Nombre oficial: Departamento de Guadalupe Superficie: 1.780 km² Población: 412.000 hab. Capital: Basse-Terre (14.000 hab.) Nacionalidades y etnias: 80% negros, 20% minorías francesa, caribeña, hindú, libanesa y siria Idioma: francés (oficial), dialecto criollo Religión: 95% católicos, 4% hindúes y africanos panteístas, 1% protestantes Régimen político: departamento de ultramar de Francia Jefe de estado: Prefect Paul Girot de Langlade Presidente: Jacques Chirac
GDP: 37.000 millones de dólares GDP per capita: 9.200 dólares Inflación: 4% Principales socios comerciales: Francia, Martinica, EEUU
Visados: los ciudadanos de la Unión Europea necesitan un documento nacional de identidad, un pasaporte o tarjeta de residencia francesa. Los de los demás países necesitan un pasaporte válido y un visado para Francia. Oficialmente, se exige a todos los visitantes un billete de vuelta o de partida. Las exigencias para entrar en Guadalupe están sujetas a constantes cambios, por lo que se recomienda a los viajeros dirigirse al consulado o a la sección consular de la Embajada de Francia para ser informado al respecto. Condiciones sanitarias: quemaduras solares, diarrea y parásitos intestinales; la bilharzia (esquistosomiasis) puede estar presente en el agua dulce de Grande-Terre y en gran parte de Basse-Terre. Hora local: GMT-4 Electricidad: 220V, 50Hz Pesos y medidas: sistema métrico Turismo: 350.000 visitantes al año Los carnavales, celebrados durante la semana del Mardi Gras hasta el Miércoles de Ceniza, destacan por sus desfiles y bailes de disfraces, actuaciones musicales y otras actividades. La Fête des Cuisinières (Fiesta de las Cocineras) se desarrolla a principios de agosto en Pointe-à-Pitre. Muchas mujeres vestidas con el traje criollo, cargadas con cestas repletas de platos tradicionales, desfilan por las calles hasta la catedral, donde las bendice el obispo. Tras el desfile, se organiza un banquete y un baile. También a principios de agosto acontece el Tour Cycliste de la Guadeloupe, una carrera internacional de ciclismo de 10 días de duración. Fiestas oficiales 1 de enero - Año Nuevo Pascua - Miércoles de Ceniza, Viernes Santo, Domingo de Pascua, Lunes de Pascua 1 de mayo - Día del Trabajador 8 de mayo - Día de la Victoria Cuarentavo día después de Pascua - Jueves de la Ascensión Octavo lunes después de Pascua - Lunes de Pentecostés 27 de mayo - Día de la Abolición de la esclavitud 14 de julio - Aniversario de la Toma de la Bastilla 21 de julio - Día de Schoelcher 15 de agosto - Día de la Asunción 1 de noviembre - Día de Todos los Santos 11 de noviembre - Día del Armisticio 25 de diciembre - Navidad Pointe-à-Pitre El municipio más extenso de Guadalupe, Pointe-à-Pitre, mezcla antigüedad y modernidad: de aspecto muy comercial, está salpicada por edificios coloniales y el mantiene sabor de las Indias Occidentales. Sus orígenes datan de 1654 como un mercado de pescado situado en un extremo del puerto. En la actualidad, permanece un mercado al aire libre en La Darse, el puerto interior. Pueden verse mujeres con turbantes de tela de madrás que venden fruta, verduras, flores, especias picantes, artesanía y ropa mientras los barcos del muelle expenden pescado fresco. El eje de la ciudad se encuentra en la Place de la Victoire, una plaza abierta con palmeras y terrazas. La urbe cuenta con dos museos interesantes: el Musée Schoelcher, dedicado al abolicionista Víctor Schoelcher y a objetos relacionados con la esclavitud, y el Musée Saint-John Perse, instalado en un atractivo edificio criollo del siglo XIX con balcones decorados de hierro forjado. Está dedicado al famoso poeta y merecedor del Nobel Alexis Léger (1887-1975), más conocido como Saint-John Perse. Parque Nacional Guadalupe En el corazón de Basse-Terre, este parque nacional merece un paseo en coche o a pie para deleitarse en sus selvas tropicales repletas de orquídeas y sus montes alfombrados de helechos. Las 17.300 ha de reserva forestal está dividida en dos por la Route de la Traversée, una carretera de montaña que atraviesa bosques de bambú, caobas y tabonucos gigantescos, heliconias y jengibres. La Maison de la Forêt, en medio del parque y en el mismo centro de Basse-Terre, posee una sala de exposiciones con presentaciones del bosque (sólo en francés). Existe un sendero que, desde la zona central, pasa por un puente colgante sobre el río Bas-David y cruza una jungla de tabonucos y altos helechos con estridentes aves tropicales. Otros puntos de interés de la reserva son la Cascade aux Ecrevisses, una cascada tropical en el centro, así como el modesto zoológico del extremo oeste del parque. Saint-FrançoisEste antiguo pueblo de pescadores se ha convertido en la segunda mayor zona turística del país. Si bien la zona oeste de la urbe conserva su carácter provinciano, la este se ha rendido a la explotación turística. El puerto deportivo, con forma de U y atestado de yates, está bordeado de restaurantes, hoteles de lujo, agencias de alquiler de coches y tiendas de ropa. Saint-François resulta el lugar ideal para jugar al golf o tomar el sol en la piscina. Además, cuenta como el principal punto de partida de los desplazamientos a las islas menores de Terre-de-Haut, Marie Galante y La Désirade. Terre-de-Haut La pequeña y parsimoniosa Terre-de-Haut, de carácter francés y aspecto mediterráneo, es una de las islas más atractivas del Caribe. En sus pequeñas dimensiones ofrece un bello paisaje de montañas volcánicas y profundas bahías, aunque los fines de semana y en temporada alta puede estar atestada de turistas. La mayoría de isleños viven de la pesca; suelen remendar las redes en el puerto, con sus barcos de fabricación local de vivos colores, llamados saintoises, a la orilla del mar. La historia de Terre-de-Haut difiere de la de otros enclaves de Guadalupe. Al ser demasiado montañosa y seca para las plantaciones de caña de azúcar, nunca albergó a esclavos. Como consecuencia, la población se compone principalmente de descendientes de marineros normandos y bretones, los primeros colonos. Lugar de residencia de la mayoría de los isleños, Bourg des Saintes es una atractiva población de carácter indudablemente normando. Bordeando sus calles estrechas, se alzan casas encaladas de tejados rojos con contraventanas y macetas de hibiscos en flor. El bullicio se acentúa en las horas del ferry, pero permanece tranquilo el resto del tiempo y siempre resulta una zona idónea para descansar. Cuenta con pequeños restaurantes, heladerías, tiendas de alquiler de scooters, galerías de arte y comercios de regalos en la calle principal, peatonal de día. En la parte norte del puerto se encuentra el bien conservado fuerte de Napoleón, de mediados del siglo XIX, rodeado por jardines de cactus. Marie Galante La isla rural de Marie Galante, desconocida para el turismo de masas, ofrece unas playas desiertas y hermosos paisajes. Situada a 25 km de las dos islas principales del archipiélago, Marie Galante se constituye como la mayor de las islas exteriores. Con 13.000 habitantes, gran parte de su superficie está cubierta de cañas de azúcar. En el discreto centro comercial y administrativo de Grand-Bourg, en la costa sudoeste, reside la mitad de la población, y el resto se reparte entre dos pequeñas ciudades: Capesterre y Saint-Louis. Esta última es una población pesquera, principal fondeadero de yates de la isla y un puerto secundario para el ferry procedente de Guadalupe. A principios del siglo XIX, Marie Galante contaba con un centenar de ingenios azucareros, cuyas ruinas todavía pueden verse esparcidas por el campo. En la actualidad, la producción de azúcar está concentrada en un único ingenio, y la caña se transforma en ron en tres destilerías, que se cuentan entre las atracciones principales de la isla. La Distillerie Poisson, a medio camino entre Saint-Louis y Grand-Bourg, embotella el mejor ron de la isla con la etiqueta Père Labat. En la Distillerie Bielle, entre Grand-Bourg y Capesterre, podrá asistir a una forma de trabajo antiquísima. Désirade La Désirade, a unos 10 km del extremo oriental de Grande-Terre, es la isla menos desarrollada y frecuentada del archipiélago. Su aislamiento se originó hace muchos años, pues actuó como una colonia de leprosos durante más de dos centurias (la leprosería se clausuró en la década de 1950). En la actualidad, los isleños viven principalmente de la pesca, la construcción de barcos, la agricultura y el ganado lanar, aunque también existen algunas instalaciones turísticas. Con una forma que recuerda a un barco volcado cuando se divisa desde Guadalupe, La Désirade mide 11 km de largo y 2 km de ancho, con un terreno desértico, cocoteros y viñas marítimas a lo largo de la costa y un gran jardín de cactus en el extremo oriental. El Norte se halla despoblado, y su litoral rocoso se expone al mar abierto, mientras que el Sur ofrece playas arenosas y aguas resguardadas por arrecifes. El puerto y el aeropuerto de Désirade se encuentran en el Suroeste, en su población principal: Grande Anse (también llamada Le Bourg). Existen pueblos más pequeños en LeSouffleur y Baie Mahault. Los tres destacan por sus playas. Guadalupe cuenta con abundantes y agradables playas, algunas de ellas nudistas. Existen playas de arena blanca en las ciudades turísticas de Gosier, Sainte-Anne y Saint-François. Al norte de la península, en dirección a Pointe des Châteaux, se encuentran dos playas vírgenes: Anse à la Gourde, una bella extensión de arenas coralinas blancas, y Anse Tarare, la playa nudista contigua. Aunque la mayor parte de la costa este de Grande-Terre resulta idónea para los surfistas más arriesgados, en Le Moule se halla una playa en la que se puede nadar y, en Porte d'Enfer, una calita protegida. En la zona occidental de Grande-Terre, Port-Louis aparece como uno de los enclaves más renombrados para nadar, con una gran playa arenosa que atrae a multitudes los fines de semana. En Basse-Terre, las mejores playas se encuentran en la costa septentrional de la isla, justo al norte de Deshaies: la playa Grande Anse, con sus extensas arenas doradas, y la de Tillet, una cala apartada en la que se puede practicar el nudismo. El país cuenta con lugares para la práctica del buceo con o sin tubo de primera categoría. El paraje más indicado para bucear es la Réserve Cousteau de la isla Pigeon, frente a la costa oeste de Basse-Terre. El Ilet du Gosier, al que se puede acceder en barco desde Gosier (Grande-Terre), está considerado un paraíso para los buceadores. La pesca con arpón lleva mucho tiempo prohibida, por lo que las aguas de la isla están pobladas de numerosos peces, esponjas, abanicos de mar y corales. Guadalupe resulta idónea para el surf; entre octubre y mayo en Le Moule, Port-Louis y Anse Bertrand; y, de junio a agosto, en Sainte-Anne, Saint-François y Petit-Havre. La práctica del windsurf se concentra en las cercanías de los complejos hoteleros de la costa sur de Grande-Terre y en la isla de Terre-de-Haut. Se puede caminar por muchos senderos cortos de Guadalupe que finalizan en cascadas, en la selva tropical original o en jardines botánicos. Los senderistas más esforzados preferirán los caminos más largos y rigurosos del Parc National de la Guadeloupe, entre los que se encuentra un sendero que se dirige al cráter del volcán de La Soufrière, y otro que conduce a la base de las Chutes du Carbet, las cataratas más altas del Caribe Oriental Cuando la descubrió Colón en 1493, Guadalupe estaba poblada por indios caribes, que la denominaban Karukera, isla de bellas aguas. Los españoles trataron de asentarse en Guadalupe en dos ocasiones a principios del siglo XVI, pero ambas veces desistieron ante la feroz resistencia caribe, y abandonaron sus pretensiones de dominar la isla en 1604. Treinta años después, partía una expedición de colonos franceses patrocinada por la Compagnie des Îles d'Amérique, una asociación de empresarios franceses, para fundar el primer asentamiento europeo en Guadalupe. Llegaron a la costa sureste de Basse-Terre en 1635 y reclamaron el archipiélago para Francia. Los galos expulsaron a los caribes, plantaron cosechas y, una década más tarde, habían levantado el primer ingenio de azúcar. En 1674, cuando Francia se anexionó la isla oficialmente, ya se había establecido un sistema de plantaciones basado en la esclavitud. Los ingleses invadieron Guadalupe en varias ocasiones y, entre 1759 y 1763, convirtieron Pointe-à-Pitre en un gran puerto, abrieron los prósperos mercados de Inglaterra y Norteamérica al azúcar guadalupeño y permitieron a los dueños de las plantaciones importar madera y comida de Estados Unidos a precios reducidos. Muchos colonos franceses se enriquecieron durante la ocupación británica, puesto que la economía prosperó rápidamente. Pero con la firma del tratado de París en 1763 los franceses se comprometían a renunciar a sus aspiraciones en Canadá a cambio de la devolución de Guadalupe. Aprovechando la situación propiciada por la Revolución Francesa, los británicos invadieron de nuevo la isla en 1794. Como respuesta, los franceses enviaron un contingente de soldados liderados por Víctor Hugues, un nacionalista negro que liberó y armó a los esclavos guadalupeños. El día que las tropas británicas se retiraron de Guadalupe, Hugues se desmandó y mató a trescientos monárquicos, muchos de ellos propietarios de plantaciones. Era el comienzo de un reinado del terror que tuvo como resultado la muerte de más de un millar de colonos. Como reacción a los ataques de Hugues a barcos estadounidenses, el país norteamericano declaró la guerra a Francia, lo que obligó a Napoleón Bonaparte a enviar un general a Guadalupe para derrotar a los sublevados, restaurar el gobierno prerrevolucionario y reinstituir la esclavitud. A lo largo del siglo XIX, Guadalupe fue la isla más próspera de las Indias Occidentales francesas, y los británicos siguieron codiciándola, invadiéndola y ocupándola entre 1810 y 1816, año en el que se firmó el tratado de Viena, mediante el cual se devolvía la isla a Francia, que mantiene su dominio desde entonces. La esclavitud se abolió en 1848, después de una campaña dirigida por el político francés Víctor Schoelcher. Durante los años siguientes, los dueños de las plantaciones introdujeron mano de obra procedente de Pondicherry, una colonia francesa en India, para trabajar en los campos de caña. Desde 1871, Guadalupe goza de representación en el parlamento francés y en 1946 se constituyó en un departamento de ultramar de Francia. Tanto en Guadalupe como en Martinica se utiliza la moneda y los sellos franceses, y ondea la bandera francesa. Sin embargo, el estado político de Guadalupe no es aceptado por unanimidad y un movimiento separatista local ha protagonizado algunos actos de terrorismo. La paz también se ha visto interrumpida por el volcán La Soufrière, que entró en erupción en la década de 1970 y que, actualmente, sigue emitiendo humos sulfurosos. Aunque la agricultura conste como el actual pilar de la economía, el turismo ha ido cobrando importancia los últimos años. En 1998, Lucette Michaut-Chévry fue reelegida para el cargo de presidenta del Consejo Regional. Al cabo de dos años, fue sometida a investigación policial bajo sospechas de corrupción. En 2001 y 2002, el país sufrió la peor sequía de los últimos 50 años. La combinación de insatisfacción con la administración del gobierno y la sequía condujo a una serie de huelgas durante todo el periodo, poniendo de relieve que la calma era sólo aparente, y que el tejido social presentaba graves fracturas. A finales de 2003, se convocó un referéndum para proponer una mayor autonomía de Francia y - en marzo del año siguiente - Lucette Michaut-Chévry y su partido perdieron las elecciones a favor del partido Socialista de Victorin Lurel. La Guadalupe propiamente dicha comprende dos islas gemelas divididas por un estrecho canal de manglares: la Rivière Salée. Las islas, de origen volcánico, alcanzan una superficie total de 1.780 km². Las dos islas principales unidas adquieren la forma de una mariposa pero, aunque su silueta resulte bastante simétrica, su topografía es completamente opuesta. El territorio oriental, Grande-Terre, consta de pequeñas elevaciones y llanuras, en gran parte destinadas al cultivo de la caña de azúcar. La zona occidental, Basse-Terre, está dominada por abruptas montañas envueltas en frondosas selvas tropicales de elevados árboles y helechos exuberantes. Gran parte del interior de Basse-Terre conforma un parque nacional, que cuenta con las cataratas más altas del Caribe Oriental y el pico más alto de Guadalupe, el volcán activo de 1.470 m La Soufrière. Respecto a las islas secundarias más próximas, Les Saintes son altas y escabrosas, Marie Galante se extiende de manera relativamente plana, y La Désirade posee un relieve intermedio con montes que llegan a alcanzar los 270 m. Las islas cuentan con una vegetación muy variada, desde manglares a selvas tropicales montañosas. En Basse-Terre abundan los árboles tropicales caducifolios: tabonucos enormes y grandes castaños apuntalados, además de densos bosques de helechos salpicados de heliconias y jengibres en flor. Guadalupe alberga varias especies de la familia de las garzas, pelícanos, colibríes y el chochín de Guadalupe, en peligro de extinción. Puede encontrarse el bananaquit, pequeño pájaro con un vientre amarillo brillante que se alimenta de néctar, sorbiendo los azucareros en los restaurantes al aire libre. En Guadalupe existen numerosas mangostas, traídas en el pasado en un vano intento por controlar las ratas de los campos de caña de azúcar. Las guantas (roedores de pelo corto parecidos a los conejillos de Indias) se encuentran en La Désirade, al igual que las iguanas, que también rondan por Les Saintes. La temperatura máxima media de Pointe-à-Pitre alcanza los 28ºC en enero, siendo la mínima de unos 20ºC. En julio, puede llegarse a los 30ºC y descender hasta los 23ºC. El período de febrero a abril es el más seco, con unos siete días mensuales de lluvia y una humedad media del 77%. Julio y noviembre son los más húmedos, cuando llueve unos 14 días al mes y el porcentaje de humedad se sitúa en el 85%. Los huracanes aparecen en esta estación pluvial. Debido a su altitud, Basse-Terre es más fresca y lluviosa que Grande-Terre. Los vientos alisios suelen templar el clima. · Perse, Saint-John: Anábasis, Visor Libros, Madrid, 1983; Pájaros, Editorial Pre-Textos, Valencia, 1997 · Condé, Maryse: Segu, Ediciones B, Barcelona, 2000; Yo, Tituba, la negra bruja de Salem, Muchnik Editores, Barcelona, 1999 · Carpentier, Alejo: El siglo de las luces, Editorial Seix Barral, Barcelona, 2001 · Pineau, Gisele: Una antigua maldición, Ediciones del Bronce, Barcelona, 1999
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