Nombre oficial: República de Kenia Superficie: 583.000 km² Población: 31.630.000 hab. Capital: Nairobi (1.500.000 hab.) Nacionalidades y etnias: 22% kikuyu, 14% luyha, 13% luo, 12% kalenjin, 11% kamba, 6% kisii, 6% meru, 16% otros Idioma: inglés, suahili, diversas lenguas tribales Religión: 35% protestantes, 30% católicos, 30% musulmanes, 5% animistas Régimen político: República multipartidista Jefe de Estado: Mwai Kibaki
PIB: 43.900 millones de dólares PIB per cápita: 1.550 dólares Crecimiento anual: 1,6% Inflación: 4,5% Principales recursos económicos: industria alimentaria, refinado del petróleo, cemento, turismo Principales socios comerciales: Uganda, Tanzania, Gran Bretaña, Alemania, Emiratos Árabes Unidos, Suráfrica
Visados: todos los visitantes requieren un visado excepto los ciudadanos de algunos países pertenecientes a la Commonwealth y los de Alemania, Dinamarca, España, Irlanda, Italia, Noruega, Suráfrica y Suecia. Hay que tramitarlo con bastante antelación, sobre todo si se solicita por correo. Condiciones sanitarias: malaria (excepto en Nairobi y en las zonas de mayor altitud), cólera, hepatitis, meningitis, tifus, esquistosomiasis, sida, fiebre del valle del Rift y fiebre amarilla Hora local: GMT + 2 en invierno; GMT + 1 en verano Electricidad: 240 y 110V Pesos y medidas: sistema métrico Turismo: alrededor de 700.000 visitantes al año Nairobi La capital de Kenia es una ciudad cosmopolita, animada, interesante y bien urbanizada. El barrio donde se concentran las principales empresas y oficinas puede atravesarse a pie en tan sólo 20 minutos, y es un buen lugar para sintonizar con la vida urbana africana más moderna. Lamentablemente, también es una zona óptima para sufrir un atraco. La seguridad, especialmente por la noche, suele ser una preocupación constante. Es por ello que sus habitantes la han apodado Nairobbery ("Nairrobo"). Nairobi surgió con la construcción de la vía férrea que unía Mombasa con Uganda. Lo que fuera un simple abrevadero pantanoso para las tribus masai, en 1900 se había convertido en una importante localidad. Cinco años más tarde, sustituyó a Mombasa como capital del protectorado británico. Aunque actualmente es la ciudad más extensa entre El Cairo y Johannesburgo, su población de 1,5 millones de habitantes es poco densa en comparación con los parámetros mundiales. Cuenta con un concurrido barrio comercial y un mercado, viviendas habitadas por la clase media y oficinistas, y espaciosas mansiones ajardinadas, propiedad de los más ricos. La zona comercial rebosa energía, aspiraciones y oportunismo, donde los artesanos, exhaustos conductores de matatus (minibuses), desempleados, delincuentes y vagabundos y desorientados se mezclan con trotamundos, prostitutas, tenderos, estudiantes de secundaria, vendedores de alimentos, guardias de seguridad soñolientos y algunos personajes que comercian con ciertos productos ilegales. Este barrio, muy céntrico, se denomina River Road y su visita es muy recomendable. La mayoría de viajeros optan por quedarse a cenar en esta zona, aunque no ofrece la posibilidad de alojarse en un buen hotel en una calle tranquila. En cuanto a los puntos de interés turístico, tanto el Museo Nacional, como el Museo de las Serpientes y el Archivo Nacional resultan interesantes y fáciles de encontrar. El último contiene mucho más que los austeros documentos habituales, e incluye exposiciones de pintura y artesanía. En las afueras de la metrópoli se encuentra una de las maravillas naturales más accesibles del país, el Parque Nacional de Nairobi. Los visitantes con niños pueden pasar un buen día en el vecino Parque de los Avestruces. Mombasa El puerto más grande de la costa este africana, Mombasa, es una ciudad histórica, con un clima caluroso y húmedo. Se remonta al siglo XII y fue una plaza musulmana durante centurias. En 1505 fue atacada por los portugueses y arrasada por el fuego. Pese a su rápida reconstrucción, se vio de nuevo reducida a escombros a causa de nuevas luchas contra esta potencia europea. La ciudad vieja es testimonio de aquella época tumultuosa. Repleta de ornamentados escaparates y balcones, pasear por sus calles supone un placer constante. La atracción más destacada del barrio antiguo es Fuerte Jesús, que domina la entrada del puerto. Iniciado en 1593 por los portugueses, cambió de manos nueve veces entre 1631 y 1875. Convertido ahora en museo, es una fascinante mezcla de estilos arquitectónicos italianos, portugueses y árabes. Mombasa se extiende a lo largo de la isla del mismo nombre. La estación de ferrocarril está ubicada en el centro de la isla, próxima a muchos hoteles, restaurantes y locales de ocio. Al sur de la localidad, la costa presenta una serie de magníficas playas. Mombasa y Nairobi están comunicadas por gran número de vuelos, trenes y autobuses diarios; además, varias líneas regulares de autobuses y transbordadores parten de Mombasa hacia Tanzania. Parque Nacional y Reserva de Marsevit Situado al norte, este parque está habitado por los mamíferos más grandes de Kenia, incluyendo leones, leopardos, guepardos, rinocerontes, búfalos, jabalíes, cebras, jirafas, hienas y gacelas. El denso bosque que cubre la zona impide, sin embargo, observarlos fácilmente, a menos que se mantenga a la espera, preferentemente acampando en el lago Paradise. Éste es un magnífico lugar para disfrutar durante unos días de la naturaleza y, de hecho, pocos lugares del país pueden rivalizar con éste en cuanto a la belleza del paisaje y la tranquilidad reinante. Una línea de autobuses conecta la localidad más cercana al parque (Marsabit) con Isiolo, población situada en el centro del país, cerca del monte Kenia. Lamu Lugar de fantasía y ensueño, Lamu está envuelto en un manto de romanticismo medieval. Con una población casi exclusivamente musulmana, es una de las urbes existentes más antiguas de Kenia y ha experimentado muy pocos cambios, tanto respecto a su apariencia como a su carácter, a lo largo de los siglos. Remota e introvertida, esta ciudad portuaria, antaño próspera y esplendorosa, es ahora un maravilloso y relajante destino turístico. Ninguna otra localidad suahili, a excepción de Zanzíbar, puede ofrecer tamaño festín cultural y un estilo arquitectónico tradicional tan incorrupto. Dos horas en el Museo de Lamu, a orillas del mar, son suficientes para introducirse en la historia de la ciudad. Y si la estancia ha despertado el interés del viajero por la cultura suahili, podrá también descubrir el edificio bellamente restaurado que alberga la Casa-Museo Suahili. Por otro lado, una de las atracciones más singulares de la zona es el Asilo de los Asnos. En Lamu es casi obligatorio dar una vuelta en un dhow, embarcación tradicional árabe. Acurrucada a buen recaudo en la isla de Lamu, por encima de la costa este de Kenia, la ciudad se comunica con el resto del país mediante una lancha diesel desde Mokowe, pero también existe un aeropuerto en la vecina isla de Manda. Reserva Nacional de Masai Mara El Mara (como a los más mayores les gusta llamar a la reserva) es el espacio protegido más popular de Kenia. Con gran abundancia de animales salvajes, e incluyendo gran parte del Parque Nacional del Serengeti, esta reserva de 320 km² ofrece a sus visitantes inolvidables experiencias, como atravesar parte de sus vastas sabanas o esquivar la estampida anual de los ñus. En el límite occidental del parque se encuentra la espectacular escarpadura de Esoit Oloololo. Las concentraciones más importantes de animales salvajes habitan la zona fronteriza del parque. Por todas partes, pueden observarse grandes manadas de leones, y no es demasiado insólito verles cazando. Allí viven gran cantidad de elefantes, búfalos, cebras e hipopótamos. Es más una reserva que un parque nacional: los masai están autorizados a cazar y apacentar sus rebaños en el recinto, que incluye una aldea masai abierta a los turistas. Dos vuelos diarios comunican Nairobi con Masai Mara, donde abundan las posibilidades de alojamiento. Narok, una pequeña ciudad de provincias, a pocas horas de distancia por carretera al oeste de Nairobi, es el punto de acceso principal al parque. Reserva Forestal de Kakamega Kakamega es una magnífica extensión de selva virgen, en el corazón de una zona agrícola intensivamente cultivada, en la parte occidental de Kenia. Alberga una enorme variedad de aves y animales y vale la pena realizar el esfuerzo de llegar hasta allí. En el bosque se encuentran varias especies de primates, incluido el mono de cola roja, el mono colobo de color blanco y negro, y el mono azul. Para apreciar la belleza de la jungla, lo mejor es visitarla a pie; existen varios itinerarios de senderos que parten de las estaciones forestales. El Departamento Forestal mantiene una magnífica residencia en la reserva. Emplazamiento prehistórico de Hyrax Hill En las afueras de Nakuru, a unos 200 km al noroeste de Nairobi, este emplazamiento fue estudiado por primera vez en 1937, cuando la arqueóloga Mary Leakey empezó a buscar huellas de vida prehistórica. Las excavaciones, que se prolongaron hasta la década de 1980, indican la presencia de tres asentamientos, el más antiguo de los cuales tiene una edad aproximada de 3.000 años y el más reciente entre 200 y 300. La amplia colección de objetos encontrados en las fosas funerarias de la colina y sus alrededores incluye un verdadero rompecabezas: seis monedas indias, una de ellas de 500 años de antigüedad, y dos de 1918 y 1919. Hyrax Hill se encuentra en la carretera de Nairobi. Parque Nacional de Amboseli Con 392 km², Amboseli no es un parque demasiado extenso, pero ofrece la posibilidad de ver el rinoceronte negro, una especie en peligro de extinción. También alberga enormes manadas de elefantes; la imagen de una de ellas avanzando pausadamente por las verdes llanuras, con el monte Kilimanjaro (Tanzania) como telón de fondo, puede ser un verdadero tópico africano, pero es una experiencia que deja una impresión perdurable. Los vuelos en ultraligero son una forma popular de captar la majestuosidad de esta espectacular región meridional de Kenia. La mayoría de visitantes llegan a Amboseli desde Namanga, el principal puesto fronterizo entre Kenia y Tanzania. También hay vuelos diarios desde Nairobi. Parque Nacional de los Aberdares Este espacio protegido comprende esencialmente el páramo y el bosque de la meseta de Kinangop, de 60 km de longitud. Raras veces aparece este lugar en los itinerarios de las agencias de safaris, y recibe aún menos visitas de los solitarios aventureros. Pero si se está dispuesto a enfrentarse a las inclemencias meteorológicas, esta selva remota y formidablemente densa merece, sin duda, el esfuerzo. El parque ofrece una variedad de fauna, flora y paisajes inigualables, a excepción, quizá, del monte Kenia. También se hallan en su territorio las espectaculares cataratas de Gura, de más de 300 m, y la remota posibilidad de ver un leopardo negro, un elefante, un rinoceronte o un bongo (antílope de cornamenta en espiral). Las primeras huellas humanas que quedaron marcadas en tierra keniana fueron impresas en el año 2000 a.C. por tribus nómadas de Etiopía. Un segundo grupo apareció unos mil años más tarde, y ocupó gran parte de la zona central del país. Otros antepasados de las tribus que pueblan el país emigraron de todos los puntos del continente entre el 500 a.C y el 500 d.C. Las tribus de habla bantú (como los gusii, kikuyu, akamba y meru) llegaron del oeste de África mientras que los pueblos de habla nilótica (masai, luo, samburu y turkana) procedían del valle del Nilo en el sur del Sudán. Con la migración hacia el interior, los musulmanes de la península Arábiga y los shirazis de Persia (actualmente Irán) se establecieron en el litoral del este de África a partir del siglo VIII. Atraídos por el aroma de las especias y el dinero, los portugueses aparecieron por la región en el siglo XV. Tras aventurarse cada vez más lejos por la costa occidental africana, Vasco da Gama dobló finalmente el cabo de Buena Esperanza y empezó a remontar el litoral oriental del continente en 1498. Siete años más tarde, se inició el saqueo de Kenia. En el siglo XVI, casi todas las localidades comerciales de los suahili, incluida Mombasa, habían sido asaltadas u ocupadas por los soldados lusos, marcando el fin del monopolio árabe sobre el comercio del océano Índico. Los portugueses permanecieron largo tiempo en la zona, aplicando un duro régimen colonial, y enfrentando a los sultanes entre sí. Pero su dominio fue siempre algo inestable ya que sus expediciones debían abastecerse en Goa, en la India. Los árabes recuperaron el control de la costa en 1720. Durante el resto del siglo XVIII, las dinastías omaníes provenientes del golfo Pérsico iniciaron sus incursiones a lo largo del litoral oriental africano. Los estragos de la época portuguesa y las rencillas constantes entre los gobernadores árabes acarrearon un declive en el comercio y en la prosperidad de la zona, por lo que las superpotencias económicas (Gran Bretaña y Alemania) no tuvieron demasiado interés en apoderarse de esta porción del este de África hasta mediados del siglo XIX. Con los europeos recorriendo inesperadamente todo el continente africano en busca de fama y fortuna, incluso el inexplorado territorio interior de Kenia fue invadido. Hasta la década de 1880, el valle del Rift y las tierras altas de Aberdare seguían siendo el hogar de la orgullosa tribu guerrera de los masai. A finales del siglo XIX, estalló una guerra civil entre las dos facciones opuestas de este pueblo y sus consecuencias se tradujeron en enfermedades y hambrunas que diezmaron la población. Los británicos aprovecharon esta circunstancia para negociar un tratado con el laibon (jefe o líder espiritual) de los masai, e iniciar las obras de la vía férrea entre Mombasa y Uganda, que atravesaba las tierras de pastoreo. A partir de este momento, la decadencia de esta tribu ya sería imparable. Los colonos blancos reclamaban cada vez más tierras fértiles, y los masai fueron confinados en reservas cada vez más pequeñas. A los kikuyu, un pueblo bantú de agricultores procedente de las tierras altas al oeste del monte Kenia, también les expoliaron grandes extensiones de terreno. Los asentamientos blancos a principios del siglo XX fueron inicialmente desastrosos, pero, una vez se dignaron a conocer superficialmente las características de la tierra, los británicos consiguieron fundar una colonia aceptable. Otros colonos europeos establecieron pronto sus plantaciones de café, y en la década de 1950 la población de blancos se elevaba ya a unas ochenta mil personas. Sin muchas más opciones que la de adaptarse a la economía implantada por los europeos, tribus como los kikuyu mantuvieron, sin embargo, una férrea oposición. Harry Thuku, uno de los primeros líderes de la asociación política de los kikuyu, fue encarcelado por los británicos en 1922. Su sucesor, Johnstone Kamau (más tarde Jomo Kenyatta) sería el primer presidente del país tras su independencia. Con la creciente oposición al régimen colonial, surgió la Unión Nacional Africana (KAU), que formuló sus demandas de forma cada vez más contundente. Otras sociedades similares pronto unieron sus voces reclamando la libertad, incluyendo la de los Mau Mau, cuyos miembros (principalmente kikuyu) prometieron expulsar a los colonos blancos de Kenia. Pero estos activistas fueron definitivamente derrotados en 1956, terminando así su rebelión con un balance de más de 13.500 muertos entre guerrilleros, civiles y soldados, y sólo algo más de cien bajas europeas. Kenyatta pasó años encarcelado o en arresto domiciliario, pero fue liberado en 1961 y se convirtió en el líder de la reencarnada KAU, la Unión Nacional Africana de Kenia (KANU). La independencia llegó de su mano el 12 de diciembre de 1963, y bajo su presidencia, el país se convirtió en una de las naciones más estables y prósperas del continente. Tras la muerte de Kenyatta, en 1978, se alzó al poder Daniel Arap Moi, miembro de la tribu tugen. El mandato de Moi se caracterizó por las escisiones y la discordia. Sumamente reacio a las críticas, propició el desmantelamiento de las sociedades tribales y los disturbios en las universidades. En 1982, un intento de golpe de estado por parte del ejército del aire fue aplastado por miembros leales al presidente. Las fuerzas aéreas fueron desmanteladas y sustituidas por una nueva formación militar. Con los vientos de pluralismo democrático que barrieron el continente a finales de los años ochenta y principios de los noventa, la comunidad internacional suspendió las ayudas a Kenia. El Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial y los principales donantes de ayuda exigían que cesara la represión y se relajara el bloqueo político de Moi. Éste accedió a las demandas, pero vio con satisfacción cómo la oposición minaba sus propias opciones en las elecciones de 1993. El Forum para la Restauración de la Democracia (FORD) fue incapaz de encontrar un líder de consenso, y se dividió en tres partidos distintos. Moi se benefició de esta situación y ganó las elecciones al obtener la tercera parte del voto total. En 1995 se fundó un nuevo partido, en un intento de unificación de la escindida oposición. Era el Safina, creado por Richard Leakey, un famoso antropólogo, defensor de los elefantes y activista político. A pesar del acoso casi constante por parte del gobierno, Safina ha registrado ciertos progresos. A finales de 1997, se celebraron nuevas elecciones. A pesar de recurrentes denuncias de fraude electoral e intimidación de los candidatos de la oposición, una vez más Moi ganó por un estrecho margen, con poco más del 40% de los votos. Aunque prometió acabar con la corrupción en el gobierno, el país parecía sumido en una atmósfera de resignación. Desde 1997, el país ha sufrido importantes inundaciones, epidemias de cólera y de malaria, diversos conflictos étnicos y una mayor sequía. El HIV continúa siendo uno de los principales problemas. En agosto de 1998, grupos terroristas bombardearon las embajadas de Estados Unidos en Nairobi y en Dar es Salaam (Tanzania), con más de 250 muertos y más de 5.000 heridos, ilustrando así la vulnerabilidad de Kenia ante la creciente agitación social y política. Precisamente cuando la situación parecía mejorar, tuvo lugar un atentado suicida en un hotel al norte de Mombasa en noviembre de 2002. A finales de este mismo año, Moi decidió retirarse con una generosa paga de jubilación. En las elecciones de diciembre de 2002, el KANU fue derrotado por la Coalición Nacional Arco Iris (NARC), liderada por Mwai Kikabi, hecho que provocó un sentimiento de optimismo en el país. En marzo 2004, el esperado borrador para una nueva constitución fue lanzado, pero finalmente no fue aprobado por el parlamento. En Kenia existen más de setenta grupos tribales. Las distinciones entre muchos de ellos son bastante imprecisas, dado el avance de la cultura occidental y la desintegración de los valores ancestrales. Sin embargo, aunque el africano medio se haya ido apartando aparentemente de sus tradiciones, la tribu sigue siendo el elemento más importante en la identidad de los individuos. Los idiomas que se enseñan en las escuelas de todo el país son el inglés y el suahili, pero hay muchas otras lenguas tribales, como el kikuyu, el luyha, el luo y el kikamba, además de otras minoritarias. Resulta sumamente útil para el viajero tener un conocimiento básico del suahili, especialmente fuera de las zonas urbanas y en las zonas más remotas del país. Otro idioma con el que los extranjeros se toparán a menudo es el sheng, hablado casi exclusivamente por los miembros más jóvenes de la sociedad. Surgido recientemente, es una mezcla de suahili e inglés, junto con elementos de otros idiomas. La mayoría de kenianos del interior del país son cristianos de una u otra confesión, mientras que los habitantes de la costa son en su mayoría musulmanes. Alrededor del 30% de la población es musulmana. En las zonas tribales más remotas, se mezclan musulmanes, cristianos y aquéllos que mantienen sus creencias tribales ancestrales. El estilo musical conocido como benga es una música de baile contemporánea que arrasa en el país. Surgió entre los pueblos luo, en Kenia occidental, y se popularizó en esa zona en la década de 1950. Algunos conocidos exponentes del benga incluyen a Shirati Jazz, Victoria Jazz y los Ambira Boys. Para gran parte del público occidental, la visión más cercana de Kenia es la película Memorias de África (Sydney Pollack, 1985), protagonizada por Meryl Streep y Robert Redford. La cocina keniana consiste generalmente en un amasijo de fécula con alubias o carne en salsa. En realidad, no es más que una dieta de supervivencia para los autóctonos: ideal para llenarse al máximo el estómago por un coste mínimo. Si hubiera que nombrar un plato nacional, seguramente sería el nyama choma (carne de cabra a la parrilla). La comida keniana no está exactamente destinada a los gourmets, ni a los vegetarianos. Los amantes de la cerveza, por otra parte, están bien abastecidos, pues a los kenianos les gusta casi tanto esa bebida de cebada como su baile, y el país cuenta con una creciente industria cervecera. · Wa Thiong'o, Ngugi: El diablo en la cruz, Txalaparta Argitaletxea, Tafalla, 1994. · Iniesta, Ferran: Kuma. Historia del África negra, Ediciones Bellaterra, Barcelona, 1998. · Tord, Carmen de: Nairobi, Ediciones Destino, Barcelona, 1994. · Dinesen, Isaac: Memorias de África, Editorial Alfaguara, Madrid, 1998. · Francesch, Alfredo: Cuentos y leyendas masai, Miraguano Ediciones, Madrid, 1997.
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