Población: 1,3 millones hab. País: Italia Hora local: GMT + 1 (en verano, GMT + 2 horas) Prefijo telefónico: 02
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El Duomo El ombligo de Milano, la Plaza del Duomo, posee el ambiente del Piccadilly Circus de Londres pero con una arquitectura mucho más interesante. La catedral fue encargada en 1386 y es la cuarta iglesia más grande del mundo. La maravilla del gótico tardío luce un bosquejo de agujas y de estatuas, cúspides de mármol y columnas, todas ellas unidas por una telaraña de arbotantes. La estatua cobriza dorada de la Madonna se alza por encima de un sinnúmero de vértices, distrayendo a los curiosos impresionados por una de las omisiones más interesantes de la iglesia: el duomo no tiene campanario. La reliquia más preciada del duomo es el clavo que supuestamente se utilizó para clavar a Jesús en la cruz hace un montón de años. Cada septiembre, el arzobispo de Milán recupera el pedazo sagrado de metal colgado de una percha en las alturas de la nave y lo muestra a sus fieles seguidores. El vecino Museo del Duomo hace crónica de los seiscientos años de iglesia y muestra una interesante colección de arte y objetos religiosos. Cenacolo Vinciano Leonardo da Vinci plasmó el momento más conmovedor de la Biblia, La última cena, mediante una mezcla experimental de témpera y óleo. Desde 1498, la pintura se ha ido desconchando sin parar de las paredes de este convento. Los infinitos esfuerzos por restaurarlo han ido mermándola toda dejando un aura de las pinceladas del maestro, pero con eso ya es suficiente. Es una potente pieza de arte. Si se desea visitar el refectorio del Convento di Santa Maria delle Grazie, donde la pintura fue recientemente restaurada en 1999, hay que planearlo con antelación. Para unirse a un grupo de 25 personas (se abren las puertas cada 15 minutos), se debe reservar con semanas de antelación por teléfono y tener la tarjeta de crédito a punto. Hay historias sobre viajeros que consiguieron entrar sin reserva previa; sin embargo los milagros así parece que estén reservados a los que de verdad son creyentes. Castello Sforzesco En la punta noreste de la encantadora Via Dante, que cruza la Piazza del Duomo, se erige el imponente Castello Sforzesco. Originariamente una fortaleza militar; fue remodelado completamente por Francesco Sforza, uno con una vena muy comodona. Las nuevas y mejoradas defensas fueron diseñadas por Leonardo da Vinci. El castillo encierra una colección de museos modernos que guardan antigüedades. La impresionante colección de esculturas incluye la Pietá Rondanini de Miguel Ángel. También se pueden ver pinturas de Bellini, Tiepolo, Mantenga, Correggio, Tiziano y Van Dyck. Si el visitante se cansa de los maestros italianos, puede intentar distraerse con la colección de artefactos egipcios. Detrás del castillo, el Parco Sempione es un parque de 47 hectáreas con un montón de sitios para pasear y un interesante (aunque un poco hecho trizas) anfiteatro al aire libre que fue inaugurado por Napoleón. Teatro alla Scala Erigiéndose por encima de la Piazza della Scala (por si misma dominada por un monumento dedicado a da Vinci) se planta el célebre Teatro alla Scala. La Scala, tal y como se la conoce normalmente, alzó por primera vez el telón en 1778 y ha regalado abundantes arias a generaciones de aficionados a la ópera durante años. El teatro fue duramente castigado por los bombardeos en la Segunda Guerra Mundial; sin embargo reabrió sus puertas bajo la batuta del afamado compositor Arturo Toscanini, quien volvió a Milán tras un período de ocho años como director de la Filarmónica de Nueva York. El adyacente Museo Teatrale alla Scala (Museo Teatral de la Scala) se jacta de poseer curiosidades como la máscara mortuoria de Verdi (completa con los pelos faciales del maestro). Pavia El próspero centro industrial y cultural a orillas del río Ticino es seguramente más conocido por su prestigiosa universidad (entre cuyos alumnos se encuentran el explorador Cristóbal Colón y el físico Alejandro Volta famoso por el "voltio"); sin embargo hay muchas razones para pegarse un viajecito de media hora desde Milán. El atemorizante Castello Visconti fue construido en 1360 para Galeazo II Visconti, quien obviamente disponía de residencias menos aterradoras para vivir y la verdad es que nunca vivió aquí. A pesar de todo, la interesante arquitectura medieval y el museo de arte moderno que alberga su interior lo convierten en un encanto poco común. Aún más asombroso es el Certosa di Pavia, un monasterio gótico del siglo XIV, que un día figuró entre las construcciones más suntuosas del norte de Italia. Las pinturas murales al trompe l'oeil (técnica mixta del óleo utilizada en el siglo XVI con la que se jugaba con las dimensiones de los objetos o modelos representados), una sacristía del año 1409 construida totalmente con dientes de hipopótamo y decenas de esculturas pequeñas hacen de este lugar un sitio más que confortable para ser un monje. Lago Maggiore Allí donde las planicies lombardas trepan hacia los Alpes, el campo está moteado con una serie de sensacionales lagos azules. El Lago Maggiore atrae a gran parte de la flor y nata de Milán y a masas de turistas quemados por el sol provenientes del norte de Europa, quienes acuden a manadas a la remilgada y estirada localidad turística de Stresa durante los meses de calor en verano. Desde Stresa, se puede navegar hacia las bucólicas Islas Borroneas; Isla Bella es la más turística y, discutiblemente, la más interesante que presenta un suntuoso castillo atiborrado de antigüedades. Isla Madre posee su propia residencia real y las palmeras más altas de Italia, mientras Isla Pescatore conserva su encanto de pueblo de pescadores. Parco Nazionale della Incicioni Rupestre Al norte de Milán y a lo largo y ancho del Valle Camonica, tres parques nacionales presumen del campo más bonito e intacto que la región puede ofrecer. El inmenso Parco dell'Adamello ofrece asombrosas oportunidades para hacer excursiones, mientras que el Parco Nazionale dello Stelvio se halla surtido de refugios alpinos. Para los amantes de la piedra tallada y esculpida pueden sacar el máximo provecho en el Incicioni Rupestre, el más interesante de los tres parques. Es un museo al aire libre de 30 hectáreas que alberga una colección de grabados que datan de épocas tan remotas como la Edad de Bronce. Se cuenta que Milán fue fundada por los celtas, quienes se asentaron a lo largo del río Po en el siglo XVII a.C. En el año 222 a.C. las tropas romanas entraron con resolución en el territorio, derrotaron a sus habitantes y ocuparon el poblado, al cual denominaron Mediolanum (a mitad de la llanura). La posición privilegiada de la ciudad en las rutas comerciales que unían Roma a las ciudades del noroeste de Europa afianzó su continuada prosperidad, y en el año 313 d.C. fue aquí donde Constantino I promulgó su trascendente decreto que otorgaba a los cristianos la libertad de culto. La ciudad resistió cientos de años al caos causado por las oleadas de invasiones bárbaras. En el siglo XI se constituyó una commune (un ayuntamiento) tras lo cual la ciudad experimentó un rápido crecimiento. Quizás este éxito fuera la causa de que la urbe no se llevara demasiado bien con sus vecinos. El emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Federico I (Barbaroja), decidió aprovechar los conflictos locales que asolaban la ciudad y atacó Milán en 1162. Las poblaciones de los alrededores, movidos por un enemigo común y molesto, se aliaron formando la Lega Lombarda, dieron un puntapié a Federico y lo pusieron fuera de circulación en 1176. Desde mediados del siglo XIII, la ciudad estuvo gobernada por una sucesión de familias influyentes: los Torrianis, los Viscontis y los Sforzas. Bajo las últimas dinastías, Milán disfrutó de un poder y una riqueza considerables. En 1535, la urbe estuvo bajo el dominio español y, en 1713, fue otorgada a Austria como parte del Tratado de Utrecht. La austriaca Maria Teresa, la poderosa que estaba a la sombra, dejó su sello en la ciudad; las fachadas de La Scala y del Palazzo Real mantienen su favorito matiz amarillento. En 1797, Napoleón convirtió Milán en la capital de su República Cisalpina y cinco años más tarde de su República Italiana. En 1805 fue el escenario de su coronación como Rey de Italia. Austria volvió a retomar el control de la ciudad desde 1814 hasta 1859. No pasó mucho tiempo para que las tropas que estaban bajo las órdenes de Víctor Manuel II y Napoleón III derrotaran de una manera aplastante a las fuerzas austriacas en la Batalla de Magenta. En 1860 Milán fue incorporada al Reino de Italia. Duramente bombardeada en la Segunda Guerra Mundial, la metrópoli fue posteriormente reconstruida y creció rápidamente hasta conseguir su importancia industrial actual. Las Brigadas Rojas aterrorizaron Milán y otros centros industriales durante la década de los setenta. En los años 1990, las élites políticas locales fueron sacudidas por escándalos que abarcaron las más altas esferas políticas, administrativas y comerciales de la región. Los partidos extremistas como Lega Nord se beneficiaron de este vacío político. El crimen organizado sigue azotando el día a día en Milán. En 1999, nueve personas fueron asesinadas en nueve días consecutivos llevando al alcalde de Milán a adoptar una política de "tolerancia cero" al estilo neoyorquino. Esto no desalentó a las clases criminales - en diciembre de 2000, se descubrió una bomba colocada en el Duomo de Milán. En 2001, el milanés Silvio Berlusconi fue elegido presidente de la nación. En 2002 un avioneta chocó contra la planta 25 del rascacielos de Pirelli, matando a dos personas que estaban dentro. · Scerbanenco, Giorgio: Milán, calibre 9, Bruguera, Barcelona, 1984; Los milaneses matan en sábado, Bruguera, 1980.
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