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Roma
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No hay escapatoria: Roma rebosa historia. Hay vestigios de todas las épocas: tumbas etruscas, salas de reuniones republicanas, templos imperiales, iglesias del temprano cristianismo, campanarios medievales, palacios renacentistas y basílicas barrocas. En esta ciudad se produce una extraordinaria concentración de historia; leyendas y monumentos cohabitan con una igualmente espectacular aglomeración de gente que vive el día a día de modo ajetreado. Es difícil de decir qué es lo que más impresionará al visitante en la ciudad eterna: la opulencia del Vaticano, la atemporalidad del Foro, la máxima velocidad del Fiat Bambino o la cuenta por su café con leche.

Población: 3,8 millones hab.
País: Italia
Hora local: GMT + 1 (GMT + 2 en verano)
Prefijo telefónico: 06



El mejor momento para visitarla es en primavera (abril y mayo) y en otoño (octubre y noviembre). Durante estas estaciones, el paisaje de los campos que rodean la ciudad es bellísimo, las temperaturas son agradables y, relativamente, hay poca gente. El visitante debe intentar evitar agosto, ya que éste es el mes en el que la mayoría de italianos hace sus vacaciones y consecuentemente muchas tiendas están cerradas. Aunque el invierno puede ser muy frío, el sol aparece con frecuencia, hay muchísima menos gente y los precios caen considerablemente.

Durante la Semana Santa los católicos de todo el mundo realizan peregrinaciones a varias basílicas de Roma y para escuchar el mensaje del Papa en el Vaticano. El Viernes Santo se convoca la procesión de la Cruz que va desde el Coliseo hasta el monte Capitolino.

Testaccio es el lugar ideal en verano, época en la que una de las zonas mejor conservadas de Roma se transforma en un terreno pisoteado por jóvenes y modernos. Un festival de amantes de lo discotequero y un buen rollo general que se tranquiliza cada noche a partir de las 10 h. Otros festivales veraniegos incluyen el Jazz en la Villa Celimontana y espectáculos de música tropical en el Foro Itálico. A lo largo del río y durante el mes de julio la orilla norte del Tíber podría representar a la Roma transformada en Los Ángeles con voleibol de playa, patinadores en línea y muestras de arte. Trastevere se llena de teatro callejero, tenderetes de artesanía y puestos de comida durante la Festa di Noantri, del 20 al 28 de julio.

Moneda


El Foro

El Foro, centro comercial, político y religioso de la antigua Roma, se extiende a lo largo y ancho del valle ubicado entre la colina del Palatino y del Capitolio. Fue construido durante unos 900 años, con edificaciones republicanas asentándose en yuxtaposición con los templos existentes desde la era imperial. El deterioro y la desintegración del lugar convertido en tierra de pasto reflejó la caída del Imperio Romano; en él se están haciendo excavaciones desde el siglo XVIII.

Al Foro se entra desde la plaza principal desde el Coliseo, esa casa de los horrores combinada con cantera de mármol, también conocido como Anfiteatro Flaviano. De repente el visitante penetrará en otro mundo: el pasado. Las columnas sobresalen de los montículos de hierba, y las columnas y frontones repuestos ayudan al visitante a imaginárselos tal y como eran. Algunos de los monumentos que deben verse incluyen el Arco de Séptimo Severo, el Templo de Saturno, la Casa de las Vestales, el Templo de Antonino y Faustina y el Arco de Tito.

Desde el Foro, se puede subir al Palatino, donde los ricos y poderosos construyeron sus palacios y sus templos personales. Las iglesias medievales, los jardines renacentistas y las villas transformaron las ruinas sitas en la cima en una mágica zona cubierta de hiedra (y de agapanto, un tipo de planta que crece en el suelo y da una flor de color púrpura o blanco) con grutas y vistas secretas. El visitante debe prestar atención a la Casa de Livia, el Domo de Augusto, el Palacio de los Flavia y a las ruinas de los Baños de Séptimo Severo. También se pueden contemplar las ruinas del Circo Máximo, aunque no quede mucho de lo que una vez fuera un circuito de carreras de carros y que tenía capacidad para más de 200.000 espectadores.

Otras reliquias romanas

El Panteón de Marco Agripa es una de las creaciones arquitectónicas más sublimes del mundo: una cúpula suspendida, perfectamente proporcionada, reposando sobre una elegante batería de frontones y columnas. Se construyó el año 27 a.C., y se reconstruyó por orden del emperador Adriano en el año 120 d.C. El templo ha sido duramente saqueado y dañado a lo largo de los años; perdió sus bellísimas tejas de bronce dorado de la época del Papa Gregorio III. El visitante ha de buscar las tumbas de Rafael y Víctor Manuel I. Los Baños de Caracalla son los baños imperiales mejor conservados de la ciudad. Éstos abarcan diez hectáreas de terreno, podían albergar a 1.600 personas y estaban provistos de tiendas, jardines, bibliotecas e instalaciones para hacer gimnasia.

La Vía Appia, el camino con más de 2.000 años de antigüedad, une Roma con Brindisi. Está lleno de monumentos, concretamente el Circo de Maxentio, y de tumbas, como la tumba de Cecilia Metella. Al camino también se le conoce por sus catacumbas (túneles cavados en roca volcánica que eran el lugar de encuentro y donde daban sepultura a los primeros cristianos perseguidos por Roma). Estos evocadores túneles no son aptos para claustrofóbicos, ni obesos ni para personas que constantemente están en baja forma.

La Santa Sede

No hay muchas religiones que posean de verdad un estado, pero el Catolicismo no es una religión cualquiera y la Santa Sede - o la Ciudad del Vaticano - no es un país corriente. A la cabeza por su santidad, este pequeño enclave en el centro de Roma es la capital espiritual y administrativa del Catolicismo Romano y el estado independiente más pequeño del mundo. Durante la semana laboral, la población se multiplica por cinco cuando los romanos cruzan la "frontera" para encomendar sus plegarias al Señor.

A pesar de su importancia para los devotos (se estima que hay uno billón de católicos en todo el mundo), las intrigas han acompañado al papado durante casi 2.000 años y un montón de escándalos han ocurrido dentro de los edificios del Vaticano. Pero incluso habiendo tenido una dudosa relación con los nazis, corrupciones varias y rumores de asesinatos de la Mafia, el Vaticano seguirá siendo un destino espectacular para los entusiastas de la historia, los personajes religiosos y los amantes del arte. Seguramente es el estado más rico por metro cuadrado del mundo, compensando su total ausencia de recursos naturales con una asombrosa colección inestimable de tesoros en obras de arte.

Castillo de Sant'Angelo

Se accede a él a través de uno de los puentes más bonitos del mundo: el Puente Sant'Angelo curvilíneo y ataviado con ángeles diseñados por Bernini. Este extraño y circular depósito de un edificio fue originariamente construido como mausoleo del emperador Adriano. En el siglo VI fue transformado en fortaleza papal y está vinculado a los palacios del Vaticano a través de pasajes subterráneos. Algunos papas sintieron la necesidad de sacar partido de las rutas secretas en épocas en las que se sentían amenazados. El mausoleo es hoy un interesante museo y su atmósfera evocadora se multiplica al saber que desde este lugar la Tosca de Puccini se arrojó al vacío abalanzándose hacia la muerte.

La Roma Cristiana

Roma está llena de iglesias muy especiales. La iglesia de Santa Maria Antigua es la iglesia más antigua del Foro, y la cercana iglesia de San Pietro en Carcere está en el lugar de la prisión donde se cree que San Pedro fue encarcelado y donde creó una corriente milagrosa de agua bautismal. En la colina Aventina, un bonito lugar aunque menos visitado, la iglesia de Santa Sabina del siglo V, con sus preciosas puertas talladas en madera. Santa Maria Maggiore data del siglo V pero posee una fachada barroca y un campanario de estilo románico. San Giovanni in Laterano es la catedral de Roma y hogar de las cabezas conservadas de San Pedro y San Pablo. Santa Croce in Gerusalemme data del siglo IV pero fue remodelada al estilo barroco, alberga lo que se cree que fueron trozos de la auténtica cruz. Santa Maria in Cosmedin es una de las iglesias medievales más refinadas de Roma que también es famosa por la Bocca della Verità (boca de la verdad), una antigua máscara de Tritón incrustada en un muro exterior. La leyenda dice que si alguien mete la mano derecha dentro de la boca y al mismo tiempo dice una mentira, ésta se cerrará de golpe. San Clemente define perfectamente los estratos que posee la historia de la ciudad. La iglesia del siglo XII, al nivel de la calle, fue construida sobre una iglesia del siglo IV, que a su vez fue edificada sobre una casa romana que albergaba un templo dedicado a Mitra, pero se cree que los fundamentos datan de la época de la República.

El monte Capitolino

La Piazza del Campidoglio de Miguel Ángel es el atractivo turístico estelar que se halla aquí. Creada en 1538, la plaza es un clásico del urbanismo renacentista. Bordeada por tres palacios (el Palazzo dei Conservatori, el Palazzo dei Senatori y el Palazzo Nuovo) antiguamente exhibía una estatua de bronce de Marco Aurelio. Los palacios del Conservatori y el Nuovo actualmente albergan el Museo Capitolino que está a reventar de estatuas clásicas: Niño con espino (a su lado), Galo muriendo y la Venus Capitolina. El Capitolino tiene vistas al Foro; y desde este lugar se gobernaba la antigua Roma.

Plazas y lugares para pasar el rato

La maravillosa colección de plazas de Roma se convierte en geniales lugares para darse un respiro paseando por la ciudad. La inmensa y preciosa Piazza Navona se trazó sobre las ruinas del estadio Domiciano. Bordeada de palacios barrocos, alberga tres fuentes, entre ellas la famosa fuente de los cuatro ríos de Bernini. En la época renacentista, la plaza se inundaba de gente que festejaba acontecimientos y se utilizaba como escenario de simulacros de batallas navales. Quizás el lugar más popular de Roma para pasar el rato, ser robado por carteristas o verse metido en un lío es la Piazza di Spagna, en el pie de los escalones españoles. La plaza está adornada con la fuente Barcaccia, cuya forma de barco se la dio Bernini, y a un paso está la Casa Conmemorativa de Keats y Shelley. La elegante Via Condotti ("un paraíso para los compradores") va a parar a la plaza mientras el café más antiguo de Roma, el Caffè Greco se puede encontrar en el nº 86.

Uno de los lugares más populares para dejarse caer no es una plaza sino una fuente: la Fontana di Trevi. Atrae a más monedas de los turistas que cualquier otra fuente de Roma, esto se debe al inteligente rumor que dice que si se tira una moneda es seguro el regreso a la Ciudad Eterna. La Piazza del Quirinale proporciona unas vistas sensacionales de Roma y de la basílica de San Pedro, mientras que la Piazza Venezia está eclipsada por el Monumento a Víctor Manuel, también conocido como "la máquina de escribir". La Piazza Barberini luce la fantástica Fuente del Tritón. La Via Veneto fue el lugar en el que se tenía que estar en los años cincuenta y sesenta cuando la de verdad asombrosa actriz de importación sueca dio vida a La Dolce Vita. Actualmente ya no es lo que era, aunque aún se pretenda que está de moda. También es el hogar de raros atractivos turísticos como la iglesia de Santa Maria della Concezione dei Capuccini, con ornamentos rococó y pilas piramidales exclusivamente creadas con huesos y calaveras de los monjes. El Campo de Fiori es una plaza muy animada que diariamente (menos el domingo) es la sede de un mercado de verduras y flores. El esplendor renacentista del Palacio Farnese está junto a la plaza.

Ostia Antica

Desde el siglo IV a.C. hasta las invasiones del siglo V d.C., Ostia era una animada ciudad portuaria llena de mercaderes, marineros y esclavos. Situada en la desembocadura del río Tíber, hoy en día las ruinas proporcionan un fascinante destello de lo que fue la vida de la plebe del Imperio, que contrasta con las ruinas más ostentosas de Pompeya. Las ruinas que se han de buscar incluyen la entrada a la ciudad conocida como la Porta Romana, las Termas de Neptuno, el teatro, la completamente de mosaico Piazzale delle Corporazioni (las oficinas de los mercaderes), la opulenta residencia conocida como Domus Fortuna Annonaria y la bien conservada Casa de Diana, así como el surtido habitual de templos, foro y almacenes. Ostia Antica posee un buen museo que da cobijo a estatuas, mosaicos y frescos hallados en el lugar.

Tívoli

Este pueblecito turístico situado en la cumbre de una montaña ha sido un popular paraíso estival para ricos y famosos desde tiempos remotos. Los antiguos placeres se evocan en la Villa Adriana, el escondite de verano del emperador Adriano. Aunque el lugar ha sido saqueado sucesivamente a lo largo de los milenios debido a los materiales que se emplearon en su construcción, los restos que aún permanecen son suficientes para transportar al visitante a su antigua extensión, su sofisticación arquitectónica y a su magnificencia global. Entre los principales lugares de interés destacan la villa de la isla (donde Adriano pasó sus momentos meditativos), el palacio imperial con su plazoleta de oro y los restos de un complejo de baños.

Las reliquias renacentistas siguen todavía intactas en la Villa d'Este, mayormente famosa por sus jardines panorámicos y sus fuentes. La villa fue construida por el cardenal Hipólito d'Este, nieto del papa Borgia Alejandro VI. Sus atractivos principales residen en las vistas a los jardines y a las fuentes que se ven desde las ventanas. En los jardines, las cascadas de agua al aire libre caen de lleno en los terraplenes, se deslizan en estanques horizontales y de repente se expulsa a través de las bocas y los pezones de las estatuas.

La Roma etrusca

Algunos importantes yacimientos arqueológicos etruscos, entre ellos numerosas tumbas, se hallan a un paso de Roma. Para ayudar a preservar el deterioro de estos frágiles vestigios, la mayoría de los yacimientos se han de ver a través de unos cristales. Una de las urbes más importantes de la Liga Etrusca de ciudades estado fue Tarquinia, que se cree que fue fundada en el siglo XII a.C. Fue el hogar de los reyes tarquinos, que gobernaron Roma antes de la República. La necrópolis alberga tumbas decoradas exquisitamente con frescos. La población medieval posee algunas iglesias y el Museo Nacional, atestado de tesoros etruscos que incluyen un precioso friso de terracota con caballos alados encontrados en el yacimiento etrusco. Cerveteri se fundó en el siglo VIII a.C., y es famosa actualmente por las tumbas conocidas como tumoli, grandes montículos de tierra con bases de piedra esculpida. Veio fue una vez la ciudad más grande del sur de Etruria, sin embargo actualmente los únicos restos de este período son trozos de una piscina y la parte más baja de un templo. De vuelta a Roma, el visitante debe dirigirse al Museo Etrusco en la Villa Borghese.

Las actividades de Roma (aparte del obligado turismo) normalmente no implican nada que sea agotador más que comer, beber y escuchar buena música. Es posible que el visitante pueda conseguir hacer una carrerita sudando la camiseta arriba y abajo de los escalones españoles, lo único si alguien se emociona al pensar que está persiguiendo a un carterista. Si lo que se desea es un poco de ejercicio, se pueden alquilar bicicletas cerca de Porta Pinciana en Villa Borghese. En Villa Doria Pamphili, a 2 km al sur del Vaticano, está el parque más grande que hay en Roma y es un lugar encantador para dar un paseo o para ir de picnic. Para quienes vayan con niños, o simplemente tengan alma de chaval, hay zonas para montar a lomos de un pony y para ver espectáculos de marionetas en el monte Gianicolo, a la que se llega realizando un corto paseo al sureste de la Ciudad Santa. En caso de estar cansado y tener los pies molidos de tanto ir de un monumento a otro, se recomienda una escapada a las relajantes fuentes termales citadas en la Divina Comedia de Dante, que se hallan situadas cerca de Viterbo a 90 km al norte de Roma.

Los antiguos romanos creyeron que su ciudad se fundó el 21 de abril del año 753 a.C., y los descubrimientos arqueológicos más recientes prácticamente lo corroboran. De acuerdo con el mito, la ciudad fue fundada por los hijos gemelos de Marte, el dios de la guerra, y Rea Silvia, princesa y virgen vestal (hasta que Marte la encontró). Los gemelos, Rómulo y Remo, fueron abandonados a orillas del Tíber y fueron criados por una loba. Rómulo mató a su hermano en una batalla por saber quién gobernaría, entonces se estableció la ciudad de Roma en la colina Palatina.

La ciudad no mítica fue gobernada por reyes etruscos hasta el 510 a.C., año en el que se convirtió en república. Ya por la segunda centuria a.C. la ciudad controlaba el centro y el sur de Italia, derrotó al imperio rival de Cartago en las tres Guerras Púnicas y estaba lista para hacerse con el control de todo el Mediterráneo. Como Roma era cada vez más poderosa en el extranjero, sus ciudadanos se dieron más aires de grandeza en casa; la ciudad sufrió varias guerras civiles, con el último colofón en torno al año 44 a.C., en el que Brutus apuñaló por la espalda a Julio César.

Se puso punto y final a la República y los emperadores se hicieron con el relevo, dando comienzo a una delirante construcción de obras cívicas y monumentales. Cada emperador quiso dejar su huella en la ciudad (Nerón construyó el Domus Aurea, Vespasiano el Coliseo, Trajano su epónima columna, Adriano el Castillo de Sant'Angelo - y en sus ansias por superar a su antecesor, salpicaron Roma con la mayoría de las famosas construcciones que aún hoy en día se pueden ver. El Imperio alcanzó su máximo apogeo bajo las órdenes de Trajano (que la gobernó desde el año 98 al 117 d.C.), que abarcaba las tierras comprendidas entre el norte de Inglaterra a Mesopotamia, al norte del río Danubio y al sur hacia el Nilo.

Con el florecimiento del Cristianismo en el siglo IV, Roma perdió gran parte de su poder laico pero se convirtió en el centro de un nuevo imperio: la Cristiandad. El obispo de Roma fue nombrado sucesor de San Pedro (o, en otras palabras, Papa) con un poder enorme en la Europa Occidental. La mayoría de las grandes basílicas de la urbe (como Santa Croce, Santa Maria Maggiore, San Pedro y San Sebastián) fueron construidas en esta época.

Cuando en el año 410 empezaron las invasiones bárbaras, Roma dijo adiós a los últimos días de su juventud. Aunque muy a menudo los vándalos fueron culpados por el saqueo de Roma, los mismos ciudadanos causaron mucho más daño despojando de mármol a la mayoría de las bonitas construcciones. El Imperio romano de Occidente mordió el polvo en el año 476 cuando Odoacro destituyó al emperador Rómulo Augústulo, desde este momento el poder se trasladó al este, y los cabecillas germánicos y bizantinos empezaron a discutir sobre quién era el auténtico emperador. Las cosas se pusieron feas para la Ciudad Eterna hasta finales del siglo VIII, cuando el Papa Esteban II respaldó al rey francés Pipino el Breve, que reivindicaba que él era el escogido por Dios y a cambio recibió una parcela de tierra de los alrededores de Roma. La alianza fue conocida como el Sacro Imperio Romano, que combinaba el poder de la iglesia y el del estado. El Día de Navidad del año 800, Carlomagno, rey de los francos, fue coronado emperador del Sacro Imperio.

Desde el siglo IX hasta el XII el poder de los papas aumentó, aunque fuera bajo los constantes ataques de algunas de las estirpes aristocráticas de la ciudad. El papado derrochó su riqueza construyendo varias nuevas iglesias dedicadas a la Virgen: Santa Maria de Cosmedin, Trastevere (con su espectacular mosaico), Aracoeli y Minerva. Aunque las cosas se frenaron un poco en el siglo XIV, cuando el Papa fue exiliado a Aviñón, Francia, debido a la lucha entre distintas facciones y la población, la infraestructura de la ciudad cayó en picado, el papado restableció su firme empuñadura sobre sus dominios en el siglo XV. Con la ayuda de algunos de los más grandes artistas italianos (como Rafael, Bernini, Borromini) y con sus adinerados mecenas (como los Médicis, los Farnese y los Borghese), el pontificado transformó Roma en el país de las maravillas del Renacimiento y del Barroco, con sus plazas, sus iglesias y sus fuentes. El dinero entraba a raudales de la misma manera que los peregrinos, venidos desde todos los rincones de Europa para ver las maravillas de la Santa Sede. La única interrupción seria al poder papal llegó en forma de Comuna Romana, cuya constitución republicana y senado al estilo clásico se instituyeron durante la revolución romana del año 1143.

Pero como una vez dijo alguien, más dura será la caída: el saqueo de Roma a manos de Carlos V en 1527, la Revolución Francesa, la marcha de Napoleón sobre Europa y la Guerra Franco-Prusiana sacaron del trono al poder papal. En 1870 Roma se convirtió en la capital de la recién unificada Italia, y el Papa hubo de abandonar la ciudad a causa de los incendios del Vaticano. El Papa fue investido soberano de la Ciudad del Vaticano en 1929. La nueva administración estaba más interesada en oficinas y en bloques de casas que en iglesias, y durante los años treinta la ciudad se expandió más allá de sus murallas. En los años veinte y treinta, durante el mandato de Mussolini, Roma se contagió de un aire fascista, hinchándose con amplios bulevares y con arquitectura pomposa. Los sueños de grandeza imperial condujeron a Mussolini a aliarse con Alemania durante la SegundaI Guerra Mundial, y la pesadilla resultante ayudó a implantar un escenario para la transformación de Italia desde un régimen totalitario a una república en el año 1946. Los años de la posguerra vieron la expansión física de Roma y el papel que desempeñó como centro de la industria cinematográfica de Italia hasta principios de los años sesenta.

Los años setenta y ochenta estuvieron marcados por transformaciones más violentas, concretamente las de algunos grupos estudiantiles terroristas ultraderechistas con una larga lista de quejas que iban dirigidas a los gobiernos del ala izquierdista. Las Brigadas Rojas llegaron incluso a secuestrar y finalmente a matar al ex-primer ministro, Aldo Moro, en Roma en 1978. En las últimas décadas del siglo XX se experimentó una mezcolanza de éxito económico y escándalos muy diversos por corrupción que salpicaron básicamente a políticos, cargos públicos y empresarios. Los italianos reaccionaron con una indignación moral retorcida en 1994 cuando eligió a una coalición descaradamente derechista liderada por Silvio Berlusconi, el magnate multimillonario de los medios de comunicación. Entre acusaciones de corrupción, el gobierno acabó fracasando y, después de algunos años de típicos mítines italianos, Berlusconi volvió para ganar las elecciones nacionales de 2001, con la promesa de "pocas palabras y mucha acción". A pesar de la victoria arrolladora, sus actividades de gobierno derechista han sido frecuentemente recibidas con amplias protestas. Hacia diciembre de 2002, volvía a ser sospechoso de corrupción, pero parece estar favorecido por el sistema judicial y puede que se haya librado de nuevo.

El Año Jubileo en 2000, que llevó a unos 16 millones de católicos a visitar la ciudad, proporcionó el ánimo necesario para que Roma se decidiese a limpiar su fachada. Se invirtieron billones en la limpieza y restauración de iglesias y palacios, mejorando las vías de transporte y reclamando más zonas de aparcamiento. En los inicios del nuevo milenio, Roma aparece más bella que nunca. Mientras tanto, la Roma de siempre permanece, como siempre ha sido, un centro administrativo y turístico, sin muchos signos de industrialización o comercio.

El aeropuerto principal es el Leonardo da Vinci, también conocido como Fiumicino. El otro aeropuerto es el Ciampino, donde llegan la mayoría de vuelos nacionales y algunos internacionales. Desde cualquier rincón del mundo se puede tomar un avión con destino Roma.

Los autobuses salen de Termini a cualquier ciudad de Italia. Se puede tomar uno en varias paradas de la ciudad con destino a las poblaciones en Lazio. Estos autobuses funcionan con el mismo billete que los urbanos. Hay conexiones regulares de tren con cualquiera de las grandes ciudades italianas y europeas desde la estación Termini. Los trenes son cómodos y rápidos.

La carretera principal que une a Roma con el norte y el sur de Italia es la Autostrada del Sole, que enlaza con la ronda que rodea la ciudad.

El aeropuerto Leonardo da Vinci (Fiumicino) está a 26 km al suroeste de la ciudad. Una de las maneras más convenientes para llegar a la urbe es en el tren directo de la estación Termini, que normalmente sale cada hora desde el aeropuerto. También se puede optar por el tren desde el aeropuerto hasta Trastevere, Ostiense y Tiburtina. Un autobús nocturno sale hacia la estación Tiburtina. Para quienes vayan en coche, una autostrada sale desde el aeropuerto hasta la ciudad vía EUR (son 45 minutos de trayecto y les supondrá una pequeña fortuna en taxi). El otro aeropuerto de Roma es el Ciampino, a unos 20 km al sureste de la ciudad. Desde allí se puede tomar un autobús COTRAL que conecta con un pasaje subterráneo con la estación Termini, o bien bajar por la Via Appia Nuova.

La compañía de autobuses de la ciudad se llama ATAC, y la mayoría de convoyes van a parar a la estación de autobuses de la estación Termini (donde se puede adquirir un mapa de las rutas que éstos realizan). Los autobuses funcionan desde las 6 h hasta la medianoche, y ofrecen algunos servicios nocturnos. El metro (que por otra parte es ideal para ver la mayoría de los puntos de interés de Roma) dispone de dos líneas, y ambas pasan por Termini. El billete de autobús es válido tanto para el metro urbano como para el tren. Se compra en los estancos, quioscos de periódicos o máquinas automáticas antes de subirse al autobús o al metro (hay buenas multas por viajar sin billete, incluso si se es un extranjero despistado).

Conducir en Roma es un auténtico calvario, especialmente en moto. La mayor parte del centro histórico de Roma está cerrado al tráfico normal, aunque se permitirá al visitante que llegue a su hotel, quien tendrá que pedir un permiso para aparcar a la policía de tráfico si desea estacionarse en cualquier sitio del centro o correrá el riesgo a que se lo lleve la grúa. Para alquilar un coche como mínimo se han de tener 21 años. Si se reserva el coche con antelación resulta más económico. Hay algunas agencias de alquiler de coches, motos, ciclomotores y bicicletas. Para quienes prefieren no conducir, pueden tomar un taxi desde cualquiera de las muchas paradas o pedir uno por teléfono a cualquier hora del día. Si se llama a un taxi, el taxímetro empieza a contar en el mismo instante en que se ha llamado y no en el momento de subir.


· Arias, Juan: Caída de Mussolini, Planeta, Barcelona, 1995
· Estapé, José F.: Los orígenes romanos y los primeros siglos de la Repáblica, Cincel, Madrid, 1979
· Olgivie, R. M.: Roma antigua y los etruscos, Taurus, Madrid, 1982
· Alföldy, G.: Historia social de Roma, Alianza, Madrid, 1987
· Mann, G. y otros. Roma. El mundo romano, Espasa-Calpe, Madrid, 1985
· Roldán Hervás, J. M. y otros: El Imperio Romano (siglos I-III), Cátedra, Madrid, 1989
· Crawford, M.: La Repáblica romana, Taurus, Madrid, 1982
· Carcopino, Jerome: La vida cotidiana en Roma en el apogeo del imperio, Ediciones Temas de Hoy, Madrid, 2001
· Gibbon, Edward: Historia de la decadencia y ruina del Imperio Romano, Ediciones Turner, Madrid, 1984
· Henig, Martin: El arte romano, Ediciones Destino, Barcelona, 1985
· Graves, Robert: Yo, Claudio, Alianza Editorial, Madrid, 1998
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