Población: 612.000 hab. Pais: Escocia Hora local: GMT Prefijo telefónico: 0141
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Colección Burrell El principal atractivo de Glasgow se centra en la Colección Burell, reunida por el acaudalado industrial sir William Burrell y donada posteriormente a la ciudad. En la actualidad se exhibe en un museo ubicado en el parque de Pollok. El edificio, emplazado a 5 km al sur del centro urbano, ha sido galardonado en diversas ocasiones. En esta gran colección tiene cabida todo tipo de elementos artísticos, desde porcelana china hasta mobiliario medieval, pasando por obras de Renoir y Cézanne. Los suelos enmoquetados mantienen el silencio que permite contemplar con toda tranquilidad los tesoros bellamente dispuestos. Unos portales románicos han sido incorporados a la estructura del edificio. Algunas de las galerías se reconstruyeron basándose en las estancias del castillo Hutton, la antigua residencia del sir. El edificio es fruto de un concurso convocado en 1971. No obstante, si no hubiese coincidido con una huelga de correos, que hizo necesaria una ampliación de la fecha de entrega, Barry Gasson no hubiera finalizado a tiempo el proyecto ganador. Desde el exterior, el museo muestra un aspecto híbrido, pero su espectacular interior proporciona un espacio adecuado para una exquisita colección de tapices, porcelana oriental, pintura y vitrales europeos. Los ventanales se prolongan hasta el suelo, permitiendo que penetre abundante luz natural. Por su parte, los árboles y el paisaje exterior realzan el efecto de las piezas expuestas. Catedral de Glasgow La catedral de Glasgow se erige como una brillante muestra de la arquitectura gótica previa a la Reforma, y como la sede escocesa más importante que sobrevivió a dicho movimiento. La mayor parte del edificio actual data del siglo XV, pues durante los tumultos religiosos sólo resultaron dañadas las torres occidentales. Está ubicado en tierra sagrada desde hace más de 1.500 años (en el año 397 recibió la bendición de san Niniano para ser utilizado como necrópolis cristiana). Un siglo después, Kentigern, conocido también como san Mungo, arribó desde Stirlingshire acompañando el cuerpo de un hombre santo para que fuera enterrado en dicho cementerio, y permaneció en el lugar para fundar una comunidad monástica y construir una iglesia de aspecto sencillo. El edificio fue consagrado en 1136, ante la presencia del rey David I, pero sufrió un incendio y fue reconstruido como cripta. A la nave se accede por una puerta lateral. A pesar de que el techo ha sido restaurado en numerosas ocasiones desde su construcción, una parte de la madera que lo forma todavía data del siglo XIV. La catedral queda dividida por el coro de piedra, de finales del siglo XV, decorado con siete parejas de esculturas que representan los siete pecados capitales. Una escalera facilita el acceso a la zona más remarcable de la catedral, la cripta baja. En ella, un bosque de pilares crea un intenso ambiente alrededor de la tumba de san Mungo. Durante la Edad Media fue un centro de peregrinaje de reputación tan meritoria como Roma. En 1301, el rey Eduardo I visitó el santuario en tres ocasiones. Escuela de Arte de Glasgow La Escuela de Arte de Glasgow, reconocida como el mejor edificio del arquitecto Mackintosh, sigue alojando la institución educativa que lleva su mismo nombre. Resulta difícil escapar a la impresión que provoca la minuciosidad del diseño; es como si el lápiz del artista hubiera dado forma a todos los elementos que forman la construcción. El austero interior está decorado con sencillas combinaciones cromáticas (mayoritariamente, negro y color crema) y con las características sillas de respaldo alto y aspecto incómodo que le hicieron famoso. La biblioteca, concebida como un anexo en 1907, se alza como una auténtica obra de arte. Tenement House Para vivir un extraordinario viaje en el tiempo, se recomienda una visita al pequeño apartamento situado en Tenement House (bloque de viviendas), que ofrece una visión de lo que era la vida urbana de la clase media hacia finales del siglo XIX y principios del XX. En ella pueden admirarse las típicas camas escocesas, con marco y techo de madera y puertas correderas para cerrarlas en caso necesario, el menaje de cocina original y todo el mobiliario de la familia que la habitó durante más de medio siglo; aunque con toda seguridad la familia que lo habitaba no debía mantener una limpieza y un orden tan sorprendentes como el que le proporciona el National Trust for Scotland en la actualidad. Cuenta con una sala de exposiciones en la planta baja. Este complejo residencial recibe una gran afluencia de visitantes. Galería de Arte y Museo Kelvingrove Esta magnífica catedral victoriana de la cultura, inaugurada en 1902, constituye una visita obligada, en particular por su excelente colección de arte escocés y europeo. Uno de los extremos del impresionante vestíbulo central está dominado por los tubos de un órgano (allí se organizan conciertos que forman parte del programa del museo). La sección dedicada a la historia de Escocia resulta una popular visita escolar y constituye el auténtico esqueleto de la institución. La planta baja acoge una exposición que, a pesar de no destacar por su elegancia, reúne diversos e interesantes artefactos, como los hallazgos arqueológicos de la Escocia prehistórica, escudos y armaduras europeos, y objetos de plata. La galería de arte, ubicada en el piso superior, alberga la colección de arte de la ciudad, con obras de los siglos XIX y XX. En ella están representados de forma exhaustiva los pintores escoceses que reprodujeron paisajes luminosos y naturalezas muertas: Arthur Melville, McTaggart, Cadell, Joseph Crawhill y, entre los contemporáneos, Eduardo Paolozzi, Bruce McLean, David Hockney y Jasper Johns. Cabe resaltar el magnífico cuadro de Rembrandt El guerrero, así como algunas obras de Botticelli, Monet, Van Gogh y Picasso. Paisley Este emplazamiento dio nombre al famoso diseño textil conocido como Paisley Pattern, caracterizado principalmente por las estilizadas y arremolinadas figuras de lágrimas o piñas. En la actualidad se mantiene como un distrito al oeste de Glasgow, pero el antiguo municipio, surgido alrededor de la abadía, se había constituido en un importante productor de tejidos estampados de algodón y de lana en el siglo XIX. En realidad, el famoso diseño se había copiado de los chales importados de India. Antaño Paisley se convirtió durante una época en el mayor productor de hilo de algodón del mundo; por ello, la saga Coats, fabricantes de hilos, ha mantenido una larga relación con la urbe. La abadía de Paisley, ubicada en Abbey Close, fue fundada en 1163 por Walter Fitzallan, primer alto senescal de Escocia y ancestro de la dinastía de los Estuardo. En el lado opuesto de Abbey Close se encuentra el magnífico Ayuntamiento, y en el extremo occidental de High Street se alzan la Universidad de Paisley y el Museo y la Galería de Arte, donde se exhibe una vasta colección de chales Paisley y puede admirarse un interesante recorrido por la historia de este diseño. El museo alberga, además, la sede de las colecciones de historia local y natural, cerámica y arte escocés del siglo XIX. El observatorio Coats acoge una interesante exposición dedicada a la astronomía, los registros sísmicos y el clima, aspectos que desde esta construcción se ha controlado desde el año 1882. Dumbarton Antiguamente constituía la capital de los ingleses residentes en Strathclyde. Dumbarton actúa como la puerta de entrada al lago Lomond y a los Highlands, donde el río Clyde se convierte en el estuario del Clyde, a unos 23 km al oeste de Glasgow. Hace unos 1.500 años, la ciudad destacaba como centro estratégico y comercial. En lo alto del espectacular promontorio rocoso Dumbarton Rock se emplaza el castillo de Dumbarton, actualmente formado, en su mayor parte, por barracones de reciente construcción. Permanece abierto a diario durante la mayor parte del año. El Museo Marítimo de Escocia exhibe la maqueta de un barco experimental en funcionamiento y, además, cuenta con un salón de té. Al oeste de Glasgow, las espectrales siluetas de los antiguos y magníficos astilleros siguen alineándose a lo largo del río Clyde. A unos 16 km de la urbe, corriente abajo, el impresionante puente Erskine une las márgenes norte y sur. Greenock James Watt, artífice del perfeccionamiento de la máquina de vapor, nació en 1736 en esta gran ciudad, situada a unos 43 km de Glasgow. La ruta Greenock Cut sigue un viejo acueducto y constituye una magnífica excursión por las colinas que dominan la localidad. Por su parte, la ruta circular de Overton cubre unos 8 km y puede completarse en unas dos horas y media. Las exposiciones del Museo y Galería de Arte McLean proponen un recorrido por la historia del vapor como fuente de energía y del transporte marítimo en el río Clyde. El Museo Custom House se sitúa en los muelles y ofrece un interesante panorama de la historia del servicio de aduanas e importación. Fue construido en 1818 y merece una visita. Gourock Esta playa de veraneo se halla a unos 5 km de Greenock y, pese a mostrar ya algunos signos de decadencia, ofrece una buena ruta para senderistas hasta Lyle Hill, sede del Memorial Free French y mirador con espléndidas vistas sobre el estuario del río Clyde. La compañía CalMac ofrece cruceros por el estuario entre mayo y septiembre. Según la tradición, Glasgow creció alrededor de la catedral fundada por san Mungo en el siglo VI. Posteriormente, en 1451, la localidad se convirtió en la sede de la Universidad de Glasgow, la segunda de Escocia. A excepción del mencionado templo, prácticamente no permanece nada de la antigua ciudad medieval, suprimida por los protagonistas de una nueva era, la del capitalismo, la revolución industrial y el imperio británico. En el siglo XVIII, gran parte del comercio tabaquero entre Europa y Estados Unidos pasaba por Glasgow, proporcionando a la urbe una gran fuente de riqueza. Entre otras importaciones del continente americano, destacaban el ron y el azúcar. Incluso tras la caída del comercio del tabaco en el siglo XIX, la población siguió prosperando como centro de manufacturas textiles, construcción naval e industria siderúrgica y carbonera. Las nuevas explotaciones crearon una gran demanda de mano de obra; campesinos procedentes de Irlanda y de las Highlands escocesas acudieron en masa y se hacinaron en los bloques de viviendas. A mediados del siglo XIX, la población ascendía a 17.500 habitantes, pero a finales del mismo siglo ya llegaba a los 100.000. Veinte años más tarde, la cifra se había doblado y en 1960 el censo registraba ya a 400.000 personas. Pero la imagen de ciudad próspera que desde fuera ofrecía la urbe quedaba mitigado por las terribles condiciones laborales que reinaban en las fábricas, en especial entre mujeres y niños. En la segunda mitad del siglo XIX, cuatro grandes epidemias de cólera azotaron la localidad y la esperanza de vida descendió hasta los 30 años. Paralelamente al sufrimiento de los trabajadores, los barones de la industria textil y los magnates del sector naval seguían prosperando. Glasgow tenía motivos suficientes para autodenominarse la Segunda Ciudad del Imperio. Se construyeron magníficos edificios victorianos y algunos de sus ciudadanos más acaudalados derrocharon fortunas para atesorar grandes colecciones de arte que en la actualidad son el fundamento de las espléndidas galerías de la ciudad. Durante la primera mitad del siglo XX, Glasgow se convirtió en el centro de la industria británica dedicada a la munición, además de suministrar naves y armas para las dos guerras mundiales. Sin embargo, tras esa época de auge económico, las industrias pesadas y portuarias experimentaron un período de decadencia, y a principios de la década de 1970, la urbe parecía estar condenada. Siempre se había enorgullecido de su carácter predominantemente obrero pero, a diferencia de Edimburgo, una ciudad de clase media con una variedad de industrias de servicios, contaba con escasas alternativas para combatir la espiral de desempleo causada por la recesión. En Glasgow, el nivel de vida se mantiene bajo en comparación con el de Gran Bretaña. Las condiciones de vida permanecen desfavorables para aquellos afectados por unas cotas de desempleo relativamente elevadas, viviendas inadecuadas y una dieta generalmente pobre. De hecho, la urbe se ha ganado la reputación de ser la Capital Mundial del Infarto. Pese a las numerosas dificultades, en la actualidad se respira un ambiente de confianza renovada y perspectivas optimistas de cara al futuro. · Boswell, James: La vida del doctor Samuel Johnson, Espasa-Calpe, Madrid, 1997 · Scott, Walter: Rob Roy, Editorial Planeta, Barcelona, 1997 · Stevenson, Robert Louis: Secuestrado, Acento Editorial, Madrid, 1998 · Burns, Robert: Caledonia y otros poemas, IberCaja, Zaragoza, 1999 · Welsh, Irvine: Trainspotting, Editorial Anagrama, Barcelona, 1999
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