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Florencia
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El impacto cultural e histórico que causa Florencia es aplastante. Aunque más de cerca, es una de las ciudades más evocadoras y agradables de Italia y sigue manteniendo un fuerte parecido con el pequeño centro que a finales de la época medieval contribuyó tanto en el desarrollo cultural y político de Europa. Lamentablemente, ésta puede ser una de las trampas turísticas más agobiantes de Italia, con más de 2.000 autobuses diarios durante la temporada alta.

Mientras Roma es un hervidero histórico, Florencia es como un retroceso al Renacimiento: las tiendas alineadas en el Ponte Vechio, el llenazo de piedras preciosas en la Galería de los Uffizi, la entorrecida Piazza della Signoria y las capillas de los Médicis. Afortunadamente, todos estos lugares inolvidables están a un paso de distancia el uno del otro.

Población: 374.500 hab.
Pais: Italia
Hora local: GMT + 1 (en verano, GMT + 2)
Prefijo telefónico: 055



La mejor época para visitar Florencia es en temporada baja, de abril a junio y en septiembre u octubre, cuando el clima es generalmente bueno, los precios más asequibles y hay menos turistas (si se viene en julio o agosto, se puede tener una experiencia del Renacimiento a lo Disneylandia, además de pasar un calor tremendo). A principios de invierno, en diciembre, puede ser también sorprendentemente agradable, con días soleados y aire vivificante, y por supuesto, muchísima menos gente atestando las "piazzas".

Las festividades más importantes incluyen la Explosión del Carretón, cuando un carro cargado con pirotecnia hace explosión delante del duomo durante el Domingo Santo; y la Fiesta de San Juan el Bautista, patrón de la ciudad, se celebra el 24 de junio. En junio, la animada Calcio Storico, en la que se organizan partidos de fútbol donde los participantes van ataviados con ropas del siglo XVI , se juega en la Piazza della Signoria y la traca final se desplaza al Piazzale Michelangelo, donde estallan los fuegos artificiales.

Moneda


Piazza del Duomo

El destacable Duomo, con su fachada de mármol rosa, blanco y verde y la característica cúpula, domina el horizonte de la ciudad. El edificio, una de las cuatro catedrales más grandes del mundo, tardó dos siglos en construirse (pero la fachada no se completó hasta el siglo XIX). La voluminosa cúpula fue diseñada por Brunelleschi, y su interior exhibe frescos y vidrieras de algunos de los mejores artistas del Renacimiento: Vasari, Zuccari, Donatello, Uccello y Ghiberti. El visitante puede tomar aliento y subir para verlo más de cerca, y será recompensado con vistas fantásticas de la ciudad y con una explicación de cómo la cúpula fue ingeniosamente construida sin andamios (aunque ahora esté lleno de ellos para aguantar el duomo). Aún hoy la cúpula define el tipo de ciudad que era, donde ninguno de los edificios la supera en altura.

Giotti diseñó la Campanile de la catedral, y Pisano y della Robbia se encargaron de los bajorrelieves. Todo ello también en mármol rosáceo, verde y blanco. Contiguo a éste se erige el Baptisterio, uno de los edificios más viejos de la ciudad que, inicialmente, fue un templo pagano. El edificio es famoso básicamente por sus puertas doradas de bronce. Las que se orientan hacia el sur son de Pisano pero las que están en el ala norte (en dirección a la catedral) son las más comentadas. Creadas por Ghiberti, son conocidas como la Puertas del Paraíso (se cree que este sobrenombre lo puso Miguel Ángel). Forjadas entre 1424 y 1452, la belleza y la sofisticación las enmarcan como una de las primeras obras del Renacimiento. Los techos del Baptisterio lucen sangrientos mosaicos del Juicio Final, datados del siglo XIII.

Justo detrás de la catedral se ubica el Museo del Duomo, en el cual figuran los entrepaños originales retirados de las puertas del Baptisterio, la máscara mortuoria de Brunelleschi, las herramientas utilizadas para la construcción de la cúpula y una impresionante colección de esculturas que incluyen obras de Miguel Ángel.

Piazza della Signoria

Durante siglos la piazza ha sido el eje de la vida política florentina; por este motivo está rodeada por algunos de los edificios más conocidos de la ciudad. Con su famoso grupo de esculturas, la loggia parece una galería al aire libre de escultura; donde son particularmente chocantes las magníficas estatuas de Perseo de Cellini y El Rapto de las Sabinas de Giambologna.

Vigilando las puertas del Palazzo Vecchio se planta una copia del apabullante David de Miguel Ángel. El Palazzo fue sede del ayuntamiento de Florencia desde 1322. Su característica torre es otro de los símbolos de la ciudad, y el interior del palazzo fue fastuosamente redecorado por Vasari. Un corredor elevado llamado Pasillo de Vasari empieza en el Palazzo, pasa a través de la galería de los Uffizzi, cruza el Arno por encima del Ponte Vecchio y va a parar al Palazzo Pitti. Esta vía de acceso secreta fue utilizada por los Médicis como forma de visitar sus distanciados palacios sin tener que mezclarse con el populacho. A lo largo del pasillo se alinean diversas obras de arte que se colgaron más tarde.

De vuelta a la loggia y como enclave destacado a orillas del río Arno se halla la famosa Galería de los Uffizi. La maravillosa colección de la galería se dispuso para ilustrar la historia evolutiva del arte florentino. Algunas de las piezas más famosas se exponen de la sala 7 a la 18, y se incluyen El nacimiento de Venus de Botticelli, la Venus de Urbino de Tiziano, la Sagrada Familia de Miguel Ángel y El duque y la duquesa de Urbino de Piero della Francesca.

Si se sale de los Uffizzi con energía y concentración de sobras, se puede pasear a orillas del río para llegar al Ponte Vecchio. El afamado puente del siglo XIV en el que las tiendas se suceden unas al lado de las otras y en las que se vende joyería de oro y de plata. El puente fue el único de la ciudad que escapó de la destrucción durante la Segunda Guerra Mundial.

Santa Croce

Si el visitante experimenta un ligero mareo al salir de la Iglesia de la Santa Croce que no se desespere. Es probable que haya sucumbido a la Enfermedad de Stendhal, una dolencia que se diagnostica a 12 de los turistas que acuden a Florencia cada año. Este mal recibe este nombre por las personales sensaciones que experimentó este escritor francés cuando visitó la urbe a finales del siglo XIX. La fachada del edificio está decorada en mármol geométricamente pintado (añadido en el siglo XIX), pero las auténticas maravillas residen en su interior, donde ilustres florentinos descansan en paz, afortunadamente inmunes a los pisotones de los turistas. A lo largo de sus paredes se alinean diversos sepulcros y 276 lápidas pavimentan el suelo. Los personajes más famosos que yacen en la iglesia son Miguel Ángel, Maquiavelo, Galileo y Bardi. Sus varias capillas exhiben obras de arte de Giotto y della Robbia, y Brunelleschi diseñó los apacibles claustros.

El Museo de Santa Croce muestra un crucifijo de Cimabue, que lamentablemente sufrió daños importantes durante las inundaciones de 1966. Otras iglesias que el visitante no debería perderse son la Orsanmichelle plagada de estatuas; la de Santa Trinità que luce frescos de Ghirlandaio; la de Todos los Santos con frescos de Botticelli y Ghirlandaio; la de Santa Maria Novella, que alberga la revolucionaria Trinidad de Masaccio junto a otras significantes obras de arte; la popular SS Annunziata; la San Marco de Giambologna; y la basílica del Santo Spirito, uno de los últimos encargos de Brunelleschi en la que se muestra la Virgen con el Niño de Filippino Lippi.

Saliendo de Santa Croce y con sólo doblar la esquina el visitante se topará con la Casa Buonarroti, una casa propiedad de Miguel Ángel pero en la que nunca vivió. Actualmente se pueden encontrar una colección de copias de la obra maestra por antonomasia, pero el auténtico David exhibiendo toda su majestad se puede contemplar en la galería de la Accademia.

Piazza San Lorenzo

Este barrio encantador recuerda a la Florencia de primer orden que un día fue, cuando Cosme I era rey y la ciudad rezumaba creatividad cultural por doquier. La basílica de San Lorenzo fue empezada por Brunelleschi en 1425 y hoy se contempla como una de las iglesias con el más puro estilo renacentista de la ciudad. La fachada del ala este es especialmente interesante por la inexistente decoración de sus paredes que desvela un antiquísimo trabajo de albañilería. Ésta fue la iglesia parroquial de la familia Médicis, y muchos de sus miembros fueron enterrados aquí. Donatello diseñó los púlpitos de bronce; el artista también fue enterrado en una de las capillas. Si se atraviesa el claustro, se llegará a la biblioteca Laurenciana, encargada para albergar la inmensa colección de libros de la familia; muestra una majestuosa escalera hecha por Miguel Ángel. Las capillas de los Médicis, donde descansan los más famosos, están suntuosamente decoradas con mármol precioso y piedras semipreciosas. La Sacristía Nueva de San Lorenzo fue diseñada por Miguel Ángel y da cobijo a sus esculturas Día y noche, y Aurora y crepúsculo.

Junto a la basílica se distribuyen diferentes palazzos, a través de cuyas antiguas puertas de madera se pueden vislumbrar sus patios interiores; y también se encuentra el ajetreado mercado central, un lugar donde encontrar gangas de lana o de piel, especialmente para aficionados al regateo.

El Museo Bargello

El Museo Bargello contiene el registro más completo de esculturas medievales y renacentistas de Italia. Entre sus obras más notables se pueden encontrar el borracho Baco de Miguel Ángel, el David de Donatello, los dibujos presentados por Brunelleschi para La Competición de las Puertas del Baptisterio (certamen que por cierto ganó Ghiberti) y Mercurio de Giambologna. El exterior de este edificio fuertemente acorazado recuerda la pasada utilización de la construcción como cuartel general de la policía y prisión. No muy lejos se encuentra la Casa de Dante, un pequeño museo que analiza la famosa vida florentina.

Palacio Pitti

Uno de los lugares más visitados en la orilla sur del Arno, este palacio fue diseñado por un adicto al trabajo llamado Brunelleschi para la familia Pitti, rivales de los Médicis (quienes pronto se lo hicieron suyo). Es un impresionante y mastodóntico edificio, y una tesorería que almacena una gigantesca colección de arte de la familia de los Médicis. Entre las joyas que se pueden encontrar se incluyen trabajos de Rafael, Filippo Lippi, Tintoretto, Veronese y Rubens, todos ellos decorando ostentosamente las paredes. Las restauradas habitaciones transportan directamente al visitante al estilo de vida extravagante de los Médicis, y al de los Savoy, que posteriormente les usurparon el trono. El palacio también alberga una galería de arte moderno y una colección de trajes. Para quienes sean adictos a los palazzos, no deben perderse el Palazzo Strozzi, uno de las sedes renacentistas más impresionantes de la ciudad; el Palazzo Rucellai, diseñado por Leon Battista Alberti es actualmente un museo fotográfico; y el Palazzo Pacci, atribuido a Brunelleschi.

Rodeando por detrás el Palazzo Pitti crece uno de los parques más preciados e impresionantes de Florencia: los jardines de Boboli. Un ejemplo perfecto del paisaje simétrico renacentista cuyos jardines tienen estanques, fuentes, parterres geométricos, árboles perfectamente alineados, una gruta y el Forte di Belvedere en forma de estrella. Si aún se tiene energía, se puede proseguir hacia la Via de Belvedere hasta llegar al Piazzale Michelangelo, que muestra una de las vistas más bonitas de la mágica ciudad.

Fiesole

Abrigada por los valles montañosos entre los ríos Arno y Mugnone, la bonita Fiesole ofrece espectaculares vistas de la no muy lejana Florencia (8 km al sur) y regala una bocanada de aire fresco a aquellos que deseen desconectar del bullicio de la ciudad. Este poblado fácilmente desvela su pasado etrusco, romano y renacentista, y como refugio estival ha atraído a personajes como Boccaccio, Proust, Gertrude Stein y Frank Lloyd Wright. Fiesole posee un duomo, un impresionante museo de arte y un yacimiento arqueológico que exhibe un templo etrusco y los restos de un teatro y unos baños romanos. Fiesole es particularmente popular por sus picnics, y sus fascinantes calles tortuosas proporcionan paseos bucólicos.

Las Villas de los Médici

Los Médicis construyeron opulentas casas de campo a lo largo de los terrenos que circundan la ciudad durante los siglos XV y XVI. La Villa della Petraia, a 3,5 km al norte, es una de las más bonitas. Fue encargada por el cardenal Ferdinand de Médicis en 1576 y dispone de magníficos jardines. La Villa di Castello, más al norte, era la casa de verano de Lorenzo el Magnífico, y la Villa di Poggio a Caiano, como sede más permanente que la anterior, fue construida por di Sangallo para Lorenzo, a unos 15 km de Florencia.

Región de Mugello

Al noreste, esta región muestra algunos de los pueblecitos más originales de la Toscana. El río Sieve, que riega sinuosamente el valle lleno de viñedos es popular entre los piragüistas. El Muggello es muy conocido entre excursionistas, amantes del trékking, escaladores y jinetes. Entre los puntos de interés que se pueden visitar está el estratégicamente bien ubicado Convento Montesenario y el pueblo vinícola de Rufina, con su propio museo de viticultura.

Prato

Aunque esté situado a 17 km al noroeste, Prato ha participado del crecimiento urbano y cultural de la metrópoli. Prato fue fundada por los ligures pero posteriormente fue arrebatada por los etruscos y los romanos. En el siglo XI fue un centro importante de producción de lana, y aún hoy, es uno de los mayores fabricantes textiles de Italia. La antigua ciudad amurallada es afortunadamente un intacto islote histórico en medio de tanto suburbio industrial. Se pueden ver palacios, la impresionante galería municipal de arte, con una fachada de della Rubia y frescos de Filippo Lippi, Uccello y Gaddi; la catedral conserva el Fajín de la Virgen, que en la pintura de Gaddi no se diferencia mucho de un bolso hippie. El centro también tiene un castillo imperial, construido durante el siglo XIII.

Florencia no es precisamente un paraíso de quienes van en busca de fuertes descargas de adrenalina, sino que satisface más a los adictos a la cafeína, a los zapatos caros y a los querubines alados. Para aquellos que se sientan desesperados por estirar las piernas y por un poco de aire fresco, un paseo por los jardines de Boboli es altamente recomendable (las vistas desde aquí no están mal). También se puede hacer un tour en bicicleta de montaña, durante un día o medio, por los campos que rodean Florencia, o se puede alquilar una bicicleta e infiltrarse entre el tráfico de la ciudad.

Florencia fue fundada como una colonia de la ciudad etrusca de Fiesole allá por el año 200 a.C. Posteriormente se convirtió en la Florentia romana, una ciudad acantonada que controlaba la Via Flaminia. A principios de siglo XII se convirtió en una comune libre, y hacia el año 1138 fue gobernada por 12 cónsules respaldados por un puñado de ricos comerciantes que constituían el Consejo de los Cien. En 1207, debido a problemas insostenibles por los enfrentamientos entre sectores, el consejo fue sustituido por un gobernante extranjero (de este modo podía ser supuestamente imparcial) llamado el podestà.

En el siglo XIII, los partidarios del Papa (los güelfos), y los que apoyaban al emperador (los gibelinos) estuvieron enfrentados durante un siglo tras el cual se formó un gobierno regentado por los güelfos en el año 1250. Hacia 1292, Florencia se hartó de nobles escandalosos y fueron expulsados del gobierno. La ciudad pasó a ser gradualmente más democrática hasta llegar a convertirse finalmente en una república comercial controlada por la facción más dura de la clase comercial güelfa.

En 1348, la gran peste redujo a la mitad la población de la ciudad. En las últimas décadas del siglo XIV los Médicis empezaron a consolidar su poder, primero como banqueros y posteriormente como papas. Cosme Médicis (mecenas de artistas como Donatello, Brunelleschi, Fra Angelico y Filippo Lippi) se convirtió en gobernante de Florencia. Probablemente el Médicis más famoso fue el nieto de Cosme, Lorenzo, que ascendió al poder en 1469. Su corte fomentó el gran florecimiento del arte, la música y la poesía, y Lorenzo apadrinó a filósofos y a artistas como Botticelli, da Vinci y Miguel Ángel.

En 1494 los Médicis se arruinaron y perdieron el poder. La ciudad cayó bajo el control de Girolamo Savonarola, un monje dominicano que lideró una república puritana hasta que fue defenestrado y quemado como hereje en 1498. Los Médicis, habiéndose ya unido en matrimonio con el emperador Carlos V, volvieron a la ciudad en el siglo XVI y la gobernaron durante 200 años más. En 1737 el gran ducado de la Toscana pasó a la Casa de Lorena, que fue incorporada al Reino de Italia en 1860. Florencia se convirtió en la capital del reino, hasta que Roma le usurpó el título en 1875.

En la Segunda Guerra Mundial, Florencia fue duramente castigada por la retirada de las tropas alemanas, que bombardearon a su paso todos sus puentes menos el Ponte Vecchio. En 1966 unas inundaciones devastadoras hicieron estragos en la ciudad, causando inestimables daños a sus edificios y obras de arte, algunas de las cuales aún hoy siguen en proceso de restauración mediante modernas técnicas que luego se empezaron a aplicar a todo el país.

Florencia es una ciudad tranquila expuesta a una constante afluencia de turismo. En 1995, un coche bomba acabó con la vida de cinco personas y dañó diversas obras de la Galería de los Uffizi, el atentado fue atribuido a la mafia siciliana. Por lo demás, Florencia se mantiene fuera del área de la actualidad, al pasear por sus calles el visitante casi puede llegar a creer que ha entrado en una época pasada, lejos del mundo de hoy.

Florencia dispone de dos aeropuertos: el Amerigo Vespucci para los vuelos nacionales y el Galileo Galilei (cerca de Pisa) para los internacionales. Este último dispone de vuelos regulares a Londres, París, Munich y a las capitales italianas. También hay dos estaciones de autobús: la estación de Lazzi de la que salen autobuses con destino a toda Europa y a Roma; la estación SITA presta servicios regionales a Siena, Arezzo, Castellina y por toda la Toscana.

La ciudad está conectada por tren con Roma, Milán, Venecia, Trieste, Verona, Bolonia y Pisa. Si se viaja en coche, se puede tomar la A1, hacia el norte, para ir a Bolonia y Milán, y hacia el sur, para ir a Roma y Nápoles.

Cada 20 minutos, sale un autobús urbano desde la principal estación de tren al aeropuerto Amerigo Vespucci. También hay servicio de tren entre la estación central y el aeropuerto Galileo Galilei.

Los autobuses también cubren el trayecto entre la ciudad y Fiesole, en las montañas situadas al noreste. Los billetes pueden comprarse en los estancos o en las máquinas automáticas, y deben validarse cuando se suba al vehículo. Los billetes se venden en función del tiempo que el usuario desee, se puede comprar un billete para una hora, dos o para todo el día.

El tráfico está restringido en el centro de la ciudad, por lo que es recomendable que se aparque fuera de la zona más concurrida y se vaya andando, los aparcamientos son demasiado caros en el centro. Hay una parada de taxis al salir de la Estación di Santa Maria Novella; también se puede llamar por teléfono para pedir uno.


· Tenenti, Alberto: Florencia en la época de los Médicis, Grupo Axel Springer, Madrid, 1985
· Racionero, Luis: Florencia de los Médicis, Círculo de Lectores, Barcelona, 1992
· Woodhouse, Martin: Los cañones de los Médicis, Salvat, Barcelona, 1988
· Forster, E. M.: Una habitación con vistas, Planeta, Barcelona, 1996
· Stone, Irving: La agonía y el éxtasis, Publicaciones y Ediciones Salamandra, Barcelona, 1996
· Mayes, Frances: Bajo el sol de Toscana, en Italia, como en casa, Seix Barral, Barcelona, 2002
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