Superficie: 600 km2 Población: 4,2 millones hab País: Rusia Hora local: GMT + 3 horas (en verano, GMT + 4) Prefijo telefónico: 812
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La Plaza de Palacio Durante 200 años el vasto imperio ruso fue gobernado desde esta manzana de medio kilómetro situada en el corazón de San Petersburgo. Ésta es una de las grandes plazas de Europa, bordeada de coloristas pero elegantes edificios y moteada con monumentos conmemorativos de la victoria de Rusia sobre Napoleón. Fue testigo del "domingo sangriento" de 1905, el ansia bolchevique por arrebatar el poder en 1917 y las vigilias nocturnas que se hicieron en nombre de la democracia durante el golpe de estado de 1991. La plaza está dominada por la fantasía rococó verde y gris del Palacio de Invierno, la más grande de las piezas arquitectónicas que componen el Museo Estatal del Ermitage. Durante los días grises de antaño, los visitantes venían a la ciudad sólo por el museo que, incluso hoy, él solito, seguramente se zamparía una semana del preciado tiempo del visitante. El complejo de edificios es del tamaño de una ciudad pequeña (un mapa y un compás son absolutamente necesarios).Hay cuatro edificios conectados a orillas del río: el Palacio de Invierno, los edificios del Gran y del Pequeño Ermitage y el Teatro del Ermitage. Éstos albergan una impresionante colección de arte europeo occidental con suficientes arañas de luz, incrustaciones en los techos, joyas zarianas y tesoros. Gran parte de la colección data de la época culturalmente próspera de Catalina la Grande y muchas de las obras fueron adquiridas cuando el poder de Napoleón empezaba a flaquear. Adyacente al Palacio de Invierno se encuentra la aguja dorada del Almirantazgo o Ministerio de la Marina, un buen punto de referencia en caso de estar desorientado. Este edificio clásico de estilo imperial es la sede de la escuela universitaria naval y está llena de ángeles trompeteros, estatuas descomunales y fuentes. A finales de 2000 se celebraron los funerales de los licenciados de la escuela naval que murieron trágicamente en el submarino Kursk. La Fortaleza de Pedro y Pablo Sobre la minúscula Isla Zayachy se asienta el edificio más antiguo de la ciudad: la Fortaleza de Pedro y Pablo. Fue construida en 1703 para defender la tierra recién conquistada a los suecos y fue diseñada según el proyecto que esbozó el mismísimo Pedro el Grande. Sin embargo se usó principalmente hasta el año 1917 como prisión política cuyo primer huésped fue el propio hijo de Pedro, Alexey, al que le siguieron otros destacados personajes como Dostoievski, Gorki, Trotski y el hermano mayor de Lenin, Alejandro. La catedral adjunta, aunque sencilla por fuera, dispone de un magnifico interior barroco. La mayoría de los dirigentes Romanov de Rusia fueron enterrados aquí. Entre la catedral y los cuarteles de los oficiales se yergue una estatua de Pedro el Grande de curiosas proporciones - se dice que frotar su dedo derecho trae buena suerte. El Museo Ruso El enorme Museo Ruso, que muchos visitantes pasan por alto en favor del Ermitage, es una joya para quienes estén interesados en el arte y la cultura rusas. Tiene su sede en el antiguo palacio Mijailovski, diseñado por Carlo Rossi y construido entre 1819 y 1925 por el Gran Duque Mijail (hermano de los zares Alejandro I y Nicolás I) como compensación por no tener opción al trono. El museo se fundo en 1895, durante el reinado de Nicolás II, y abrió tres años después. La vista más impresionante del edificio se obtiene desde la parte trasera, en paseo de una noche por los agradables Jardines Mijailovski. Por la noche, el palacio iluminado se convierte en un lugar muy romántico. La Isla Vasilevski La isla más grande de San Petersburgo está encajada a modo de tapón en la desembocadura del Neva. Los lugares más interesantes se agrupan en su extremo oriental, justo cruzando el río desde el Almirantazgo. Entre ellos se incluyen edificios marítimos, la universidad de la ciudad, un montón de museos y algunas de las mejores vistas de la ciudad. La isla está adornada con columnas rostrales, faros de navegación configurados en forma de proa de barco que hoy en día arrojan constantemente llamaradas de gas los días de fiesta. Entre los museos se encuentran el Museo Naval, el Museo de Zoología, el Museo de Antropología y Etnografía o Kunstkammer (con su extrañísima colección) y la Academia de las Artes. El Museo de Geología alberga un mapa de la Unión soviética de más de 26 m2, confeccionado con piedras preciosas entre las que figuran amatistas, diamantes y rubíes. También hay el Museo Sigmund Freud de los Sueños, una exposición innovadora que puede visitarse en el Instituto de Psicoanálisis, una joya para los soñadores y amantes del psicoanálisis. Nevsky Prospect Los "Campos Elíseos" de San Petersburgo son el famoso Nevsky prospekt, que va hacia el oeste a lo largo de 4 km desde el Almirantazgo hasta el Monasterio de Alejandro Nevsky a orillas del Neva. Bordeado de magníficos edificios y atestado de gente, éste un buen sitio para sentir el pulso de la ciudad especialmente en las Noches Blancas de pleno verano. La lista de los antiguos residentes que vivieron por aquí y alrededores de la célebre calle se lee como un auténtico Quién es quién: Gógol, Tchaikovski, Turgéniev, Nijinsk, Rimski-Korsakov y Dostoievski. Mientras uno da un paseo no debe olvidarse de alzar la mirada y fijarse en los detalles arquitectónicos. Entre los lugares turísticos por los que el visitante deambulará se encuentran la Catedral de Kazan con muchísimas columnas (sede del Museo de la Religión), el antiguo edificio de estilo Art Nouveau de la empresa de máquinas de coser Singer (hoy en día una librería), los abovedados grandes almacenes Gostiny Dvor y la inmensa plaza dominada por la estatua de Catalina la Grande rodeada de sus numerosos amantes. Vale la pena echar un vistazo a la mayoría de las tiendas tan sólo por sus interiores. Abarcan desde los palacios de mercancías del siglo XIX a las extraordinariamente opulentas extravagancias del Art Nouveau y del art déco. Palacio de Verano Entre el Campo de Marte y el río Fontanka, se encuentra al jardín más encantados y antiguo de San Petersburgo. Pedro el Grande ordenó su construcción; tiene fuentes, pabellones y un plano geométrico similar al de Versalles. Se convirtió en uno de los lugares favoritos para las damas (y los caballeros) del siglo XIX. Aunque ha cambiado, perdura su elegancia formal. El modesto Palacio de Verano, de dos pisos, situado en el extreme noreste del parque, fue el primer palacio, construido por Pedro el Grande entre 1704 y 1714, y ahora está abierto al público. Los pequeños relieves de sus muros representan victorias navales rusas, y muchas de las habitaciones están decoradas con mobiliario de principios del siglo XVIII. Pablo I, hijo de Catalina la Grande, hizo derribar el hermoso palacio de madera construido por la Emperatriz Isabel par construir en su lugar el voluminoso castillo de los Ingenieros. Una de sus alas, donde ocasionalmente hay exposiciones, pertenece actualmente al Museo Ruso. Catedral de San Isaac La cúpula dorada de 21,8 m de altura que sobresale en el perfil de San Petersburgo es la Catedral de San Isaac, la última construcción neoclásica que se edificó en la ciudad. El diseñador francés Ricard de Montferrand empezó los preparativos en 1818 pero la construcción llevó tanto tiempo (hasta 1858) que Nicolás pudo ampliar el proyecto para introducir más sofisticación. El granito se trajo de Finlandia (y fue transportado en barcos y ferrocarriles construidos especialmente para el cometido), se utilizaron cien quilos de pan de oro en la cúpula y el resultado final, un lujoso interior de mármol y mosaico, es una auténtica joya. Desde lo alto de la columnata, de 43 m de altura, se obtienen unas vistas espectaculares de la ciudad. Museo Pushkin Pushkin murió en este lugar a orillas del río en 1837, tras un duelo con el soldado francés Baron d'Anthes que había estado cortejando públicamente a la hermosa mujer del poeta, Natalia. En el museo se ofrecen visitas guiadas en inglés, pero hay que reservar con antelación. El interior se mantiene exactamente igual que durante los últimos días vida del poeta. Para los más morbosos, se conserva la máscara con la que murió, un mechón de pelo y el traje que vestía cuando murió. Museo de Artes Aplicadas y Decorativas Situado frente al extremo este del Jardín de Verano, este museo es impresionante. La colección empezó a reunirla el barón Stieglitz en 1878, con el deseo de rodear a sus alumnos de la Escuela de dibujo técnico con obras de arte que los inspiraran. Entre 1885 y 1889 se construyó de la mano del Messmacher y cada sala se decoró con un estilo diferente. Desgraciadamente, gran parte de la decoración se perdió con el cierre de la escuela cuando estalló la revolución, pero los trabajos de recuperación siguen en marcha. Los objetos que se muestran cortan la respiración; se conserva desde mobiliario medieval de artesanía hasta una peculiar colección de azulejos rusos, además de trabajos de los estudiantes de la escuela. No hay que perderse la sala Terem, decorada con el estilo del palacio medieval del Kremlin de Moscú. Antena de Radio y Televisión La antena del Centro de Difusión por Radio y Televisión de Leningrado está abierta al público. Transmisora de 50.000 vatios y con 310 m de altura, ofrece excelentes vistas de la ciudad y de sus alrededores, además hay una cafetería bar a 200 m de altura de la estructura. La torre se balancea cuando hace viento y uno lo puede sentir en sus propias carnes. La construcción de la antena fue supervisada por un equipo exclusivamente femenino. Petrodvorets La mayoría de gobernantes europeos dispusieron al menos de un Versalles y Pedro el Grande no fue una excepción. Construyó una serie de palacios en un bonito emplazamiento a 30 km al oeste de San Petersburgo. Este legado del abuso zarista fue prácticamente destrozado por las fuerzas alemanas ocupantes durante la Segunda Guerra Mundial, aunque recientemente los historiadores han revelado que sufrió daños aún mayores durante los bombardeos soviéticos de diciembre 1941 y enero 1942 (Stalin quería frustrar los planes de Hitler de hacerse con los palacios. Lo que hoy se puede ver es, en su mayoría, una reconstrucción a partir de fotografías, dibujos y anécdotas. Las fuentes desempeñan un papel importante para explicar el impresionante encanto de Petrodvorets. La Gran Cascada y la Avenida de Agua son una sinfonía de surtidores y canales orquestados en parte por el propio Pedro el Grande. Otros de los componentes de Petrodvorets incluyen el Gran Palacio, ampliado por Rastrelli para la Emperatriz Isabel, y posteriormente remodelado por Catalina la Grande. Las arañas de luz colgantes y los cuadros son originales; por suerte fueron retirados antes de la llegada de los alemanes. La villa original de Pedro el Grande, Monplaisir, está provista de aireadas y luminosas galerías encaradas al mar. Los jardines están moteados con las omnipresentes fuentes, encantadoras casetas y residencias estivales, incluyendo lo último en salones, el independiente Ermitage. Las Islas Kirovski Las islas que se hallan fuera del delta, situadas al norte del centro, a todo el conjunto se las llama las Islas Kirovski, e incluyen la Kamenny, la Yelagin y la Krestovski. Fueron concedidas a los preferidos de la corte y se convirtieron en un elegante lugar de veraneo. El Palacio Yelagin, construido por Rossi para la Emperatriz María, esposa de Alejandro I, está abierto al público. Hoy en día son básicamente lugares de reunión frondosos ideales para ir de picnic y pasear. Glorietas, mansiones rosáceas, palacios, canales para pasear en barca, caminos para ir en bici y un parque a orillas del mar que se confunde con las casas más ricas de San Petersburgo. Pushkin Evocador de los días prósperos y de los días grises de los Romanov, los palacios de verano en el Tsarskoe Selo (rebautizado como Pushkin en 1937 para conmemorar el centenario de su muerte) fueron creados para la Emperatriz Isabel y Catalina la Grande. Se asientan a 25 km al sur de San Petersburgo. El barroco Palacio de Catalina quedó en estado ruinoso por los alemanes al final de la Segunda Guerra Mundial, pero actualmente es una obra maestra de la restauración. La fachada tiene cúpulas doradas y detalles en blanco y azul, mientras que el interior realmente reluce y brilla, con espejos, arañas de luz y rollizos querubines. Justo al norte del Palacio de Catalina se encuentra el clásico Palacio de Alejandro. La guarida favorita de Nicolás y Alejandra, que irónicamente se convirtió en su prisión cuando fueron puestos bajo arresto domiciliario antes de ser defenestrados a Yekaterinburgo. Es el palacio menos turístico, pero de alguna manera el más agradable; actualmente vuelve a estar abierto tras de una renovación que se ha hecho eterna. Monumento a los heroicos defensores de Leningrado El asedio de Leningrado fue uno de los acontecimientos más significativos de la Segunda Guerra Mundial y, para algunos, de la historia de la guerra. Sito al sur de la ciudad y a sólo 9 km de la línea del frente, este impresionante conjunto de estatuas de bronce dispuesto en torno a un obelisco de 48 m de altura constituye un tributo a la victoria final de los rusos frente a los invasores alemanes. La exposición situada debajo es tan sobrecogedora como informativa, con un mapa de grandes relieves con las líneas del frente, vitrinas con objetos del asedio, información sobre los acontecimientos y documentales. Las lámparas de bronce, la música repetitiva y el sonido del metrónomo (el único que escuchaban los habitantes de la ciudad en la radio mientras duró la guerra, excepto para los comunicados de emergencia) crean un ambiente sombrío que invita a reflexionar. En 1240 Alejandro de Novgorod venció a los suecos cerca de la desembocadura del Neva, adoptando el nombre de Nevsky (de Neva). Suecia controló la región en el siglo XVII pero el deseo de Pedro el Grande de vencer a este rival para hacer de Rusia un poder europeo le llevó a fundar la ciudad. Al comenzar la Gran Guerra del Norte (1700-1721) se apoderó de los puestos de avanzada suecos en el Neva, y en 1703 fundó la Fortaleza de Pedro y Pablo en este río, a pocos kilómetros tierra adentro desde la costa. Después de que Pedro derrotara a los suecos en Poltava en 1709, la ciudad a la que llamó, al estilo holandés, Sankt Pieter Burkh empezó a crecer de verdad. Se construyeron canales para drenar la pantanosa orilla sur y en 1712 hizo del lugar su capital forzando a administradores, nobles y mercaderes a trasladarse aquí para construir nuevas viviendas. Los campesinos fueron reclutados para hacer trabajos forzados, y muchos de ellos murieron debido al esfuerzo. Se convocó a arquitectos y a artesanos de toda Europa. Cuando Pedro murió en 1725, su ciudad tenía una inmensa población y el 90% de los negocios de Rusia con el extranjero pasaban por ella. Los sucesores inmediatos de Pedro volvieron a trasladar la capital a Moscú pero la Emperatriz Ana Ivanovna (1730-1740) la devolvió a San Petersburgo. Entre 1741 y 1825, bajo los mandatos de la Emperatriz Isabel, Catalina la Grande y Alejandro I, se convirtió en una ciudad cosmopolita con una corte real de afamado esplendor. Estos monarcas encargaron la construcción de numerosos palacios, edificios gubernamentales e iglesias, los cuales la volvieron situar entre las más grandes capitales de Europa. La emancipación de los siervos en 1861 y la industrialización, que alcanzó su momento culminante en la década de 1890, trajo consigo una avalancha de trabajadores pobres a la ciudad, hecho que condujo al hacinamiento humano, a la higiene precaria, a las epidemias y a un malestar creciente. San Petersburgo se convirtió en un semillero de huelgas y violencia política y fue la sala de máquinas de la Revolución de 1905 que chispeó con el "domingo sangriento" (9 de enero de 1905) cuando una marcha de huelguistas que iban a hacer sus peticiones al zar en el palacio de Invierno fue tiroteada por las tropas. En 1914, época en la que se vivió una oleada de patriotismo al empezar la Primera Guerra Mundial, el nombre de la ciudad se cambió al estilo ruso para llamarse Petrogrado; la urbe contaba con 2 millones de habitantes. Petrogrado fue una vez más la cuna de la Revolución de 1917. Fue aquí donde las protestas de los trabajadores se convirtieron en una huelga general y las tropas se amotinaron, poniendo el punto y final a la monarquía en marzo. El Soviet de Petrogrado, un centro socialista para atender las peticiones de los trabajadores y soldados, empezó a reunirse en el Palacio Tauride de la ciudad, al lado del Gobierno Provisional reformista del país. Fue a Petrogrado el lugar donde Lenin viajó en abril para organizar el Partido Bolchevique. La revolución real vino después de que los Bolcheviques ocuparan situaciones estratégicas en Petrogrado el 24 de octubre. El nuevo gobierno organizó las operaciones desde este lugar hasta marzo de 1918, fecha que se trasladó a Moscú por miedo a un ataque alemán a Petrogrado. Después de la muerte de Lenin en 1924, la urbe fue rebautizada como Leningrado. Fue un centro neurálgico para el programa de industrialización de Stalin de los años treinta y en 1939 ya disponía de 3 millones de habitantes y del 11% de la producción industrial soviética. Pero Stalin la temía como una base rival de poder y el asesinato en 1934 del jefe comunista local, Sergey Kirov, marcó el comienzo de sus purgas del Partido Comunista en los años treinta. Cuando los alemanes atacaron la URSS en Junio de 1941, sólo les costó dos meses y medio llegar a Leningrado. Como lugar de nacimiento del Bolchevismo que era, Hitler detestaba el sitio y juró que la borraría de la faz de la tierra. Sus tropas la asediaron desde septiembre de 1941 hasta finales de enero de 1944. Muchísima gente fue evacuada, y aún así, a causa de los bombardeos, el hambre y las enfermedades, murió entre 500.000 y un millón de personas, en comparación con EE UU y el Reino Unido, que sumaron un total de unas 700.000 bajas en toda la Segunda Guerra Mundial. Después de la contienda, Leningrado fue reconstruida y resucitada, aunque la población no superó los niveles alcanzados antes de la Segunda Guerra Mundial hasta 1960. Quizás suene muy sensiblero pero San Petersburgo se restableció a sí misma como la ventana occidental de Rusia. Hoy en día, es una ciudad cosmopolita con un vibrante centro artístico y cultural. Las empresas rusas y extranjeras están echando raíces a gran velocidad. San Petersburgo es el puerto más grande de Rusia, un vasto centro industrial y una ciudad internacional de verdad. Por primera vez en casi un siglo, los ciudadanos de San Petersburgo viven en una urbe tan maravillosamente bonita como bien surtida. Afortunadamente, en el Nuevo milenio estos problemas se están empezando a dejar atrás. La victoria de Vladimir Putin en las elecciones presidenciales de marzo de 2000 beneficiaron a la ciudad (ha vivido casi toda su vida en San Petersburgo, ciudad que adora); se está trabajando para una mejora completa de sus infraestructuras y tesoros arquitectónicos. Hoy día, el puerto más grande de Rusia es una excitante ciudad internacional y cultural que celebró su tricentenario en 2003. San Petersburgo dispone de enlaces directos con las más importantes capitales europeas y líneas aéreas, que ofrecen varios servicios cada semana. Hay un impuesto de salida de unos 11 dólares. A nivel nacional, uno puede volar al destino que quiera, pero sólo pocas veces a la semana en algunos casos. El servicio aéreo es mejor entre San Petersburgo y Moscú. San Petersburgo posee una estación de autobuses con paradas en Tampere, Vyborg, Pskov, Novgorod, Moscow, Novaya Ladoga, Petrozavodsk y otros destinos más pequeños. Desde la estación Báltica también salen autobuses de corto y largo recorrido. Las principales puertas de entrada a San Petersburgo, vía ferrocarril, son Helsinki, Tallin, Varsovia y Berlín. La ciudad dispone de cuatro estaciones, todas al sur del río Neva, excepto la estación Finlandia, que ofrece trayectos en una línea de ferrocarriles de Helsinki. La estación Moscú maneja convoyes con destino a y desde Moscú, el norte, Crimea, el Cáucaso, Georgia y Asia Central; la estación Vitebsk abastece de servicios con Smolensk, Bielorrusia, Kiev, Odessa y Moldavia; y la estación Varsovia cubre las repúblicas bálticas y Europa del Este. La estación Báltica, justo en la carretera que viene de la estación Varsovia, es principalmente para los trenes de cercanías. Los extranjeros pueden conducir legalmente por todas las autopistas de Rusia e incluso ir en motocicleta. Es necesario ser mayor de 18 años y tener permiso de conducir, además del permiso de conducir internacional. Lo malo es que conducir en Rusia es verdaderamente una experiencia rusa en estado puro. Carreteras deficientes, señalizaciones insuficientes (excepto en el centro de San Petersburgo), gasolina de baja calidad y los entusiastas empleados de las gasolineras en la autopista le pueden llevar a uno a la frustración y al desespero. Las motos serán sometidas al rotundo examen que ejercen los oficiales fronterizos y la policía de autopista. · Gógol, Nikolái; Chéjov, Anton; Pushkin, Aleksandr: Cuentos de la vieja Rusia, Lumen, Barcelona, 2000 · Pushkin, Aleksandr: Eugenio Oneguin, Cátedra, Madrid, 2000 · Dostoievski, Fiodor: Crimen y castigo, Alba, Alcobendas, 1998; Los hermanos Karamazov, Editorial Debate, Madrid, 2000 · Tolstói, Leo: Ana Karenina, Publicaciones y Salamandra, Barcelona, 1997; Guerra y paz, Alba Editorial, Alcobendas, 1998 · Chéjov, Anton: Ivanov; La gaviota; Tío Vania, Alianza, Madrid, 1990 · Bulgakov, Mijail: El maestro y Margarita, Alianza, Madrid, 2001; Corazón de perro; La isla párpura, Galaxia Gutenberg, Barcelona, 1999 · Gógol, Nikolái: Almas muertas, Planeta, Barcelona, 1985; Historias de San Petersburgo, Alianza, Madrid, 1998 · Turguéniev, Iván: Padres e hijos, Espasa-Calpe, Madrid, 1990; Primer amor, Anaya, Madrid, 2000 · Gorki, Maxim: La madre, Edimat, Madrid, 2000 · Lermontov, Mijail: Un héroe de nuestro tiempo, Destino, Barcelona, 1989 · Pasternak, Boris: Doctor Zhivago, Cátedra, Madrid, 1991 · Reed, John: Diez días que estremecieron al mundo, Akal, Tres Cantos, 1986 · Le Carré, John: La casa Rusia, Plaza y Janés, Barcelona, 2000 · Follet, Ken: El hombre de San Petersburgo, Ediciones B, Barcelona, 1997; Museo del Ermitag : San Petersburgo, Océano, Barcelona, 2000 · Service, Robert: Historia de Rusia en el siglo XX: Editorial Crítica, Barcelona, 2000 · Massie, Robert K.: Pedro el Grande, Alianza Editorial, Madrid, 1987 · Vitale, Serena: El botón de Pushkin, El Aleph Editores, Barcelona, 1999
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