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Milán
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Introducción

Los trabajadores milaneses organizan su ajetreada metrópoli con eficiencia y aplomo. Es la sala de máquinas de la economía del país, la sede del mercado bursátil de Italia y de los centros de negocios. Esta ciudad elegante es también la capital del diseño mundial y rivaliza con París para erigirse como el centro de la moda.

Es realmente sofisticada. Ir de compras, sea a través de los escaparates o en mano, para aquellos que puedan permitírselo, es lo más y adquiere casi un significado religioso. El teatro y el cine florecen en este entorno tan de moda, mientras que los artistas punteros siempre incluyen a Milán como ciudad donde mostrar sus obras. El ambiente creado por las discotecas es vibrante. La comida es otra de las alegrías de Milán. Los inmigrantes sirven cocinas eclécticas para el deleite tanto de los ciudadanos como de los visitantes. Para aquellos que se cansen de los exquisitos platos lombardos, sicilianos y toscanos, también aquí podrán encontrar un aromático cuenco de pho (sopa vietnamita) o un curry picante. Milán es, sin duda alguna, una ciudad renacentista.



Información práctica
Población: 1,3 millones hab.
País: Italia
Hora local: GMT + 1 (en verano, GMT + 2 horas)
Prefijo telefónico: 02





Cuándo ir

Aunque Italia predominantemente posea un clima mediterráneo, los inviernos de Milán (entre diciembre y febrero) se pueden considerar frescos, con temperaturas inferiores a los cero grados. Sin embargo, las montañas protegen a la ciudad de lo peor del invierno de la Europa del Norte.

El verano (de mayo a septiembre) puede ser caluroso y bochornoso. En agosto, gran parte de la ciudad se dirige a las playas para escapar de las temperaturas de 30ºC o incluso más; el visitante hará bien en seguir el ejemplo.



Fiestas y celebraciones

A Milán le encanta festejar tanto el mundo espiritual como el material y lo hace con igual gusto. Entre las fiestas culminantes más antiguas se encuentra la anual Festa della Nivola (Festival de los clavos) que se lleva a cabo del 15 al 18 de septiembre en el duomo (catedral). El arzobispo de Milán levanta el vuelo en su propio deus ex machina privado para recuperar un clavo, guardado cerca del techo de la catedral, que fue supuestamente clavado a Jesús hace un par de milenios. El Carnaval anima Milán la semana antes del Miércoles de Ceniza, y es una combinación de veneración cristiana y de juerga laica.

Para quienes necesiten velocidad, la ciudad pone una carrera a su disposición: el Autódromo Monza, a unos 31 km al noreste de la ciudad, es escenario del Grand Prix Italiano, donde los diseñadores punteros de Fiat, Jaguar y Ferrari alardean de sus preciosos bólidos de fórmula uno a una velocidad media de 250 km por hora.



Dinero y precios
Moneda




Qué ver
El Duomo

El ombligo de Milano, la Plaza del Duomo, posee el ambiente del Piccadilly Circus de Londres pero con una arquitectura mucho más interesante. La catedral fue encargada en 1386 y es la cuarta iglesia más grande del mundo. La maravilla del gótico tardío luce un bosquejo de agujas y de estatuas, cúspides de mármol y columnas, todas ellas unidas por una telaraña de arbotantes. La estatua cobriza dorada de la Madonna se alza por encima de un sinnúmero de vértices, distrayendo a los curiosos impresionados por una de las omisiones más interesantes de la iglesia: el duomo no tiene campanario.

La reliquia más preciada del duomo es el clavo que supuestamente se utilizó para clavar a Jesús en la cruz hace un montón de años. Cada septiembre, el arzobispo de Milán recupera el pedazo sagrado de metal colgado de una percha en las alturas de la nave y lo muestra a sus fieles seguidores.

El vecino Museo del Duomo hace crónica de los seiscientos años de iglesia y muestra una interesante colección de arte y objetos religiosos.

Cenacolo Vinciano

Leonardo da Vinci plasmó el momento más conmovedor de la Biblia, La última cena, mediante una mezcla experimental de témpera y óleo. Desde 1498, la pintura se ha ido desconchando sin parar de las paredes de este convento. Los infinitos esfuerzos por restaurarlo han ido mermándola toda dejando un aura de las pinceladas del maestro, pero con eso ya es suficiente. Es una potente pieza de arte.

Si se desea visitar el refectorio del Convento di Santa Maria delle Grazie, donde la pintura fue recientemente restaurada en 1999, hay que planearlo con antelación. Para unirse a un grupo de 25 personas (se abren las puertas cada 15 minutos), se debe reservar con semanas de antelación por teléfono y tener la tarjeta de crédito a punto. Hay historias sobre viajeros que consiguieron entrar sin reserva previa; sin embargo los milagros así parece que estén reservados a los que de verdad son creyentes.

Castello Sforzesco

En la punta noreste de la encantadora Via Dante, que cruza la Piazza del Duomo, se erige el imponente Castello Sforzesco. Originariamente una fortaleza militar; fue remodelado completamente por Francesco Sforza, uno con una vena muy comodona. Las nuevas y mejoradas defensas fueron diseñadas por Leonardo da Vinci.

El castillo encierra una colección de museos modernos que guardan antigüedades. La impresionante colección de esculturas incluye la Pietá Rondanini de Miguel Ángel. También se pueden ver pinturas de Bellini, Tiepolo, Mantenga, Correggio, Tiziano y Van Dyck. Si el visitante se cansa de los maestros italianos, puede intentar distraerse con la colección de artefactos egipcios.

Detrás del castillo, el Parco Sempione es un parque de 47 hectáreas con un montón de sitios para pasear y un interesante (aunque un poco hecho trizas) anfiteatro al aire libre que fue inaugurado por Napoleón.

Teatro alla Scala

Erigiéndose por encima de la Piazza della Scala (por si misma dominada por un monumento dedicado a da Vinci) se planta el célebre Teatro alla Scala. La Scala, tal y como se la conoce normalmente, alzó por primera vez el telón en 1778 y ha regalado abundantes arias a generaciones de aficionados a la ópera durante años.

El teatro fue duramente castigado por los bombardeos en la Segunda Guerra Mundial; sin embargo reabrió sus puertas bajo la batuta del afamado compositor Arturo Toscanini, quien volvió a Milán tras un período de ocho años como director de la Filarmónica de Nueva York.

El adyacente Museo Teatrale alla Scala (Museo Teatral de la Scala) se jacta de poseer curiosidades como la máscara mortuoria de Verdi (completa con los pelos faciales del maestro).



Otras rutas
Pavia

El próspero centro industrial y cultural a orillas del río Ticino es seguramente más conocido por su prestigiosa universidad (entre cuyos alumnos se encuentran el explorador Cristóbal Colón y el físico Alejandro Volta famoso por el "voltio"); sin embargo hay muchas razones para pegarse un viajecito de media hora desde Milán.

El atemorizante Castello Visconti fue construido en 1360 para Galeazo II Visconti, quien obviamente disponía de residencias menos aterradoras para vivir y la verdad es que nunca vivió aquí. A pesar de todo, la interesante arquitectura medieval y el museo de arte moderno que alberga su interior lo convierten en un encanto poco común.

Aún más asombroso es el Certosa di Pavia, un monasterio gótico del siglo XIV, que un día figuró entre las construcciones más suntuosas del norte de Italia. Las pinturas murales al trompe l'oeil (técnica mixta del óleo utilizada en el siglo XVI con la que se jugaba con las dimensiones de los objetos o modelos representados), una sacristía del año 1409 construida totalmente con dientes de hipopótamo y decenas de esculturas pequeñas hacen de este lugar un sitio más que confortable para ser un monje.

Lago Maggiore

Allí donde las planicies lombardas trepan hacia los Alpes, el campo está moteado con una serie de sensacionales lagos azules. El Lago Maggiore atrae a gran parte de la flor y nata de Milán y a masas de turistas quemados por el sol provenientes del norte de Europa, quienes acuden a manadas a la remilgada y estirada localidad turística de Stresa durante los meses de calor en verano.

Desde Stresa, se puede navegar hacia las bucólicas Islas Borroneas; Isla Bella es la más turística y, discutiblemente, la más interesante que presenta un suntuoso castillo atiborrado de antigüedades. Isla Madre posee su propia residencia real y las palmeras más altas de Italia, mientras Isla Pescatore conserva su encanto de pueblo de pescadores.

Parco Nazionale della Incicioni Rupestre

Al norte de Milán y a lo largo y ancho del Valle Camonica, tres parques nacionales presumen del campo más bonito e intacto que la región puede ofrecer. El inmenso Parco dell'Adamello ofrece asombrosas oportunidades para hacer excursiones, mientras que el Parco Nazionale dello Stelvio se halla surtido de refugios alpinos.

Para los amantes de la piedra tallada y esculpida pueden sacar el máximo provecho en el Incicioni Rupestre, el más interesante de los tres parques. Es un museo al aire libre de 30 hectáreas que alberga una colección de grabados que datan de épocas tan remotas como la Edad de Bronce.



Actividades

En Milán hay un montón de maneras para mantenerse en forma. Como corresponde a una ciudad tan obsesionada con el trabajo duro, hay numerosos gimnasios donde el visitante puede hacerse socio por un corto período de tiempo y hacer ejercicio para regocijo de su corazón. Ir en bicicleta es otro pasatiempo popular, pero se debe tener mucho cuidado ya que los milaneses suelen conducir de la misma manera en que viven, a toda pastilla.

Si se sale fuera de la ciudad, se dispondrá de oportunidades para la acción sea cual sea la temporada. Cuando hace calor, se puede escapar a uno de los numerosos lagos alpinos para navegar, hacer esquí acuático o nadar. Tan pronto como caigan las primeras nieves, el viajero puede encaminarse a las montañas, donde hay un montón de pistas de esquí de talla mundial donde practicar este deporte y el snowboard.



Historia

Se cuenta que Milán fue fundada por los celtas, quienes se asentaron a lo largo del río Po en el siglo XVII a.C. En el año 222 a.C. las tropas romanas entraron con resolución en el territorio, derrotaron a sus habitantes y ocuparon el poblado, al cual denominaron Mediolanum (a mitad de la llanura). La posición privilegiada de la ciudad en las rutas comerciales que unían Roma a las ciudades del noroeste de Europa afianzó su continuada prosperidad, y en el año 313 d.C. fue aquí donde Constantino I promulgó su trascendente decreto que otorgaba a los cristianos la libertad de culto.

La ciudad resistió cientos de años al caos causado por las oleadas de invasiones bárbaras. En el siglo XI se constituyó una commune (un ayuntamiento) tras lo cual la ciudad experimentó un rápido crecimiento. Quizás este éxito fuera la causa de que la urbe no se llevara demasiado bien con sus vecinos.

El emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Federico I (Barbaroja), decidió aprovechar los conflictos locales que asolaban la ciudad y atacó Milán en 1162. Las poblaciones de los alrededores, movidos por un enemigo común y molesto, se aliaron formando la Lega Lombarda, dieron un puntapié a Federico y lo pusieron fuera de circulación en 1176.

Desde mediados del siglo XIII, la ciudad estuvo gobernada por una sucesión de familias influyentes: los Torrianis, los Viscontis y los Sforzas. Bajo las últimas dinastías, Milán disfrutó de un poder y una riqueza considerables. En 1535, la urbe estuvo bajo el dominio español y, en 1713, fue otorgada a Austria como parte del Tratado de Utrecht. La austriaca Maria Teresa, la poderosa que estaba a la sombra, dejó su sello en la ciudad; las fachadas de La Scala y del Palazzo Real mantienen su favorito matiz amarillento. En 1797, Napoleón convirtió Milán en la capital de su República Cisalpina y cinco años más tarde de su República Italiana. En 1805 fue el escenario de su coronación como Rey de Italia.

Austria volvió a retomar el control de la ciudad desde 1814 hasta 1859. No pasó mucho tiempo para que las tropas que estaban bajo las órdenes de Víctor Manuel II y Napoleón III derrotaran de una manera aplastante a las fuerzas austriacas en la Batalla de Magenta. En 1860 Milán fue incorporada al Reino de Italia. Duramente bombardeada en la Segunda Guerra Mundial, la metrópoli fue posteriormente reconstruida y creció rápidamente hasta conseguir su importancia industrial actual. Las Brigadas Rojas aterrorizaron Milán y otros centros industriales durante la década de los setenta. En los años 1990, las élites políticas locales fueron sacudidas por escándalos que abarcaron las más altas esferas políticas, administrativas y comerciales de la región. Los partidos extremistas como Lega Nord se beneficiaron de este vacío político.

El crimen organizado sigue azotando el día a día en Milán. En 1999, nueve personas fueron asesinadas en nueve días consecutivos llevando al alcalde de Milán a adoptar una política de "tolerancia cero" al estilo neoyorquino. Esto no desalentó a las clases criminales - en diciembre de 2000, se descubrió una bomba colocada en el Duomo de Milán.

En 2001, el milanés Silvio Berlusconi fue elegido presidente de la nación.

En 2002 un avioneta chocó contra la planta 25 del rascacielos de Pirelli, matando a dos personas que estaban dentro.



Cómo llegar

Milán siempre ha estado en un cruce de caminos para viajar del continente a la península, y hay un montón de opciones para entrar o salir de la ciudad.

El aeropuerto Malpensa maneja casi todo tipo de vuelos internacionales. Está a unos 50 km de la ciudad. La mayoría de los vuelos nacionales y europeos utilizan el aeropuerto Linate que está a unos 7 km al este del centro de la ciudad. Los transportes públicos comunican ambos aeropuertos con el centro de Milán. Los servicios de autobús son más difíciles de coordinar ya que las paradas están esparcidas por toda la ciudad, por lo que el visitante necesitará saber qué línea le llevará a su destino y partir desde allí. Una opción mejor podría ser el tren: los convoyes que parten de la Stazione Centrale (Estación Central) del centro de la urbe van a cualquier rincón de Italia y Europa. Hay dos estaciones más: la Nord y la Porta Garibaldi, que pueden proporcionar mejores ofertas.

Muchas de las principales autopistas de Italia van a parar a la ronda de circunvalación de Milán, conocida como la Tangenziale Est y la Tangenziale Oest. El visitante debe estar preparado para enfrentarse a un tráfico inesperado tanto en la entrada a Milán como en la salida, especialmente en la embotellada A4 al oeste y que va hacia Turín.



Cómo desplazarse

La red de transportes públicos es eficaz. Hay cuatro líneas de metro, y una quinta en perspectiva, además de autobuses y tranvías. Los billetes se pueden conseguir en las estaciones de la Metropolitana Milanesa (MM) y en algunos quioscos de periódicos. Se pueden conseguir mapas gratis del transporte público en las oficinas ATM de la estación de metro del Duomo y en la Estación Central.

Los visitantes no deben molestarse en hacer señas a un taxi ya que generalmente no paran. En su lugar deben dirigirse a las omnipresentes paradas de taxi, que disponen de teléfonos. Conducir por el centro de Milán es un auténtico lío. Las calles de una sola dirección parecen trazadas para excluir a los coches, y se tendrá que pagar para aparcar (si se puede encontrar algún sitio) y el límite para hacerlo durante el día es de dos horas. Los coches aparcados ilegalmente son multados sin concesiones y se los lleva la grúa. La mejor opción es dejarlo en la periférica estación MM.



Lecturas recomendadas ·
· Scerbanenco, Giorgio: Milán, calibre 9, Bruguera, Barcelona, 1984; Los milaneses matan en sábado, Bruguera, 1980.

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