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Alemania
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Alemania atesora muchas riquezas: el elegante encanto de las grandes ciudades, las fiestas de la cosecha de origen pagano, abundantes actos culturales e inmensas extensiones de bosque. Pero la historia reciente del país junto a su presente tiene un gran peso. Ningún visitante puede permanecer indiferente a su complejo pasado y al modo en que éste afecta a la nación actual.

Nombre oficial: República Federal de Alemania
Superficie: 357 021 km²
Población: 82 604 000 hab.
Capital: Berlín (3,5 millones hab.)
Nacionalidades y etnias: 92% alemanes, 2,5% turcos, minorías yugoslava, italiana, griega, bosnia, polaca, croata, austriaca, norteamericana, entre otras
Idioma: alemán
Religión: 90% cristianos. Hay 1.700.000 musulmanes y unos 74.000 judíos (antes del Holocausto la cifra ascendía a medio millón)
Régimen político: democracia parlamentaria
Presidente: Christian Wulff
Canciller: Angela Merkel

PIB: 3673 billones de dólares
PIB per cápita: 40 415 dólares
Crecimiento anual: 2,7%
Inflación: 1%
Principales recursos económicos: vehículos, ingeniería, industrias química, metalúrgica, manufacturera y textil
Principales socios comerciales: Unión Europea (especialmente Francia, Países Bajos, Italia, Reino Unido, Bélgica/ Luxemburgo), Estados Unidos y Japón
Miembro de la UE:

Visados: Los ciudadanos de la Unión Europea, Estados Unidos, Australia, Canadá, Nueva Zelanda y Japón pueden entrar con su carné de identidad. Los procedentes de los países latinoamericanos, normalmente, pueden permanecer hasta tres meses, a excepción de aquellos ciudadanos de un país en vías de desarrollo.
Condiciones sanitarias: hay que tener en cuenta el elevado coste de la sanidad
Hora local: GMT+1; GMT+2 en verano
Electricidad: 220V, 50 Hz
Pesos y medidas: sistema métrico
Turismo: 17 millones de visitantes al año

Se recomienda ir bien equipado a pesar de la época del año en que se viaje, dado que en Alemania el tiempo es muy variable. El mejor período para visitar el país coincide con la máxima afluencia turística, entre mayo y octubre (excepto para los esquiadores). Durante el resto del año desciende el turismo y Alemania puede sorprender con un clima de lo más agradable. No existe una temporada de lluvias específica.

En Alemania las festividades agrupan desde las fiestas paganas de la cosecha hasta las galas de ópera de etiqueta. En todo el país se suceden festivales de invierno, y las grandes ciudades como Colonia, Munich y Maguncia explotan en Carnaval justo antes del Miércoles de Ceniza. La rica herencia musical alemana se exhibe en una plétora de festivales. Algunas poblaciones se centran en un compositor particular, como el Festival de Bach en Turingia, que se celebra en marzo, o el Festival de Richard Wagner en Bayreuth, a lo largo del mes de julio; otros espectáculos se basan en temáticas concretas. Los festivales de jazz de Francfort (abril), Stuttgart (abril) y Berlín (noviembre) son muy populares. El otoño es una magnífica temporada para la algarabía de las cosechas, especialmente en Renania, donde el Rin en Llamas ofrece barcazas cargadas de fuegos artificiales. También destaca la Oktoberfest, la gran fiesta anual de la cerveza de Munich, aunque se trata más de un acontecimiento turístico que de un ejemplo representativo de la cultura alemana. En casi todos los pueblos de Baviera se celebran fiestas dedicadas a la cerveza, todas ellas mucho más originales que la Oktoberfest. Las familias alemanas celebran con intensidad la Navidad, con mayor profusión en Lübeck, Munich, Berlín, Nuremberg, Münster, Essen y Heidelberg.

Moneda
euro, antes marco alemán

Comidas

· Presupuesto bajo: hasta 10 euros
· Presupuesto medio: entre 10 y 20 euros
· Presupuesto alto: a partir de 20 euros

Alojamiento

· Presupuesto bajo: hasta 80 euros
· Presupuesto medio: entre 80 y 150 euros
· Presupuesto elevado: a partir de 150 euros

Si bien es fácil gastar mucho dinero en Alemania, también es posible desembolsar menos de 40 euros al día si se viaja en tren con un abono y la alimentación se basa en comida barata para llevar o en cocinar uno mismo; sin embargo, aquellos que prefieran comer en restaurantes con asiduidad, viajar libremente con transporte público y alojarse en hoteles de categoría media-alta, tendrán que contar con al menos 100 euros diarios.

A pesar de ser reconocidas ampliamente, las tarjetas de crédito sólo se aceptan con seguridad en hoteles importantes, gasolineras y grandes almacenes; es preferible no dar por sentado que los restaurantes las admitirán. En Alemania, abundan los cajeros automáticos, y resulta sencillo acceder a la propia cuenta de ahorro o de crédito. La moneda extranjera se canjea en los bancos y, en las grandes ciudades, en oficinas de cambio habilitadas para este efecto.

En general no se esperan ni se dan propinas, aunque un cliente puede gratificar un servicio excelente.

Berlín

La fuerza y el alcance del éxito prusiano se ponen de manifiesto en Berlín, una de las ciudades más fascinantes del mundo y que ha vivido más conflictos a lo largo de la historia. Desde la importancia estratégica que adquirió en el siglo XIII, cuando se construyó un puente sobre el río Spree, Berlín no había vuelto a acaparar tanta atención como durante el siglo XX. Es el eje central de Alemania, y su importancia se refleja en sus grandes edificios públicos, museos y teatros, así como en sus restaurantes y elegantes salas de fiesta. La vida cultural berlinesa goza de una vitalidad y prestigio inigualables, tanto por sus modernas y cuantiosas infraestructuras como por sus festivales, fiestas y conciertos al aire libre. En la actualidad, la ciudad es el epicentro del trascendental proyecto de reunificación.

Berlín es una ciudad que se puede explorar a pie. Se recomienda pasear desde Alexanderplatz hasta la Puerta de Brandenburgo a través de Unter den Linden. En el cercano Kulturforum se encuentran museos y salas de concierto en la zona sureste de Tiergarten; visitar esta zona puede llevar varios días.

Munich

Más allá de la cerveza y las salchichas, Munich se presenta como una ciudad cosmopolita característica del continente europeo. Sus habitantes pueden disfrutar de los más dispares atractivos de la urbe, desde la vertiginosa elegancia de sus grandes bulevares hasta los bailes tradicionales, como el oompah. Compacta y manejable, esta metrópoli posee una embriagadora mezcla de glamour y abandono; cuenta con múltiples teatros, con buenos museos y con numerosos jardines, sin olvidar sus incontables cervecerías.

Se recomienda visitar el Deutsches Museum, donde se presenta la mayor muestra de ciencia y tecnología del mundo, con actividades interactivas y atractivas demostraciones de los inventos humanos, desde la minería a la observación de las estrellas. El Englischer Garten es uno de los mayores parques urbanos de Europa; se puede pasear por sus senderos, disfrutar de sus arroyos, atravesar sus puentes y deleitarse con los cisnes. También es posible tomar el sol desnudo sobre el césped.

Partiendo de Munich se pueden realizar otras muchas excursiones. Destacan los Alpes bávaros, muy atractivos si el día es claro; la carretera Romántica, que enlaza pueblos típicos de la zona occidental de Baviera; así como el campo de concentración de Dachau, al noroeste de la ciudad. Munich constituye un importante eje de transportes y se comunica regularmente con el resto de Alemania y con Praga, al Noreste, y Roma, al Sur.

Francfort del Main

Francfort del Main, denominada así para distinguirla de Francfort del Oder, se ha convertido en el centro financiero y geográfico de Alemania occidental. Una gran parte de la riqueza del país proviene de sus habitantes, y cerca del 10 por ciento de los impuestos de la ciudad se destina a la cultura. Es una de las urbes alemanas con más museos. El Museo Städel alberga una magnífica colección de obras que abarcan desde el Renacimiento hasta el siglo XX; entre los grandes maestros que forman parte de sus fondos destacan Durero, Rembrandt, Vermeer, Monet, Van Gogh, Cézanne, Picasso, Matisse, Bacon, Baselitz y Serra. El Museo de Arte Moderno ofrece una interesante selección de obras que forman parte del Pop Art, con trabajos de Lichtenstein, Warhol y Wesselmann, entre otros, piezas de arte contemporáneo -pertenecientes a creadores veteranos y noveles-, así como creaciones de artistas que han seguido con un proyecto durante muchos años, como Gerhard Richter, Bernd y Hilla Becher y On Kawara. El panorama musical de Francfort es muy animado, y el jazz destaca por su gran calidad. Su bebida local, denominada Ebbelweï, es una especie de sidra extremadamente fuerte, muy conocida en todo el mundo. En esta metrópoli pasan al cabo del día unos 1.500 trenes, lo que posibilita la comunicación con cualquier punto del país.

A una hora al norte de la ciudad se alza la encantadora ciudad de Marburgo, una animada población universitaria donde se han habilitado diversas cafeterías que siguen las tendencias actuales. También hay una gran afición a los pubs ubicados en las admirables calles empedradas.

Heidelberg

Ciudad turística por excelencia, Heidelberg cuenta con un magnífico castillo de estilo gótico-renacentista. Esta bella urbe recibe cuatro millones de visitantes al año a pesar de su escasez de alojamientos económicos y de los elevados precios de sus restaurantes. Es inevitable sentir la atracción romántica del castillo, y se puede huir de las hordas de los turistas caminando por alguno de los senderos que recorren las colinas de los alrededores y disfrutando de su paisaje. También resulta espectacular la Gran Tinaja, con una capacidad de hasta 220.000 litros. Si se pasea por las calles de la parte posterior de la población, es posible toparse con algún lugar donde los estudiantes suelen tomar la espuela, y pasar horas en una cafetería junto a poetas y otros curiosos personajes. Heidelberg se beneficia de las frecuentes conexiones ferroviarias con Francfort, Stuttgart, Munich, y otros destinos.

Lübeck

En Schleswig-Holstein, el estado situado más al norte de Alemania, se encuentra Lübeck, una extraordinaria ciudad medieval. Aunque se puede acceder fácilmente desde Hamburgo, se aparta de las principales rutas turísticas y puede ser una buena y tranquila alternativa frente a las masivas atracciones que ofrece el Sur. En 1987 fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. A pesar de que fue totalmente bombardeada durante la II Guerra Mundial, ha sido reconstruida con acierto y conserva todo su encanto, sobre todo su centro histórico, formado en su mayoría por residencias patricias de los siglos XV y XVI, monumentos públicos, iglesias y almacenes de sal. Está repleta de lugares donde alojarse por un precio módico y también goza de una buena variedad de restaurantes económicos. En Lübeck se halla el encantador Marionettentheater, teatro de marionetas, que merece la pena visitar. En el interior de la Marienkirche (iglesia de Santa María), se puede contemplar un duro recuerdo de la guerra: las campanas de la iglesia se estrellaron contra el suelo de piedra a consecuencia de un bombardeo, y los habitantes han mantenido los fragmentos justo donde cayeron, con un pequeño letrero que reza: "En señal de protesta contra la guerra y la violencia".

Tübingen

Esta particular y bella población universitaria se encuentra 35 km al sur de Stuttgart, y constituye una inmejorable ocasión para pasear por avenidas bordeadas de casas de madera y antiguas murallas de piedra. Desde lo alto del castillo renacentista de Hohentübingen (que actualmente forma parte de la Universidad), se puede disfrutar de una magnífica panorámica de los empinados tejados rojos característicos del viejo pueblo. En la actualidad, los estudiantes siguen postulando con orgullo la rigurosa tradición liberal e intelectual propia de este centro universitario. El mercado, rebosante de frutas y verduras, sorprende por su belleza, y cualquiera de los productos que están a la venta podría formar parte de alguno de los platos que el visitante consume en los restaurantes de la localidad.

Islas Frisias

Situadas en la costa noroccidental de Alemania, las islas Frisias recompensan a aquellos que han realizado el esfuerzo para llegar a ellas. Gran parte de esta zona pertenece a un parque nacional. Se recomienda evitar Sylt, abarrotada de turistas acaudalados en busca de balnearios, y seguir hacia Föhr o Amrum, ambas más tranquilas, menos turísticas y que potencian otros atractivos como unas magníficas vistas con los rayos de sol sobre el helado mar del Norte, los paseos por sus abundantes senderos y montar a caballo o en bicicleta por los alrededores. Mar adentro aparece Heligoland, cuya visita, partiendo de las Frisias, puede organizarse como una divertida excursión de uno o dos días. La isla se utilizó como base de submarinos durante la II Guerra Mundial, y en la actualidad aún es posible visitar los incombustibles búnkers y los túneles subterráneos; un camino panorámico circunda la isla.

Montañas Harz

Conocidas principalmente por alemanes y escandinavos, las montañas Harz asoman por la Baja Sajonia, y puede llegarse a ellas mediante un rápido recorrido en tren desde los centros turísticos del Sur. Si bien no cuentan con unos picos y valles tan pronunciados como los Alpes, ofrecen una amplia variedad de actividades deportivas durante todo el año pero, a diferencia de la cordillera alpina, sin un excesivo turismo. El Parque Natural de Harz se ha adaptado a los excursionistas manteniendo toda su belleza. La zona es popular entre los aficionados al ciclismo, pese a tener que compartir algunas de las serpenteantes carreteras de montaña con todoterrenos, de modo que es recomendable estudiar los mapas antes de partir. A los esquiadores de descenso, las montañas Harz pueden parecerles relativamente aburridas; sin embargo, en la zona existe una gran afición por el esquí de fondo, compartida también por muchos de sus visitantes.

Un tercio de la población pertenece a algún club deportivo, de modo que no es de extrañar que los extranjeros puedan acceder también a los espacios al aire libre. El ciclismo es una de las actividades favoritas, y en muchas ciudades de la parte occidental de Alemania se han habilitado excelentes carriles de bicicleta. Las carreteras de la zona oriental suelen tener más baches, pero también son accesibles. Estas rutas son más interesantes y están menos frecuentadas que las autopistas, y permiten dirigirse de una población a otra durante semanas. Los excursionistas cuentan con senderos marcados en la Selva Negra, las montañas Harz y los Alpes bávaros, entre otros. La zona alpina es la más popular, aunque los senderos están abarrotados de gente, especialmente en vacaciones. En invierno, este paraje se emplea para practicar el esquí de descenso y de fondo. La Selva Negra, pese a su verticalidad, es también muy popular entre los esquiadores. Los ríos y lagos de Alemania son excelentes para navegar; existen cruceros alrededor de Berlín, por los inmensos lagos del sur de Alemania y por el mar Báltico. La vela y el windsurf son unos deportes muy apreciados, especialmente en el lago Constanza, en el Sur.

Los altibajos en la historia de Alemania se hicieron notar desde los primeros tiempos, cuando hace aproximadamente cuarenta mil años el hombre de Neanderthal habitó en estas tierras. Invasores eslavos y asiáticos lucharon por dominar el territorio hasta que los bárbaros germánicos se asentaron en la región del Rin. Diferentes focos de feroz resistencia se opusieron a las legiones romanas (entre el 50 a.C. y el siglo V d.C.), al conquistador franco Carlomagno (hasta principios del siglo IX) y a Otón el Grande, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico (desde finales del siglo X). En el siglo XIII, cuando la casa de Austria gobernaba desde Viena, este territorio era poco más que un mosaico de estados germanoparlantes gobernados por príncipes.

Con los Habsburgo en el poder estalló la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), consecuencia de continuos conflictos religiosos y nacionalistas. Desde la Reforma planteada por Martín Lutero a partir de la década de 1520, Europa vivía en una controversia religiosa. El tratado de Westfalia (1648), que ponía fin a la contienda, ratificó el fracaso de la Contrarreforma en Alemania (asentando los derechos de católicos y protestantes) así como de la política de los Habsburgo dirigida a la construcción de un gran imperio. Tras la guerra y las epidemias que asolaron el país, Alemania perdió la tercera parte de su población.

Los príncipes locales asumieron la soberanía absoluta en un mosaico formado por cerca de trescientos estados, lo que facilitó la incursión de las tropas napoleónicas a principios del siglo XIX. El emperador francés jamás consiguió conquistar Prusia, que se convirtió en el núcleo de la resistencia alemana. En la decisiva batalla de Leipzig en 1813, se puso fin a las aspiraciones alemanas de Napoleón. En 1866, Otto von Bismarck, canciller de Prusia, anexó gran parte de Alemania, y se consolidó como el mayor gobernador de Europa tras una resonante victoria sobre Francia en 1871. Guillermo I, rey de Prusia, fue designado Kaiser y se formó el nuevo imperio alemán.

Guillermo II destituyó a Bismarck en 1890 y condujo Alemania a la I Guerra Mundial; la población alemana acusó inmediatamente los efectos de la guerra sobre su economía, lo que provocó disturbios civiles. El final de la lucha trajo consigo una desmoralización generalizada así como más de un millón y medio de muertos. La oposición se hizo con el poder en la denominada Revolución de Noviembre (1918) y Friedrich Ebert fue nombrado presidente del Reich de la República de Weimar (1919-1925). La crisis económica mundial favoreció el aumento del paro y de la pobreza, circunstancias que facilitaron el asentamiento del Partido Nacionalsocialista de Obreros Alemanes liderado por Adolf Hitler. En 1933, el partido nazi asumió la autoridad absoluta sobre Alemania; la dictadura nacionalsocialista se mantuvo hasta 1945. Su política de expansión condujo en 1939 a la II Guerra Mundial y al horror del Holocausto. Tras las primeras victorias en los frentes, en 1943 se sucedieron pérdidas importantes que fueron marcando lentamente el comienzo de su rendición incondicional de 1945.

Los aliados dividieron y controlaron la Alemania de la posguerra: Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos se afianzaron en la parte occidental y formaron la República Federal de Alemania, y la zona soviética se transformó en la República Democrática de Alemania, de régimen comunista; la misma división se repitió en Berlín. Alemania occidental recibió importantes inyecciones de capital estadounidense, atrayendo a muchos trabajadores que escapaban de las miserables condiciones económicas del Este. Para reducir las crecientes fugas hacia el Oeste, la RDA construyó el muro de Berlín en 1961 y cerró las fronteras. El ojo helado de la Guerra Fría se centraba en la capital. Durante los siguientes 25 años, Alemania occidental se convirtió en una de las naciones más prósperas del mundo, al tiempo que en el territorio comunista aumentaban las dificultades socioeconómicas. Uno de los símbolos más conmovedores del hundimiento del comunismo en Europa del Este lo constituyó la caída del muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989.

Gracias a la reunificación de Alemania, la era de Helmut Kohl se convirtió en una de las épocas más sobresalientes de la historia del país. Sin embargo, tras 16 años de mandato llegó a su fin con la coalición del partido socialdemócrata y los Verdes en 1998. Dos años después se inició una investigación, que duraría 14 meses, al ex canciller por malversación de fondos. En el año 2000, Angela Merkel sustituyó a Wolfgang Schäuble como nueva presidenta de la Unión Cristiana Democrática.

El trastorno social que se pronosticó a Alemania tras la unión ha sido mínimo, a pesar de los problemas que acarrea el país. Aunque ha decaído la euforia de la reunificación y que aún persiste por ambas partes cierto resentimiento y descontento, poco a poco el país germano va logrando la verdadera unión de una manera realmente diligente. La extrema derecha, a pesar de sus ocasionales brotes de violencia, se mantiene en un segundo plano desde el punto de vista político. Alemania ha absorbido la mayoría de los refugiados de la antigua Yugoslavia que, junto a otros inmigrantes, son objeto de nuevos ataques racistas.

En noviembre de 2005, tras unas disputadas elecciones entre socialdemócratas y democristianos, Angela Merkel asume la cancillería alemana.

Dada la importancia que este país ha tenido para la historia mundial, las costumbres y preocupaciones de los alemanes se reflejan en una herencia artística muy rica: desde la belleza claustrofóbica de sus catedrales al legado de algunos de los filósofos más influyentes del mundo; desde la importancia de los compositores clásicos hasta la música grunge contemporánea; desde el genio de Goethe hasta el teatro revolucionario de Brecht; desde el romántico Friedrich al visceral expresionismo; desde el anarquismo dadaísta hasta los postulados de la Bauhaus, con Gropius y Mies van der Rohe. El alcance del arte alemán es tal que podría suponer el eje central de toda una visita.

Uno de los artistas alemanes más excepcionales que han existido, Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832), cultivó la poesía, el teatro, la pintura, la filosofía y la ciencia. Su mayor obra, el drama Fausto, es una auténtica y excepcional epopeya sobre la búsqueda agónica y comprometida de la perfección que nunca se logrará. La grandeza de Goethe puede equipararse a Johann Sebastian Bach, Ludwig van Beethoven y Richard Wagner. El país germano también está dotado de un excepcional arte plástico. La escultura gótica de Peter Vischer y sus cinco hijos, los retratos renacentistas de Durero y la arquitectura barroca de Balthasar Neumann son magníficos ejemplos. La excelencia del arte germano persiste en lenguajes más recientes, como la cinematografía. Antes de la II Guerra Mundial, el celuloide alemán creó en los estudios de la UFA obras maestras como El gabinete del doctor Caligari (Robert Wiene, 1920), Nosferatu (Friedrich Murnau, 1922) y Metrópolis (Fritz Lang, 1926). En la actualidad destacan las obras de Fassbinder, Volker Schlöndorff y Wim Wenders.

La dieta alemana se fundamenta en la carne y las patatas, a pesar del progresivo aumento de restaurantes vegetarianos en los últimos años. Un buen desayuno alemán se compone de bollos, mermelada, queso, carnes frías, huevos cocidos y café o té. La principal comida del día es el almuerzo pero, según la abundancia del desayuno, se puede tomar un Bratwurst a mediodía en cualquiera de los numerosos Imbiss (puesto de comida para llevar). Si bien la cena se supone más ligera, suele traducirse en un plato de salchichas acompañadas de unas bolas de masa hervida. La cerveza es la bebida nacional y uno de los fenómenos culturales que merece la pena explorar; es excelente y relativamente barata. En cada región y en cada cervecería se elabora con un gusto y una textura diferentes. Es preferible realizar una visita inesperada a cualquier cervecería antes que acudir a fiestas multitudinarias, como la Oktoberfest de Munich. En invierno, se puede experimentar el agradable aturdimiento provocado por el Glühwein, un vino fuerte y sazonado con especias.

A pesar de su inclinación a la mejora y modernización continuas, el país germano se aferra a sus tradiciones culturales. Los cazadores siguen vistiendo de color verde; los deshollinadores se pasean con sus trajes tiznados de carbón y su chistera; las mujeres bávaras se atavían con el Dirndl (falda y blusa); los hombres encuentran la ocasión de vestir con el típico Lederhosen bávaro (pantalón corto de cuero), un Loden (chaqueta corta) y un sombrero de fieltro. En la vida cotidiana, los alemanes actúan con formalidad, aunque más en el Norte que en el Sur. Al este del país, la población de edad más avanzada no está demasiado acostumbrada al turismo, de modo que se aconseja exagerar los buenos modales. Excepto en caso de extrema confianza, los alemanes entrados en años siguen empleando Herr y Frau en el trato diario. La transición del formal Sie (usted) al informal du (tú) normalmente se establece de mutuo acuerdo y se suele sellar con un brindis y un apretón de manos. Pero a la gente menor de los cuarenta les hace gracia una exagerada educación en el trato, ya que se considera un defecto del típico aprendiz de alemán.

Las llanuras del norte de Alemania se extienden desde los Países Bajos hasta Polonia, rozando el sur de Dinamarca, zona que linda con los mares Báltico y del Norte. El cinturón central industrializado ciñe Bélgica y Luxemburgo hasta la punta occidental de la República Checa. Los ríos Rin y Meno, esenciales para la navegación por el interior, desarrollan las depresiones y gargantas que cortan las mesetas centrales. Hacia el Sur, el Danubio drena las montañas de Baviera desde la Selva Negra, cerca de las fronteras con Francia y Suiza, hasta Munich. La parte sur de los Alpes bávaros linda con Austria.

Una tierra tan densamente poblada e industrializada como Alemania no es un paraíso para los ecologistas; cerca de un tercio del territorio está intensamente cultivado y escasea la vida salvaje. El bosque Bávaro, en la parte suroriental, es la mayor zona montañosa de Europa y la Selva Negra cuenta con un imponente paisaje agreste. Entre la fauna forestal, se encuentran el jabalí, el ciervo y el zorro.

Las temperaturas en Alemania nunca llegan a ser demasiado extremas, aunque se evidencian diferencias notables entre las regiones. El clima más benigno se da entre mayo y octubre, con un verano cálido incluso en el norte. El otoño es una buena época para visitar el país, cuando los turistas se dispersan y los bosques se tornan dorados; es el momento para practicar cualquier actividad, sin los sofocos del verano. El invierno es húmedo, especialmente en el Sur, de modo que la nieve no permanece mucho tiempo, salvo en las cotas más elevadas.

Francfort, Munich y Düsseldorf son los principales puntos de partida o llegada de vuelos a Alemania. Después de Heathrow (en Londres), Francfort es el aeropuerto con más tráfico de Europa. En el precio de los billetes se incluye una tasa de salida de unos 5 dólares. Para aquellos que procedan del continente, resulta más económico viajar en autobús o en tren; el ferrocarril ofrece más comodidad pero su coste es más elevado y sus horarios son menos flexibles. Alemania dispone de una excelente red de autopistas que enlazan con el resto de Europa occidental. Aunque las carreteras del Este europeo han mejorado mucho, algunos cruces fronterizos son bastante lentos, especialmente en Polonia. Para entrar en Alemania en coche o motocicleta, es necesario poseer un seguro a terceros. Hay servicio de ferry entre la costa norte alemana y escandinava, Gran Bretaña y San Petersburgo.

Es fácil desplazarse en Alemania. Los vuelos de interior son caros y, a menos que se disponga de poco tiempo, conviene ahorrarse el dinero. La red ferroviaria es magnífica. Actualmente, la oriental y la occidental están totalmente fusionadas, aunque las tarifas de la zona oriental continúan siendo más económicas. Existe todo tipo de abonos y tarifas especiales. Normalmente hay que pagar un suplemento por el InterCity Express (ICE), pero merece la pena viajar a 250 km/h a través del país. Se recomienda olvidarse de los autobuses, excepto en aquellas zonas donde no sea posible acceder en tren. Las carreteras alemanas son excelentes, y el transporte motorizado puede ser un medio idóneo para viajar por el país, aunque existen problemas de aparcamiento en la mayoría de las ciudades. En las Autobahns (autovías) se puede coincidir con largos atascos.


· Goethe, Johann Wolfgang von: Fausto, Espasa-Calpe, Madrid, 1998; Werther, Océano Grupo Editorial, Barcelona, 2000
· Brecht, Bertolt: Vida de Galileo; Madre coraje y sus hijos, Alianza Editorial, Madrid, 2000; Baal; Tambores en la noche; En la jungla de cristal, Alianza Editorial, Madrid, 2000
· Grass, Günter: El tambor de hojalata, Ediciones Alfaguara, Madrid, 1999
· Böll, Heinrich: Retrato de grupo con señora, Editorial Seix Barral, Barcelona, 1993; El honor perdido de Katharina Blum, Espasa-Calpe, Madrid, 1995; Opiniones de un payaso, Editorial Seix Barral, Barcelona, 2001
· Abish, Walter: Tan alemanes, Editorial Anagrama, Barcelona, 1985; Cautivos del eclipse, Muchnik Editores, Barcelona, 1995
· Süskind, Patrick: El perfume, Editorial Seix Barral, Barcelona, 1998
· VV AA: Cuentos románticos alemanes, Ediciones Siruela, Madrid, 1992
· Trevor-Roper, Hugh: Los últimos días de Hitler, Alba Editorial, Barcelona, 2000
· Isherwood, Christopher: Adiós a Berlín, El Taller de Mario Muchnik, Madrid, 1999
· Benjamin, Walter: Personajes alemanes, Ediciones Paidós Ibérica, Barcelona, 1995
· Weizsäcke, Richard von: De Alemania a Europa: el impulso de la historia, Galaxia Gutenberg, Barcelona, 1995
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