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Para muchos reino prohibido y emblema de algunos de los aspectos de Oriente Próximo más inexplicables para Occidente, como el islam, el velo y el terrorismo. Durante siglos el país estuvo cerrado a los extranjeros, y solo fue accesible a los más valientes y osados, como Richard Burton, T. E. Lawrence o Wilfred Thesiger. En la actualidad, Arabia Saudí no es tan arisca con los extranjeros, y, además, les reserva una grata sorpresa: Madain Saleh, ciudad hermana de la jordana Petra, está entre los lugares más mágicos y monumentales de Oriente Próximo. El Rub al-Khali (o Lugar Vacío), una de las extensiones de arena más grandes del mundo, alberga dunas del tamaño de un barco. En el extremo sur está Najran, una antigua parada de caravanas donde las fortalezas de adobe emergen entre los oasis. En la costa, Jeddah, considerada una ciudad libertina por los más conservadores, alberga animados zocos y encantadoras casas de coral. Frente a la costa suroeste se hallan los tesoros del mar Rojo saudí: arrecifes de coral que se encuentran entre los mejor conservados y más espectaculares del mundo. Sin embargo, para muchos lo más memorable es la tradicional hospitalidad beduina, que, como las arenas del Lugar Vacío, permanece inmutable.
Nombre oficial: Reino de Arabia Saudí Capital: Riad Superficie: 2 149 690 km² Población: 28,2 millones Prefijo del país: 966 Jefe de Estado: rey Abdullah bin Abdul Aziz al-Saud Turistas: 95 000 al año (incluidos los peregrinos a La Meca)
Lo ideal es visitar la Península entre noviembre y marzo. En esta época la temperatura oscila entre los 25 y 35ºC, las lluvias ocasionales hacen florecer el desierto y el interior se puede explorar sin miedo a sufrir una insolación. Aunque el invierno sea la mejor época para ir, no es la única. Si se desea conocer el verdadero significado del desierto, el verano (de junio a agosto, cuando se alcanzan los 50ºC) constituye toda una experiencia para apreciar la importancia de la siesta y comprender por qué el agua, y no el petróleo, es el elemento vital de la región. Sin agua –y sin sombrero– el agotamiento por calor es un peligro cotidiano.
Año Nuevo islámico: También conocido como “Ras as-Sana”, que literalmente significa “cabeza del año”. Ashura: El aniversario del martirio de Hussein, el tercer imán (guía religioso) de los chiíes. Nacimiento del Profeta: Conocida como “Moulid an-Nabi”, es la “fiesta del Profeta”. Ramadán: En el noveno mes del calendario musulmán los musulmanes ayunan durante las horas de sol. No se espera que los extranjeros sigan ejemplo, pero está muy mal visto que fumen, beban o coman (incluso chicle) en público durante el Ramadán. En los países islámicos más estrictos, la falta de respeto al ayuno puede conducir a graves problemas, especialmente en Arabia Saudí, donde se dictan sentencias de cárcel a quienes hayan sido vistos fumando durante el día. Los horarios de apertura tienden a ser más imprevisibles y breves y, en lugares remotos, puede resultar difícil encontrar un restaurante abierto antes del anochecer. Cuando se pone el sol, se rompe el ayuno con algo ligero como dátiles y laban (leche cuajada) antes de las oraciones. Después viene el iftar (desayuno), en el que se suele comer bastante para compensar las horas de abstinencia. Posteriormente, antes del amanecer, los musulmanes se levantan para preparar una comida que les dé energía para todo el día. Eid al-Fitr: Estas celebraciones, que duran tres días, señalan el final del Ramadán y son época de comidas y visitas familiares. Eid al-Adha: Esta fiesta marca el período en que los musulmanes llevan a cabo la peregrinación a La Meca. Festivales: El principal es el Festival Nacional de Jenadriyah. También hay otros festivales locales más pequeños, como los festivales de verano de poesía y folclore de Abha. El Día Nacional (23 de septiembre) también se celebra de diferentes maneras por todo el país.
Es difícil generalizar acerca de los precios en Arabia, ya que en cada país salen baratas cosas diferentes. En Arabia Saudí, por ejemplo, los vuelos nacionales tienen precios razonables y en los países del Golfo, los electrodomésticos son mucho más económicos que en los países occidentales. Hay cajeros automáticos en la mayoría de las ciudades importantes e incluso en muchas poblaciones rurales. Excepto en Yemen, las tarjetas de crédito se aceptan en casi todas partes. La mejor opción es una combinación de efectivo y tarjetas de crédito. El precio de los hoteles varia de 40 a 150 dólares y se encontrarán comidas desde 15 dólares. En general, los gastos mínimos (hotel económico, comida barata y transporte público) serán de 85 dólares, y por 400 se puede añadir el alquiler de un coche, cena y un hotel de gama más alta.
Riad y alrededores Se recomienda hacer un circuito por las ruinas de Dir’aiyah y explorar los cimientos de la actual Arabia Saudí. Conviene disfrutar de un café de cardamomo en la torre del Reino, con sus impresionantes vistas de la nueva y antigua Riad; tomarse tiempo para descubrir la cultura árabe en el Museo Nacional, uno de los mejores de Oriente Próximo, y luego almorzar en el Najd Village. Hay que darse un capricho con una cena para ricos en el Globe y luego relajarse con un cóctel de frutas y un habano en el Cigar Lounge, ambos en la torre Al-Faisaliah. El fin de semana se puede ir hasta el colorido mercado de camellos y acampar en las arenas rojas. Jeddah y alrededores Contémplese la actividad del frenético mercado de pescado de Jeddah antes de tomar un desayuno tradicional de pan y fuul en el Ful & Hummus. Es aconsejable dar una vuelta tranquilamente por Souq al-Alawi y luego maravillarse con las casas de coral de los comerciantes marítimos de Jeddah. Después de almorzar en uno de los restaurantes asiáticos de la ciudad, se puede dar un paseo contemplando las famosas esculturas que hay a lo largo del paseo marítimo de Jeddah. Por la noche, se recomienda probar la cocina casera de Jeddah en el relajado restaurante Al-Nakheel. El viajero también puede relajarse en el resort de Al-Nakheel, en el mar Rojo.
Escapadas de la ciudad Conviene dirigirse al genial desierto de Al-Nafud y buscar indicios del antiguo comercio de incienso que en otra época hizo rica a Jeddah. Se debe ir a bucear a la espectacular costa del mar Rojo saudí y contemplar los arrecifes de coral en Jeddah, Yanbu y Al-Lith. Hay que visitar Madain Saleh y pasar una semana explorando la espectacular necrópolis nabatea, sentir el fantasma de T. E. Lawrence en el ferrocarril de Hejaz y disfrutar de fantásticos paisajes desérticos. Por último, se puede tomar un todoterreno e ir a explorar el genial Lugar Vacío, disfrutar de un espectacular safari en camellos o contemplar las estrellas por la noche en tiendas beduinas tradicionales
La rica Arabia El sinfín de reinos e imperios que surgieron de las arenas del desierto de Arabia tenían una cosa en común: el incienso. Los antiguos dioses eran aplacados con humo sagrado y la gente de Arabia se hizo muy rica proporcionando incienso a los ávidos devotos del antiguo Egipto, Persia y Roma. De estos pueblos comerciantes uno de los más fascinantes fue el de los nabateos: clanes beduinos que se congregaron en las extraordinarias ciudades gemelas excavadas en la roca de Madain Saleh y Petra. Su ámbito de influencia se extendió hasta Palmira (Siria), en el norte, y Hadramawt (Yemen), en el sur, y su prosperidad solo se acabó cuando los romanos consiguieron evitar a los intermediarios disponiendo flotas en el mar Rojo para importar el incienso directamente. El empobrecido reino nabateo estuvo tambaleándose unos cuantos años, pero al final fue absorbido como una provincia del Imperio romano en el 106 d.C. Los ejércitos de inspiración islámica crecieron de forma espectacular e hicieron añicos a los decadentes imperios bizantino y sasánida, pero tras la muerte del profeta Mahoma en el año 632, Arabia volvió a caer en el letargo y se convirtió en un lugar económicamente insignificante en comparación con los sofisticados califatos omeya y abasí. Solo se salvó de ser un lugar totalmente irrelevante gracias a la importancia espiritual de las ciudades santas de La Meca y Medina. El nacimiento del Imperio saudí En 1703 un hombre aparentemente insignificante nació en la aldea de Al-Uyaynah, en el wadi Hanifa de Arabia central. Sin embargo, este hombre, Mohammed ibn Abd al- Wahhab, acabaría transformando la vida de todos los habitantes de la Península Arábiga. Tras un período itinerante estudiando con eruditos religiosos, Al-Wahhab volvió a Al-Uyaynah y predicó su mensaje de purificación del islam y de regreso a los valores originales proclamados por Mahoma. El programa reformista de Al-Wahhab tuvo inicialmente mucho éxito e incluso logró convertir al jeque local, pero Al- Wahhab impuso severos castigos a la gente a la que acusó de brujería, persuadió al jeque para arrancar de raíz grandes extensiones de árboles sagrados y dirigió la lapidación de una mujer acusada de adulterio. Cuando el horrorizado emir de Al-Hasa retiró las ayudas económicas al jeque local,Al-Wahhab fue desterrado y buscó refugio en Dir’aiyah, a 65 km de Al-Uyaynah. Al mismo tiempo, en toda Arabia aumentó la ira por el hecho de que las ciudades santas de La Meca y Medina estuvieran bajo control otomano, y el emirato saudí-wahhabita se expandió rápidamente. En 1792 murió Al-Wahhab, pero la inexorable expansión del emirato saudí-wahhabita continuó, con violentas incursiones al oeste y al norte traducidas en ataques a caravanas de peregrinos y a la ciudad chií de Kerbala. En 1803 el ejército saudí-wahhabita marchó sobre las ciudades santas de Hejaz y derrotó al jerife Hussain de La Meca. Este primer Imperio saudí se extendía desde Al-Hasa, al este, hasta Hejaz, al oeste, y Najran, al sur. A la segunda va la vencida Pero esa situación no duró mucho. El sultán otomano Mahmud II ordenó a su poderoso virrey de Egipto, Mohammed Ali, que recuperara Hejaz en nombre del sultán. Los ejércitos de Mohammed Ali capturaron La Meca y Medina en 1814 y conquistaron Dir’aiyah el 11 de septiembre de 1818. El restaurado dominio otomano trajo la paz y las caravanas de peregrinos empezaron a volver en gran número a las ciudades santas. Sin embargo, Arabia no lo consintió durante mucho tiempo: en 1824 Turki ibn Abdullah, hijo del ejecutado Abdullah, reconquistó Riad. Sin embargo, a principios de la década de 1890, tras la muerte de Faisal, Riad cayó en manos de los Al-Rashid, una tribu rival. En este contexto, la batalla decisiva para el futuro de la Arabia moderna llegó en 1902, cuando Abdul Aziz ibn Abdul Rahman ibn al-Saud (Ibn Saud), de 21 años, y su pequeño grupo de seguidores asaltaron con éxito Riad al amparo de la noche y capturaron la fortaleza. En 1925 los saudíes-wahhabitas tomaron La Meca y Medina; al año siguiente Ibn Saud se autoproclamó rey de Hejaz y sultán de Najd, y el 22 de septiembre de 1932 anunció la creación del Reino de Arabia Saudí. Arabia Saudí se hace notar En 1933 el futuro económico del nuevo reino quedó prácticamente asegurado con la firma de la primera concesión petrolera. En 1943, el presidente Roosevelt estableció la importancia política del reino al declarar que Arabia Saudí era “vital para la defensa de EE UU”. Tras la muerte de Ibn Saud el 9 de noviembre de 1953, su hijo Saud se convirtió en rey. Saud se ganó el favor de los árabes de a pie apoyando a Egipto en la crisis de Suez de 1956, pero con el reino sumido en graves problemas financieros, abdicó en 1964. Su hermano Faisal mostró mayor disposición a favorecer a sus ciudadanos con una parte de los beneficios económicos del petróleo: introdujo la sanidad gratis para todos los ciudadanos saudíes e inició un boom de la construcción que hizo que Arabia Saudí pasara de ser un empobrecido reino del desierto a una nación con infraestructuras modernas. En respuesta al apoyo incondicional de EE UU a Israel, Arabia Saudí impuso un embargo de petróleo en 1974 que cuadruplicó el precio mundial del petróleo y sirvió para recordar al mundo la importancia de este país en una economía totalmente dependiente del petróleo. Los problemas crecen El 25 de marzo de 1975 el rey Faisal fue asesinado por un sobrino. Aunque el trono oficialmente pasó a manos de un hermano de Faisal, Khaled, un hombre conocido por su piedad, su estilo de vida frugal y su cercanía a sus súbditos, el auténtico poder lo detentaba Fahd, otro de los hermanos de Faisal. En noviembre de 1979 la Gran Mezquita de La Meca fue tomada por 250 fanáticos seguidores de Juhaiman ibn Saif al-Otai, un líder wahhabita, que proclamaba que Mahdi (el mesías islámico) aparecería en la mezquita ese día. Durante dos sangrientas semanas de lucha murieron 129 personas. El conflicto supuso un golpe demoledor para la credibilidad de un régimen que se enorgullecía de ser heredero tanto de Mahoma como del legado wahhabita y de tener a los gobernantes árabes más capaces de proteger los lugares santos. En 1980 estallaron disturbios en las poblaciones del oasis de Qatif (centro de los 300 000 chiíes del reino), inspirados en gran medida por el éxito de la revolución iraní, los llamamientos del ayatolá Jomeini a exportar la revolución chií y la opresión del estado saudí eminentemente suní. Como era de esperar, los disturbios fueron brutalmente reprimidos. El 14 de junio de 1982, el rey Khaled murió a los 69 años. Fahd se convirtió en rey y empezó a reforzar los dos pilares –y contradicciones– del moderno gobierno Al- Saud: para Fahd se convirtió en una prioridad demostrar que el reino era un amigo moderado y de fiar de Occidente, mientras que en 1986 se autoproclamaba “custodio de las dos sagradas mezquitas”. Arabia Saudí hoy Cuando Iraq invadió Kuwait en agosto de 1990, la decisión de Arabia Saudí de permitir que tropas militares extranjeras operaran desde suelo saudí se convirtió en uno de los catalizadores que impulsaron al saudí Osama Bin Laden y a su movimiento Al Qaeda a hacer su aparición en el escenario internacional. En 1991 intelectuales liberales enviaron al rey Fahd una petición que reclamaba reformas y una mayor apertura. Acto seguido los conservadores islámicos enviaron una petición en contra. Esta lucha dentro de la política saudí se ha mantenido hasta hoy en día. Tras ser anunciado a bombo y platillo, el 20 de agosto de 1993 se inauguró el débil Consejo Consultivo (Majlis ash-Shoura). Cuando el rey Fahd murió en agosto del 2005, su hermanastro Abdullah subió al trono y el príncipe sultán bin Abdulaziz al- Saud se convirtió en príncipe heredero. Un futuro incierto Desde los ataques terroristas a Nueva York y Washington el 11 de septiembre del 2001 y desde que se descubrió que 15 de los 19 secuestradores acusados eran saudíes, el mundo ha centrado su atención en Arabia Saudí. Los gobiernos occidentales cuestionaron la presunta financiación de terroristas dentro del reino y las medidas tomadas por las autoridades saudíes para combatir las células de Al Qaeda que operaban en suelo saudí. En el 2003 y 2004 se produjeron una serie de ataques terroristas de Al Qaeda contra occidentales en Riad, Al-Khobar y Yanbu. Esto provocó la salida del país de alrededor del 50% de los expatriados estadounidenses y del 30% de los europeos (de cuyos conocimientos técnicos el Gobierno tiene una gran dependencia). Como resultado, las autoridades saudíes desean que se les vea combatiendo el terrorismo. El país se ha visto obligado a llevar un doble juego en la diplomacia regional. A Arabia Saudí le encanta mostrarse como partidaria incondicional de las economías occidentales, y sigue beneficiándose enormemente del comercio del que tanto depende la familia gobernante Al-Saud. Sin embargo, la élite saudí también tiene que intentar calmar el creciente resentimiento y hostilidad de su propia gente y de las autoridades religiosas, que consideran injustificada la guerra de Iraq. Los Al-Saud también temen un desequilibrio de poder en la región y están preocupados por la retirada de EE UU de Iraq. Aún más preocupante es la creciente influencia de Irán en Oriente Próximo y un Iraq dominado por los chiíes aliado con la herética Siria alauí y en lucha contra Israel en una guerra subsidiaria utilizando a Hamás y Hizbulá. Arabia Saudí también teme un resurgimiento de las tensiones sectarias dentro de sus fronteras. Las alianzas regionales, tribales y sectarias también alimentan el descontento local, y los saudíes han cambiado los medios de comunicación locales, tradicionalmente bastante inactivos, por la televisión por satélite, donde se informa con regocijo de la lucha de poder entre los miembros de la familia real, sus escándalos sociales y financieros, y el descontento cada vez mayor de la juventud saudí.
Literatura En el 2005 una enorme polémica literaria saltó a los medios de comunicación árabes. Chicas de Riad, la primera novela de una joven saudí, Rajaa Alsanea, narra las vidas entrelazadas de cuatro jóvenes mujeres saudíes que son amigas desde la escuela. El libro recibió sorprendentes elogios de los intelectuales árabes y provocó la desaprobación de los conservadores saudíes, escandalizados por su franqueza. Entre las autoras literarias tradicionalmente más respetadas están Saddeka Arebi, Raja Alim, Fowziyha Abu Khalid, Ruqayya ash-Shabib, Sharifa as-Shamlan, Khayriyya as-Saggaf y Najwa Hashim. Entre los novelistas que han tratado el impacto del dinero del petróleo y la modernización en un país tradicional del desierto se incluyen Hamza Bogary, Ahmed Abodehman y Abdelrahman Munif. Música Desde la década de 1980 el Gobierno saudí ha realizado grabaciones de música folclórica de casi todas las aldeas del país, y algunas se emiten en la televisión saudí. En Hejaz, la música folclórica denominada “Al-Sihba” mezcla la poesía beduina con canciones de la Andalucía árabe. Entre los músicos populares en todo el mundo árabe se encuentran Tariq Abdul Hakim, Mohammed Abdou, Abadi al-Johar, Mohammed Aman y Abdou Majeed Abdullah. Arquitectura Arabia Saudí posee una excelente variedad de arquitectura tradicional de piedra y adobe. Desgraciadamente, muchas de esas construcciones ya han desaparecido bajo la apisonadora de la modernización o se están deteriorando rápidamente. El rey Abdullah está fomentando un aumento de la concienciación sobre la historia y cultura saudí más allá del islam, y durante la próxima década está prevista la inauguración de 60 nuevos museos en todo el país, sobre todo en edificios tradicionales restaurados. Algunos de los ejemplos más exquisitos de arquitectura tradicional pueden encontrarse en Al-Ula y Dir’aiyah, mientras que las mejores fortalezas de barro se encuentran en Najran, en el suroeste del país. Más al norte, los mercaderes de Jeddah construyeron impresionantes casas con coral del mar Rojo y balcones de madera con celosías, mientras que las expresiones más llamativas de arquitectura moderna saudí se encuentran en Riad, con la torre del Reino y la torre Al-Faisaliah. Danza La fascinante ardha beduina, que tiene sus raíces en el Najd, es la danza nacional de Arabia Saudí y en ella participan cantantes, bailarines y un poeta-narrador, que se encarga de dar inicio a la danza en la que hombres colocados hombro con hombro y blandiendo espadas bailan al unísono al ritmo de los golpes de tambor. El Festival de Jenadriyah, que se celebra anualmente, ofrece la mejor oportunidad para ver a alguno de los más de cincuenta grupos de música y danza folclórica de Arabia Saudí.
Arabia Saudí ocupa el 80% de la Península Arábiga. Más del 95% de Arabia Saudí es desierto o semidesierto, y el país alberga algunas de las zonas desérticas más grandes del mundo, incluidos el desierto de Nafud al norte y el Lugar Vacío al sur. Tan solo el 0,5% de territorio saudí es considerado apto para la agricultura, y menos del 2% está cubierto de bosques. Las regiones más elevadas discurren como una columna vertebral en dirección sur por la costa oeste, desde los 1500 m de altura en el norte hasta los 2910 m del Jebel Soudah en las montañas Asir, en el suroeste. Arabia Saudí tiene muchos problemas medioambientales, incluida la desertificación, la contaminación, la deforestación, la falta de educación y concienciación local, y el agotamiento de las aguas subterráneas. La caza ilegal, incluso de especies en peligro de extinción, es un gran problema.
Avión El aeropuerto internacional Ling Khalid (www.gaca.gov.sa) está 25 km al norte del centro. Hay que buscar la terminal real. Todos los vuelos domésticos son operados por la principal línea aérea, Saudi Arabian Airlines (www.saudi airlines.com). Varias líneas aéreas internacionales tienen sus oficinas alrededor de Olaya St. Hay vuelos diarios a Abha, Jeddah, Najran, Sakaka (Jouf) y Sharurah, a Medina y Taif, a Dammam y a Hail. Autobús La estación de autobuses de Al-Aziziyah está unos 17 km al sur del centro. Desde la estación hasta la parada de Al-Bathaa hay autobuses cada 15-30 minutos. Hay autobuses diarios a Dammam, Hail, Al-Hofuf, Jedda, Taif, Najran, Sakaka, Abha, Jizan y Al-Ula. Automóvil En Riad hay agencias de alquiler de automóviles a lo largo de Olaya St, cerca del hotel Al-Khozama, incluida Budget (www.budget-arabia.com). También hay algunas en las salas de llegadas de vuelos nacionales e internacionales del aeropuerto. Tren Desde la estación de trenes (www. saudirailways.org) hay trenes directos a Dammam que pasan por Al-Hofuf.
Avión Saudi Arabian Airlines (Saudia; www.saudiairlines. com) sigue ofreciendo el mejor servicio en la mayor parte de las rutas nacionales, aunque ahora la aerolínea nacional tiene como nuevo rival a la aerolínea de bajo coste Nas (www.flynas.com). El aeropuerto de Medina está fuera de la zona haram (prohibida), por lo que los turistas pueden utilizarlo. Autobús Todos los servicios nacionales de autobús son operados por la Saudi Arabian Public Transport Company (Saptco; www.saptco.com.sa). Los autobuses son cómodos, están limpios y tienen aire acondicionado. No está permitido ir de pie, hablar con el conductor, ni fumar. Saptco también garantiza que si un autobús se avería, en dos horas como máximo se envía un vehículo de reparación y en cuatro horas uno de sustitución. Todos los autobuses tienen baños, y cada pocas horas hacen paradas. En los autobuses hay una única clase de billete, excepto en un servicio: el servicio exprés VIP de Saptco entre Riad y Al-Khobar. Los billetes cuestan aproximadamente la mitad que los de avión equivalentes. Automóvil y motocicleta A pesar de su impresionante sistema de transporte público, Arabia Saudí sigue siendo un país que ensalza el uso del automóvil particular. Las carreteras suelen estar asfaltadas y bien mantenidas. Las motocicletas no son habituales, y normalmente son consideradas un vehículo de la gente rural pobre.
· Madawi, Al-Rasheed: Historia de Arabia Saudí, Cambridge University Press, 2003. · Mackey, Sandra: Los saudíes: crónicas de una periodista desde el reino oculto del desierto, Paidós, Barcelona, 2004. · Bradley, John R.: Saudi Arabia Exposed, MacMillan, 2006. · Lacey, Robert: Inside the Kingdom, Penguin, 2009. · Arebi, Saddeka: Women and Words in Saudi Arabia, Columbia University Press, 2008. · Alsanea, Rajaa, Chicas de Riad, Emecé, Barcelona, 2007. · Munif, Abderrahmán, Ciudades de sal, Belavqua, Barcelona, 2006. · Espinosa, Ángeles, El reino del desierto: Arabia Saudí frente a sus contradicciones, Madrid, Aguilar, 2006.


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