palma de la mano, o bien con suaves ondulaciones. Muchas están marcadas por los denominados agujeros azules, grandes pozos circulares, repletos de agua, conectados con cuevas subterráneas y submarinas, que pueden llegar a los 180 m de profundidad.

Cuanto más al sur están situadas, más áridas y desérticas resultan: predominan los cactus y los arbustos resistentes a la sequía. Existen más de 1.370 especies de árboles y plantas en todas las islas, entre ellas la caoba de Bahamas y otras 120 especies autóctonas. En las islas septentrionales y occidentales predominan los pinares, que se caracterizan por un sotobosque de palmitos, palmas reales y helechos. Muchas de las costas occidentales están bordeadas de mangles, el único árbol capaz de sobrevivir con las raíces en agua salada. Durante todo el año abundan las flores, muchas asociadas con los árboles, como el llamado árbol de los faroles (Koelreuteria paniculata), de gran tamaño que cuando florece se convierte en una nube de color azul lavanda. Otra belleza es el mahoe azul, una variedad endémica de Hibiscus elatus que estalla del amarillo al rojo.

El archipiélago cuenta únicamente con trece especies autóctonas de mamíferos terrestres, todas ellas, excepto una, pertenecientes a la familia de los murciélagos. El más común es el murciélago de hocico en forma de hoja. El único mamífero terrestre autóctono es la hutía, un roedor de color pardo y del tamaño de un gato, parecido a un conejillo de Indias, en peligro de extinción. En algunas de las islas mayores, los jabalíes recorren las zonas del interior. En las meridionales, el ganado asilvestrado, asnos y caballos liberados tras el derrumbe de la industria de la sal, abunda por encima de la población humana. En Bahamas habitan muchos animales escurridizos, entre ellos 44 especies de reptiles; las islas podrían adoptar como símbolo el lagarto de cola rizada, un reptil presente en la mayor parte del archipiélago y fácilmente distinguible, inmóvil en las rocas bajo el sol, con la cola replegada sobre la espalda como un muelle. Ballenas rorcuales y azules se divisan a menudo en las aguas al este de las islas, donde también pueden observarse innumerables delfines atlánticos y delfines manchados tropicales, menos habituales.

A raíz de su visita en la década de 1760, George Washington se refirió al archipiélago de las Bahamas como "las islas del mes de junio perpetuo". En efecto, el promedio anual de días soleados se acerca a los 320, y en general, el clima de las islas resulta templado y agradable durante todo el año, con vientos alisios diurnos, refrescantes y casi constantes, soplando desde el Este. Las temperaturas máximas diarias raras veces descienden por debajo de los 16ºC en invierno (de diciembre a febrero) o se elevan por encima de los 32ºC en verano (de junio a agosto). Las islas septentrionales reciben mucha más lluvia que sus vecinas meridionales. La temporada pluvial se extiende entre mayo y noviembre, aportando normalmente chaparrones intensos pero de corta duración, aunque a veces se manifiesta con lluvias prolongadas durante varios días. El estío trae a veces borrascas y huracanes, aunque estos últimos son poco frecuentes.

Bahamas está muy bien comunicada con América de Norte por avión. Su cercanía a Florida facilita vuelos regulares, frecuentes y relativamente económicos procedentes de Miami, Fort Lauderdale y Orlando, así como de otros centros neurálgicos de la costa Este, como Boston y Nueva York. Las compañías estadounidenses con vuelos regulares a las Bahamas son, entre otras, American Airlines/American Eagle, Continental, Delta Airlines, TWA y US Airways. Apple Vacations fleta numerosos vuelos charter entre las Bahamas y Baltimore, Pittsburgh y Filadelfia, mientras que Bahamasair, las líneas aéreas nacionales, vuelan entre Miami y Nassau y Freeport; West Palm Beach, Orlando y Fort Lauderdale y Nassau; y West Palm Beach y Marsh Harbour. Air Canada ofrece vuelos regulares entre Nassau y Toronto, y British Airways, vuelos directos entre Londres y Nassau o Freeport. American Airlines, Delta Airlines y Virgin Atlantic conectan el Reino Unido y las Bahamas vía Miami, Orlando y Fort Lauderdale.

En la zona del Caribe, Air Jamaica vuela cuatro veces por semana entre Nassau y Montego Bay. Cubana cuenta con vuelos regulares entre La Habana y Nassau. Los viajeros deben abonar una tasa de salida de 15 dólares al partir de Bahamas (18 dólares desde Freeport).

Bahamas es, con diferencia, el puerto de escala caribeño preferido por los cruceros, que fondean en Nassau y Freeport. Las aguas protegidas del archipiélago de 1.200 km de longitud atraen a multitud de yates anualmente. Todas las islas poseen puertos de entrada.

El país cuenta con siete aeropuertos internacionales, incluyendo los dos principales, Nassau International Airport y Freeport International Airport. Algunos vuelos también aterrizan en Paradise Island Airport, Marsh Harbour (Abacos), Eleuthera del Norte y Governor's Harbour (Eleuthera) y George Town (Exumas). Incluso en las islas más remotas, suele acudir algún taxi a esperar la llegada de los vuelos. En caso contrario, alguien en el aeropuerto se encargará de solicitar uno por radio.

Viajar en autobús puede suponer una amenaza, excepto en Nassau y Freeport, donde los minibuses privados jitneys operan dentro de la ciudad (pero no hasta el aeropuerto), y no existe transporte público en ninguna de las islas más alejadas. La mejor opción para desplazarse se basa en alquilar un vehículo. Diversas empresas internacionales de alquiler de coches, además de otras nacionales más modestas, cuentan con sucursales en Nassau y Freeport. Las islas más pequeñas apenas disponen de este servicio. Aunque en Bahamas la edad mínima para obtener el permiso de conducir es de 17 años, es necesario tener 21 años para alquilar un vehículo (algunas empresas incluso exigen a sus clientes una edad mínima de 25 años). El permiso de conducir extranjero es válido durante tres meses; en caso de estancias más prolongadas, puede conseguirse un permiso de conducir internacional en el departamento de Tráfico de Nassau. En Bahamas se circula por la izquierda. Otros tipos de vehículo de alquiler incluyen las motocicletas, ciclomotores y bicicletas (generalmente de una sola marcha), disponibles sobre todo en Nassau y Freeport.

Tanto en Nassau como en Freeport abundan los taxis, que se solicitan en la calle. Los taxis también son el principal medio de transporte local en las islas más remotas, aunque en este caso hay que demandarlos por radio o teléfono.

Los vuelos nacionales suponen el único sistema efectivo y adecuado para viajar entre las distintas islas del archipiélago. Bahamasair comunica Gran Bahamas con las islas Familiares más importantes. Los horarios varían a menudo y con escaso aviso previo (nadie se preocupa de comunicar dichos cambios a los viajeros que han reservado vuelo con antelación). La compañía ha ubicado su centro de operaciones en Nassau, por lo tanto, si se desea volar entre ciertas islas adyacentes, como la isla del Gato y Long Island, hay que volver a la capital, y a menudo se debe pernoctar en Nassau entre vuelo y vuelo. También se puede alquilar una avioneta, una solución práctica y económicamente razonable si se viaja en grupo y se tiene la intención de visitar muchas islas.

Existen algunos transbordadores entre las islas. Los taxis acuáticos surcan las aguas entre Nassau y Paradise Island. Bahamas FastFerries ofrece el único transbordador rápido en las islas, con una línea regular entre Nassau y Eleuthera. Los transbordadores estatales también comunican las islas más cercanas, como Bimini del Norte y del Sur; Mangrove Cay y Andros del Sur, y las islas Crooked y Acklins. Los barcos correo zarpan del muelle de Potter's Cay, en Nassau, normalmente dos veces por semana, hacia todas las islas habitadas, en viajes nocturnos de una duración de entre 6 y 24 horas. Las embarcaciones son lentas y poco fiables. Las islas están sembradas de puertos deportivos y resulta sencillo encontrar yates de alquiler.

Esquemeling, John: Bucaneros de América, Valdemar, Madrid, 1999
Baker, Christopher P.: Bahamas, Turks &Caicos, Lonely Planet Publications, 2001
Albury, Paul: The story of the Bahamas, MacMillan Caribbean, London, 1995
Saunders, Gail; Cartwright, D.: Historic Nassau, MacMillan, London, 1979
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