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Nueva York
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No existe nada más grande que la Gran Manzana, king of the hill, top of the heap, New York, New York (tal y cómo decía Frank Sinatra en su canción). No hay otra ciudad para proclamarse Capital del mundo y no hay otra urbe que pueda llevar este título. Nueva York es una masa compacta y densa de seres humanos: unos 8 millones de habitantes en 800 km2; que haya tantas personas viviendo una encima de la otra convierte a los neoyorquinos en gente muy especial. Aunque sea muy difícil de descubrir, el origen del zumbido en el ambiente de Nueva York es la hiperactividad frenética que atrae a la gente. Hay que ir a Nueva York para comerse un trozo (de la manzana).

En una ciudad que forma parte del subconsciente colectivo, es difícil de recomendar lugares de interés específico, cualquier sitio que se visite se tiene la sensación de haberlo visto antes. Por sus valores iconográficos, no se pueden dejar de ver la Estatua de la Libertad, el Empire State Building, Central Park y Times Square. El Museo de Arte Moderno es uno de los mejores del mundo, el Museo Guggenheim y el Museo Americano de Historia Contemporánea también resultan muy interesantes. Librerías, comidas, teatros, gente; no importa demasiado adonde se vaya o lo que se haga porque Nueva York es, por sí misma, una experiencia emocionante que deja huella.

Población: 8 millones hab.
Superficie: 785 km²
Altitud: 27 m
Estado: New York
Hora Local: GMT - 5
Prefijos telefónicos de la zona: Manhattan 212, 646 y 917, otros barrios 718, 347 o 917



Nueva York es un destino concurrido durante todo el año, no existe la temporada baja con una bajada sustancial de los precios. Hay, a veces, descuentos sobre los vuelos hasta la ciudad, y los hoteles pueden ofrecer paquetes promocionales durante los meses flojos de enero hasta mediados de marzo.

Si es sólo el tiempo el que entra en consideración en la elección de la estancia, los períodos más templados y más agradables suelen ser entre mediados de septiembre y mediados de octubre, y también el mes de mayo y principios de junio. Desgraciadamente, durante estos períodos muy populares, el precio de los hoteles suele subir bastante.

No pasa una semana sin que se celebre algún evento importante en Nueva York. De hecho, hay 50 desfiles oficialmente registrados cada año, y más de 400 fiestas en la calle. La mayoría de estas ferias ofrecen una selección poco interesante de carpas con comida, plantas de interior, calcetines de deporte y cinturones baratos; así que se pueden evitar. La festividad de New Year's Eve, el año nuevo, que se celebra en Times Square es probablemente una de las más famosas del mundo; menos conocida es la carrera de medianoche en Central Park, de 8 km. El 5 de enero, miles de niños se lanzan a la Quinta Avenida para ver la Three Kings Parade (la cabalgada de los Reyes Magos) entre una multitud de camellos, burros y ovejas. El San Patrick's Parade es un desfile que recorre la Quinta Avenida el 17 de marzo; se celebra cada año desde hace 200 años.

A mediados de mayo, la International Food Fair, una feria internacional de gastronomía, se apodera de la 9ª Avenida, y en junio los monjes tibetanos hablan de asuntos transcendentales en Central Park durante el Change Your Mind Day. Asimismo en junio se celebran el JVC Jazz Festival y el NY Shakespeare Festival, gratuito, donde grandes estrellas de la pantalla vienen a declamar en Central Park.

El 4 de julio, los grandes almacenes Macy's patrocinan un espectáculo de fuegos artificiales para festejar el Independence Day en el East River. El barrio negro por excelencia celebra el Harlem Week (semana de Harlem) en agosto, y durante el día del trabajo se concentran más de 1 millón de personas en el desfile del Día del Caribe en Brooklyn, el mayor evento puntual del año. El festival de cine de Nueva York, también se celebra en septiembre. El desfile del día de acción de gracias (Thanksgiving) de Macy's es muy popular en noviembre, y la aclamación es total en el momento de la iluminación del árbol de Navidad del Rockfeller Center el martes después de acción de gracias.

Moneda


Estatua de la Libertad

Los orígenes de la Estatua de la Libertad, el símbolo más representativo de Nueva York _y de Estados Unidos_ son inciertos, pero probablemente sus responsables fueran un par de republicanos parisinos. En 1865, el activista político Edouard René Lefebvre de Laboulaye y el escultor Frédéric-Auguste Bartholdi salieron a cenar y volvieron a casa con la idea de crear un monumento en honor de la nación americana de la libertad política, que donarían al País de las Oportunidades. Veintiún años más tarde, el 28 de octubre de 1886, la Libertad iluminando el Mundo, de 45 m de altura y basada en el Coloso de Rodas, se presentaba ante el público en presencia del presidente Grover Cleveland, con el puerto lleno de barcos que hacían sonar sus sirenas. La escalera hasta la corona tiene 354 peldaños, lo que equivale a subir 22 pisos y, si se quiere intentar, conviene empezar temprano para evitar aglomeraciones: no es fácil contemplar el sueño americano con la nariz pegada a la nuca de la persona de delante.

Empire State Building

El símbolo original del panorama neoyorquino, el Empire State Building, es un edificio de piedra calcárea que fue construido en solamente 410 días durante los tiempos más oscuros de la Depresión. Se alza con sus 102 plantas a una altura de 436 metros por encima de la Quinta Avenida y de la calle 34, en el lugar donde estaba emplazado el original Waldorf-Astoria. Su famosa antena tenía que servir para el anclaje de los zeppelins, pero el desastre del Hindenburg hizo cambiar los planes. Un bombardero B-52 se estrelló de manera accidental contra el rascacielos entrando en la planta 79 un brumoso día de junio de 1945; murieron 14 personas. Tomar los ascensores para ascender a la planta 86 o al observatorio de la planta 102 puede llevar bastante tiempo, pero la experiencia vale la pena.

Central Park

Desde lo alto del Empire State se consigue una buena vista de este hermoso parque. Su forma rectangular de 337 hectáreas compuesta de espacios verdes constituye un contraste agradable entre el hormigón y el tráfico intenso del resto de Manhattan. Central Park fue inaugurado oficialmente en 1873 para ser una oasis en medio del frenesí de la ciudad. Sin embargo, su quietud está un poco turbada por el movimiento perpetuo de Nueva York, con los corredores, los skateboards, los músicos y los turistas. Hay zonas más tranquilas, por encima de la calle 72, donde hay menos gente y es posible observar el diseño del parque. Hay un pequeño zoo y una piscina dentro del parque donde se practican diferentes deportes (organizados o no, entre los cuales predominan el béisbol y el Frisbee), y se puede asistir a numerosas actuaciones callejeras.

Times Square

Iluminado por numerosas luces brillantes, Times Square es conocido desde hace mucho como un cruce de carreteras centelleante. La plaza tuvo un período de decadencia en los años sesenta, cuando sus cines pasaban películas porno y se convirtió en el lugar de reunión de todos los personajes excéntricos, locos o peligrosos de la parte baja de la ciudad. Una operación de limpieza saneó la zona y actualmente la combinación de carteles iluminados que parpadean y de pantallas de televisión gigantescas la convierten en un lugar que merece una visita. Más de 1 millón de personas se agrupan aquí para celebrar el fin de año y contemplar como una bola de fuego baja sobre la plaza, un acontecimiento que dura solamente 90 segundos y que deja los espectadores con la expectativa de saber lo que van a hacer de la noche que le queda por adelante.

Metropolitan Museum of Art

La zona del Upper East Side es donde se ubican la mayoría de los centros culturales de Nueva York: la Quinta Avenida, a partir de la calle 57, es conocida como la milla de los museos. El mayor de ellos es el Metropolitan Museum of Art (el Met), el lugar de Nueva York más visitado por los turistas; reúne muestras de las culturas de la ciudad-estado y cuenta con colecciones que agrupan más de tres millones de objetos. Lo mejor es saber lo que uno quiere visitar y dirigirse directamente hacia la planta elegida antes de que quedar rendido por la fatiga que puede causar la cultura y la muchedumbre. Las exposiciones presentan desde momias de Egipto hasta tarjetas de béisbol, así que, aunque uno se pierda seguro que se topa con algo interesante.

Museum of Modern Art

Uno de los mejores museos de Nueva York y uno de los más interesantes desde el punto de vista arquitectónico es el Museo de Arte Moderno, situado en la esquina de la calle 11 oeste y de la calle 53 (11 W 53rd St). Posee una colección permanente de primer orden y presenta retrospectivas importantes cada año. Conocido como el MOMA, tiene una colección permanente de obras maestras como Les Demoiselles d'Avignon de Picasso, Noche estrellada de Van Gogh, y Brooklyn Boogie Boogie de Piet Mondrian. Los nenúfares de Claude Monet ocupan una sala entera. El MOMA posee también una colección excepcional de fotografías y una tienda de regalos muy agradable.

Other Museums

A parte de los colosos, Nueva York cuenta con docenas de museos que pueden sacar lágrimas de alegría a cualquier miembro del Rotary de ciudades medianas que se respete. El Museo Salomon R. Guggengheim , en la "milla de los museos" es un edificio en forma de espiral diseñado por el arquitecto Frank Lloyd Wright y presenta uno de los mayores legados de colección privada del siglo XX. El Whitney Museum of American Art , que está especializado en arte contemporáneo, se encuentra muy cerca del Guggenheim.

El American Museum of Natural History , entre el oeste de Central Park y la calle 79, es muy famoso por sus tres enormes salas que albergan dinosaurios, aunque no hay que dejar de visitar el resto de las colecciones permanentes (con más de 30 millones de piezas). Las exposiciones temporales suelen mostrar objetos que se pueden tocar o que tienen un carácter interactivo y son, de hecho, muy apreciados por los niños. Los adictos a la tele tienen que visitar el Museum of Televisión and Radio , un lugar ideal en caso de estar cansado o de lluvia. Están disponibles más de 75.000 programas de televisión y de radio catalogados entre los que elegir y los visitantes se pueden sentar delante de una de las 90 consolas.

SoHo

SoHo (que proviene de South of Houston) es la zona predominante en cuanto a galerías de arte, tiendas de ropa y de todo tipo de objetos curiosos. Es un paradigma de renovación urbanística accidental; pasó de ser el barrio comercial más importante en los tiempos de la posguerra civil a una colonia de moda para artistas en los años 1950 antes de convertirse en una de las zonas más caras de la actualidad. Sus edificios restaurados con estructuras metálicas son algunos de los mejores ejemplos que quedan de este estilo en la ciudad. Algunas personas mal intencionadas dicen que este distrito está acabado porque es demasiado caro y está muy de moda, pero las galerías son sin duda de las mejores y nadie está obligado a comprar cuberterías firmadas por diseñadores a precios desorbitados.

Tribeca

A pesar de no ser una zona tan turística o con una arquitectura tan significativa como la del SoHo, Tribeca tiene una etimología aún más divertida: Triangle Below the Canal St (triángulo debajo del canal). Este barrio está compuesto de antiguos almacenes y lofts entre los cuales se encuentra un buen número de restaurantes y bares pintorescos, así como la empresa de Robert de Niro, la productora de películas Tribeca. No es raro tropezar con una estrella de cine en un restaurante o en un bar, y el encanto un poco desolado del barrio le ha convertido en una de las zonas preferidas por los fotógrafos de moda. No obstante, el barrio no está invadido de tiendas y algunos de sus almacenes todavía están abandonados. Esta situación no permanecerá así mucho tiempo porque la música de Tribeca suena hoy como el ruido de las cajas registradoras en la mente de los empresarios.

Greenwich Village

El Village (el pueblo) - como lo llaman los neoyorquinos - es uno de los barrios más populares de la ciudad y un símbolo mundial de todo lo que se considera estrafalario y bohemio. Su reputación de ser un enclave creativo se remonta a los años 90, cuando en la zona se instalaron artistas y escritores, seguidos por los músicos de jazz que tocaban en famosos clubes (todavía abiertos) como el Blue Note o el Village Vanguard. En la década de 1940 el barrio era conocido por ser una zona de reunión de gays. Los cafés de la calle Bleecker acogieron a los beatnicks de los años 50 y a los hippies de los sesenta. Se dice que Bob Dylan fumó su primer porro en el Village. Jimmy Hendricks vivió aquí y los Rolling Stones vinieron para grabar discos. Greenwich Village es todavía una zona muy vibrante y animada, donde se hallan numerosos lugares históricos, cafés, tiendas, bares gays, así como el Washington Square Park, que es seguramente uno de los lugares de recreo más poblado del mundo.

Long Island

Desde la clase trabajadora y la confusión urbana de Brooklyn hasta las bodegas sofisticadas de North Folk, Long Island constituye un estudio de contrastes geográficos y económicos. Para la mayoría de los visitantes, cruzar el East River desde Manhattan significa un viaje a las playas, aunque sea a las superpobladas de Jones Beach o de Fire Island en Nassau, la tranquila Shelter Island, o bien la más selecta Hamptons. A Long Island se puede llegar con el Vía Express desde Manhattan o con uno de los numerosos autobuses que hacen el recorrido desde el East Side (los conductores de autobús conocen todos los atajos y llegan mucho más rápido que en coche). Un tren recorre el trayecto de Long Island hasta la estación Penn de Nueva York. Hay varios servicios de transporte público en Long Island.

Jones Beach and Fire Island

La playa Jones es la menos selecta de toda la zona de Long Island. Decenas de miles de persones se agrupan sobre este trozo de 10 km situado a la orilla del océano, y el aparcamiento puede acoger hasta 25.000 coches. No obstante, la arena es limpia y el lugar puede ofrecer un merecido descanso lejos del calor sofocante de la ciudad. El Parque Estatal Robert Moses, al este, también está muy concurrido. Los pueblos cercanos de Fire Island, a los que solamente se puede llegar por ferry, forman el mayor complejo del país para los gays.

Los Hamptons

Más exclusivo, los Hamptons, en el extremo este de la isla, es el lugar donde se agrupan las estrellas de la Costa Oeste durante el caluroso verano. A pesar de que sumergirse en esta atmósfera reluciente constituye gran parte del placer de la visita, siempre se puede disfrutar del Whaling Museum (Museo de las ballenas) en el puerto Sag, del impresionante Parrish Art Museum en Southampton o bien jugar un partido de golf en el agradable campo de golf de Montauk Downs. East Hampton es el corazón de la ciudad, y merece una visita si se desea envidiar las vidas de los ricos y los famosos. Hay también excelentes restaurantes y bares de copas.

Wine District

Irónicamente, es la única zona de Long Island donde se precisa un coche para desplazarse. Trece bodegas se apiñan el parte North Fork de Long Island, principalmente alrededor del pueblo de Cutchogue. Los viñedos Pindar son los más importantes y organizan visitas, degustaciones y festivales del vino a lo largo del año. Cuando la copa esté llena, se puede continuar la visita en el encantador pueblo de Orient del siglo XVII, en la punta este de North Fork. Las casas blancas de madera y los albergues son preciosos y se alinean cerca de la playa y de los parques de ostras.

Hudson Valley

Al norte de Nueva York, el valle del Hudson está salpicado de ciudades encantadoras. La zona es particularmente hermosa durante el otoño, y muchos de los neoyorquinos lo visitan para observar los cambios de colores de los bosques. Para llegar en coche y disfrutar del paisaje, hay que tomar la carretera Rt 9 a lo largo de la parte este del río, o bien la carretera estatal Taconic, si se tiene prisa. Hay trenes que salen de Grand Station, y hay servicio de barco para llegar surcando las aguas del Hudson. No existen demasiadas opciones de transporte público fiable en el valle, pero es un sitio muy agradable para ir en bicicleta.

En la ribera oeste del río, el Parque Estatal Harriman es un lugar ideal para las excursiones o para nadar en uno de los tres lagos del parque. El Parque Estatal de Bear Mountain, popular entre los habitantes de Nueva York, ofrece excursiones, flores salvajes, natación, pesca, esquí, paseos en trineos y patinaje sobre hielo. El Trailside Museum y el zoo presentan exposiciones sobre la zona y sirven de refugio para los animales heridos. West Point, en la parte norte del parque, ha sido la gran fábrica independiente de cadetes desde el año 1802. En este lugar se formaron personalidades del ámbito militar como Grant, MacArthur y Einsenhower (también lo hizo Edgar Allan Poe, quien no tuvo éxito en el ámbito militar). El campus es una impresionante aglomeración de edificios de ladrillos rojos y de piedra gris dispuestos alrededor de jardines con formas geométricas.

Tarrytown

Los fans de Washington Irving conocerán Tarrytown, en la ribera este del Hudson, así como Sleepy Hollow, que viene de la leyenda del mismo nombre. Se puede visitar la casa de Irving Sunnyside y también su tumba. Los visitantes que no tengan ningún interés en esto pueden, sin embargo, admirar las casas históricas de la ciudad y particularmente la impresionante mansión de la familia Rockefeller.

Dominando la ribera este, el Parque Hyde es como un parque temático dedicado a Roosevelt, de hecho es el lugar donde veraneaba Franklin Delano Roosevelt. La casa y la biblioteca que llevan su nombre poseen una colección de fotos antiguas y de grabaciones, así como el Ford Phaeton, especialmente diseñado por el presidente. Roosevelt y la primera dama están enterrados en el parque. Como la madre del presidente vivía en Hyde Park, Eleanor Roosevelt (quien no era gran amiga suya) hizo construir su casa a 4 km de Hyde Park, en Val-Kil; el lugar lleva hoy el nombre de Eleanor Roosevelt National Historic Site. A 4 km al norte, el Vanderbilt Mansion National Historic Site es una espectacular mansión; en su tiempo era la residencia de verano de la dinastía de los ferrocarriles.

La costa de Jersey

Este es el sitio donde los habitantes de Nueva York se refugian para escapar del bochorno de la Gran Manzana. La costa de Nueva Jersey se extiende sobre unos 205 km desde Sandy Hook, en el norte, hasta Cabe May, en el sur. Es la región más visitada del estado y atrae a un buen número de los 178 millones de viajeros anuales gracias a sus playas y a los casinos de Atlantic City. Las playas que se extienden de Long Branch hasta Bay Head están comunicadas por un servicio de tren que recorre toda la costa norte de Nueva Jersey. Desde el mes de mayo hasta el Día del Trabajo, varios trenes aseguran el trayecto entre la estación Penn (NYC), Hoboken y Newark y la costa. Para llegar en coche hay que atravesar el túnel Lincoln o el puente George Washington para salir de la ciudad y después continuar por la carretera Garden State, que permite alcanzar cualquier lugar de la costa.

Belmar

Los pueblos que se hallan a lo largo de la costa tienen un aspecto para gusto de todos, desde la embriaguez pública hasta el refinamiento victoriano. Belmar es esencialmente una ciudad de fiestas, aunque como consecuencia de una gigantesca fiesta en la playa, que terminó en una verdadera batalla campal, ahora hay más controles. Todos los bares tienen que cerrar actualmente a las doce y la policía prohibe las fiestas ruidosas y beber en la calle. Spring Lake, también conocido como la Riviera Irlandesa, cuenta con muchos albergues victorianos, tranquilos y encantadores, "Bed and Breakfast", hoteles y es una de las ciudades más caras de la costa. Bay Head, al final de la línea de tren de North Jersey Coast, es la aldea más tranquila de la costa. Hay un acceso público a la playa, bordeado de casas al estilo de Cape Code, pero no hay paseo. Es un buen lugar para pescar; la playa de Long Branch (a unos 10 km al norte de Belmar) es ideal para el surf, y Bead Head y Belmar son lugares idóneos para nadar.

Atlantic City

Desde la apertura de los casinos en 1977 en Atlantic City, la ciudad se ha convertido en uno de los destinos favoritos de los turistas americanos. Más de 37 millones de jugadores visitan la ciudad todos los años. No vale la pena ir hasta Atlantic City si no es por el juego; de los 4 billones de dólares que se gastan anualmente muy poco se invierte en la ciudad, por lo que el lugar resulta bastante deprimente. Los casinos de Atlantic City no se parecen en nada a las casas de juego europeas; no hay mucho más que ver que la gente con los ojos en blanco sentados frente a las máquinas de póker. No obstante, el precio de los hoteles resulta muy barato en temporada baja.

El tráfico y sus emanaciones son un serio problema para los neoyorquinos que quieren practicar deporte. Sin embargo, los visitantes aficionados a actividades al aire libre disponen de varias opciones. El complejo de los muelles de Chelsea (Piers Complex) a lo largo del río Hudson proporciona todo tipo de deporte; tiene un circuito para automóviles, un practicable interior de skateboard, una pista de carreras, una piscina, un centro de musculación, un terreno de balonvolea de playa (sin océano) y un muro de escalada. Central Park es un lugar que ofrece una oportunidad para los que quieren correr "de verdad". Tiene pistas de 9 km que serpentean dentro del parque y que no están abiertas a la circulación automóvil entre las 10 de la mañana y las 3 de la tarde los días entre semana y los fines de semana. El estanque artificial Jacqueline Kennedy Onassis posee una pista de carrera de 2,5 km. y hay un paseo para los corredores a lo largo del Hudson entre la 23rd St. Y Battery Park City.

Se pueden alquilar bicicletas en toda la ciudad, pero Central Park es el único lugar de la ciudad sin tráfico de coches donde se pueden usar. El patinaje en línea es muy popular, y Central Park, de nuevo, es el lugar idóneo para venir a enseñar sus habilidades. Pese a que se puede pescar en el río Hudson y que muchos pescadores sacan algunos róbalos rayados de sus aguas, hay que haber perdido el sentido común para comer la carne de estas presas.

La zona actualmente conocida como Ciudad de Nueva York había sido ocupada por los nativos americanos durante más 11.000 años antes de que Giovanni Verrazano, un florentino empleado por los franceses para explorar la costa noreste, descubriera la bahía de Nueva York en 1524. Nadie se acercaría hasta ahí hasta que un explorador llamado Henry Hudson tropezó con ella cuando buscaba el pasaje del noroeste en 1609. "Es la tierra más maravillosa que se puede pisar" dijo Hudson, que la reclamó para la Compañía Holandesa de las Indias del Este.

En 1625, los colonos holandeses habían establecido negocios de pieles con los nativos y la comunidad aumentó cuando se instaló otro grupo en un lugar bautizado como Nueva Amsterdam, sede de una colonia mucho mayor llamada Nueva Holanda. Para atraer a los colonos hasta Nueva Amsterdam se pusieron anuncios en Europa con la promesa de tierras de calidad y un clima agradable; sin embargo, los inviernos rigurosos se cobraron muchas vidas. Los historiadores están de acuerdo en decir que Peter Minuit, el dueño de la Dutch West India Company, compró la isla a las tribus locales a cambio de mercancías valoradas en 60 florines holandeses. Sin embargo, las mercancías sobrepasaban el valor que se suele recordar de 24 dólares; seguramente era de casi 60 dólares, una ganga de todas formas.

Después de pasar varias veces de manos de los ingleses a los holandeses y viceversa, finalmente Nueva Amsterdam se convirtió en colonia inglesa, y adoptó el nombre de Nueva York en 1670. A pesar de que varios colonos habían empezado a instalar granjas en Nueva Jersey y en Long Island, la ciudad portuaria era bastante pequeña, reducida a la zona que se extiende hoy entre el sur de Wall Street y la punta de Manhattan. El celo anti británico se hizo sentir ya en 1730. Treinta años después, los terrenos comunales de Nueva York, donde se alza actualmente el Ayuntamiento, fueron el escenario de muchas manifestaciones anti británicas. Pese a la intensidad de los sentimientos de los neoyorquinos, las tropas del rey Jorge III controlaron Nueva York durante casi toda la guerra, y finalmente se retiraron en 1783, dos años después del cese de los enfrentamientos.

Cuando George Washington prestó juramento para el cargo de presidente de la nueva república en el balcón del edificio federal de Wall St. en 1789, Nueva York era una zona portuaria activa de 33.000 habitantes, pero seguía detrás de Filadelfia como capital cultural. El nuevo Congreso abandonó la ciudad al año siguiente para instalarse en el Distrito de Columbia. Thomas Jefferson apuntó más tarde que "Nueva York era la cloaca de todas las depravaciones de la naturaleza humana".

Nueva York se desarrolló rápidamente a principios del siglo XIX. Su población pasó de 65.000 habitantes en 1800 a 250.000 en el año 1820. Durante la Guerra Civil, muchos voluntarios salieron de la ciudad para defender la causa de la Unión. Pero como la guerra se alargaba, los ciudadanos más pobres se desvincularon, especialmente cuando el reclutamiento obligatorio entró en vigor. En el verano de 1863, inmigrantes irlandeses protagonizaron la "revuelta del alistamiento" en protesta contra la disposición que permitía a los ciudadanos ricos pagar 300 dólares para no ir al combate. Durante días los insurrectos dirigieron su rabia contra los ciudadanos negros, a quienes acusaban de ser la verdadera causa de la guerra y sus grandes competidores en el trabajo. Más de 11 hombres fueron linchados en las calles y un orfanato de niños negros quedó arrasado por las llamas.

Durante el resto del siglo la ciudad experimentó un boom demográfico y económico: la población aumentó gracias a la inmigración europea; y los hombres de negocios se beneficiaron de una legislación laxa en materia de industria y de compra-venta de acciones durante el período llamado "Edad Dorada". Esos hombres construyeron enormes mansiones a lo largo de la "línea de los millonarios" en la parte baja de la Quinta Avenida. A lo largo de Broadway, desde el Ayuntamiento hasta Union Square, se construyeron edificios de varios pisos - los primeros rascacielos - para hospedar las sedes de las sociedades.

Al tiempo que la población pasaba de 500.000 habitantes en 1850 a más de 1,1 millón en 1880, se desarrollaba una cultura de la propiedad. El crecimiento de la población de Nueva York fuera de los límites de la ciudad creó un impulso para la Unión, a medida que la ciudad y los distritos de las afueras se esforzaban para contener a una población cada vez mayor. Los residentes de los distritos independientes de Queens, Staten Island, Bronx y Brooklyn votaron para constituirse en barrios de la Ciudad de Nueva York en 1898.

La nueva metrópolis absorbió una tremenda segunda oleada de inmigrantes europeos que llegaron en la Isla Ellis de Nueva York, y su población se duplicó una vez más, pasando de 3 millones en 1900 a 7 en 1930. Durante este período desaparecieron los carros tirados por caballos y se extendió la red de metro y de trenes elevados (ELS) que llegaban a los barrios de las afueras de la ciudad.

A medida que aumentaba la fuerza política de la población inmigrante crecían las reivindicaciones de cambios, y durante la Depresión, un aventurero llamado Florello La Guardia (antiguo intérprete de Ellis Island) fue elegido alcalde. Durante sus tres mandatos, el popular "pequeña flor" combatió la corrupción en la administración municipal y desarrolló el sistema de servicios sociales. Mientras tanto, Robert Moses planificaba una serie de cambios urbanísticos que incluían proyectos de obras públicas, autopistas y grandes eventos como las ferias universales de 1939 y de 1964. Desgraciadamente, sus proyectos (que comprenden el puente Triborough, el Lincoln Center, varias autovías y proyectos de construcción de viviendas populares) consiguieron destruir barrios enteros y desalojar a numerosos residentes.

Nueva York salió de la Segunda Guerra Mundial orgullosa y preparada para los negocios. Fue una de las pocas ciudades poderosas del mundo que no se vio afectada por la guerra y parecía que era la ciudad donde había que estar. Pero la prosperidad no se limitó a la ciudad. En los años cincuenta, las autovías facilitaban el acceso a todos los barrios y cientos de miles de neoyorquinos aprovecharon la oportunidad para moverse. No fue sólo un deseo justificado de querer ascender en la escala social lo que empujó a mucha gente a mudarse en Nueva York; muchos de los residentes blancos dejaron los barrios que consideraban haber ido a menos; una forma elegante de decir que los negros y los portorriqueños también se había instalado en ellos.

Mientras que los políticos vacilaban y se escondían en sus respectivas circunscripciones, la ciudad empezaba a moverse. Algunas productoras de televisión, fábricas e incluso el famoso equipo de béisbol de los Brooklyn Dodgers se mudaron a la Costa Oeste, acompañados por sus rivales, los Giants de Nueva York. Como la mayoría de ciudades norteamericanas, Nueva York dirigió su mirada hacia el oeste para obtener pautas culturales, y finalmente las grandes empresas abandonaron la ciudad a medida que el desarrollo de las tecnologías de la comunicación permitía hacer negocios en cualquier sitio del mundo. El derrumbamiento económico de la ciudad fue tal que, en los años setenta, se encontró al borde de la quiebra, que pudo evitarse gracias a las grandes inversiones de fondos de dinero federal.

Durante los años prósperos de la era Reagan, la ciudad recuperó su brillo con los billones de dólares que se ganaban en Wall Street. Ed Koch, personaje pintoresco con tres mandatos, parecía personalizar la habilidad de Nueva York para encantar e irritar a la gente al mismo tiempo. Pero en 1989, Koch fue derrotado en las elecciones primarias por David Dinkins, el primer afro-americano que ocupó el cargo de alcalde. Dinkins, político, cuya carrera había sido forjada por la "máquina demócrata", fue duramente criticado, y con razón, por su falta de iniciativas como presidente del gobierno municipal de una ciudad que necesitaba reformas, a pesar de haber conseguido rebajar el número de crímenes con más policías en las calles. En 1993, en las elecciones para su segundo mandato, fue derrotado, por poco, por el republicano moderado Rudolph Giulani. Gracias a las cifras muy bajas de delitos y a la debilidad de sus oponentes demócratas, Giulani triunfó en las elecciones de 1997. Por primera vez en décadas, la ciudad podía contemplar cambios importantes (y necesarios) para reforzar sus infraestructuras, como por ejemplo el nuevo túnel ferroviario construido debajo del río Hudson. Times Square, que en los años sesenta y setenta era un barrio peligroso por los traficantes de drogas y los criminales, se transformó en una atracción turística digna de los parques Disney en los años 1990.

La buena marcha de la ciudad de Nueva York se vio paralizada en trágicas circunstancias cuando en septiembre de 2001 dos aviones que habían sido secuestrados impactaron deliberadamente en las torres gemelas del World Trade Center, lo cual provocó su derrumbe y la muerte de miles de personas. Sin embargo, esta ciudad está acostumbrada a resistir ante las dificultades, y el espíritu de los neoyorquinos se enfrenta una vez más a un desafío. Sin lugar a dudas, y a pesar de haber vivido una de las peores tragedias de la historia de Estados Unidos, Nueva York conseguirá estar de nuevo en la cresta de la ola.

Comunicado por 3 aeropuertos importantes, 2 estaciones de tren y una de autobuses gigantesca, Nueva York es el mayor nudo de comunicación del noreste de EE UU. El aeropuerto John Fitzgerald Kennedy (JFK), a unos 24 km del centro de Manhattan en el sureste del distrito de Queens, es el sitio donde aterrizan la mayoría de vuelos internacionales. Recientemente ha sido reconocido como el tercer peor aeropuerto del mundo en términos de servicio por los viajeros de negocios; por tanto es mejor evitarlo. El aeropuerto de La Guardia está a 13km de Manhattan y alberga casi todos los vuelos nacionales. Si el vuelo es de día es mejor escoger La Guardia que JFK. El aeropuerto de Newark se sitúa en Nueva Jersey, a 16 km al oeste de Manhattan. Los vuelos que salen de aquí suelen ser un poco más baratos que en La Guardia o en JFK, debido a la creencia errónea de que el aeropuerto está mal comunicado. De hecho, Newark cuenta con una terminal de llegadas totalmente nueva y un servicio de monorraíl comunica sus cuatro terminales.

La estación de Pennsylvania, en la calle 33 entre las avenidas 7 y 8, es el punto de salida de los trenes Amtrak con, entre otros, el servicio diario del Metroliner hasta Princeton, NJ, Filadelfia, PA y Washington DC. El ferrocarril de Long Island acoge cientos de miles de viajeros cada día desde una reformada estación que comunica varias estaciones de Brooklyn, Queens y los suburbios de Long Island, así como las ciudades costeras. Los trenes de la compañía New Jersey Transit salen de la estación de Penn hasta las afueras y la costa de Jersey. Una compañía de cercanías sale de la estación de Grand Central, a la altura de Park Avenue y de la calle 42: el Ferrocarril Metro North, que llega a los suburbios del norte y Connecticut.

Conducir en Manhattan es una verdadera pesadilla, pero llegar es fácil. Desde el este la entrada se hace por la autopista a peaje de Connecticut (I-95); por la vía exprés de Long Island que entra en Manhattan por el Túnel de Queens (a menudo atascado por el tráfico); y por la carretera Grand Central (al lado del puente de Triborough) que atraviesa el Queens procediendo de Long Island. Desde Nueva Jersey, la I-95 cruza el puente George Washington, y sigue hasta la autopista al peaje de Nueva Jersey, entrando en Manhattan por el Túnel Lincoln (en el centro) y el túnel Holland (cerca del SoHo). Por la I-95, Manhattan está a 370 km al sur de Boston, a 170 km al norte de Filadelfia y a 380 km al norte de Washington DC.

Hay autobuses que conectan la ciudad y el aeropuerto Internacional JFK cada media hora. El viaje dura una hora como mínimo. El recorrido se puede hacer por metro hasta la estación JFK-Howard Beach con un transbordo en autobús y una duración de 75 minutos. También hay autobuses cada media hora entre el aeropuerto de La Guardia y la ciudad; asimismo hay un servicio de barcos sobre el río East. Otra opción es tomar el metro hasta la avenida Roosevelt-Jackson Heights y hacer un transbordo para seguir en autobús; el trayecto se hace en un poco más de una hora. Para llegar desde aeropuerto de Newark, hay servicios de autobuses públicos o privados. Los taxis que salen de los tres aeropuertos son caros.

Nueva York ofrece opciones de transportes más que suficientes; conducir un coche es una pura locura en una ciudad donde el tráfico es horroroso, los precios de los aparcamientos son muy caros y los robos bastante frecuentes. Las agencias de alquiler de coches de NYC tienen la reputación de ser caras; hay que calcular un gasto de 95 dólares diarios (más tasas y seguro) para un coche de tamaño medio. Además el precio de la gasolina es mucho más caro en la ciudad que en el resto de EE UU. En caso de que el alquiler de un coche sea imprescindible, es necesario presentar el permiso de conducir y una de las principales tarjetas de crédito. Las agencias de alquiler de coches tienen oficinas en los tres aeropuertos.

El metro de Nueva York tiene la fama, bastante injustificada, de ser muy peligroso y complicado a la hora de utilizarlo. A pesar de que es ruidoso, desconcertante y muy caluroso en verano, la red no es tan complicada y las estadísticas demuestran que es más seguro que andar por las calles en pleno día. Es el medio más rápido, más económico, y más fiable para desplazarse dentro de la ciudad y sus estaciones comunican casi todos los lugares de interés de Manhattan. Los pases del metro son baratos y permiten ir tan lejos como uno quiera. También se puede comprar una tarjeta Metrocard. Los dos sistemas también pueden emplearse en los autobuses metropolitanos azules y blancos. Los trenes de la compañía Trans Hudson y del puerto de Nueva Jersey tienen un sistema de tarifas diferente y comunican Manhattan con Newark y el norte de Nueva Jersey.

Los autobuses municipales funcionan las 24 horas del día. Hay mapas disponibles en las estaciones de metro y de tren y las paradas de autobús están bien señalizadas con una guía que indica las paradas y un mapa de los alrededores. Entre las 10 de la noche y las 5 de la mañana el autobús puede pararse en cualquier punto del recorrido (aunque no se trate de una parada señalizada); basta con avisar al chófer con antelación. Hay servicios de barcos que recorren el valle del río Hudson y que van del centro hasta el estadio Yankee, y de Hoboken hasta el centro mundial de las finanzas (World Financial Center).

Los taxistas de Nueva York son probablemente uno de los peores grupos de trabajadores del mundo. Intentarán, seguramente, sacar del bolsillo del viajero algunos dólares más que el precio normal, pero no hay más remedio que pasar por el aro, pues conocen mejor que cualquiera el lugar adónde se quiere llegar. Se deja una propina del 10 o 15% de la carrera, con un mínimo de 50 centavos. En caso de sospecha de intento de timo, lo mejor es o bien de decirlo al conductor, o bien apuntar su número de licencia y guardar el recibo; la comisión de taxis y limusinas pone multas importantes y los taxistas se ponen nerviosos cuando se les pone una denuncia.


· Auster, Paul: La trilogía de Nueva York, Anagrama, Barcelona, 2000
· Dore, Ashton: La escuela de Nueva York, Ediciones Cátedra, Madrid, 1988
· Mendoza, Eduardo: Nueva York, Ediciones Destino, Barcelona, 1997
· García Lorca, Federico: Poeta en Nueva York, Espasa-Calpe, Madrid, 2002
· McCourt, Malachy:Un irlandés en Nueva York: memorias, Planeta, Barcelona, 1999
· Warhol, Andy: Diarios, Editorial Anagrama, Barcelona, 1990
· White, E.B.: Esto es Nueva York, Editorial Mináscula, Barcelona, 2003
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