Nombre oficial: República de Austria Superficie: 83.854 km² Población: 8,02 millones hab. Capital: Viena (1.640.000 hab.) Nacionalidades y etnias: 97% de origen germano, 2% eslovenos y croatas y 1% turcos Idioma: 97% alemán, 2% esloveno y croata, 1% turco Religión: 88% católicos romanos, 6% protestantes Régimen político: república federal Presidente: Heinz Fischer Canciller: Werner Faymann
PIB: 227,7 billones de dólares PIB per cápita: 27.900 dólares Crecimiento anual: 2,9% Inflación: 1,7% Principales recursos económicos: maquinaria, industria textil y alimentaria, hierro, acero, madera y turismo Principales socios comerciales: Unión Europea (especialmente Alemania e Italia), Japón, Suiza, Hungría y Estados Unidos Miembro de la UE: sí Zona euro: sí
Visados: Los ciudadanos de la Unión Europea, Estados Unidos, Israel, Japón, Malasia, Singapur, Corea, Canadá, Australia y Nueva Zelanda no requieren visado para estancias inferiores a tres meses. Los procedentes de Argentina, Bolivia, Chile, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, México, Panamá, Paraguay, Uruguay y Venezuela tampoco necesitan visado; sí que precisan un visado con una validez máxima de tres meses los residentes en Colombia, Cuba, Honduras, Nicaragua, Perú y República Dominicana; asimismo los procedentes de África y de países árabes. Condiciones sanitarias: enfermedad de la altura, hipotermia y quemaduras solares Hora local: GMT+1 Electricidad: 220V, 50Hz Pesos y medidas: sistema métrico Turismo: 19 millones de visitantes al año Moneda euro, antes chelín austríaco Comidas · Presupuesto bajo: entre 4 y 8 euros · Presupuesto medio: entre 8 y 20 euros · Presupuesto alto: a partir de 20 euros Alojamiento · Presupuesto bajo: entre 10 y 40 euros · Presupuesto medio: entre 20 y 80 euros · Presupuesto alto: a partir de 80 euros En las zonas turísticas, el gasto medio diario de un viajero con un presupuesto reducido puede ceñirse a 25 dólares, siempre que se aloje en cámpings u hostales, utilice tarjetas de transporte con descuento, frecuente las cafeterías más económicas, se ajuste al menú más barato o se prepare la comida, y sólo salga de noche en contadas ocasiones. Si se escoge una pensión asequible y se cocina, bastará con 50 dólares al día, a los que habrá que añadir 10 dólares más si la habitación dispone de baño. Si se opta por un hotel de categoría media, un almuerzo económico, una cena decente y disfrutar moderadamente de la vida nocturna, el coste medio alcanzará como mínimo los 80 dólares. La principal forma de ahorrar se basa en la elección de un hospedaje económico. Cambiar cheques de viaje o dinero en metálico no supone ningún problema; al canjear efectivo se pagará una comisión insignificante, ya que los tipos de cambio oscilan entre un 1 y un 4 por ciento menos que los cheques de viaje. La oficina de American Express es el mejor lugar para efectuar estas operaciones, especialmente si se dispone de sus cheques. Las oficinas postales cargan también una pequeña comisión, pero no es elevada. Aunque pueda sorprender, existen numerosos establecimientos y restaurantes en Austria que no aceptan tarjeta de crédito, aunque abundan los cajeros automáticos, incluso en las pequeñas poblaciones. Las facturas de hoteles y restaurantes incluyen un cargo por el servicio, pero es costumbre dejar propina a los porteros y al personal de limpieza del hotel por su trabajo, así como a los camareros de los restaurantes y cafeterías. Lo habitual es redondear al alza las facturas más pequeñas y añadir entre un 5 y un 10 por ciento a las más altas; para ello, se suele indicar al camarero la cantidad total que se quiere pagar cuando se le entrega el dinero, ya que no se estila dejar la propina encima de la mesa. También se acostumbra gratificar a los taxistas (alrededor del 10 por ciento del precio de la carrera), guías turísticos y guardarropas. Regatear no es una práctica frecuente, salvo en los mercadillos populares, aunque sí se puede solicitar un descuento al pagar grandes compras en metálico. Tampoco está de más negociar el precio de la habitación del hotel durante la temporada baja, si uno planea permanecer allí un buen tiempo. VienaLa capital austríaca simboliza el glorioso legado de la dinastía de los Habsburgo, que controlaron gran parte de Europa durante más de seiscientos años. A pesar de ser una ciudad repleta de joyas arquitectónicas y con un impresionante pasado musical, en los últimos años el turismo vienés se había reducido a los viajeros de la tercera edad. Afortunadamente, en la actualidad la ciudad ha vuelto a recuperar su gracia y entusiasmo, desarrollando un importante papel como embajadora de Austria en la Unión Europea, que junto a su tradición y cultura se dibujan como unos inmejorables atractivos para ser visitada. La urbe vivió sus años de esplendor como centro cultural europeo durante los siglos XVIII y XIX. La mayor parte de la arquitectura que puede admirarse actualmente se debe a los esfuerzos realizados por Francisco José I para crear una ciudad que reflejara el poder de la Casa de Austria. Para ello, el emperador mandó demoler algunas de las muchas fortificaciones existentes, habilitó los terrenos que rodeaban el Innere Stadt (centro de la ciudad) y, entre los años 1858 y 1865, ordenó la cimentación de la Ringstrasse (calle del anillo). En la década siguiente, se comenzó a construir la mayoría de los impresionantes edificios que conforman este circuito. No muy lejos, se alza el palacio imperial de Hofburg, residencia de los Habsburgo hasta 1918 que alberga múltiples joyas del patrimonio cultural austríaco. Está formado por la iglesia agustina del siglo XIV, las ostentosas dependencias reales, la capilla real, donde el Coro de los Niños Cantores de Viena canta la misa del domingo; el Tesoro Imperial, que incluye entre sus joyas la corona imperial del Sacro Imperio Romano Germánico, la Biblioteca Nacional; la sala barroca Prunksaal y una magnífica colección de instrumentos musicales antiguos. También merece una visita la academia de Bellas Artes, que alberga la Galería de Maestros donde se exhiben las obras de pintores daneses y flamencos del siglo XVII, como Rubens y Van Dyck. El edificio que acoge el museo es en sí mismo otra bella muestra de arte. Será necesaria más de una visita para poder admirar todos los detalles, incluidos los techos, bellamente decorados. El Museo de Sigmund Freud, situado en el lugar donde vivió y trabajó el psiquiatra antes de emigrar a Gran Bretaña, conserva el mobiliario, sus pertenencias personales y antigüedades, sus documentos y fotografías originales. El príncipe Eugenio de Saboya encargó a Johann Lukas von Hildebrandt el diseño del palacio Belvedere, una de las estructuras barrocas más bellas del mundo. El piso superior acoge la galería austríaca de los siglos XIX y XX que, entre otras, muestra la conocida obra de Gustav Klimt, El Beso. El barroco palacio de Schönbrunn, residencia de verano de los Habsburgo, está decorado en su interior siguiendo el estilo rococó, y entre sus numerosas habitaciones destacan el salón de los espejos, donde Mozart interpretó su primer concierto a los 6 años, y el salón de Napoleón, en el que curiosamente se exhibe una alondra disecada. Encontrar alojamiento asequible puede resultar una ardua tarea, especialmente en Semana Santa, Navidad y en las vacaciones estivales, por lo que se recomienda reservar con la mayor antelación posible. La elegante zona del centro de la ciudad es un lugar ideal para hospedarse, debido a su proximidad a los lugares de interés, pero es cara, ya que carece de hostales. Entre el Ringstrasse y el sector del Gürtel pueden encontrarse hostales y pensiones a precios económicos. Para comer por poco dinero, se aconseja dirigirse al noroeste del centro urbano, cerca de la universidad, y la vida nocturna se desarrolla en la zona central próxima al canal del Danubio, en las cercanías de Ruprechtsplatz, Seitenstettengasse, Rabensteig y Salzgries, conocida como el triángulo de las Bermudas por el gran número de pubs y clubes que acoge. SalzburgoCentro del barroco austríaco y lugar de nacimiento del genial compositor Wolfgang Amadeus Mozart, Salzburgo ofrece un paisaje peculiar, al encontrarse circundada por montañas y dividida por el río Salzach, cerca de la frontera alemana. Su centro histórico fue construido durante el reinado de los príncipes arzobispos a finales del siglo XVI y principios del XVII, y el estilo de su arquitectura se basó en el Renacimiento italiano. En su horizonte se pierden innumerables torres medievales con forma de aguja, cúpulas, campanarios y torreones. El casco antiguo, obra maestra del barroco, se sitúa en la orilla sur del Salzach y está formado por bellas iglesias, plazas, patios y fuentes. La huella de Mozart se mantiene en todos los rincones de esta urbe; en museos, casas, plazas, chocolatinas, licores... El castillo de Hohensalzburg, construido en 1077, es la fortaleza mejor preservada de la Europa Central y está considerada uno de los símbolos de Salzburgo. Entre sus atractivos, destacan sus cámaras de tortura, salas de estado, una torre y dos museos. Al este del centro de la ciudad se halla el impresionante Museo de Historia Natural, con su muestra permanente de flora y fauna y exposiciones interactivas sobre Física. Otro punto de interés se sitúa en las catacumbas del cementerio de la abadía de San Pedro, del siglo IX. Si el viajero pretende descubrir el Salzburgo musical, se recomienda la visita a la casa natal de Mozart convertida en museo, y donde puede apreciarse el violín que utilizó en su infancia, su violín para conciertos, su clavicordio, el piano, retratos y correspondencia de la familia. El Festival Internacional de Verano, que se celebra durante julio y agosto, honra la obra del músico austríaco. A 4 km al sur de Salzburgo, se encuentra el palacio de Hellbrunn, construcción barroca del siglo XVII que ordenó edificar el obispo Marcus Sitticus. En los alrededores del palacio destacan figuras hidráulicas e ingeniosas fuentes de agua con pequeños trucos, que se habilitaron para remojar a los visitantes inesperados, curiosa fascinación del obispo. San AntónLa región de Arlberg está considerada una de las mejores zonas del país para practicar el esquí y, en ella, sobresalen diversas estaciones de invierno. San Antón, situada en el trayecto en tren entre Bregenz e Innsbruck, es la más grande y menos elitista, con un ambiente distendido y una gran vida nocturna. En Gampen y Kapall esta estación dispone de excelentes pistas de dificultad media y alta, además de pistas guardería. Dentro de la historia del esquí, San Antón es conocida como el lugar donde, a principios del siglo XX, Hannes Schneider desarrolló por primera vez el estilo Arlberg, que consiste básicamente en esquiar con las piernas juntas. Cuevas de EisriesenweltSituadas en una elevación a 1.640 m cerca de Werfen, las cuevas de Eisriesenwelt constituyen las mayores grutas de hielo abiertas al público del mundo. Forman más de 40 km de pasajes explorados y 30.000 m³ de hielo. La entrada a las cuevas está controlada y se accede mediante una visita guiada de una duración aproximada de 75 minutos que atraviesa gigantescas cavernas con elaboradas formaciones de hielo y cascadas heladas. La primera exploración de las cuevas se realizó en 1879, pero fue Alexander von Mork quien realizó un reconocimiento más exhaustivo; sus cenizas descansan en una urna en la cueva catedral. Es recomendable llevar algo de ropa de abrigo durante la exploración. Las cuevas permanecen abiertas de mayo a octubre. Carretera de GrossglocknerPartiendo de la carretera de Grossglockner, se puede recorrer un magnífico circuito de 50 km por las montañas y disfrutar de uno de los paisajes más espectaculares del país. La carretera actual fue construida entre 1930 y 1935 sobre el antiguo trazado de una importante ruta comercial de la Edad Media entre Alemania e Italia. La parte más bella de su recorrido se encuentra a la altura del Parque Nacional de Hohe Tauern, desde donde se divisan las cumbres de numerosas montañas, entre ellas la poderosa Grossglockner, que surge a través de la amplia lengua formada por el glaciar Pasterze, con sus 3.797 m de altitud. Es una carretera de peaje y está abierta al tráfico desde mayo hasta noviembre. Se recomienda iniciar el viaje en Zell am See y finalizarlo en Heiligenblut. Los romanos se establecieron en el territorio que más tarde se convertiría en Austria hasta finales del siglo V. A partir del siglo VI y debido a su estratégica situación como vía de comunicación, diversas tribus germánicas invadieron la zona, como los bávaros, que fueron derrotados más tarde por los ávaros. En el año 803, Carlomagno abatió el ejército ávaro y creó la Ostmark (marca del Este) en el valle del Danubio, una zona cristianizada y con predominio germánico. Los magiares se apoderaron del país hasta que en 955 fue reconquistado por Otón el Grande. Rodolfo de Habsburgo ocupó el territorio en 1278 tras vencer a Otakar de Bohemia en la batalla de Marchfeld; esta dinastía permanecería en el poder hasta el comienzo de la I Guerra Mundial. Sus métodos de conquista territorial se centraron en la adquisición de dominios y en una política matrimonial. De la unión entre Felipe de Habsburgo, hijo del emperador Maximiliano I y María de Borgoña, y Juana de Castilla, descendiente de los Reyes Católicos, nacieron dos hijos; el mayor de ellos se convirtió en Carlos I de España en 1516, para cambiar su título por Carlos V del Sacro Imperio Romano Germánico tres años más tarde; el hijo más joven, Fernando, se convirtió en el primer Habsburgo que vivió en Viena y gobernó Austria, Hungría y Bohemia. En 1556 Carlos abdicó, dejando el gobierno del Imperio en manos de Fernando I, y en 1555 renunció a las coronas de Castilla, León, Aragón, Cerdeña y Sicilia a favor de su hijo Felipe II. Este hecho desencadenó la escisión de la dinastía de los Habsburgo en dos ramas distintas, la española y la austríaca. En 1571 el emperador declaró la libertad de culto, y una mayoría volvió a profesar el protestantismo. Sin embargo, en 1576 el nuevo emperador Rodolfo II adoptó la Contrarreforma e impuso de nuevo el catolicismo en gran parte del país. Con Fernando II en el poder, la persecución al protestantismo desembocó en la Guerra de los Treinta Años, que comenzó en 1618 y devastó gran parte de Europa Central. La paz se rubricó en el tratado de Westfalia en 1648. Durante el siglo XVII, además de su lucha contra el protestantismo, Austria mantuvo un enfrentamiento armado contra turcos y franceses. En 1683, Viena fue asediada por el ejército turco, pero fuerzas cristianas alemanas y polacas intervinieron hasta desplazar a los turcos al extremo sureste de Europa; estos enfrentamientos provocaron que los turcos cedieran Hungría, Valaquia, Bosnia y Servia al país alpino. Tras las hostilidades, se construyó una multitud de edificios barrocos y, bajo el dominio del emperador Leopoldo I, gran amante de la música, Viena se convirtió en foco de atracción de intérpretes y compositores. La emperatriz María Teresa accedió al trono en 1740 y gobernó a lo largo de cuarenta años, período en el que Austria se convirtió en un estado moderno. Durante su reinado, se centralizó el poder, se creó una administración pública, se reformó el ejército y la economía, y se estableció un sistema público de educación. Estos avances quedaron interrumpidos con la derrota austríaca frente a las tropas napoleónicas en el año 1805. El conflicto europeo se prolongó hasta el congreso de Viena (1814-1815), tras el cual Austria se convirtió en la potencia rectora de la Confederación germánica. La política interior del país se caracterizó por su inmovilismo, y el catolicismo junto con la aristocracia secundaron las tradiciones conservadoras. Los movimientos revolucionarios de 1848 generados por un sentimiento liberal también estallaron en Viena, Italia y Hungría, pero no tardarían en ser sofocados. En 1866 Austria entró en guerra con Prusia y, tras su derrota final, su territorio quedó excluido del nuevo imperio alemán unificado por Bismarck y quedó limitado a sus dominios danubianos. El desenlace de la guerra austro-prusiana también condujo a la formación de una monarquía dual austro-húngara en 1867, bajo el gobierno del emperador Francisco José. Tras esta etapa, el país vivió un período de esplendor, pero sus tendencias expansionistas en los Balcanes y la violenta anexión de Bosnia-Herzegovina en 1908 condujeron al asesinato del príncipe heredero Francisco Fernando en Sarajevo en junio de1914. Este atentado desencadenó la I Guerra Mundial, cuando la monarquía austro-húngara declaró la guerra a Serbia, aliada de Rusia. Al finalizar la contienda se proclamó la República de Austria y se obligó al país a reconocer la independencia de los estados de Checoslovaquia, Polonia, Hungría y Yugoslavia que, junto con Rumania y Bulgaria, habían estado bajo el control de la Casa de los Habsburgo. La nueva república sufrió disensiones económicas que dieron lugar nuevas formaciones políticas, entre ellas los nacionalsocialistas austríacos, partidarios del régimen nazi. En 1938 se incorporó al Tercer Reich tras la invasión de las tropas alemanas, anexión que había sido apoyada mediante referéndum nacional ese mismo año. Durante la II Guerra Mundial, Austria sufrió fuertes bombardeos, pero en 1945 había recuperado las fronteras que tenía antes de la guerra. El país alpino se dividió en cuatro zonas ocupadas por las tropas americanas, británicas, francesas y rusas, donde se mantuvieron durante una década hasta que se declaró país neutral. Durante la posguerra Austria luchó para restablecer su situación económica y, en 1972, estableció un tratado de libre comercio con la CEE (actual Unión Europea). Exceptuando la elección de Kurt Waldheim, ex oficial del ejército alemán y ex Secretario General de las Naciones Unidas, para la presidencia en 1986, la política austríaca se centró en conseguir un consenso antes que solucionar los conflictos internos. A finales de los años ochenta, el incremento de la inmigración procedente de países del este de Europa, sumado a la situación política del Bloque del Este, tuvieron como consecuencia el aumento de popularidad del Partido Liberal, de ideología ultraderechista y contrario a la inmigración. El reciente flujo de refugiados procedentes de la antigua Yugoslavia ha aumentado la preocupación entre los partidos moderados. El pueblo austríaco apoyó ampliamente su entrada en la Unión Europea mediante un referéndum celebrado en 1994, produciéndose su ingreso formal el 1 de enero de 1995. Desde entonces se mantiene un gran debate entre la población sobre las ventajas de ser miembro de la Unión. En las elecciones generales celebradas en el año 2000, el Partido Liberal se convirtió en la segunda fuerza política, por detrás de los socialdemócratas, formando coalición de gobierno con el democristiano Partido Popular. Ambos partidos cuentan con 52 escaños parlamentarios cada uno, mientras que los socialdemócratas poseen 65. La entrada en el gobierno del partido ultraderechista liderado por Jörg Haider, de ideas xenófobas, provocó que los demás miembros de la Unión Europea impusieran sanciones diplomáticas contra Austria. En las elecciones municipales de marzo de 2001, el partido de Haider perdió casi un tercio de los votos, mientras que los socialdemócratas vencieron con holgura. En las elecciones presidenciales de abril de 2004, el socialdemócrata Heinz Fischer obtuvo el 52,41% de los votos y conquistó la presidencia del país. La reforma de las pensiones y las indemnizaciones a las víctimas del holocasuto son cuestiones de plena actualidad. Desde el 2 de diciembre del 2008, el nuevo canciller federal es Werner Faymann, del SPO (Partido Socialdemócrata) que formó coalición con Partido Popular Austríaco para gobernar. En 2004, la irreverente escritora austriaca Elfriede Jelinek gana el Premio Nobel de literatura, reconociendo su fuerza poética en trabajos como "La pianista". Durante los siglos XVIII y XIX, compositores de toda Europa llegaron a este país atraídos por el generoso mecenazgo de la Casa de Austria, y Viena se convirtió en un paraíso para la música clásica. De hecho, muchos de los miembros de esta dinastía fueron músicos con talento, como Leopoldo I (compositor), Carlos VI (violín), María Teresa (contrabajo) y José II (clavicordio y chelo). Maestros como Beethoven, Brahms, Gluck, Hayden, Mahler, Mozart, Schubert, Schönberg y los Strauss vivieron de la corte vienesa. En la actualidad, instituciones como la Filarmónica de Viena, el angelical Coro de los Niños Cantores de Viena, la Staatsoper (la ópera nacional), el Musikverein y el Konzerthaus son incomparables. La arquitectura austríaca se caracteriza por su riqueza de estilos, que se extienden desde el románico hasta las corrientes más actuales. El gótico conoció su esplendor entre los siglos XIV y XVI, tal y como demuestra el gran número de imponentes edificios con contrafuertes volantes, arcos de punto y bóvedas nervadas. La catedral de San Esteban, en Viena, está considerada la obra maestra del gótico austríaco. Pero la gran influencia estilística en Austria fue el barroco. Siguiendo el modelo italiano, Fischer von Erlach creó el denominado barroco austríaco, cuyo ejemplo más representativo lo ilustran la Biblioteca Nacional y la iglesia de San Carlos, en Viena. Por su parte, la emperatriz María Teresa distinguió el rococó, un estilo que surgió como la renovación del barroco y que se caracterizó por un gusto muy refinado y una abundante decoración, como puede apreciarse en el interior del palacio Schönbrunn, en Viena. La arquitectura moderna está representada por las creaciones de Friedensreich Hundertwasser, que incorporó en los bloques residenciales de líneas rectas, colores brillantes y contrastados, además de una ornamentación muy elaborada, asimétrica y orgánica, basada en las formas naturales. Existen numerosos y bellos ejemplos de arte gótico, renacentista y barroco en las iglesias austríacas. El estilo Biedermeier, conocido sobre todo por el mobiliario creado bajo sus parámetros, llegó a contemplarse en las galerías a pesar de su origen burgués, e incluso uno de sus representantes, el artista Moritz Michael Daffinger, destacó en el mundo de la música. Entre los pintores austríacos más famosos destacan Gustav Klimt, máximo representante del Art Nouveau y cofundador de la Secesión Vienesa, y el expresionista Oskar Kokoschka; pero la publicidad más escandalosa se ha reservado para el Vienese Actionism, colectivo artístico creado a principios de los años sesenta que se basó en la performance para acceder al subconsciente. Sin embargo, Sigmund Freud, fundador del psicoanálisis, fue una de las mayores influencias en el mundo del arte. Entre su legado destacan obras como La interpretación de los sueños, El yo y el ello, así como el concepto de la envidia del pene, el surrealismo, un lenguaje simbólico completo y novedoso, y el psicoanálisis. El gran cineasta Fritz Lang creó obras maestras como Metrópolis, M, el vampiro de Dusseldorf y Mientras Nueva York duerme. La comida tradicional austríaca es abundante y muy diversa. Su plato más conocido es el wiener schnitzel, el escalope vienés, que en la actualidad puede degustarse en todo el mundo. Otras muestras de la gastronomía austríaca son el tafelspitz, carne de vaca cocida con guarnición, y el schweinsbraten o codillo asado. El beuschel son finas lonchas de pulmón y corazón de ternero muy sabrosas. La pastelería y bollería austríaca se caracterizan por su exquisitez; el postre más famoso del país es el strudel, pastel de frutas, pasas y canela, que se recomienda tomar acompañado de una cerveza nacional fría o una copa de vino austríaco, otro dulce destacado es la exclusiva sachertorte, tarta de chocolate, creada en el hotel Sacher de Viena. Austria, con una extensión de 560 km de Este a Oeste y de 280 km de Norte a Sur, está situada en el corazón de Europa. Linda con Alemania, República Checa, Eslovaquia, Hungría, Eslovenia, Liechtenstein, Italia y Suiza. La cordillera de los Alpes se extiende de oeste a sur, y su pico más alto es el Grossglockner, con 3.797 m de altitud. En los bosques de las tierras altas se encuentra el macizo de Bohemia, que se prolonga por el norte hasta la frontera checa, mientras que el valle del Danubio y las tierras bajas al este del país constituyen su zona fértil. En Carintia y en la región de Salzkammergut existen numerosos lagos; la Baja Austria, Burgenland y Styria son los territorios más importantes para el cultivo del vino. Los bosques ocupan prácticamente la mitad de Austria; en las regiones de menor altitud proliferan los robles y las hayas, mientras que en las zonas montañosas abundan las coníferas. A partir de los 2.000 m de altitud, los árboles dan paso a las praderas, donde las flores más comunes son las orquídeas, edelweiss y amapolas. En las áreas alpinas la fauna está formada por íbices, una especie de cabra montés con gigantescos cuernos curvados, gamuzas y marmotas. Las dos temporadas turísticas principales son la estival, que se prolonga de mayo a octubre, y la invernal, de diciembre a abril. Predomina el clima templado centroeuropeo, aunque en el este se disfruta del continental de Panonia, que se caracteriza por unas temperaturas en julio por encima de los 19ºC y por un índice anual de pluviosidad inferior a los 80 cm. Excepto en las zonas más montañosas, los valores medios oscilan entre 20 y 25ºC en verano, entre 1 y 4ºC en invierno, y entre 8 y 15ºC en primavera y otoño. Cabe recordar que, a mucha altitud, las radiaciones solares son más fuertes, por lo que se aconseja tomar precauciones para evitar las insolaciones. · Musil, Robert: El hombre sin atributos (I a IV), Editorial Seix Barral, Barcelona, 1990-1992 · Bernhard, Thomas: Tala, Alianza Editorial, Madrid, 1989 · Handke, Peter: La mujer zurda, Alianza Editorial, Madrid, 1995; El miedo del portero al penalty, Ediciones Alfaguara, Madrid, 1994 · Greene, Graham: El tercer hombre, Alianza Editorial, Madrid, 1999 · Irving, John: Libertad para los osos, Tusquets Editores, Barcelona, 1992 · Robbins, H.C.: Mozart. Los años dorados, Ediciones Destino, Barcelona, 1990 · Roth, Joseph: La cripta de los capuchinos, Editorial Sirmio, Barcelona, 1991
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