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Amsterdam
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Amsterdam, la principal urbe neerlandesa, se caracteriza por ser uno de los lugares más acogedores del planeta, donde el visitante puede empaparse de historia y arte de la misma forma que disfrutar de una cerveza. La ciudad mezcla sutilmente lo antiguo y lo moderno: muestras de arte radical okupa cuelgan en aleros de edificios del siglo XVII, vehículos de última generación ceden el paso a las bicicletas y en los grand cafés de acero y vidrio se sirve una cerveza de triple destilación elaborada por los monjes. Amsterdam combina gran parte de la exuberancia de las metrópolis con la confortabilidad de un pueblo pequeño.

La urbe constituye un hogar cosmopolita que durante décadas ha atraído a emigrantes e inconformistas. Se trata de una ciudad próspera y una de las más difíciles de abandonar al final del viaje. Parece enriquecerse con su vibrante mezcla; perdura y aumenta su esplendor turístico. Quizá se deba al carácter absolutamente neerlandés de la metrópoli, manifiesto en todos sus rincones. La arquitectura de los siglos XVII y XVIII, las hordas de bicicletas junto con los parques dispersos bordeados de árboles conforman el carácter de Amsterdam. También forman parte de su esencia las calzadas y aceras: los neerlandeses adoran a sus perros, y ésta es una de las capitales del mundo squish 'n' squirm (defecaciones de las mascotas).

Población: 730.000 habitantes
País: Países Bajos
Hora local: GMT+1
Prefijo telefónico: 020



Cualquier momento resulta propicio para visitar la ciudad. Durante los meses estivales el grueso de la población parece vivir en las calles, pero también coincide con la temporada alta, cuando todo está abarrotado y es caro. De mediados de octubre a marzo, el clima se manifiesta menos benévolo pero también disminuyen las masas de visitantes, así como los precios, y se disfruta de una vida cultural más auténtica. El resto del año supone un punto intermedio entre ambos períodos.

No se produce anualmente, pero cuando los canales se hielan lo suficiente, se desarrolla el legendario Eleven Cities_ Journey (Recorrido de las Once Ciudades),un exigente maratón sobre patines a través de la campiña de Frisia que se celebra en enero. En marzo, los católicos caminan por la Vía Sagrada en la Procesión del Silencio, que conmemora el milagro de Amsterdam. El Festival de Blues se festeja ese mismo mes.

El Día de la Reina, el 30 de abril, constituye una fecha ineludible; se organiza un mercado gratuito, fiestas callejeras y música en directo mientras corren ingentes cantidades de cerveza. El National Windmill Day (Día Nacional del Molino) discurre en mayo, al igual que las jornadas de jardines abiertos. El Festival de Holanda, la mayor feria de arte del país, cubre el mes de junio y, en agosto, grupos de teatro y orquestas locales efectúan actuaciones gratuitas por toda la urbe. En septiembre se celebra el Desfile de las Flores, y en noviembre Sinterklaas (Papá Noel) desembarca procedente de España. Durante el mismo mes, la Cannabis Cup festeja la hierba sagrada. Sinterklaas, la tradicional Navidad holandesa, se conmemora el 6 de diciembre, aunque los regalos se entregan la noche anterior. La Navidad al uso se festeja igualmente en la fecha habitual, el 25 de diciembre.




Museos

El punto de partida para adentrarse en el distrito museístico de Amsterdam se sitúa en el Rijksmuseum, la primera pinacoteca del país, que exhibe abundantes ejemplos del trabajo de los antiguos maestros. Además de obras de Rembrandt, Vermeer, Hals y Steen, su colección se enriquece con casas de muñecas, porcelana azul de Delft y arte asiático; organiza y acoge exposiciones temporales y muestras itinerantes especiales. El cercano Museo Van Gogh alberga alrededor de doscientos lienzos del genio neerlandés, como los célebres Los comedores de patatas (1885) y La casa amarilla en Arles (1888). También se exhiben estampados japoneses, muy influyentes en el artista. El contiguo Museo Stedelijk fomenta una colección de arte desde el 1850 hasta la actualidad. Está considerado uno de los principales museos de arte moderno del mundo, destacando la provocación y eclecticismo de su colección.

La Casa-Museo de Anna Frank, al oeste del centro, atrae a más de medio millón de turistas anuales. Los visitantes desfilan por el achterhuis (anexo) como en un santuario; aquí fue donde los judíos Frank se ocultaron para evitar su deportación durante la ocupación nazi de los Países Bajos. Los Frank y otras cuatro familias se escondieron en una parte de la vivienda a la que se accedía a través de una librería móvil entre julio de 1942 y agosto de 1944, cuando fueron delatados a la Gestapo. El diario de Anna fue hallado entre los despojos en el anexo y, desde entonces, ha sido traducido a 55 idiomas. Es preferible visitarla temprano, ya que las colas pueden resultar exasperantes.

Otros museos de la capital tienen un carácter más liviano. El Museo del Sexo, junto a la plaza del Dam, alberga una extraña colección de artículos pornográficos. El Museo del Hachís y de la Marihuana y el Museo del Tatuaje, ambos en el Distrito Rojo, atraerán en especial a los interesados en estas temáticas. El Museo de Historia de Amsterdam, emplazado en un antiguo orfanato, exhibe una original muestra sobre la urbe y el Museo Marítimo cuenta con una atractiva colección de objetos náuticos.

En los últimos años se han creado nuevos espacios de carácter cultural englobados en construcciones de gran importancia arquitectónica como el centro Arcam, proyectado por René van Zuuk a principios de 2003, que se encuentra en Oosterdok, próximo al Centro Científico NEMO, en el que tienen lugar exposiciones sobre tecnología, energía y ciencia.

Canales

Numerosos canales de Amsterdam fueron ocultados a comienzos del siglo XX, principalmente por razones sanitarias. Los que permanecen retienen bastante suciedad, pero la visión de la urbe desde una embarcación resulta incomparable, aunque se debe evitar bajar la mirada e introducir la mano en el agua. Adoptando este punto de vista, a vista de pato, las casas parecen disponerse de forma todavía más desordenada, ladeadas, codeándose y asomándose sobre ambas orillas del canal, los puentes forman arcos sobre el agua y algunos de ellos se abren para facilitar el paso a las grandes naves. Es posible atisbar la vida de las casas flotantes, que se construyeron sobre barcazas restauradas con huertos donde crecen las hortalizas y gatos apostados en las portillas para pulir las arcas de aspecto muy cuidado con ventanas y cubiertas para tomar el sol.

Existe un gran número de barcos turísticos que recorren la zona; quien se sienta con energía también puede alquilar un pedaló. Por supuesto, si los canales se hielan en invierno, los barcos permanecen amarrados e impera el patinaje. Cuando hiela, Amsterdam se torna una urbe maravillosa: los lugareños desempolvan sus patines, los niños y los perros juegan sobre el hielo y los vendedores ofrecen chocolate, glühwein y caldo. Resulta imprescindible tener en cuenta los agujeros donde el hielo se afina, en especial bajo los puentes y junto a la orilla: cada año varias personas fallecen al caerse al agua.

Begijnhof

Este patio cerrado construido en el siglo XIV se oculta detrás de la concurrida zona comercial de Spui. Begijnhof está invadido por una atmósfera espléndida y serena, con viviendas diminutas agrupadas alrededor de un patio bien conservado. Antaño acogía un convento ocupado por las beguines, una orden católica formada por mujeres solteras o viudas de familias acomodadas que atendían a los ancianos y llevaban una vida religiosa sin tomar los votos monásticos; su último miembro falleció en los años setenta. Una de las casas data de 1465, resultando el edificio de madera más antiguo que se conserva en el país.

Jordaan

En la actualidad este antiguo barrio obrero está parcialmente ocupado por estudiantes, artistas y modernos. Jordaan resulta indicado para pasear, perderse y respirar el ambiente mientras se observa a la gente en su contexto cotidiano. Los edificios, diminutos pero acicalados, se ornamentan con cortinas de encaje, jardineras en las ventanas y espejos spionnetje (pequeño espía) dispuestos en los alfeizares para poder curiosear. El Jordaan está repleto de pubs y restaurantes acogedores, comercios insólitos, extrañas galerías de arte y animados mercados. También cuenta con una gran concentración de hofjes (patios), muchos con casas admirablemente restauradas y unos jardines perfectamente conservados. En un principio, están cerrados al público, pero si uno encuentra una de las discretas entradas abierta, a la mayoría de los vecinos no le importará que eche un vistazo.

Amsterdam Noord

Antes de estar habitado, el norte de Amsterdam estaba formado por una zona pantanosa insalubre de contornos cambiantes; en este lugar abandonaban a los criminales ajusticiados para ser devorados por cuervos y perros. Después de estos comienzos poco auspiciosos, la urbe creció y en esta ubicación se desarrolló un próspero barrio obrero. Amsterdam Noord aporta al visitante un conocimiento del estilo de vida tradicional holandés alejado de las masas del casco antiguo. Miércoles, viernes y sábado se organiza un gran mercado poco concurrido por los turistas. Un ferry gratuito cruza el IJ detrás de Centraal Station hasta el Noordhollands Kanaal.

Distrito Rojo

El Distrito Rojo de Amsterdam supone en realidad un hermoso enclave: se puede alegar el interés de su arquitectura como excusa para visitarlo. La zona, con sus casas de mala reputación e innumerables destilerías -ya desaparecidas-, ha atraído a marineros arruinados desde el siglo XIV. En la actualidad las prostitutas se exhiben en escaparates bajo luces de neón rojo; los ganchos delante de los espectáculos pornográficos atraen a los paseantes con frases como "live show, fucky-fucky podium" y los sex-shop no dejan ningún resquicio a la imaginación. Mirones, tanto extranjeros como autóctonos, se mezclan con aspirantes a chulos, borrachos, bichos raros, traficantes de drogas y soldados del Ejército de Salvación.

Hacer la calle está prohibido, por lo que las mujeres que visitan el barrio no deben temer ser confundidas automáticamente; en general debe actuarse con corrección, lo que implica no fotografiar a las prostitutas y no entablar una charla con un traficante de drogas (de todos modos, sólo venden género adulterado).

Los habitantes de Amsterdam son grandes amantes del patinaje sobre hielo, en especial sobre los canales helados; del ciclismo (en realidad, es una de las principales formas de desplazarse) y del jogging, en especial en el Vondelpark. El Amsterdamse Bos cuenta con varios senderos para la práctica del jogging y el senderismo. Het Twiske resulta indicado para pasear, montar en bicicleta o alquilar una barca.

Los holandeses son muy aficionados a la vela y el windsurf puede considerarse prácticamente un deporte nacional. Los fines de semana una flota de barcos de fondo plano recorren la laguna de Ijsselmeer.

Los vestigios arqueológicos más antiguos hallados en Amsterdam datan del período romano: unas monedas y escasos objetos sugieren la existencia del paso de pueblos por la zona, pero no existen pruebas de ningún asentamiento humano, comprensible dado que la región estaba formada por una serie de lagos rodeados de arenas movedizas, ciénagas y turba esponjosa. Sus primeros habitantes, granjeros y pescadores constructores de presas, habilitaron hacia el siglo XII las tierras pantanosas alrededor del Amstel con acequias y diques.

La urbe creció con rapidez tras 1300, ya convertida en punto clave del comercio entre los mares del Norte y Báltico y el sur de Europa. Pero, a medida que afluyó el dinero, las luchas de clases se intensificaron: la Reforma originó una pugna por el poder entre los cada vez más acaudalados mercaderes y los aristócratas amparados por la iglesia. El calvinismo sedujo a los nuevos ricos amstelodamenses, con su sobriedad, laboriosidad y los ritos comunitarios. Los calvinistas se apropiaron del poder imperial del rey católico español Felipe II y en 1578 apresaron la ciudad. Un año más tarde, Amsterdam junto con siete provincias norteñas se declararon república independiente -Holanda-, encabezada por Guillermo de Orange, antepasado de la actual familia real.

La Edad de Oro (1580-1740) finalizó cuando su rival comercial, Amberes, fue ocupada por los españoles, que restringieron su acceso al mar. Hacia 1600, las embarcaciones amstelodamenses dominaban el comercio marítimo y la pesca en Europa, extendiendo sus horizontes durante el siglo XVI cuando se instauraron los intereses holandeses en ultramar. En el siglo XVIII, la banca pasó a ser el principal negocio de la urbe, en detrimento del comercio; junto a la pesca, éste desapareció por completo a comienzos del siglo XIX, cuando los franceses ocuparon la capital y, posteriormente, sufrió el bloqueo de los británicos. Cuando en 1814 las tropas francesas abandonaron Amsterdam, se había convertido en una ciudad mercantil provincial y el Reino Unido dominaba los mares.

Amsterdam abandonó el mar para convertirse en un centro industrial: se construyeron vías férreas, la producción de acero prosperó y la población creció. Como capital cultural de los Países Bajos, superó sin grandes sobresaltos la I Guerra Mundial y los años veinte aportaron prosperidad, culminada con los Juegos Olímpicos celebrados en 1928. Pero la depresión de los años treinta afectó gravemente a la urbe: el desempleo alcanzó el 25% y surgieron las tensiones entre socialistas, comunistas y fascistas.

Los Países Bajos trataron de mantenerse neutrales durante la II Guerra Mundial, pero Alemania invadió el país en mayo de 1940 y, por primera vez en cuatrocientos años, sus habitantes sufrieron la terrible realidad de la guerra. Las fuerzas de ocupación introdujeron paulatinamente medidas contra la numerosa población judía que habitaba en la urbe, a menudo con la complicidad de las autoridades locales y, a pesar de que en 1941 los trabajadores organizaron una huelga en apoyo de sus compatriotas judíos, resultó imposible cambiar el rumbo de los acontecimientos. Únicamente 1 de cada 16 judíos amstelodamenses sobrevivió a la guerra, la mayor proporción de judíos asesinados en Europa Occidental. Durante el período de ocupación, la mayoría de la población fue sometida y sufrió la indefensión. Una alianza entre calvinistas y comunistas activó un movimiento de resistencia cuando los invasores reunieron a trabajadores holandeses para enviarlos a Alemania. El sur del país fue liberado por los aliados en 1944, pero Amsterdam, aislada, sufrió durante el invierno de 1944-1945 y miles de sus habitantes fallecieron. Finalmente, la ciudad fue desocupada en mayo de 1945.

La posguerra se vivió sin sobresaltos hasta comienzos de los años sesenta, cuando se cuestionó la situación y la urbe se convirtió en el centro radical de Europa. Los provo iniciaron esta tendencia, con diversos happenings anárquicos en las calles, mientras los estudiantes y las mujeres demandaban más derechos y los hippies se acercaban al centro mágico de Europa, la urbe donde todo era posible. El movimiento okupa detuvo la demolición de buena parte de las viviendas baratas del centro, cuya escasez se ha convertido en un problema endémico, y muchos de los residentes protestaron contra la irreflexiva planificación urbana, desarrollando la política de una ciudad interior donde la gente pudiera vivir, trabajar y comprar. A comienzos de los años ochenta, se llegó a un consenso y, durante la década de 1990, esta zona se convirtió en una mezcla de pubs, coffee shops, restaurantes y hoteles. La composición étnica urbana ha cambiado con la afluencia de surinameses, marroquíes, turcos y antillanos, que en la actualidad suman el 25% de la población. Amsterdam es un lugar llevadero (si se encuentra cobijo), con sus concejalías descentralizadas y una política que favorece la bicicleta frente al automóvil y su nombre se encuentra entre los primeros de la lista de centros turísticos europeos.

Muchas de las compañías aéreas de todo el mundo ofrecen vuelos directos a Amsterdam, pero tal vez resulte más económico volar hasta una ciudad próxima como Londres y desplazarse a Amsterdam en autobús o tren. Muchas compañías proponen un viaje alternativo gratuito en Europa, por lo que conviene preguntar e informarse de las ofertas disponibles.

Amsterdam está bien enlazada con el resto de Europa, incluyendo el Reino Unido, mediante autobuses de larga distancia. Son bastante más baratos que los trenes, pero hay que tener en cuenta que algunas empresas permiten fumar en el interior. Centraal, la principal estación de trenes de Amsterdam, cuenta con conexiones regulares y eficientes con todo el país y con las naciones vecinas. Existen servicios de tren y ferry con el Reino Unido; también se puede tomar el tren Eurostar que cruza el eurotúnel. Los billetes Interrail son válidos en los Países Bajos.

Las autopistas unen Amsterdam con La Haya, Rotterdam y Amersfort (se tarda unas seis horas para desplazarse de París a Amsterdam en coche). En los Países Bajos resulta muy sencillo moverse en bicicleta: es uno de los países más llanos del mundo y existen carriles bici en todo el territorio. Está permitido llevar una bicicleta en el tren por una pequeña tarifa adicional y en los ferrys por muy poco más. Los ferrys cubren los trayectos de Amsterdam al Reino Unido y de Amsterdam a Noruega. No existe tasa de salida para abandonar los Países Bajos.

El aeropuerto está situado 18 km al suroeste del centro. Un taxi hasta la ciudad tarda entre 20 y 45 minutos y cuesta alrededor de 25 dólares. Los trenes a Centraal Station parten cada 15 minutos a cambio de unos 3 dólares. Los trenes también unen el aeropuerto con localidades de todo el país. Varios autobuses gratuitos se desplazan a muchos de los principales hoteles de la ciudad.

Se puede visitar gran parte de la urbe a pie. El transporte público resulta excelente: el punto central es Centraal Station, donde convergen líneas de tranvía, autobús y metro. Se puede obtener un mapa gratuito de los transportes públicos en la estación. Las tarifas varían en función de las zonas y los billetes son válidos para el autobús, el tranvía y el metro; se pueden adquirir billetes en puestos repartidos por toda la ciudad o en las propias taquillas de las estaciones. Los tranvías están indicados para desplazarse por el centro; los autobuses cubren una zona más extensa mientras que el metro resulta más útil para acercarse a la estación internacional de autobuses.

Conducir en Amsterdam es muy poco recomendable y no existe ninguna zona de aparcamiento gratuito en el área de los canales. Si no se adquiere un cupón de estacionamiento, se acabará con un cepo en las ruedas. Es más lógico aparcar fuera de la urbe y desplazarse en transporte público en su interior. Los motociclistas pueden estacionar en la acera gratuitamente. Los taxis de Amsterdam figuran entre los más caros de Europa; no resulta más costoso llamar al taxi por teléfono que pararlo en la calle, aunque en teoría no se puede tomar uno en la vía pública.

Amsterdam cuenta con 550.000 bicicletas y supone un modo de transporte idóneo, aunque es necesario hacerse a la idea de que pueden robar la bici. Quien tenga pensado establecerse más de un mes, debe plantearse comprar una de segunda mano y asegurarse de adquirir un candado.


· Enzensberger, Hans Magnus: ¿Dónde has estado, Robert?, Ediciones Siruela, Madrid, 1999
· Abdolah, Kader: El viaje de las botellas vacías, Galaxia Gutenberg, Barcelona, 1999
· Frank, Anna: Diario de Anna Frank, Nuevas Ediciones de Bolsillo, Barcelona, 2001
· Ibelings, Hans (ed.): Paisajes artificiales. Arquitectura, urbanismo y paisaje contemporáneos en Holanda, Editorial Gustavo Gili, Barcelona, 2000
· Rérat, Alain: Vermeer, Editorial Debate, Madrid, 1996
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