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Edimburgo
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Curiosamente, Edimburgo destaca por sus clubes ultramodernos ubicados en edificios de viviendas del siglo XV y por los artistas come-fuegos que se exhiben ante las mansiones georgianas; esta urbe sabe cómo mezclar la modernidad con el medievo. Ejemplos de su espléndida arquitectura abarcan desde antiguas iglesias hasta inmensas obras maestras victorianas, todos dominados por un castillo sobre un escarpado risco emplazado en el centro neurálgico de la ciudad. El asombro se despereza cuando, al pasear por cualquiera de sus calles, se perciben inesperadas vistas de accidentadas cimas, colinas atestadas de monumentos conmemorativos y antiguos pueblos circundantes que crecen hacia el animado corazón de la capital.

Edimburgo podría considerarse la ciudad menos escocesa de toda la zona. El turismo, su proximidad con Inglaterra y su población multicultural y sofisticada la distinguen. Y su animada vida nocturna, su población universitaria y el reducido, aunque en auge, ambiente gay combinado con sus festivales desenfrenados la convierten en una metrópoli dispuesta a comerse el mundo.

No cabe duda de que en el mismo espacio también coexiste el reverso de la moneda: las grises y tristes urbanizaciones municipales, el grave problema de la drogadicción y el no menos preocupante SIDA. Todo ello, unido a la inestabilidad climática, podría frenar las intenciones de visitar la urbe, pero supondría un error. Edimburgo se asemeja a un cajón de sastre, pero presume de una identidad que se aleja de tópicos como los heroinómanos y el despliegue ocasional de kilts y gaitas. Al modo más tradicionalmente escocés, una visita a la capital dejará un regusto a buen whisky caliente.

Superficie: 260 km²
Población: 453.000 hab.
País: Escocia
Hora local: GMT
Prefijo telefónico: 0131



El mejor clima de Edimburgo se disfruta desde mayo a septiembre, pero en cualquier momento puede aparecer el sol o la lluvia. El período estival se caracteriza por largas horas de sol, cuando los atardeceres parecen no tener fin. En invierno hace frío y escasean las horas de luz, pero la ciudad permanece viva en esta época. Desde agosto hasta principios de septiembre, la urbe aparece abarrotada, por lo que es conveniente reservar con mucha antelación si se pretende visitarla en estas fechas.

El principal acontecimiento del calendario escocés, el Festival Internacional de Edimburgo, se celebra en agosto. Desde sus inicios, en 1947, ha crecido hasta convertirse en uno de los mayores y más importantes festivales de las artes del planeta. El Fringe Festival se creó paralelamente de forma extraoficial y creció al unísono hasta convertirse en el mayor festival de estas características. Más de quinientos grupos aficionados y profesionales presentan actuaciones vanguardistas en locales de toda la ciudad. También se desarrolla por estas fechas el Edinburgh Military Tattoo, organizado en la plaza de armas del castillo de Edimburgo. El evento constituye una extraña obra que engloba exhibiciones atrevidas, ademanes militares y el revuelo de las gaitas, y finaliza con el lamento de un gaitero sobre el campo de batalla. Hogmanay, la celebración escocesa del Año Nuevo, constituye otro encuentro importante en el calendario festivo de la urbe, con conciertos, fiestas en las calles y una hoguera en Calton Hill.

Moneda


Castillo de Edimburgo

El castillo de Edimburgo domina el centro de la urbe, enclavado a horcajadas sobre un volcán extinto, y con tres lados prácticamente verticales debido a la acción glaciar. Aunque la fortaleza parece inexpugnable, durante siglos pasó de manos escocesas a inglesas en múltiples ocasiones. Sin embargo, hacia mediados del siglo XVIII, el castillo ya ofrecía su actual apariencia, en parte, gracias a sir Walter Scott. Durante el siglo XIX recobró importancia como símbolo de Escocia.

Los visitantes acceden a él desde la Esplanade, una plaza de armas donde el cambio de guardia se sucede cada hora. Las localizaciones del castillo incluyen el Mills Mount Battery, desde donde a diario se lanza una salva con cañones; la capilla de santa Margarita, el edificio más antiguo de Edimburgo; el palacio, construido entre el siglo XV y el XVI; y el Scottish United Services Museum, que alberga exposiciones sobre la historia de los regimientos escoceses. El castillo aparece continuamente invadido de turistas y aunque sus vistas resultan impresionantes, quizá merezca más la pena disfrutarlo desde fuera.

Milla Real

La Milla Real aparece como una de las vías más fascinantes del planeta; se extiende por la parte alta de la colina que se prolonga desde el castillo hasta el palacio de Holyrood. Desde el extremo oeste se puede divisar más allá del rocoso Arthur's Seat y las aguas del Firth of Forth, con apetecibles panorámicas de la Old y New Town a través de los closes (entradas) y wynds (callejones) en ambos lados. A pesar de que los comercios y los turistas cargan con abundantes recuerdos vulgares de Escocia, la calle está formada por extraordinarios edificios, entre los que figuran los edificios de viviendas de varios pisos construidos en el siglo XV.

Para conocer el proceso de destilación del whisky, es visita obligada el Centro del Patrimonio de Whisky Escocés en Castlehill. En él se muestran diversos audiovisuales y en su establecimiento se puede elegir entre cientos de marcas diferentes de whisky. En sus inmediaciones se halla la Highland Tolbooth Kirk, una iglesia que ostenta uno de los chapiteles más altos (71,1 m) en uno de los puntos más elevados de Edimburgo. Frente a la iglesia se emplazan las salas de Reunión de la iglesia de Escocia, que en la actualidad albergan temporalmente el parlamento escocés. En High Street, al este del cruce entre Bank Street y el puente de George IV se encuentra la plaza del parlamento, donde la catedral de St Giles ocupa un lugar destacado. En su interior, próxima a la entrada, aparece una estatua de tamaño real de John Knox, pastor desde 1559 hasta 1572, que predicó en esta construcción su intransigente mensaje calvinista y lanzó la Reforma escocesa. En el número 42 de High Street, el Museo de la Infancia intenta cubrir temas cruciales de la infancia, como la salud y la educación, pero se puede disfrutar más aún con la gran colección de juguetes, muñecas, juegos y libros que fascinan tanto a niños como a adultos, a quienes se les recuerda sus años infantiles.

Parque Holyrood

Con el parque Holyrood, Edimburgo puede presumir de poseer verdadera tierra virgen a la vuelta de la esquina. Los antiguos terrenos de caza de los monarcas escoceses cubren 263 ha de variado paisaje: colinas, páramos, lagos y praderas. El punto más alto, Arthur's Seat (251 m), consta de una elevación de lava erosionada que fue expulsada por el volcán hace unos 325 millones de años. Forma parte de un volcán que también acoge Calton Hill y Castle Rock. Se puede bordear el parque por Queen's Drive en automóvil o en bicicleta y siguiendo diversos senderos excelentes.

Grassmarket

Esta zona se ha convertido en uno de los centros de vida nocturna más relevantes de Edimburgo; cuenta con numerosos restaurantes y pubs. Grassmarket se halla en una extensión abierta, cercada por elevados edificios de viviendas y dominada por el imponente castillo; se puede acceder a él desde el puente de George IV, por Victoria Street, una peculiar calle con tiendas estupendas. Lugar de mercado desde, al menos, 1477 hasta inicios del siglo XX, Grassmarket siempre ha estado considerado el punto neurálgico del casco antiguo. En esta zona se ejecutaba, y una cruz en el extremo este recuerda a los más de cien aliados ahorcados. Los famosos asesinos Burke y Hare actuaban desde un recinto que parte del extremo oeste. Hacia 1827 atrajeron con artimañas al menos a 18 de sus víctimas, las ahogaron y vendieron sus cuerpos a la escuela de medicina de Edimburgo. Desde la esquina más meridional, Candlemaker Row se dirige hasta el puente de George IV y Chambers Street con el Museo Real de Escocia y el Old College de la Universidad de Edimburgo.

Museo Real de Escocia

El Museo Real de Escocia, en Chambers Street, tiene sede en un edificio victoriano cuyos grises y sólidos muros exteriores contrastan con su gran entrada luminosa, repleta de galerías y provista de delgadas columnas de hierro forjado y techos de cristal. El museo alberga una amplia y ecléctica serie expositiva: desde las ciencias naturales (evolución, mamíferos, geología, fósiles) hasta el desarrollo tecnológico científico e industrial. En una de sus secciones se muestra la locomotora de vapor más antigua del mundo: Wylam Dilly, que data de 1813; en otras, las artes decorativas del antiguo Egipto, Islam, China, Japón, Corea y Occidente. En sus inmediaciones se halla el Museo de Escocia, inaugurado en 1998, con artefactos arqueológicos del viejo Museo de Antigüedades. Se plasma, en orden cronológico, la historia de Escocia, iniciándose la muestra en el sótano, con los hechos más recientes del país.

Universidad de Edimburgo

La Universidad de Edimburgo es una de las más antiguas, inmensas y reconocidas de Gran Bretaña. Fundada en 1583, en la actualidad cuenta con unos diecisiete mil estudiantes, que contribuyen a crear el ambiente tan animado de Grassmarket, Cowgate y de los restaurantes y pubs cercanos. La universidad ocupa una gran extensión, pero el centro se ubica en el Old College (Universidad Vieja; también denominado Old Quad, Viejo Cuadrilátero), en el cruce entre South Bridge y Chambers Street y obra maestra de Robert Adam diseñada en 1789, pero incompleta hasta 1834. En el interior del Old College, se halla la Galería de Arte Talbot Rice, que acoge una colección permanente de viejos maestros y otras exposiciones de obras más recientes que se renuevan con regularidad.

Greyfriars Kirk & Kirkyard

Al pie de un cañón de piedra modelado con edificios de viviendas, iglesias, acantilados volcánicos y el castillo, yace Greyfriars Kirkyard, uno de los enclaves más sugestivos de Edimburgo. Este remanso de paz está salpicado con monumentos conmemorativos y conforma el verdadero perfil de la urbe. El kirk (iglesia) se construyó sobre la sede de un monasterio franciscano y se abrió para el culto el día de Navidad de 1620. En 1638, se firmó la Alianza Nacional en su interior, cerca del púlpito. Los aliados rechazaron los intentos de Carlos I por reintroducir el episcopado y un nuevo libro de plegarias inglés, y se reafirmó la independencia de la iglesia escocesa. Numerosos firmantes fueron ejecutados posteriormente en Grassmarket. En 1679, mil doscientos aliados fueron apresados y encerrados en penosas condiciones en un recinto habilitado en el patio. En su interior puede visitarse una modesta exposición.

Otro punto de interés se ha conformado a raíz de la historia de Bobby, un Skye terrier que estuvo guardando la tumba de su amo, un policía de Edimburgo, desde 1858 hasta 1872. En la iglesia, se puede adquirir Greyfriars Bobby - The Real Story at Last, obra en la que Forbes Macgregor desmiente algunos de los mitos de la historia de Bobby. La tumba del can se halla en la entrada de la iglesia.

Al pie de un cañón de piedra modelado con edificios de viviendas, iglesias, acantilados volcánicos y el castillo, yace Greyfriars Kirkyard, uno de los enclaves más sugestivos de Edimburgo. Este remanso de paz está salpicado con monumentos conmemorativos y conforma el verdadero perfil de la urbe. El kirk (iglesia) se construyó sobre la sede de un monasterio franciscano y se abrió para el culto el día de Navidad de 1620. En 1638, se firmó la Alianza Nacional en su interior, cerca del púlpito. Los aliados rechazaron los intentos de Carlos I por reintroducir el episcopado y un nuevo libro de plegarias inglés, y se reafirmó la independencia de la iglesia escocesa. Numerosos firmantes fueron ejecutados posteriormente en Grassmarket. En 1679, mil doscientos aliados fueron apresados y encerrados en penosas condiciones en un recinto habilitado en el patio. En su interior puede visitarse una modesta exposición.

Calton Hill

En el extremo este de Princes Street, Calton Hill se alza como otro componente característico del perfil de Edimburgo; mide 100 m de alto y está salpicado de grandiosos monumentos que datan, en su mayoría, del siglo XIX. Desde aquí se disfruta de una de las mejores vistas de la urbe: una panorámica del castillo, Holyrood, Arthur's Seat, Firth of Forth, New Town y Princes Street.

Observatorio Real

Al sur del núcleo urbano, en Blackford Hill, se encuentra el observatorio, trasladado desde Calton Hill en 1896. En el centro, se emplaza una galería multimedia sobre astronomía y, desde el techo, se puede disfrutar de unas magníficas panorámicas.

Dunbar

Este atractivo complejo vacacional también es conocido como pequeño puerto pesquero; se halla en la costa este a 48 km de Edimburgo. En Dunbar acontecieron dos batallas importantes que supusieron sendas derrotas escocesas: en 1296, Eduardo I invadió el territorio; y, en 1650, el general Monck venció a un gran ejército escocés, facilitando la entrada de Cromwell en Edimburgo. En este enclave nació John Muir (1838-1914), uno de los pioneros conservacionistas y padre de los parques nacionales de Estados Unidos. La casa de John Muir, donde habitó durante su infancia, incluye una muestra y un audiovisual sobre su vida. Puede optarse por otra actividad más atrevida: bucear en zonas como Johnson's Hole o el arrecife Old Harbour.

Haddington

Anclado sobre el río Tyne a 29 km al Este de Edimburgo, Haddington se remonta hasta el siglo XII, cuando David I la nombró villa real. La mayoría de la extensión más actual de la ciudad se construyó entre el siglo XVII y el XIX, un período de gran prosperidad, consecuencia de la Revolución Agrícola. En la actualidad perdura como una villa de mercado y centro administrativo de la zona oriental de Lothian. La localización más bella de Haddington se focaliza en Court Street, de acera ancha e imponentes edificios construidos entre los siglos XVIII y XIX.

Gifford

Gifford es un pueblo variopinto del siglo XVII situado a 6,4 km al sur de Haddington. Ya en el siglo XIX conservaba su actual aspecto. En la iglesia Yester Parish, en Main Street, se alza un monumento conmemorativo a John Witherspoon, nacido en esta localidad, y uno de los firmantes de la Declaración de Independencia americana. Las laderas de Lammermuir comienzan en el sur de Gifford, donde surgen diversos senderos. Conviene adquirir alimentos en el camino en The Little Bread Shop, una panadería cercana al río donde las mujeres atienden ataviadas con trajes de época.

Regiones fronterizas

Al sur de Edimburgo, se extiende el idílico valle Tweed, un enjambre de colinas, bosques, castillos, abadías en ruinas y poblaciones protegidas de la zona fronteriza entre Inglaterra y Escocia, dotado de una belleza sin igual. Esta región ofrece múltiples posibilidades para el ciclismo y el senderismo. Aunque algunas zonas, especialmente en el oeste, aparecen más salvajes y desiertas, este valle fértil del río Tweed permanece desde hace mil años como una región rica. La población se concentraba mayoritariamente en diversos burghs (villas); además mantenían grandes y ricas comunidades monásticas. Esto supuso un imán irresistible durante las guerras fronterizas, cuando las poblaciones fueron arrasadas y reconstruidas en numerosas ocasiones. Los ingleses quemaron los monasterios una vez más a mediados del siglo XVI, pero esta vez el fuego inglés junto a la Reforma escocesa consiguieron destruirlos totalmente y nunca más pudieron ser reformados. Las poblaciones se desarrollaron a medida que la paz se asentaba, y sus tejedores tradicionales sentaron las bases para una importante industria textil que aún sobrevive.

Edimburgo ofrece una gran variedad de actividades recreativas. Entre los lugares al aire libre predilectos destacan Holyrood Park, Meadow Park y Bruntsfield Links. Existen numerosos e interesantes paseos, como seguir la Water of Leith para disfrutar de una tranquila caminata por la ciudad o ascender al Arthur's Seat. Es factible pedalear por las calles de la urbe y el campo que la rodea gracias a la red de senderos para bicicletas convenientemente señalizados. El golf se rebela como una de las actividades preferidas y se han construido muchos campos donde practicarlo alrededor de la población.

Castle Rock, un risco volcánico con tres lados verticales, domina el centro de la urbe. Esta defensa natural fue, probablemente, el atractivo que motivó a los colonizadores originarios; los primeros indicios de asentamientos humanos datan del año 850 a.C.

En el siglo IV, habitaban dos pueblos celtas indígenas en el norte de Gran Bretaña: los picteos y los bretones. En el siglo VI, una tercera tribu celta, los scotti, llegaron a Escocia desde el norte de Irlanda y establecieron el reino Dalriada. Un siglo más tarde, los anglos de Northumbria, del noreste de Inglaterra, colonizaron el sureste escocés y construyeron su fortaleza, Edwinesburh, en Castle Rock, que los escoceses utilizarían como puesto avanzado meridional hasta 1018, cuando Malcolm II estableció una frontera en el río Tweed. No obstante, los ingleses saquearon la ciudad nada menos que siete veces.

Edimburgo amplió realmente su territorio a partir del siglo XI, cuando los mercados crecieron a los pies de la fortaleza y, en especial desde 1124, cuando David I estableció la corte en el castillo y fundó la abadía en Holyrood.

El primer muro de la urbe se erigió alrededor de 1450, rodeando la Old Town (ciudad vieja) y los alrededores de Grassmarket. Esta zona restringida y defendible se convirtió en un Manhattan medieval, forzando a sus habitantes a construir edificios de viviendas de hasta doce pisos.

La época dorada, que vio la fundación del colegio de Cirujanos y la introducción de la imprenta, finalizó con la muerte de Jaime IV en la batalla de Flodden en 1513. Enrique VIII de Inglaterra intentó forzar un matrimonio entre María, reina de los escoceses (hija de Jaime V), y su hijo, pero finalmente la sucesora fue casada con el delfín francés. Los ingleses saquearon Edimburgo, por lo que los escoceses acudieron a los galos en busca de ayuda.

Mientras la reina María se hallaba en Francia, se produjo la Reforma de la iglesia escocesa. Los escoceses comulgaban con las ideas reformistas, y cuando John Knox volvió del exilio en 1555 encontró el caldo de cultivo apropiado para expandir sus mensajes calvinistas. En 1560, el parlamento escocés creó la iglesia protestante independiente de Roma, y se rechazó la autoridad papal y las misas en latín.

Cuando Jaime VII sucedió a las coronas escocesa e inglesa, trasladó la corte a Londres y, en general, los Stewarts -su dinastía- ignoraron Edimburgo. Las diferencias religiosas se transformaron en una guerra civil entre Escocia e Inglaterra. Cuando Carlos I trató de introducir el episcopado (las reglas de los obispos) en 1633, promovió la Alianza Nacional y más desórdenes religiosos, lo que finalmente benefició a los presbiterianos.

A pesar de que la vida cultural e intelectual de Edimburgo continuó su desarrollo, el acta de Unión de 1707 redujo aún más la importancia política de la urbe, uniendo a los dos países bajo un mismo parlamento. En la segunda mitad del siglo XVIII se creó la New Town (ciudad nueva) al otro lado del barranco, hacia el Norte. La población crecía, defenderse ya no era un objetivo vital y los pensadores del Siglo de las Luces planeaban distanciarse del pasado jacobita de Edimburgo.

El siglo XIX trajo consigo una explosión demográfica: Edimburgo cuadriplicó su tamaño hasta los cuatrocientos mil habitantes, pocos menos de los que acoge en la actualidad, y los viejos edificios de viviendas fueron tomados por los refugiados de las hambrunas irlandesas. Se construyeron nuevos crescents (calles en forma de medialuna) y glorietas al sur de la New Town, y surgieron las hileras de casas grises victorianas.

En el siglo XX, se trasladó a los habitantes de los barrios bajos a nuevas urbanizaciones, actualmente con grandes problemas sociales. En 1995, La Ciudad Vieja y la Ciudad Nueva de Edimburgo fueron declaradas Patrimonio Mundial.

En 1997, tras la victoria del Partido Laborista, el pueblo escocés aprobó mediante un segundo referéndum la creación de un parlamento escocés autónomo, que sería convocado por primera vez en 1999 (en 1979 había tenido lugar un primer referéndum convocado por el entonces gobierno laborista que dio la no aceptación de dicho parlamento según unas cifras más que dudosas). Desafortunadamente, la construcción del nuevo Parlamento Escocés en Holyrood ha sido objeto de una cierta maquinación política y su coste es ya un tema muy controvertido. De todos modos, la delegación de poderes a Escocia marca el inicio de una nueva era para la sociedad de Edimburgo. A pesar del catastrófico incendio de la Ciudad Vieja a finales de 2002 que causó daños considerables a los edificios históricos, Edimburgo acoge a sus visitantes con un carácter renovado.

El aeropuerto internacional de Edimburgo ofrece vuelos directos a Europa, Irlanda y otras ciudades del Reino Unido con mucha frecuencia.

Si se viaja desde Europa, conviene volar a Londres y después tomar el tren o el autobús en dirección Norte. El trayecto, de cuatro horas entre ambos centros urbanos, sólo aumenta en una hora con respecto al avión.

Los autobuses resultan el modo más económico, aunque también cansado, de viajar desde y hacia Europa u otros enclaves del Reino Unido. Sin embargo, en ocasiones conviene echar un vistazo a los billetes de tren, ya que pueden ofrecer descuentos interesantes.

Existe un flujo frecuente de autobuses proporcionados por las líneas aéreas LRT, que unen el puente Waverley, cercano a la estación de tren, con Haymarket y el aeropuerto en unos 35 minutos. Existen otros servicios de autobuses también frecuentes y económicos, y la mayoría parten de la estación de autobuses de la plaza de St. Andrew o del puente Waverly. Dos empresas, Lothian Regional Transport y Scottish Motor Traction, operan sobre los mismos trayectos, pero los billetes no son intercambiables.

Edimburgo no posee una red férrea propia; los trenes que transitan por la urbe pertenecen a la red nacional de ferrocarriles. Los que toman las direcciones Norte y Oeste unen la estación de Waverly con Haymarket, pero resulta más económico tomar un autobús en Princess street. Existe un servicio regular de trenes hacia el Oeste, en dirección a Dalmeny, y hacia el Este, rumbo a North Bermick.

Aunque el automóvil resulte útil para viajar fuera de la ciudad, en el centro de Edimburgo se convierte en un incordio. En algunas vías el acceso está restringido, y muchas de ellas son de dirección única.

Resulta sencillo conseguir un taxi, y existen muchas paradas, incluso en la estación de Waverly.

Aunque Edimburgo está formada por numerosas colinas empinadas, resulta una urbe idónea para desplazarse en bicicleta: ningún punto de la localidad se halla a más de media hora de distancia, cuenta con carriles para bicicletas y el tráfico fuera del centro puede considerarse bastante tolerable.


· Boswell, James: La vida del doctor Samuel Johnson, Espasa-Calpe, Madrid, 1997
· Scott, Walter: Rob Roy, Editorial Planeta, Barcelona, 1997
· Stevenson, Robert Louis: Secuestrado, Acento Editorial, Madrid, 1998
· Burns, Robert: Caledonia y otros poemas, IberCaja, Zaragoza, 1999
· Welsh, Irvine: Trainspotting, Editorial Anagrama, Barcelona, 1999
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